miércoles, 20 de julio de 2011

Por la corriente de la acequia


Esta mañana, de muy temprano, llegó una carta sellada. La trajo Luisillo, el nuevo cartero que reparte del Carril del Picón hacia las huertas.
Cuando vi su letra, su caligrafía preciosa, me dio un vuelco el corazón, me quise morir. No puede ser!, Dios mío no puede ser! Si a mi señorito lo mataron hace tres días!.
En la casa llevamos de luto tres eternos días, con tres noches oscuras y con pesadillas. El primer día fue de horror, de que nadie se lo creía, de espanto y dolor desgarrado. Después vino un silencio denso, la penumbra, las cortinas echadas, el no salir para nada.

Yo soy la única que sale a hacer los mandados, la que hace las tareas de la casa, y ahora que hago yo con esta carta de mi señorito?,  me tiene angustiada, llevo toda la mañana sin saber qué hacer con ella. La entrego a los señores? O mejor a sus hermanos?.
He servido el desayuno en el cuarto de la chimenea, después puse la comida pero no me atreví a mirar a la cara a nadie. Voy como una loca sin quitar la mirada de los dibujitos de las baldosas de la casa.
La entregaré a los señores después de recoger la mesa, cuando les sirva el café. O mejor no, esperaré a después de la siesta, pero como lo voy a hacer, si los voy a matar del disgusto?. No he tenido valor suficiente.

Me quito el delantal y salgo de la casa por la puerta de la cocina, la que da a la huerta, por entre las higueras que lloran y dos chopos solitarios llego a la acequia, y veo como el sobre ondea ya sobre la corriente que va rápida hacia el Rio, ese rio que mi señorito nombra tanto en sus historias, y lloro, lloro como jamás lo he hecho en mi vida.
Y mientras las lágrimas me nublan todo y me tiemblan las piernas, lo oigo decir: 

“Frasquita, tata querida, sabes que estoy en la casa de los Rosales, pero ya no me puedo esconder más, mañana de madrugada me llevarán, en un camión gris. Tú ya sabes quienes son, esas familias de esta miserable ciudad”.
“Tú sabes por qué, por contar historias de ríos, de álamos, de gitanas desnudas y de la Vega. Que por escribir poesía me van a matar. Me matan por no ser como ellos, por imaginar más allá, por querer llevar la cultura a la plaza de los pueblos y escuela a los hijos de los jornaleros”.
“Tata, quién va a nombrar ahora las riveras del Genil, el olor de los arrayanes, los verdes olivares, las choperas de la vega y los paseos tristes de esta triste ciudad?”.
“Tata, tira esta carta a la acequia que corre detrás de nuestra huerta, que la corriente la lleve al rio y que el rio la pierda en el Mar”.

3 comentarios:

  1. Cuando te oí leer este relato aquella tarde que montamos aquel espectáculo del que no me acuerdo y que jamás voy a olvidar que no le pidieras el número de teléfono a la princesa... digo a la policia de cabellos azabaches... Bueno, ya en serio, aquella tarde, mientras leías, un nudo se iba atando en el estómago a medida que contabas el pensamiento que nació tras la recepción de la carta. Y ahora, después de leerla, en la propia mente, con la propia voz, me parece todavía mejor, con más carga trágica. Y ahí es donde viene tu mérito. Que te defiendes igual de bien anudando suspiros en los pechos de los que te leen que montando un circo flamenco ambulante con tintes de locura lírica. Y ello muestra que tu talento es grande y se atreve con todo... Atreverse o no atreverse, esa es la cuestión ^_^.

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  2. Un relato muy bonito. Por la historia, las descripciones del paisaje, el lenguaje tan natural, la fusión de ficción y realidad y por ese desenlace tan romántico. Que las palabras acaben en el mar.

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  3. Jose Maria me has trasladado al pueblo, a la casa, a la puerta de atrás de la cocina, a la huerta, precioso el olor de los arrayanes, los chopos, y ella la Tata y el Señorito y Luisillo, personajes que te entran muy dentro...

    fantástico para ir a la radio y leerlo ¡¡¡¡¡¡

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