jueves, 29 de septiembre de 2016

Aroma de sueño

¿Y si no fueras un sueño
y bastase una palabra
para romper las barreras
que de tus ojos me separan?
Voy buscando el movimiento
del valor que se me escapa;
lo persigo y lo persigo
y los versos no lo alcanzan.
Yo no sé si eres un sueño
pero basta una mirada
para ver sólo lo bueno
y que lo malo se vaya
al lugar donde las sombras
me permitan ver tu cara
y todo tenga sentido
en las buenas y en las malas,
que no es siempre todo rosa
y lo malo siempre acaba.
Puede ser que haya soñado
tantas veces que llegabas
al andén del corazón
y pintarlo de alboradas
que pensar que no es un sueño
es pensar una mañana
con el cielo tan oscuro
como la noche cerrada.
¿Y si no fueras un sueño
que pasea por la casa
por la noche y por el día
derramando su fragancia?
¿Acaso huelen los sueños?


¿Existe París?

                                                                     ¿Existe París?
                                                   


       El reloj ilumina la mesita de noche con la luz tenue y rojiza de sus números digitales, marca las 3:47 am. Hace varias horas, sobre las once, mi mujer me dio las buenas noches con un suspiro, y de un giro se abrazó a su almohada. Es noviembre y la casa está fría.
      Ya no llega el resplandor de las farolas del parque, se apagaron automáticamente a las 3 en punto dejando al dormitorio en una densa e interrogante oscuridad propia de una noche de diario. Siempre he pensado que la oscuridad de los fines de semana es mas liviana y llevadera, frente a la negrura de las madrugadas diarias. Y a veces, como hoy, es esta oscuridad la que no me deja dormir.
Le respondo con un inaudible “buenas noches, que descanses”. Un beso, y dejo sobre la mesita el libro de este autor francés que busca con insistencia su identidad por las calles, cafés y garajes de París, a través de todos sus libros. Me quito las gafas de leer y apago la luz. Pero en ese momento, justo cuando tengo los dedos en el interruptor me asalta un pensamiento absurdo. No sé si absurdo por la hora del asalto, por la persona que eligió para asaltar o por el contenido del mismo pensamiento.
      Es mi hija pequeña, Julia, en el año 2002, con ocho años. Acabo de cenar y se me acerca, hoy he llegado muy tarde del despacho. Me pregunta con la insistencia de esa edad “¿qué es París, papi?, ¿me escuchas?, ¿papi, qué es París?. “Es un sitio, una ciudad, por qué lo quieres saber?, “una niña de la clase, María, se pasa los recreos diciéndome que su padre es de París”, ¿y dónde está París, papi?, “muy lejos, en otro país que se llama Francia”. Me veo cogiendo el atlas infantil de la estantería de su cuarto, buscando las páginas de Europa, desplegando Francia y pasando el dedo índice con lentitud hasta que…no encuentro París, se ha esfumado, me quedo callado unos segundos, le aseguro que París está ahí. Ella, incrédula, se marcha a la cama con un gesto de decepción, y le prometo que la llevaré a allí algún día.
          Debe existir; Patrick (desconoce su apellido) se perdió hace solo unos minutos por las calles traseras de la estación de Saint Lazare, ha estado deambulando hasta que decide entrar, ya de noche, en el pequeño Café del puente de metal que une la estación con la Rue D’Amsterdam. Buscaba su identidad por la calle de las tiendas oscuras. Ya en la página 134 del libro es la tercera vez que se pierde, en su propia ciudad, aunque tampoco está seguro de que sea su ciudad. Ni siquiera recuerda quién es. Busca, busca su pasado, su vida en realidad. Cuando todos andamos indagando nuestro futuro por entre tanta neblina que nos engaña, Patrick escribe sus libros  perdido por su propia memoria, y una y otra vez tira desesperadamente del hilo de unos recuerdos que le traicionan tercamente. 

