jueves, 29 de septiembre de 2011

DE LA CERVECITA CON EL PIRATA

                                      

No pude mirar hacia atrás, si lo hacía me arriesgaba a girarme 180 grados, bajar por la cuesta, y ocupar la ruina y el terrenito con vistas al Mar. No pude, siempre he sido un cobarde para estas cosas, a la hora de la verdad siempre me echo para atrás, y esta era una de esas “hora de la verdad”. Eran exactamente las 7,15 de la tarde.


Mi mujer ya subió hasta el pico que domina la Cala, a 200 metros de altura sobre mi cabeza y haciéndome gestos extraños, parecía tan diminuta allí arriba. Fue un momento de debilidad, por mi mente abrasada por el sol se paseó un pensamiento dulce y cruel a la vez, “ella tan lejos, yo aquí sediento, el manantial al lado, las palmeras, el castillo del pirata, el terrenito con la ruina a solo 10 metros cuesta abajo…..”, mi mente me quería decir algo pero mi Yo no lo cogía, me pasé la camiseta por la cabeza para empapar todo ese sudor con pestazo a hippie.


En esos líos andaba mi mente metida cuando noté un toque en mi hombro, un palo me golpeaba levemente por la espalda, efectivamente era él, con su taparrabos y su coleta, con toda la mugre que pueda acumular un humano en su piel, y alto como un semáforo. Me preguntó que si tenía sed, y una voz desde lo mas profundo me dijo “dale las gracias y sube por la cuesta arriba sin pararte”, pero se desencadenó la conocida Secuencia de Respuesta Automática: Yo estaba sediento, mi boca dijo Si, y mi mano cogió esa lata de cerveza de Mercadona. 


“Vente pa dentro que me están haciendo una limpieza de diente”, yo le miré el diente y le seguí hasta el patio del castillo, allí tenía instalado un sillón de peluquería de los años sesenta y un espejo que colgaba de la rama de una higuera, y las dos mujeres allí plantadas con todo su instrumental, una dentista y la otra protésica. Pero sin bata blanca ni zapatillas, ni gorro ni guantes, nada de nada, estaban en pelota picada haciéndole la boca al pedazo de pirata, colocándole El diente en su lugar y pasándole ese aparatito del demonio que lo pulía dejándolo como una perla.


Pagó la factura con tarjeta de crédito de Unión de Bancos Suizos y las mujeres se marcharon muertas de risa cuesta abajo a gastarse el dinero en el Café de los Hippies, con los 60 euros cobrados les  llegaría justito para dos menús "Suspensión de Pagos", el especial, el último de la lista, escrito en letra pequeña y con un * borroso escrito a lápiz en un trozo de lata de berberechos en aceite Oleicoelemental. El precio estaba escrito en el revés grasiento de la tapa, 30 euros incluido un crepe de nutela y un café normal, 33 si es con leche omega tres. El problema es Europa.


“Si quieres te hago una radiografía de la Crisis”,  yo ya estaba sentado frente al sillón de peluquería y con media cerveza bebida todo me parecía perfecto, así que le hice un gesto de “adelante” con la cabeza y el pirata se lanzó: él fue uno de los supervivientes del desplome de las Torres Gemelas, cayó desde planta 47 y se salvó, no sabe explicar cómo, pero no pudo sobrevivir al desplome del Nasdaq. Se trataba con Warren Buffet, con Madoff y hasta con D.S.K.   
Y al oír eso reaccioné rascándome el bolsillo pensando en el precio de la cervecita Wasteinner de Mercadona, sin alcohol.

El apestoso pirata siguió hablando sin control como una cacatúa del Caribe, yo entré en un estado mezcla de muermo y angustia vital, y la vocecita desde lo más profundo me susurró: cuando llegue a la Doctrina del Shock, la de Jean Claude Trichet, tírale la lata a la cara y sal corriendo, pero cuesta abajo, se valiente ahora…..

