martes, 19 de julio de 2011

El hombre del Sanatorio

Siempre corriendo, huyendo, mirando a todos los lados. Se subió al tren. Se sentó en el vagón once asiento 6B, ventanilla. Se acurrucó. Miró por la ventana esperando verle pero no lo reconoció entre el gentío que abarrotaba la estación de Atocha en Madrid. Le pisaba los talones, pero todavía no le había podido coger. Se quitó la chaqueta azul gastada y con brillos , la dobló cuidadosamente, se estiró los pantalones y sacó su iphone3.
Tenía que volver a idear un nuevo itinerario. Estaba seguro, que al final, volverían a encontrarse. Abrió su google maps y trazó el recorrido. Iría a Pamplona. Estaba seguro de que su hermana, que vivia allí, le comprendería. Nunca pensó en meterse en líos. El habia sido siempre un hombre recto, honesto, con una vida vulgar, pero aquel día, hace una semana ya, todo cambió.
Paseaba todos los domingos por el Retiro. Tenía un banco que formaba parte ya de él. Siempre vacío, al lado de un bar de refrescos y junto al lago. Allí se iba a leer y meditar bajo unos árboles unas veces con hojas y otras desnudos según la época del año.
Esa era su máxima idea del placer. Leer. Olvidaba su vida, se metía en los personajes y se los apropiaba. Pero ese día, ese fatídico y burlesco día, ningún héroe de novela pudo ayudarle.
Cuando llegó, se sentó en el banco y sus pies chocaron con algo duro, un paquete que se encontraba en la esquina de la pata del banco, entre arbustos y flores. Lo cogió. Alzó la mirada y buscó a su posible dueño. Se levantó y preguntó en el bar si alguien había reclamado un paquete envuelto en papel oscuro del tamaña de una caja de zapatos.
- Por aquí nadie lo ha reclamado, dijo el camarero.
Volvió a su banco y allí lo abríó, pensando que quiza hubiera algun dato dentro que le ayudara a encontrar al dueño.
Cual fue mi u sorpresa, cuando lo abrí y me enncontré con una caja rellena de billetes morados, esos de 500 euros que yo jamás había tenido en la mano. Todos muy colocaditos en filas. La cerré rapidamente y me quedé pensando qué hacer. Ir a la policia era una alternativa y la otra, quedarmelos. Opté por esta última. Jamás había tenido suerte. No estaba robando nada, aquello estaba allí tirado y yo lo habia encontrado. Nadie podía echarme nada en cara. Pensé que era mi dia de suerte y con una sonrisa en los labios, cogí la caja y trás levantarme con toda naturalidad, cogí mi libro, mi chaqueta y comenzé a andar hacía la salida del parque.
Sin embargo, algo había ocurrido trás llegar a mi casa. Ya en el metro noté que me seguian. Y desde ese momento, mi vida fue un infierno. Pude ver a un hombre con pinta de boxeador, con una cicatriz en la cara en una mejilla, la nariz torcida y alto, muy alto, con unos hombros anchos, muy anchos, que me seguía a una discreta distancia cada vez que salía de casa. Supe que me había metido en algún lío serio. Y solo pensé ya en huir.

6 comentarios:

  1. ¿Y nos dejas así, con ése suspense? Ya sin poder dormir en toda la noche... Eso no se hace.
    Te felicito, has creado el ambiente y la intriga, imagino que lo continuarás, si no, no te vuelvo a hablar.

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  2. Desde luego que es un texto que merece continuación. Y creo que la tendrá... Ahí queda una sugerencia.

    El texto encierra detalles en los que muchos de nosotros nos podemos ver reflejados sin mayores pretensiones. Por ejemplo, el ritual de abrir un libro y olvidarte de todo y meterme dentro de esa historia y empatizar (esta palabra no sé a qué demonios están esperando los de la R.A.E para incluirla en el diccionario) con ese mundo paralelo que alguien ha inventado para que te pierdas en él. El salto dimensional fue toda una sorpresa, tanto, tanto que se deja de hablar en tercera persona para pasar a hablar en primera. Es que muchos papeles violetas de esos que en ocasiones contadas vemos, quizá no te hagan feliz, que vemos que en este caso, lo único que le ha traído son problemas, pero el respiro que das cuando ves que la hipoteca está a salvo durante una temporada... Ahora bien, si después de un golpe de suerte, te empieza a perseguir un armario empotrado con pintas de macarra... y resulta que el tren es su medio de transporte preferido... La cosa pinta mal.

    Me ha parecido un texto que esconde perfectamente esa idea, desgraciadamente demasiado actual, de que el dinero da o no da la felicidad, si la compra hecha con garantia de devolución o sin ella. Un símil a este mundo de estados que cambian a velocidad de vértigo. Un hombre que siente tener suerte, mucha suerte por una vez en su vida, pasa, en cuestión de un simple segundo, a sentir que su vida está amenzada, y todo, con los papeles de colores como protagonistas...

    Kika, que también a voto a favor de la continuación, amén de la intriga que desprende y del modo en que se queda, la historia da mucho de sí. Y te deja con ganas de saber más.

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  3. Me alegro tanto de que te hayas animado a escribir Kika, de verdad. Siempre me ha parecido que imaginas y redactas buenos relatos, y espero que este blog te sirva para soltarte , relajarte e ir escribiéndo lo que se te ocurra, pero escribiendo que es de lo que se trata.
    En este relato nos metes muy bién a los lectores en el ambiente y en el personaje, y el paisaje del retiro y el metro....no te veas forzada a continuarlo, solo si se te ocurre alguna manera buena de seguirlo y si te entra una inspiración, pero no lo continúes por continuarlo, me entiendes ?
    Una cosilla, crítica constructiva: en el último párrafo cambias a primera persona de repente...lo has hecho a propósito ? desconcierta un poco.
    Bueno, Nos vemos en 20 minutos que hemos quedado y seguimos comentando tu entrada..un beso a todos.

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  4. Gracias por vuestros comentarios, la verdad, es que intentaré continuarla creo...

    Sobre lo que me comentais de cambiar a primera persona al final, no sé, me salió así pero tienes razón a lo mejor, debería seguirlo siempre como narradodra no?? bueno a ver que tal si sigo con ello, pero mil gracias por molestaros en contestar aunque no quiero que os veais en la obligación de ello ¡¡¡

    nos vemos en la próxima reunión ¡

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  5. Kika, no hay obligación de comentar, al contrario creo que es un placer hacer comentarios , así mantenemos el Blog más vivo, y el que recibe los comentarios se siente más animado a continuar escribiendo.
    Sigue escribiendo chiquilla, suéltate en nuestro Blog, aprovecha que no hay naide importante que nos lee, que entre nosotros , analfabetos e iniciados de la escritura, nos leemos y nos va fenomenal.
    Para eso creé el Blog, para soltarnos, relajarnos, escribir de lo que queramos, sin normas (salvo el respeto y la buena educación) sin ataduras, con toda la cara, dura.

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  6. Pues yo tambien quiero comentar sin obligación.
    Perdona que me meta en la vida de tu personaje, pero me apetece porque lo has descrito tan bien que al leerlo es ya un poco mio.
    A mi me parece que el personaje ahora se ve perseguido por su propia neurosis, como consecuencia de haber actuado en contra de sus principios morales, y como tiene un enorme sentido de culpabilidad pues ve por todas partes hombres y matones que le persiguen.
    ¿Qué te parece?
    Yo también creo que hay que tener cuidado con los cambios de persona porque despistan.
    Hasta pronto

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