Empieza a batir el viento en la ventana, mi mujer está ya profundamente dormida y me levanto de la cama. Recorro a tientas el pasillo hasta el salón, abro la puerta corredera de la terraza intentando no hacer ruido. Salgo al exterior, me apoyo en la barandilla y me quedo inclinado, dándole existencia a la invisible oscuridad de los árboles que se concentran en la parte oeste del parque, justo al otro lado de la calle. No se oye el oleaje del mar, solo el viento, es una noche de esas, sin mar. Creo adivinar una figura que atraviesa el bosque. Creo que sé quien es, es un hombre joven, 31 años recién cumplidos, atraviesa una zona boscosa de la frontera entre España y Francia.
Podría ser mi abuelo, es el invierno de 1937 y huye con lo puesto porque sabe que los fascistas lo buscan. Deja a su ex mujer y a su único hijo, de cuatro años, en la casa de sus suegros en la calle del Buen Suceso de Granada. Se divorciaron hace dos años pero ahora los abandona definitivamente. Deja a sus padres y hermanos en un pueblo de las sierras al norte de la ciudad. Deja su carrera de profesor de idiomas, su actividad intelectual en los grupos republicanos, su pertenencia al Partido Comunista de España. 
Lleva los pies machacados, las botas destrozadas, se las dieron en el puerto de Motril cuando embarcaba hacia Barcelona, “lléveselas don Julio, le harán falta para cruzar los Pirineos, háganos caso”. Abandona su vida, sin tiempo siquiera para echarle un último vistazo de reojo. Le dieron el aviso en voz baja, como quien no sabe nada, en una callejuela del Realejo, mientras hablaban de la situación del país. Ya de esos temas solo se hablaba en las trastiendas de algunos bares, o al fondo de los almacenes de alimentación o de bebidas, entre botellas de licores, cajas de vinos, peste a decadencia.

Ahora sí, estoy seguro de que es él. Sale de la masa de árboles del parque y lo puedo distinguir. Recorre durante varios años el sur de Francia buscándose la vida y huyendo. O huyendo y buscándose la vida. Marsella, profesor de español, Lyon, peón de obras y chófer de viudas de guerra. “Chauffeur Julio Sánchez”. Y por fin lo veo entrar en París, llega a primera hora de la mañana, en un tren desde el sur. Va solo, llueve y una neblina fría de enero envuelve la estación de Austerlitz. Julio sale a la calle con una maleta de piel cuarteada y una boina de lana a cuadros grises. Cansado, sube por la Rue Buffon bordeando el Jardin des Plantes que a esa hora todavía está cerrado, se adentra por la desierta Rue de la Clef hasta encontrar la pensión Petit Moine, una planta baja con taller de bicicletas a un lado y un café y entrada de carruajes al otro. Lo han contratado como profesor substituto en la Universidad de la Sorbona. Una de las viudas de guerra lo ha puesto en contacto con un catedrático de idiomas del Departamento de Lenguas Extranjeras.

Giro la cabeza hacia el interior del salón, el reloj digital de video indica las 4,30 de la madrugada. Y justo en ese momento suena el teléfono, entro y cruzo el salón para cogerlo pero cuando descuelgo ya no hay nadie al otro lado. Me siento en el sofá a esperar, alarmado, suena otra vez y esta vez si hay una voz: “Papi, soy Julia”, “hola Julia, qué ocurre?”, “Papi, no te preocupes, han atacado París, ha habido varios atentados terroristas, pero estoy bien”, “pero…qué me dices?, ¿dónde estás?”, estoy con mi amigo en un polideportivo cerca de La Defense”, “Pero Julia…”, “estábamos estudiando en la biblioteca del Pompidou y justo cuando nos metimos en el metro empezó uno de los atentados, muy cerca, tuvimos suerte…”, “no nos dejan marcharnos, tenemos que pasar la noche aquí, nos han dado comida y unas mantas, a lo mejor por la mañana nos dejan salir”.

