martes, 12 de julio de 2011

el Mar desde mi azotea



Nuestra azotea es la más alta de la Calle del Castillo, tanto que desde ella se puede ver el Mediterráneo hacia la izquierda y el Atlántico a la derecha. En los días claros, la mayoría, se divisa la costa de Marruecos al Sur, adivinándose hasta sus pueblos y colinas, carreteritas y puertos.


Y en medio, un interminable tráfico de barcos de todo tipo, “ferrys” de ritmo frenético que cruzan de Norte a Sur y cargueros enormes de marcha muy lenta de Este a Oeste. Los veleros navegan con mucho valor y luchando contra las corrientes se las ven y se las desean para pasar del Mar al Océano, y los barquitos de pescadores como muertos de miedo, subiendo y bajando por las olas y que nunca se alejan del puerto.


Allí me puedo pasar las horas muertas y hasta el día entero si me lo propongo (y si mi madre ó la abuela se olvidaran de mí), absorto con el espectáculo que se desarrolla en el horizonte, como una película sin personajes, con sonidos pero sin diálogos, pero que te captura desde el comienzo, hasta que se pone el Sol. 
Esto es Tarifa, un pueblo de gente chiflada, donde da mucho el Sol, y el viento no nos deja ni un momento.


Pero no me puedo pasar el día en la azotea, a mí edad, que ya son 12 años, las obligaciones son interminables, a veces agobiantes. No me dejan tranquilo: “niño, a la vuelta de colegio te traes dos barras de pan moreno de la panadería de la Luisa y de paso le pagas los roscos de vino de antes de ayer”, “niño, cuando termines los deberes te pasas por la mercería y recoges el encargo de tu abuela”, niño esto, niño lo otro.


La azotea es la tercera altura de nuestra casa y se llega después de un viaje interminable por unas escaleras de mármol claro, hierro forjado pintado de blanco, y un pasamanos muy suave de madera oscura y barnizada sobre la que deslizo mi mano con gustito cuando subo y bajo. Las escaleras empiezan a enroscarse en una esquina del patio, allí abajo y se hacen más estrechas en la última subida, desde la galería hasta dar con la puertecita de madera verde que parece que la hicieron para una familia de enanos que vivió aquí hace mucho tiempo, eso me ha contado mi padre.


Hay mejores casas en el pueblo, sobre todo en las calles cercanas a la Iglesia grande, pero la mía, la número 16 de la Calle del Castillo, es especial.


abajo en el patio
junto a la fuente
está la vieja hamaca
y un par de sillas
pa mi abuela Paca
y las vecinas cotillas


6 comentarios:

  1. He podido ver a ese "pobre" niño soñando desde su azotea con esos barcos. Alguien me dijo una vez que Tarifa es el ánfora del viento del sur. Y tu historia me ha hecho recordar ese dicho.

    Muy detallada tu descripciuón de los navíos, de la baranda de la escalera de caracol, y ese niño suspirando cuando tenia que ir a por las barras de pan moreno a la tienda de la Luisa.

    Esta todo contado con ese encanto y esa llaneza de los tiempos donde las mujeres se sentaban en las puertas de sus casas y pasaban las noches conversando sobre lo que hacían las vecinas, era otro tipo de "cotilleo" más sano que el que hay hoy en día. Y esta "realidad" la bordas en los versos finales. Ese patio de sillas y ese coro de voces que a todos nos llevan a nuestra infancia.

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  2. Hola José María, precioso relato, no sé si es real o ficticio, pero bien parece que lo esté viendo yo también a la par que el protagonista.
    Puedo sentir el aire en mi cara y el sol enrojeciendo mis mofletes, estar viendo una película del cine mudo, de las de mis abuelos, donde había un pianito acompañando para dar énfasis en los tramos que fueran necesarios.
    No he visitado mucha cosa del Sur pero si lo suficiente para saber que las callejuelas estrechas de casas encaladas con balcones multicolores, es la pura esencia de ese entrañable y genuino Sur.
    Has dotado el relato de gran claridad y sencillez, como le has dicho a Juanjo anteriormente, has usado "palabras baratas", en tiempos de crisis es algo a tener en cuenta y tú más que nadie sabes de ello pues como gran capo de este espacio y por llevar tan bien las cuentas con todos (¿ya te pagan los recibos?), sabes que nadie regala nada, solo unos pocos lo dais sin pretender nada a cambio, bueno si, tan solo unos instantes de nuestro tiempo a cambio de todo esto expuesto. No creo que sea mucho pedir.
    Nuestro tiempo a cambio de disfrutar de fuertes y sentidas emociones, algunas de ellas dormidas y que con vuestra sensibilidad y saber, hacéis que salgan a la luz.
    Gracias por ello.

    Ten una buena tarde de verano querido, besitos azules muassssssssss

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  3. Suena muy autobiográfico y es bonito. Yo también quiero subir a esa azotea y ver pasar los barcos.
    Feliz día.!

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  4. Ver el mar desde la azotea debe ser un placentero privilegio...no conozco Tarifa , pero a medida que te leía , comprobaba la altura de esa azotea , la más alta de la Calle del Castillo y observar el Mediterráneo hacia la izquierda y el Atlántico a la derecha e incluso la costa de Marruecos al Sur, adivinándose hasta sus pueblos y colinas, carreteritas y puertos.

    Sentir el fresco oleaje del mar , y esos barcos ondulando a su compás...

    Y he podido comprobar que puede que hallan mejores casas en el pueblo...pero hay una muy especial,la número 16 de la Calle del Castillo, esa que me a enseñado a apreciar las maravillas de Tarifa...

    Gracias por regalarnos ese trocito del Sur.

    Un Abrazo fuerte y un saludo cordial.

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  5. ¿Una barbacoa en la azotea? Me apunto.

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  6. Muchas gracias por vuestros comentarios, no hay autobiografía en esta historia, aunque la escribo de esa manera porque me encantaría que fuera una autobiografía, no se si me entendéis.... En parte lo del patio, la escalera, la galería, la zotea , todo eso si son elementos de mi vida , pero la historia es inventada, la voy creando durante mis paseos por ese pueblo.
    La idea es ir redactando una novelita contada por este niño tarifeño, que cuenta la vida del pueblo desde su óptica. Incorporaré personajes reales de Tarifa que yo conozco de mis estancia allí y personajes imaginarios, Y quiero añadir un "poemilla" al final de cada capítulo, voy a inventar un nuevo género, a ver.
    Un beso a todos. Tendréis más Tarifa, me temo, cuando os resulte insoportable me lo decís por favor!

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