jueves, 28 de julio de 2011

La Servilleta de Lino. Propuesta de final.



A las 9 de la mañana la esperaba, todos los días, ya era parte de su ritual desde que llegó a Barcelona hace 18 años.

Sentado en la misma mesa de siempre, junto a la cristalera antigua, de palillería blanca y cristales de colores, que daba al patio de esa manzana del Ensanche. En el Café de la Librería la Central de la calle Mallorca. Mientras se tomaba con calma su primer capuccino se entretenía mirando a Joan, el único empleado a esa hora tan temprana: como colocaba las tartas recién llegadas, como preparaba con mimo la máquina de café espresso.


En las grandes tablas de madera basta y sin pulir del suelo se posaban ya reflejos débiles de color chocolate, verde, fresa derretida y azul añil, alocados rayos de sol filtrados por la cristalera, y que según pasaban los minutos trepaban agarrándose a los libros que llenaban las estanterías.


Y allí aparecía María, pisando con fuerza el suelo de madera, subiendo el pequeño desnivel entre la librería y la zona del Café, con sus botines de piel, con sus vaqueros desenfadados y su sonrisa. Pero no llegaba a sentarse, al pasar por el arco iris de luz se evaporaba.


Se tomaban un capuccino, el segundo para Carlos, compartían un croissant grande, hablaban sin parar durante más de media hora, de la niña, del colegio, de la Galería, y salían cogidos de la mano, después de atravesar la planta alta de la Central entre un caos de libros y revistas, bajar la apretada escalera modernista y de entretenerse en la planta baja comentando alguna novedad.


Siempre el mismo paseo con el sol pegándose a sus espaldas, cuerpos que no se quieren separar, ignorando el fluir de automóviles y motocicletas, esquivando las molestas bicicletas rojas de Bicing, después de un corto paseo, al girar la calle Mallorca con Carrer D’aribau, podían ver la fachada del proyecto que montaron juntos hace dos décadas al llegar Carlos de Madrid, “Galería de Arte María Oriol”. 


La tenía cogida de la mano, pero ella ya no estaba, igual que no estaba la Galería, convertida ya en el famoso restaurante El Jardinet. A Carlos le llegó a los labios una diminuta lágrima y cerró los ojos, y ahora sí, podía ver a María, sonriéndole por última vez. 


Era el final de su paseo diario, un señor con bata blanca y una plaquita con su nombre y el logo de la clínica le vigilaba discretamente unos pasos atrás.

2 comentarios:

  1. Si ya al oírlo el miércoles, tocaba las fibras sensibles y te envolvía en lo que considero una ternura llena de tristeza, ahora, después de leerlo, con la empatización más fluida y sencilla, tienes que hacer un esfuerzo para que no se te salte una lágrima debido a la tristeza que refleja este final de la Servilleta de lino.

    Es que además, está escrito con detalles justos para transmitir esa sensación de tristeza y de amargura. Y al mismo tiempo, no poder dejar de sentir la ternura de esa imagen de la sonrisa por última vez y la posterior despedida silenciosa. Has ido montando el desenlace con pinceladas de recuerdos, El capuccino, doble para Carlos en este caso, los botines de piel y los vaqueros de María, la complicidad que se percibe en los dos con ese enlace de manos y ese cartel de Galería de arte María Oriol. Creo que con ello consigues hacer el final más trágico si cabe. Son recuerdos hermosos, cafés y croissants compartidos, lugares llenos de nuestros queridos libros, ¡un proyecto en común! Y esa sonrisa...

    José María, que genial, jefe, que está todo pintado perfectamente, o al menos, yo pienso así. Que el único pero que se le puede poner, es que según iba avanzando el relato, teníamos a estos dos al borde del reencuentro y podía pasar mil cosas entre los dos, desde que se unieran hasta que se dijeran hasta lo que iban a morirse. Y tú, con un salto del encuentro, haces avanzar el tiempo y queda una escena que, efectivamente, hay un encuentro, con la ausencia y la ternura.

    Que tengas unas vacaciones ejemplares, jefe. Acuérdate cuando estés en la isla, de los pobres pringados que nos quedamos en agosto trabajando para el sistema. Estoy pensando en convocar un concurso al más pringado del universo, pero como estoy seguro que voy a ganar yo, mejor lo dejo ir. Pero lo dicho, acuérdate de nosotros, y llena el bloc verde de ideas. Se te espera.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por el comentario (y por el "pero" que de todo se aprende), se agradece mucho el tiempo y el interés que te tomas en comentar las entradas de tus compañeros del Club!, para gente como tú da gusto escribir.

    Cuando presente en público mi primer libro de relatos o poemas te llamaré para que estés en primera fila. jeje.

    Felices vacaciones a todos, me ha encantado conoceros a todos y poner en marcha este proyecto de Club/Blog. Y en Septiembre nos veremos con las neuronas relajadas, recargadas e INSPIRADAS.

    Un beso a todos. José María
    Y que pase el siguiente con la propuesta de final del relato: Elena vamos....

    ResponderEliminar