(Nota del Editor: del precio de la cerveza se informará en el siguiente capítulo, se siente, es para enganchar al lector) 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sabor



¿Que sabor tiene tu piel?
Imagino que es a luna,
o puede que sea a viento
o fragancia del azúcar.
¿Que sabor tienen tus labios?
Es a pétalos de espuma,
sin la sal que lleva el mar
que se cambia por dulzura,
que desprende este silencio
que se esconde en tu cintura.
¿Que sabro tiene tu voz?
Pues me sabe a las alturas
a las que llevas a mi alma
cada vez que a ti te escucha.
¿A qué sabe tu mirada?
A caramelos de lluvia
a las flores del jazmín
que a mis momentos endulza.
¿Cuál es el sabor de tu alma?
Sabe a la estrella que alumbra
la oscuridad del camino
en la paz de mi fortuna
que me llevo a encontrarte
y al final de toda duda,
que aumentaban en mi mente
hasta que vio tu figura
quedarse dentro de mí
y apresarme en su ternura.


MusicPlaylist
Music Playlist at MixPod.com

martes, 27 de septiembre de 2011

OTOÑO


Otoño, por fin
días cortos, sol leve
caen las hojas.

Marrones, grises
colores que se pintan
en nuestros días.


(KANET)




lunes, 26 de septiembre de 2011

Counting the Time

                                     

I didn’t  reach the sky

this morning when I woke up

can you tell me why,



I got on my red bike

early  in the morning

when the Sea was quiet,

the Sun was orange

and the air light



Sitting on the cold sand

I put my feet in the water

imagined I touched your hand

and I reached the sky



Then I saw people

counting the time

Lonely & waiting

Late & counting

Sitting & writing

beautiful stories

I wish they were mine

Un mundo intemporal

Son las 12 horas, 15 minutos y 3 segundos.
Nadie me espera, pero llego tarde
y no me gusta llegar tarde.
Cuando llego tarde, nadie me espera
y si nadie me espera, me siento sola.
Son las 12 horas, 15 minutos y 13 segundos.
Me siento sola
He llegado tarde y nadie me espera
Me gusta que nadie me espere
Cuando me siento sola, llego tarde.
Son las 12 horas, 15 minutos y 23 segundos.

domingo, 25 de septiembre de 2011

DEL CAFE CON LOS HIPPIES Y EL CASTILLO DEL PIRATA


Nos advirtieron en el hotel que no se nos ocurriera ir allí, así que nos pusimos manos a la obra con ansiedad, a las 8 y media de la mañana ya estábamos en la pequeña aldea de pescadores preguntando en el estanco, interrogando a la única persona que vimos por la calle, como podíamos llegar a ese sitio tan recóndito y donde desaconsejan ir a los turistas.

La viejecita de la calle nos intentó quitar las ganas contándonos todo tipo de horrores y posibles desgracias, que el camino era un via crucis de calor, sin árboles, de precipicios y piedras que rodaban por ellos. En el estanco nos preguntaron si sabíamos qué nos íbamos a encontrar allí, y solo después de gastarnos algo de dinero en la tienda nos dijeron en voz baja donde se cogía el sendero que llevaba a ese sitio tan cargado de misterio.

Y efectivamente, el camino fue como un calvario de sudor, mochilas pesadas, de subidas empinadas y descensos de vértigo. Cuando de repente, en un giro inesperado nos topamos con un pequeño oasis de vegetación con palmitos, dos palmeras, un bosquete de pinos muertos de sed, y un manantial de agua fresca, y al lado un antiguo castillo medio en ruinas. Tuvimos que tocar el agua para asegurarnos de que era verdad. Y cuando estábamos rellenando la botella de agua una voz ronca nos sorprendió por la espalda, cuando nos dimos la vuelta casi nos partimos de la risa, un viejo alto y con greñas, con una coletita, sucio y vestido con un taparrabos, nos advertía asiendo una vara enorme, que ese era su territorio y que siguiéramos por el camino, y señalaba la cuesta con el palo.


