domingo, 3 de julio de 2011

LA SERVILLETA DE LINO (8)



 Recordó de pronto aquéllos años de su juventud como becaria en el Archivo Histórico del Carrer del Bisbe, junto al puente. Carlos la esperaba por las tardes, a las ocho en punto, apoyado en una columna del patio gótico, con sus viejos vaqueros y ésa sonrisa suya que era el cielo. Los vinos en Ca’s Mosson, sentados en una mesa diminuta, cogidas las manos, las caras muy juntas, los alientos confundidos. En ésa época él venía a menudo a Barcelona para completar sus estudios de Filología Hispánica y ella siempre le esperaba ilusionada. Luego, de repente, todo terminó con unas amargas palabras en una carta, sin una llamada, sin una sonrisa más en el patio a las ocho de la tarde.

Por enésima vez, Carlos visualizó el mensaje en la pantalla del móvil: “Mañana en tu casa, a la hora de siempre”. No se creía que ella hubiera accedido a verle sin un pero, sin una pregunta, sin un reproche, y que recordara incluso la hora de aquéllos encuentros en su pisito del Raval. Aquéllas tardes deliciosas e interminables…
El sonido estridente del timbre de la puerta quebró sus pensamientos.
     

1 comentario:

  1. Al final ha dado el paso... Menos mal que esto va rápido, porque la intriga se hace cada vez mayor.

    Me ha gustado mucho la mención de sitios y de manjares concretos. Me ayuda a imaginarme la escena a la perfección. La mesa diminuta, las manos enlazadas, la complicidad reinante... Me ha encantado el ritmo que le has dado José Luis, una lectura intensa, con pinceladas de romanticismo cómplice.

    Lamento que seáis tan profesionales dejando los relatos en los puntos claves ^_^. Cuando más interesante se pone la cosa, cerráis.

    Chicos, Eva avisó que no participaría, así que Mina, te toca. No tardes mucho por favor ^_^. Y viendo los relatos de mi amigo Miguel, no dudo que el final va a ser de lo más interesante. Ánimo, que ya queda poco.

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