miércoles, 15 de junio de 2011

LA SERVILLETA DE LINO ( 1 )

A ella siempre le había gustado preparar esas cenas tan románticas junto a la chimenea . Incluso ahora, después de tantos años, seguía cuidando esos pequeños detalles que a él apenas le importaban: las flores recién cortadas, las velas con aroma a lavanda, la servilleta de lino... Se había convertido en algo rutinario y temía que si dejaba de hacerlo, se rompiera ese equilibrio que durante tanto tiempo habían simulado.


Pero él había tomado ya su decisión y hoy iba a ser un día muy especial. No quería marcharse con un mal recuerdo, por eso estaba haciendo lo imposible por crear un buen ambiente: había llegado pronto a casa, se había dado una ducha, se había cambiado de ropa y bajado las escaleras a saltos. Durante la cena hablaron animadamente. Él de su próximo proyecto, ella de su curso de escritura. Ninguno de los dos se implicaba demasiado en la conversación y ninguno daba detalles.

Y justo cuando iba a salir, él se asomó a la ventana y se quedó observando el horizonte. La noche era oscura pero aún así, sintió esa neblina que cubre las grandes ciudades en las noches de verano. Algo le impedía abandonar la casa, había tomado tantos gin- tonics junto a aquella chimenea qué le parecía una traición marcharse sin ensuciar ninguna copa.


Abrió la botella, rellenó su copa y esperó al amanecer.

4 comentarios:

  1. Elena, ¿qué te parece "No tienes los suficientes h... para hacerlo"? ^_^.

    Me ha gustado el comienzo. El esmero del preparo de la mesa y el empeño en mantener el ambiente. Aunque sea por un acto de apariencia, por mantener ese equilibrio simulado por ambos. Un proyecto por parte de él, un curso de escritura por parte de ella... con los alicientes que ello conlleva, en todos los aspecto.

    No sé si habrá sido tu intención, pero me ha parecido leer entre líneas el daño que una rutina invariable puede causar a una relación de sentimientos. Y eso desemboca en ese amanecer, con una copa en la mano, meditando sobre si la decisión irrebocable de marcharse no es tan irrevocable, quizá buscando otra excusa para permanecer en tierra...

    A mí me ha gustado mucho el texto. Plantea una cuestión sobre el valor que finalmente no se revuelve del todo. ¿Habrá continuación?

    Un besito. Y que tengáis todos una buena tarde.

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  2. Muchas gracias Juanjo.
    Me gusta mucho tu comentario porque has comprendido perfectamente lo que quería decir. Y eso es importantísimo, eso quiere decir que no esta mal escrito, que el lector ha podido comunicarse con el escritor. El primer objetivo se ha cumplido: la comunicación.
    Mi idea final era la excusa para permanecer, para no hacer cambios, quizás los miedos a lo desconocido.
    Si, espero que haya continuación. Ya veremos.
    Un saludo a todos y todas

    ¿Donde están las chicas?

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  3. Hola Elena,
    En algún momento recorrí la escena, la mesa estaba recogida y la chimenea apagada, la botella casi intacta y la copa media hacían compañía a las flores, los primeros rayos de sol traspasaban las cortinas.
    Todo era silencio escalera arriba, sin embargo
    algunas palabras aún rondaban en la mesa aquella, junto a la servilleta de lino, un cuaderno abierto, unas frases sueltas y un boli
    dormido, el ojo entreabierto de un móvil plateado junto a una corbata de rojo encendido.
    La horizontal perspectiva nos sorprende.
    Hay descripciones que ahorran comentarios.
    Un abrazo,
    Hugo

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  4. "un boli dormido" que fantástica adjetivación!!
    Bueno, estoy deseando conocer el futuro de mis personajes innombrados.
    Quizás alguien se atreva a ponerles nombre.
    Alvaro dijo que no tuviéramos miedo a dar nombres, yo no me atreví.
    Un saludo y gracias por el bonito comentario.

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