Así que este es el pirata y este es su castillo, tal y como nos dijeron en la aldea: “primeros os toparéis con el loco que cree ser un pirata, y su castillo, mejor no provocarlo, y cuando terminéis la cuesta abajo ya os encontraréis con la sorpresa”. 

No hubo sorpresa, apartando las últimas ramas a la altura de nuestras caras fue un resplandor, una violenta claridad que nos golpeó en la cara, un Mar solitario y transparente, una cala de arena y piedras envuelta en acantilados desafiantes, negros, oxidados, que caían violentamente hasta el agua. Nada más, de momento.

Pinchamos la sombrilla, nos pusimos la crema de protección….y miramos alrededor con disimulo. No ocurría nada …….. error, nos estaban esperando, al rato empezaron a salir de sus escondrijos, ignorándonos, hippies de todos los colores y tamaños, peludos y afeitados, rubios sucios y oscuros como aborígenes, altos canijos y panzudos con enormes tetas caídas, calvos y con rastas. Era la Comunidad de Hippies de la Cala de San Pedro, como Dios los trajo al Mundo, en directo y delante de nuestras narices, para nuestro disfrute durante todo un día.

Y allí que nos quedamos muy quietos y mirando fijamente al Mar…..como buscando algo en el horizonte.  Pero después de media hora de contemplar el Mar y del primer baño me decidí a explorar la zona y armado de una buena caña recorrí la Cala con la actitud del colono que explora una isla poblada por indios, descubrí que era una comunidad muy bien organizada y que lo único que tenían de primitivos era su aspecto, sus chozas y la desnudez total. Distribuidos por las pendientes cercanas, pequeñas ruinas, terraplenes, aprovechando cualquier desnivel, detrás de cualquier cañaveral, formaban un enjambre de chozas hechas de palos, maderas podridas, cañas, sábanas de colores, hojas de palmitos, algunos llegaban a tener placas solares y molinillos de viento generadores de electricidad. Con eso y con el manantial junto al castillo del pirata no necesitaban más. Un auténtico comercio de todo tipo de materiales se desarrollaba delante de mí, un trajín sin descanso, mujeres tostadas por el sol portando sartenes podridas y maderas, pandillas de perros greñosos paseando junto a la orilla, tipos con pinta de maoríes transportando hojas enormes de palmera. Un intercambio permanente de objetos variados (útiles e inútiles). 

Al ver aquel espectáculo me alegré muchísimo haber llevado el lápiz y el cuaderno de poeta vagabundo a aquel sitio tan fascinante!, se me hizo irresistible ponerme a tomar notas hasta que pensé que mucho mejor sería vivir en directo aquella experiencia, sumergirme en la comunidad. Y decidí empezar por ir a un extremo de la Cala donde se vislumbraba un pequeño chambao de cajas de cartón, telas viejas, cañas, y cierta actividad dentro. Aquello resultó ser “el Café” de la comunidad, el bar de los hippies.


Penumbra, moscas silenciosas dando vueltas sobre el pan, botes con nutela abiertos hace meses, seres de otro mundo mirándome con total despreocupación, tirados sobre la arena o sobre colchones, mostrando sus partes de manera provocadora, huevos secos y tostados, pechos descolgados y cubiertos de arena. Lo primero que me salió de la boca fue “cuanto vale el café?” , para que pregunté, el tipo rubio con rastas y tumbado sin vergüenza alguna a todo lo largo del colchón me dijo que depende de cómo lo quería, no me atreví a reírme, le dije todo serio que un café con leche normal, pues un Euro cincuenta me contestó y ni se cambió de postura el salvaje, “dios mio más caro que en Lekune en pleno centro de Marbella” pensé. Tragué saliva y le dije que bueno que ya vería…pero en ese momento otro aborigen con el culo peludo, extremadamente delgado y con mirada penetrante se colocó detrás de la hornilla, puso un cazo con un liquido negro, encendió el fuego, vertió un poco de leche Puleva con Omega Tres en un vaso que hace años tuvo que ser transparente y en menos de un minuto se me acercó y sin decir ni media me colocó esa bebida, y sus partes colgantes, delante de mis narices.  