Pasan tres días refugiados, asustados, en el campus universitario del sur, la Cité. El aire está quieto y viciado en su apartamento de la Avenue Felix Faure, en el centro, a donde no se atreven a volver. Se recompone poco a poco la actividad en la ciudad, empiezan de nuevo las clases en la Escuela de Arquitectura de Interiores, pero a las 9 de la mañana solo hay silencio bajo los plátanos de indias, en el portal del Boulevard Raspeil. La ciudad densa y ligera a la vez, no hay apenas recuerdos, porque la noche del 13 de noviembre se esfumaron. 

Julia está sentada, sola y en silencio, tres meses atrás. Agotada y con una maleta azul oscuro junto al banco, de la que cuelga la etiqueta de la compañía aérea. Bajo la arboleda del Jardín de Luxemburgo, acaba de llegar a París un 3 de septiembre tórrido. No sabe por donde empezar, solo tiene una habitación reservada en una pensión cerca de la Sorbona, que todavía puede ocupar. Elige bajar por Saint Michel, hacia el río. Un futuro.

Patrick parece haber encontrado una pista fiable y está nervioso, se baja del tren en la estación de Valbreuse, al norte de París, una calle con unos niños jugando en un solar, una hilera de árboles a los lados, una mansión vacía al fondo, y tiembla ante la posibilidad de que su apellido sea Howard de Luz. Un jardinero viejo (le suena la cara?) parece trabajar detrás de la verja. Tiembla otra vez, se decide y sube la calle hacia su probable pasado.

Julio sale de la última clase del viernes de una semana de verano, sube la cuesta adoquinada de la Rue de Saint-Jacques. Jubilado y solitario. No sabe donde ir. Murió el dictador hace unos meses. Murió su ex mujer, no sabe nada de su hijo. Toda su existencia quedó vacía, oculta en una neblina densa, la misma neblina que cubría todo hace 32 años, cuando salió de Austerlitz, se adentró por la Rue de la Clef y pasó la mano por el portón verde de la entrada de carruajes. Ahora no sabe donde ir, son duros los adoquines que le devuelven su pisada. Decide alzar la cabeza y mirar al cielo, arriba, detrás de la cúpula de la Universidad. Su vida.

Volví al dormitorio hace apenas media hora. Y por fin llegan desde el mar los primeros rayos de sol, que bañan el dormitorio con la pálida luz anaranjada de todos los noviembres, no quiero salir de la cama, no quiero saber que dicen las noticias, que saltarán estridentes dentro de tres minutos, justo a las 7 am. Pero me imagino un sol enorme y lento ahí fuera, flotando ya sobre el mar, al este, un mar que seguirá sin oírse hoy porque lo ahogará el viento, será otro día sin mar. Se agotan los recuerdos, me doy la vuelta en la cama y me cubro con la manta. 

Siempre es otoño en la memoria. Finalmente cierro los ojos agotado, y no puedo decidir si existe París.


José María Sánchez Alfonso. Málaga, Septiembre de 2016.






lunes, 19 de enero de 2015

Atrapapesadillas


Las estrellas se estrellan en el muro
de los atrapasueños que he perdido
en el vacío pleno y sinsentido
que deja de alumbrar cualquier futuro.

Las estrellas se estrellan en lo oscuro
de los atrapasueños del olvido,
luchando por querer que no haya sido
la luz azucarada con cianuro

que pone más barreras al latido
y pierde voluntad mientras te alejas
de la primera letra que ha vivido

un cuento de hadas triste y no refleja
la luna en el estanque oscurecido
donde el atrapasueños hoy se queja.

