domingo, 3 de julio de 2011

La etiqueta me hace cosquillas -1ª parte-

Perdóname mamá. No sé como ha sido o si yo he tenido algo de culpa. Sabes, me resulta difícil articular palabra y eso que lo intento.


Te voy a decir la verdad: le temía a este momento, encontrarnos frente a frente.


Aquí hace frío mamá, así que abróchate un poco la rebeca negra, no vayas a resfriarte. A partir de ahora tienes que cuidarte un poquito más por ti misma. Me preocupa ese gesto tan serio que tienes. Prefiero verte con algo de expresión, para poder interpretar tus sentimientos, así me das miedo. Solamente escucho tu fuerte respirar. Cuánto silencio hay aquí ¿verdad, mamá?


No sé como me verás, pero noto mi cara algo hinchada ¿Cómo me ves tú, mama? ¿Estoy guapa? La noche en que todo pasó si lo estaba. Me lo dijiste cuando salía de casa: “que guapa vas, Paloma. No vengas más tarde de las doce y ten cuidado, que la noche es más profunda y peligrosa que un abismo” “No te preocupes que lo tendré te respondí”. Y lo tuve, mamá, tuve cuidado. Desde bien tempranito me inculcastes el sentido de la responsabilidad. Eso no me lo podrás reprochar. Siempre fui una niña responsable en todo.


Me gustaría contarte con todo detalle como sucedió, pero no quiero hacerte sufrir más. Bastante tienes con todo lo acontecido en estos días. Por cierto, mamá, he perdido la noción del tiempo ¿cuantos días han pasado? ¿Dos? ¿Tres? Me mata estar a expensas todo el día de la luz artificial de esta habitación.


Yo volvía para casa y no era muy tarde. Me había despedido de mi amiga Clara en la esquina, donde siempre lo hacíamos. No le tenía miedo a ese camino, estaba iluminado y nunca había pasado nada. Sí que me sorprendió que una voz familiar dijese mi nombre saliendo de la oscuridad y a esas horas de la noche. Me preocupó más que hubiese pasado algo en casa. Me dijo que no, que no pasaba nada, pero la migraña no le dejaba dormir y que iba a la farmacia de guardia a comprar algún remedio para intentar aplacarla. ¿Por qué no me acompañas y después nos vamos los dos juntos? No tuve porque sospechar de él y no me pareció nada malo acompañarlo, la farmacia no estaba muy lejos. Me fue preguntando si ya salía con algún chico, que no le parecía bien que yo fuese tan reservada, que podía contar con él para lo que quisiese, que le gustaba mucho el corte de pelo que me había hecho para el verano y que esa noche iba especialmente guapa; alabó la pureza de mi alma; mi forma de pensar; mi actitud ante la vida en una chica de catorce años.


Continuará.



© Miguel Urda

3 comentarios:

  1. Que bien urde Urda, entrelazando los hilos del diálogo va involucrando al lector en una trama sugerente y de expectación.

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  2. Que continúe, sí, que lo haga.

    En un monólogo entre dos personajes, se suceden las palabras que van introduciéndote en ese callejón oscuro, como una extensión del abismo de la noche...

    No sé por qué, pero sospecho que guardas muchas sorpresas para entregas posteriores. Parece que todo va dirigido hacia una dirección concreta, pero habiéndote leído varias veces, creo que estamos ante un texto llamado a sorprender.

    Anda, Miguel, no tardes mucho en decirme si tengo razón o no.

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  3. Miguel: esta historia me da mucho miedo. La he leído dos veces y la segunda ya me he dado cuenta desde donde habla la niña. Pero no lo voy a revelar. Supongo que ahí esta el misterio. Ya hablaremos....
    Que continúe pronto. A ver si estoy en lo cierto.

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