Después de comprobar que no había pelos rizados flotando en el café y de soltar el euro y medio, le di un sorbo al “café” y para que no se me notara cara de asco me puse rápidamente a hablar con el grupo de colegas, que qué tal se vivía allí, que como era el tiempo, uf, no se me ocurría más, me tenían atrapado en su territorio, fueron directamente a matar: “tú tienes pinta de banquero o de abogado, no?”, glub, pues no, no, solo he venido a pasar el día con mi mujer.  “ pues aquí un montón de nosotros éramos de esas cosas antes del Credit Crunch, antes de que la prima de riesgo superara los 300 puntos de diferencial, antes de que los mercados le plantaran cara a la deuda soberana, antes de que se descubriera a Madoff con las manos en la masa” y así hasta que me terminé el café con leche y omega tres de un euro cincuenta, ya entendía el precio. Me senté sobre la única piedra que quedaba libre y ya entramos a fondo sobre el Ibex 35, la posible quiebra de Grecia, los recortes sociales necesarios para crear confianza y tranquilizar a “los mercados” de una vez por todas.

Felices!, estos tíos viven aquí felices!, sin hipotecas basura, sin bancos, sin compañías de seguro, sin abogados ni mangantes, sin funcionarios, sin multas ni policías, joder………me metí debajo de mi sombrilla con la mente dando vueltas sin parar, veía hippies sonriendo tostándose a la intemperie, haciendo caja en el Café, bañándose en ese Mar al amanecer, paseando a sus perros de colores por la orilla, haciendo el amor libre a la puesta de sol, joder esto no puede ser, soy un pringao hipotecado, un borrego pagador de impuestos, Joanna recoge que nos vamos.
 
Y subiendo por los primeros terraplenes, vi de reojo una pequeña ruina con vistas al Mar, llena de posibilidades, con solo dos muros exteriores de pie, pero con cañas y maderas alrededor, un pequeño terrenito alrededor suficiente para una cabra y una barbacoa oxidada……cobarde, seguí subiendo por el acantilado.....


EL AMULETO (Relato encadenado 8)

El terrible alarido se iba acercando más y más.
En su mente, un torbellino frenético giraba sin cesar, mezclando sin orden Mijas, el pueblo de su madre, la imagen de un niño que la miraba desde un círculo en llamas, una lata de Coca-Cola vacía, el querido Manhattan de su infancia, el amuleto que le dio su abuelo…
Nada tenía sentido. Quería despertarse, pero no podía.
¡Rebeca!
Oír su nombre le produjo un ligero temblor.
Sabía que estaba en un sueño del que no había salida posible.
¡Rebeca!, ¡Rebeca!, ¡¡REBECA!!.
Un violento golpe sacudió su cabeza.
Y de pronto, fue conciente de que el creciente alarido salía de su propia garganta.
Se despertó bruscamente.
Poco a poco, los recuerdos fueron volviendo, pero no quería abrir los ojos. Se sentía aterrada y muerta de frío. Sus manos sin embargo, estaban ardientes y le escocían.
La realidad se hizo presente. Olía a incienso.
Se encontraba sin duda en la antigua capilla familiar, junto a su casa.
Con mucho esfuerzo fue levantando los párpados. Todo estaba en penumbra. Delante de ella, sobre un altar de piedra débilmente iluminado por dos cirios, yacía tumbado un niño.
Se forzó a abrir los ojos completamente y descubrió horrorizada que el niño era su hijo David.
El amuleto estaba sobre su pecho y un hilillo de sangre roja y brillante resbalaba desde la comisura de su boca formando un pequeño y oscuro charco sobre el altar.
¡No, no!, ¡Él no! ¡David no! ¿Qué le habéis hecho?
El segundo bofetón estalló sobre su otro carrillo.
Volvió la cabeza y vio a su lado la imponente figura vestida de rojo y con la capucha sobre su rostro, del cual sólo se apreciaba el rictus de una sonrisa.
Las manos le seguían ardiendo. Lentamente, bajó la vista hacia ellas y otro grito desgarrador salió de su garganta al descubrir los dos muñones envueltos en vendas ensangrentadas.
De nuevo cayó en la inconsciencia.
                      