martes, 13 de enero de 2015

lunes, 12 de enero de 2015

Ahora

Sin medir la vida en horas
y midiéndola en latidos
siento el tiempo más completo
cada vez que estás conmigo.
No hace falta el para siempre
del futuro indefinido,
porque ahora sólo existe
el segundo que yo habito
en la paz de tu regazo
que descansa lo vivido
en los días menos buenos
donde nada te ha salido;
en los días que la suerte
con su azar te ha bendecido.
Yo no entiendo de las fechas,
ni de décadas ni siglos;
el mejor tiempo del mundo:
el que puedo estar contigo.
Luego haremos otra cosa...
y también será bonito,
recorrer esa distancia
que otra vez junta caminos
y volver a comenzar,
a escribir otro capítulo,
de ingredientes diferentes
que mezclar en el abismo
donde duermen tantas dudas
que precisan de un barrido
de la escoba Voluntad
y limpiar nuestro destino
de designios del futuro,
que será lo que hemos sido,
si es que llegamos a ser
y nos perdona el olvido.
Ahora quiero abrazarte,
por si mañana te has ido;
ahora será el momento,
y me muevo y lo consigo...
Es muy fácil, ya está hecho
y en tu rostro luce un brillo
que sólo dura un momento,
el momento que estoy vivo.

domingo, 11 de enero de 2015

Ausencia de abrazos.

Cuando pasan tantos días
y tus brazos no me envuelven,
el encanto se disuelve
y se agota mi energía
por saber que en esta espera
no vendrá la primavera
en el alma a florecer.
Aunque a veces he pensado
dar un giro a este camino
ayudándome del vino,
sé, amor, que no he olvidado
las ganas de pelear
sin que deje de soñar
que algún día cambie todo
y la vida encuentre el modo
de volvernos a cruzar
en un viento más propicio,
con la certeza desnuda
que hiciera saltar sin dudas,
hacia ese precipicio
sin que importe las heridas
que me haga en la caída
por querer improvisar,
esa magia de esperar,
que allí también esperes.
Pero el tiempo no se para,
y tu abrazo no me llega
y el dolor del alma juega
con el puzzle de tu cara
que hoy no puedo mirar,
y que no logro olvidar
que sigue siendo el motivo
de que quiera seguir vivo
por si acaso la sorpresa
puede unirse con la suerte
y que el sueño de quererte
con tu porte de princesa
superara la certeza
de que no vas a venir.
Sé que tengo que seguir,
pero aquí me quedo quieto
sin creer en los milagros,
con el sabor cruel y amargo
del que ha perdido el reto
y sus sueños son pedazos
de un mar de desesperanza
destrozados por la lanza
de la ausencia de tu abrazo.

viernes, 9 de enero de 2015

Senda iluminada


Delira el corazón
en esta oscuridad hecha de sombra,
y pierdes la razón
mientras tu alma se escombra.
Pero entonces, la luz que a ti te nombra

le da un sentido a todo,
se concentra en el punto donde pisas.
Y en todos mis recodos,
la luz de tu sonrisa
recuerda que el soplido de la brisa

acaricia el existir
tan lleno de sentido si mi puerta
te llega a percibir
de par en par abierta,
sumido en esa luz que en ti despierta

la creencia infinita
de inventar el futuro en tu mirada
tan cómplice que grita
que ya no pasa nada,
que hoy eres mi senda iluminada.

jueves, 8 de enero de 2015

Sobre el paso final.

Todas las noches le mandaba un mensaje. Le decía que era lo más bonito del mundo y la princesa de su reino. Llegó incluso a dedicarle un libro entero con la obra de su vida.

Pero olvidó pronunciar las palabras mágicas que abren las historias imposibles.

martes, 6 de enero de 2015

La historia de becerro man.