viernes, 23 de septiembre de 2011

El amuleto (relato encadenado 7)

Sin poder dormir en toda la noche, no había manera y velando el intranquilo sueño del niño, le fui dando vueltas y más vueltas a la situación que estaba viviendo.
Antes de despuntar el alba desperté al niño, mi idea era salir cuanto antes de donde me hallaba y sólo podría hacerlo guiándome por las estrellas aún existentes en el firmamento o por la misma luna. Sabía algo de astrología y si seguía la orientación de las puntas de la luna, actualmente en estado creciente, iría hacia el Este osea hacia el mar.
Caminamos los dos muy juntos, era del todo necesario guardar cuanto más calor corporal posible, el pobre niño me miraba de soslayo de vez en cuando, no entendía adonde lo llevaba, ni que le pasaría de ahora en adelante, pero sus ojos no mostraban miedo sino escepticismo, incredulidad, expectación por lo que le deparaba el futuro junto a mi.
Volvimos a encontrarnos con el río que al entrar en el bosque había hallado y tanto me había tranquilizado, la luna aún alta se dejaba ver, como si nos guardara de todo mal y no quisiera que termináramos en el fondo de algún barranco, aunque el follaje de los árboles era denso, ella se filtraba sin problema alguno.
Llegamos al linde del bosque, el paisaje ya era conocido y descendimos a toda prisa hacia mi casa, quería hacerlo antes de que los vecinos iniciaran sus quehaceres diarios, no quería dar explicaciones, ni sobre el niño, ni sobre nuestro aspecto.
Al cerrar la puerta de mi casa respiré tranquila apoyada en ella, la primera parte estaba realizada, antes de introducirnos en el baño los dos, me acerqué a la ventana y di las gracias a mi querida luna por ser nuestra guía y protección.
Una vez limpios y con ropa cómoda (para vestir al niño tuve que echar mano de ropa que tenía de mis sobrinos), comimos frugalmente, ninguno de los dos tenía mucho apetito, después el niño se durmió en el sofá de puro agotamiento.
Yo, instalada en la alfombra a su lado con el portátil en mi regazo, decidí ponerme manos a la obra y no dejar pasar ni un minuto más, debía iniciar la búsqueda a tantas preguntas que me había hecho mientras estaba en la cueva. 
El amuleto, era vital saber más de él, aunque lo había tenido en mi poder desde ni recuerdo cuando, en realidad sabía muy poco de su origen.
En cuanto al tema del niño ya lo resolvería más adelante, el tiempo apremia y no se vale a malgastarlo cuando hay vidas en juego, tal como parecía.





jueves, 22 de septiembre de 2011

El amuleto ( relato encadenado 6)

Al acercarme al niño, sentí un extraño malestar interior que era incapaz de identificar. Pero la situación no me permitía deternerme a pensar.
Liberé al niño y decidí llevarlo conmigo. No quería dejarlo allí abandonado por miedo a que aquellas personas volviesen a continuar con su ritual.
Le protegí del frío de la noche con mi túnica roja y nos refugiamos en una pequeña cueva, esperando el amanecer.

El niño, en su semi-inconsciencia, articulaba palabras inconexas e incomprensibles en cualquier lengua por mi conocida. Y yo no podía descansar. Quería descifrar aquel jeroglífico. ¿quién era este niño que tenía entre mis brazos? ¿por qué no hablaba nuestra lengua? ¡Por qué habían salido todos huyendo? ¿ y la roca? ¿qué significado tenía el amuleto sobre esa roca? ¿y yo? ¡cómo había llegado hasta allí!
Estaba muy confusa, pero estaba dispuesta a descubrir el enigma. Y la única pista que tenìa debía encontrarse a tan sólo 7 kilometros.

Poemas y joyas




Un poema es un sentimiento,
un sentimiento es una pasión,
una pasión es una joya.


DIAMANTE                                         ESMERALDA                       

Mil reflejos.                                        Verde mirada                       
Tu magia iluminando                     y en el alma esperanza
mis pensamientos.                          de ser amada.

RUBI                                                    AZABACHE

Luz del ocaso                                   Noche de amor,
reflejada en tus labios.                terciopelo en el aire.
Rojo placer.                                     Solos tú y yo.

ZAFIRO                                              TOPACIO

Brisa del Sur                                   Ámbar y miel.
en tus ojos azules.                         En las ramas el viento,
Amanecer.                                     seda en tu piel.

                                                                                                       

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Nacen sueños.

De mis letras, nacen sueños
de mis sueños. ilusión,
bañadas de sentimientos
de tu alma, corazón.

De tus ojos, las palabras,
es la tierra de la flor,
rocío de suave acorde,
el sonido de tu voz.

De tu beso, las estrellas,
del camino tú eres sol,
donde alcanza a ver mis ojos
que eres lo que quiero yo.

Bella hadita de mi alma
de dorado resplandor
lo mejor que me ha pasado,
ser tocado por tu amor.

martes, 20 de septiembre de 2011

DES HOMMES ET DES FEMMES


Les chemins sont difficiles
mais pas impossibles,
avec du coraje
ont peux decouvrir ses coins.

Ils nous montrent
tout en passant,
un paisaje merveilleux
et au même temps, misterieux.

Regardez si non
où il nous a porté
celui qu'on a pris,
a nous connaître.

C'est bizarre, comme
des personnes tellement
differente peuvent
entrer en contacte.

Les mots unissent
les personnes,
c'est vraie, 
voici un exemple.

Les sentiments,
les emotions
ont le pouvoir
de nous faire sentir vive.

Dans ce coin,
des hommes et des femmes,
ont les sentiments 
a fleur de peaux.

Je suis très heureuse
d'être avec eux.
Vivre la beauté des sentiments
qui naissent de ses âmes.


(KANET)


******************
******


Los caminos son difíciles
pero no imposibles,
con coraje
se puede descubrir sus rincones.


Nos muestran
al caminar,
un paisaje maravilloso
y al mismo tiempo, misterioso.


Sino fijaros
hasta donde nos ha llevado
este que hemos emprendido,
a conocernos.


Es curioso
como personas 
tan distintas
pueden entrar en contacto.


Las palabras
unen a personas,
es verdad,
he aquí un ejemplo.


Los sentimientos,
las emociones,
tienen el poder
de hacernos sentir vivos.


En este rincón,
hombres y mujeres
tienen los sentimientos
a flor de piel.


Estoy muy contenta
de estar entre ellos.
Vivir la belleza de los sentimientos
que nacen de sus almas.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Cerdeña esplendorosa

Cerdeña esplendorosa.
Crisol de razas y culturas milenarias.
Sus mujeres bonitas y curiosas,
te miran fijamente cuando pasas.
Y sus hombres, de rasgos algo duros
aunque no exentos de belleza,
también te miran como preguntando:
¿Y tú, de donde vienes,
qué buscas en mi isla?.


Cerdeña luminosa.
Playas de arena blanca
que hacen daño a los ojos,
mares de transparencias
y azules imposibles,
riscos, sierras y valles
de un verde inexplicable.