Dicen que un hombre es un trozo de carne con dos ojos, dos piernas, dos brazos y un cerebro. A mí me llaman becerro porque eso último no lo tengo. De aquí en adelante, diré que ese es mi nombre. Menos mal que los ordenadores corrigen lo que se escribe, porque de lo contrario no entenderías esto. Soy más flojo que la cuerda del trapecista y he intentado hablarle al trasto este y que el mensaje se escribiera solo. No sé si es que no he puesto el micrófono o que mi voz no traspasa esta caja negra que tengo llena de polvo porque no me sale del centro del cuerpo limpiarlo. Me he puesto a darle leñazos a las teclas y así le doy uso, porque quiero contar mi vida, una vida que merece la pena conocerse si estás aburrido y en la tele sólo pasan el partido del fútbol de turno o esas mierdas en las que todos se ponen a parir estando todo pactado de antemano y los cheques cobrados. Joder, lo bien que me vendría a mí un cheque de esos, con la de cosas que he hecho para aparecer en la tele y nadie se ha dado cuenta...
Empezaré por el final, porque yo lo valgo y para que voy a hacer una cosa bien si la puedo hacer mal. Así soy yo. No entiendo como sucedió, bueno, en realidad no entiendo ni como uno más uno es dos, pero esto menos, y resulta que una noche de verano me vi en un bar de la piscina municipal de Marbella poniendo tapas y cerveza, de las cuales cada dos que servía, yo me tomaba tres y los clientes, casi todos fracasados que no querían llegar a casa para abrazar a la soledad y decirle buenas noches a la pared, no protestaban. Mi jefa, a la llamé la abominable mujer de los phoskitos, no me decía nada y así, sin saber cómo había acabado allí, al día siguiente me vi de nuevo. Me daba una propina de 50 euros por tomarme la cerveza de los clientes y además los dos paquetes de tabaco que me hinco diariamente. Al tercer día, su hija me dijo que su madre se había enamorado de mí. Lo tomé normal, que la abominable mujer de los phoskitos se enamore en tres de días de un hombre que se afeita una vez al mes, que no le sale de los huevos cuidar su aspecto ni su higiene y que es más bruto que la bomba de Hiroshima, es algo absolutamente normal. Supongo que también es normal que esa hija me pusiera. Una mujer de 33 años, bonita, con un imán especial para encontrar a cabrones que la habían dejado preñada dos veces y hecho abortar una, que la dejaban tirada, incluso que le habían dado algo más que caricias, pues sí, también es normal que me pusiera. Su madre enamorada de mí tras tres días, ella me ponía desde la primera vez que la vi y yo, de la noche a la mañana, me vi con un suelo extra, mi vicio fumador satisfecho y mis borracheras pagadas. El verano entraba, las noches se hacían más calurosas y el bar se llenaba cada más en las noches, de personas que buscaban el aire acondicionado porque eso de la subida de la luz no lo llevaban bien. Y yo salía salía cenado, con 50 euros en el bolsillo y mis dos paquetes de tabaco para el día siguiente que luego compartía con el gitano y el gitano conmigo. Ah, por supuesto, mi fluido vital era una mezcla de sangre y alcohol.

Cuando llegó el otoño, yo ya había hecho bueno ese dicho de a falta de pan, buenas son tortas y tenía la llave de su casa. Pero vivía en la mía. Mírame, joder, y pensar que hace un año apenas llegaba a pagarme los vicios, que mis deudas dejaban la cartilla del banco pelada antes incluso de cobrar y ahora, gracias a esta mujer, Teresa, pero por dentro la sigo llamando la abominable mujer de los phoskitos, mi vida ha cambiado tanto que parezco otro, pero por supuesto, no lo soy. Yo seguía tirándole los tejos a la Vane, y a la Vane parecía irle el rollo hasta que la Vane decidió ir a Tenerife a por un tío que le había dado una somanta palos y se había ido. Ella fue a por él y él, viendo normal que una mujer a la que había maltratado se montara en un avión para ir a verlo y pedirle que volviese con ella, aceptó y regresaron los dos. Pero yo seguía en mi empeño de cepillarme a la Vane y a la Vane cuando vio que el cani que había rescatado era un gemelo mío, pero más flojo todavía, pues me siguió el juego. No le he dicho a nadie si la Vane pasó por la piedra, realmente no lo sé, quizá una noche de borracheras, quizá nunca. El bar ya cerraba las noches de invierno, pero la Vane me recogía, a veces con su madre, e íbamos a hacer la compra. Mi nevera se llenó como nunca antes se había llenado y mi cuenta del banco no veía los efectos que una buena compra genera. Pero a mí me importaba más ver a la Vane que el hecho de que la calidad de mi vida hubiera aumentado de un modo decididamente increíble. Por las mañanas mi “guasa” no paraba de funcionar, el gitano estaba de mi tono de aviso “hazme casito, hazme casito que soy un mensajito” hasta el mismísimo culo y cuando llegábamos a la nave, entre él y el calvo ese que pone algo de orden entre el almendrita y nosotros, gastaban unas bromas muy crueles sobre mi comportamiento. Joder, que quiero tirarme a la hija de la mujer que se ha enamorado de mí y me ha arreglado la vida ¿tan malo es eso?
-Aaaaayyyyy, Juanjo, estoy del mensajito hasta las pelotas.
-Lo que le hacía falta al becerro era internet en el móvil y la hija de la novia aburrida. ¡El señor nos libre, Juano! Ya verás la que se va a liar cuando explote todo.

Valiente dos cabrones. No tienen sentimientos ninguno como animales, bueno, como yo. Menos mal que por las tardes, a Teresa le dio por renovarme el armario. Y me llevaba a Primax, en Fuengirola, y allí teníamos que contratar un camello para que llevara las cosas. Llegó Navidad pronto y en mi vida he visto tantos regalos juntos. Los pocos ratos que pasaba con ella y su familia, eran especiales, me sentía acompañado y de vez en cuando le decía al calvo que Teresa era una buena mujer, porque aunque no tiene luces ninguna, es el que más entiende de los cuatro que estamos en el almacén. Y él me decía que lo que tenía que mirar es que yo estuviera bien. Y lo estaba, más que nada porque me estaba viendo con una mujer de 40 años, de muy buen ver, chilena y sola, que dice que le gustaba mi compañía. Ahora, me afeito dos veces al mes, he mejorado, es el doble de lo que lo hacía y la mejora de mi aspecto da sus frutos. Con Teresa, que es muy buena persona, tengo todo cubierto y con Marcela, tengo el instinto cubierto. Es normal, tiene que ser normal. El calvo me dijo que hiciera lo que me hace feliz y esto me hace feliz. Y como dije al comienzo, mi ausencia de cerebro, me impide ver el daño que mi comportamiento puede hacer. Y pasó el tiempo y llegó mi cumpleaños y me regaló una cama completa que cuesta 500 euros, no sólo tengo el mejor armario de mi vida sino que ahora también tengo la mejor cama que he tenido y mejor que la de mucha gente. Por mi cumpleaños, la vida me regaló la rotura de mi móvil y más tardó el móvil en romperse que Teresa en comprarme uno nuevo. Y yo seguía llamando a Marcela, guaseando con la Vane, e ignorando las llamadas de Teresa. Una noche, después de siete llamadas perdidas de Teresa, me llamó la Vane. ¡Bien! Por fin ha comprendido mis encantos, sé que Marcela lo entenderá.
-¿Qué pasa, Vane?
- No, Pepe, no soy Vane, ¿por qué no me coges el teléfono?
-Estaba con mi paisano tomando café y estoy llegando a la casa, te iba a llamar ahora.
-Ábreme la puerta, anda, sé que estás en tu casa ya. Quiero hablar contigo.

Abro la puerta esperando ver una furia hecha mujer, pero sólo veo a una mujer más anciana que cuando la conocí, una persona que lleva la carga de los años con dignidad, pero que estos últimos acontecimientos han supuesto una carga que no puede soportar.

-No hace falta que mientas.
-Es que me agobias con tantas llamadas.
-Coge el teléfono, dime que estás bien y ya me quedo tranquila.
-Tere, tengo a otra.
Tere se me queda mirando, sonríe y dice que no es verdad. Intenta quitarme una mancha blanca del labio y la detengo. Estoy cansado, a mí nadie me controla. El calvo dice que en el amor, hay que cambiar algunas cosas, porque compartes tu vida, pero a mí no me controla ni mi padre, y si quiero salir con mis amigas a tomarme una copa, y a bailar a la feria, no hay Dios en el mundo que me lo impida. Eso es normal, ¿tan difícil es de entender?
-Es cierto que tienes a otra.
-Sí.
Se va llorando. Yo cierro la puerta.

viernes, 2 de enero de 2015


Hay ráfagas de luces en el cielo
que nievan sus destellos cual cometas.
Las contemplo abrazándote y las grietas
que rompían a mi alma, alzan vuelo.

Porque tu abrazo es mucho más que mi consuelo,
tu sonrisa mi más preciada meta,
y mi calma es tu aroma de violetas,
se pintan de esas luces los anhelos

dispuestos a querer protagonismo
en muchas noches más igual que esta,
soñando reinventar romanticismos.

Las heridas curadas ven la cuesta,
no asusta caminar por los abismos
si llevo de la mano a mi respuesta.

jueves, 1 de enero de 2015

No es igual que ayer


Ya no somos como ayer
y no tiene que ser malo;
sigues siendo ese regalo
que yo quiero proteger
a pesar de que sabemos,
de los roces que tenemos
cuando llega el desacuerdo.
Ya sabemos que no es rosa
todo el tiempo compartido
y la sombra del olvido
en el alma se nos posa,
convertimos en condena
una brisa hecha de arena
que no tiene más poder,
si se da el brazo a torcer.
Así que hoy he decidido
abrazarte ante tu enfado
y a esa rabia que has lanzado
disolverla en el silbido
que susurra que te quiero
y con un beso primero
que reviente la tormenta,
que tu boca eche veneno
y tus ojos echen truenos
para que nos demos cuenta
que no somos como ayer.
Pero... ¿sabes? He pensado
que por mucho que te enfades
por decirte mis verdades
mi verdad, está a tu lado.
Pero... ¿sabes? He pensado
que por mucho que me enfade
que me digas tus verdades
con enfados suspirados,
me derrites y derrotas
y mi alma estaría rota
si en la luna que anochece
falta el roce que estremece
al sentido de la vida.
Ya no somos como ayer,
discutimos y vivimos
lo que nunca nos creímos
que nos iba a suceder.
Ya no están las mariposas
que le daban color rosa
a la luna hecha de miel.
Pero... ¿sabes? si intentamos
regalar la voluntad
y tener la fiesta en paz,
seguiremos por el tramo
de lo cómplice y fugaz
de un presente sin futuro.
Puedo estar casi seguro
que lo vamos a lograr,
y aunque sea diferente,
el pasado está latente
y podemos recordar
las miradas que no hablaban
y que siempre se entendían
y también se emocionaban
con la luz de un nuevo día
que llenábamos de todo
sin dejar ningún recodo
sin llenar de tonterías.
Ya no somos como ayer
y mañana será igual,
volveremos a extrañar
lo que ya dejó de ser.
Pero... ¿sabes? yo te invito
a que sigas a mi lado,
sin pensar que está acabado
lo que tú y yo hemos escrito
aunque sea diferente,
adoptemos la vertiente
de querer el infinito
que el amor lleva en su vientre.

domingo, 20 de julio de 2014

Una

Me dicen que por cada hombre,
hay no sé cuántas mujeres,
y sea esto como fuere
sólo hay una con tu nombre;
y esa es la que yo quiero,
lo demás es aguacero,
más tormenta para el alma,
que ya tiene suficiente
con saber que estás ausente,
para mantener la calma.
Cuando menos te lo esperas,
dicen que de forma brusca,
llegará la primavera,
pero sé que si no buscas,
la tristeza en la nevera,
será lo que en ti reluzca
y por eso es que te busco,
escribiendo el movimiento;
sin rendirme cuando el viento
sólo arroje su pedrusco,
al mirar alrededor
y la ausencia de color,
sea lo único que vea
junto a golpes de marea
y heridas de soledad.
Yo no quiero conformarme
con millares de almohadas,
cuando sé que existe un hada
con la que puedo arroparme
y será siempre la misma.
Por eso, salgo a buscarte
y a buscar esa señal
llena de complicidad,
puede estar en cualquier parte.
En el último arco iris
de la galaxia de Piscis
buscaré si es necesario,
sin que sea extraordinario
que siga mirando al frente,
buscando algo que me diga,
esa chica que consiga
desarmarme lo inocente
cuando luzca su sonrisa
y aunque no exista la prisa
su presencia sea urgente.

sábado, 5 de julio de 2014

Invitación a mi presentación.

Os recuerdo que el próximo día 10 de julio a las 20:30 en el Museo Cortijo Miraflores de Marbella, tendrá lugar la presentación de mi novela, "Recuerdo olvidado", a la que gratamente estáis invitados.

Allí podréis comprar un ejemplar de la misma, así como resolver las dudas, o ponerme verde, sobre la misma (los que ya lo habéis leído). Posteriormente, habrá un rato de conversación amena con algunas copas en la mano.

Espero vuestra asistencia al evento.


miércoles, 11 de junio de 2014

Recuerdo olvidado.

Queridos compañeros y lectores habituales del blog:

Próximamente saldrá a la venta mi primera novela: recuerdo olvidado. Estará disponible tanto online, como en las principales librerías de Marbella. No obstante, haré un acto de presentación el día 10 en el Cortijo Miraflores, al cual estáis gratamente invitados.

Espero vuestra asistencia y apoyo. Os dejo la portada.


lunes, 12 de mayo de 2014

EL MOMENTO DE LA PRESENTACIÓN


Mi agradecimiento a todos los que me acompañasteis el jueves en la presentación de mi novela y mi disteis vuestro calor y vuestro apoyo.
Solo por eso ya merece la pena escribir






Aunque parece que a los de ETA no les gustó mucho el libro (no sé porqué)






                                                                                                                                                                  Alejandro PedregOsa, como siempre, estuvo genial

Como otras veces, llenásteis el Cortijo.
!Sois los mejores!




         Por lo menos, la gente se lo pasó bien y se rió

viernes, 9 de mayo de 2014

CUMPLEAÑOS (Serie Relatos en Negro)

En el día de su cumpleaños la acompañaban todas
sus amigas, excepto Teresa, que se encontraba de viaje.
¡Ah! y tampoco estaba su novio Pepe, que se había 
desplazado a Madrid por razones de trabajo.
Su amiga Teresa había tenido el detalle de enviarle una
tarta de chocolate que ponía: “Felicidades, Inés”.

−Pide un deseo –le dijeron sus amigas, cuando ya se
disponía a apagar las veinticinco velas.
Inés tenía muy claro cuál era su deseo:  “Que mi novio
Pepe y mi amiga Teresa me sigan queriendo”.
Cerró los ojos y sopló.

Mientras la policía se llevaba en una bolsa el cuerpo
carbonizado de Inés, Pepe y Teresa se besaban
apasionadamente sobre la cubierta once del crucero
“Brisas del Caribe”.

miércoles, 16 de abril de 2014

EL CASO DEL SECUESTRO DE RAJOY Y RUBALCABA


"EL CASO DEL SECUESTRO DE RAJOY Y RUBALCABA",  la nueva novela de José Luis Moreno Malagón, ya está a la venta. (Editada por Ediciones Oblicuas, de Barcelona).
Una novela para reírte (sobre todo de los políticos) y pasar un rato agradable.
Para más información, donde comprarla, ver entrevistas con el autor y su explicación de porqué escribió esta esperpéntica novela, entra en su blog:  http://elsecuestroderajoy.blogspot.com.es/

jueves, 27 de marzo de 2014

AMOR ETERNO (Serie Relatos en negro)

Mi amada.
Ella lo es todo para mí.
Acompaña cada instante de mi existencia.
Hermosa y adorable.
Verla cada día es lo que me anima a seguir viviendo.
Mirarme en sus profundos ojos negros.
Acariciar sus mejillas, tan pálidas como una clara
noche de luna.
Deleitarme con su amplia sonrisa.
Extasiarme con su serena tranquilidad.

Esta noche, me he despertado sobresaltado por el ruido
seco de algo que chocaba violentamente contra el suelo. 

Ha sido su mandíbula, que ha vuelto a desprenderse.

Tengo que comprar un pegamento para huesos que
sea más consistente…