Cerdeña primitiva.
Pasaron por tus tierras
comerciantes fenicios,
rudos cartagineses,
vándalos y romanos,
bizantinos y árabes,
recios aragoneses,
austriacos, piamonteses,
franceses, italianos…
al fin y al cabo, sardos.


Cerdeña imperturbable.
Tus ruinas, tus costumbres,
tus luces y tus sombras,
tu música, tu idioma,
los ojos de tus gentes,
nos hablan de un pasado
trasnochado en presente.


Cerdeña enamorada
del viento de poniente…
   

El amuleto (relato encadenado 4)

Domingo por la mañana. Hastío absoluto. El sol brilla en el cielo pero la distancia que lo separa de donde estoy, hace que el clima sea agradable. Saldré a pasear, la historia de los monjes y el sueño, ¿o quizá fue pesadilla?, que tuve, no me invita a seguir con la historia. El aire es limpio y mis pulmones lo toman con deleite. Dirijo mis pasos hacia un bosque, donde en el pasado, quedaron impresas mis huellas con mucha frecuencia. Hay un río que discurre en él y cuyo susurro me tranquiliza. Porque es lo que necesito.
El ambiente es sombrío bajo el escudo de las ramas de los árboles y el canto de los pájaros le da vida a este lugar que tanto tiempo llevo sin ver. Maldito estrés y malditas obligaciones… Bueno, no, maldita pereza, no voy a poner excusas tontas. Es un lugar ideal para encontrarse con una misma. Dos siluetas me adelantan, llevan sombreros negros y jerséis finos y parecen llevar prisa a tenor del ritmo que imprimen a sus pasos. Sigo caminando y escuchando el susurro del río. Desciendo por una ladera que me llevará al margen del río, y cuando llego, brumas espesas empiezan a formarse en él y el cielo se va cubriendo de nubes que amenazan con llorar. Vuelvo al sendero y tengo la sensación que el bosque ha cambiado. Puedo escuchar una letanía, muy débil, pero diferente al susurro del río. El canto de los pájaros ha cesado y estoy desorientada. No encuentro el camino de retorno. El corazón comienza a latir con desesperación y la inquietud gobierna mis ideas. La letanía sigue sonando y no tengo ni idea de qué es lo que dice ese canto. Cierro los ojos e intento orientarme. Nada. Decido ir hacia donde suena el canto. El sendero se hace cada vez más enrevesado, con pendientes ascendentes pronunciadas y descendientes llenas de guijarros como trampas para perder el equilibrio. Los árboles parecen haber oscurecido y sus ramas parecen garras que esperan, al acecho, una presa que les haga compañía. O con quien aliviar el daño que nosotros, los seres humanos, hacemos a la naturaleza. La letanía es cada vez más audible y más incomprensible. Asciendo por un camino empinado que termina en una fila de rocas. Cuando me asomo, tengo que hacer un esfuerzo para permanecer en pie y oculta. Hay un niño atado a un poste y un coro de personas sigue entonando la letanía incomprensible. Otras hacen una danza ritual en una circunferencia perfecta alrededor de un fuego. Justo detrás del que está en el centro cantando, hay una roca que tiene grabado el símbolo del amuleto que he visto en las ilustraciones de mi libro…

jueves, 15 de septiembre de 2011

El Amuleto (3)

Dejé mi lata de refresco sobre la mesa de trabajo, llena ya de papeles ordenados, carpetas cerradas, teléfonos móviles y mi MacBook, y eso es todo lo que puedo recordar. 

Después de la ceremonia a la luz de esas velas vino ese grito ronco y salvaje, emitido por la figura con la capa roja, que me anuló toda mi capacidad de pensar. Fue como un bufido ensordecedor que arrollaba todo a su paso, que provocó un huracán de aire violento y caliente. Y después vino la explosión, de fuego y ruido, que me quemó la ropa, el pelo y la piel. En estado de shock, ya solo me quedaba el sentido de la vista, pero eso fue lo peor que me pudo suceder, poder ver todo lo que sucedió después…….

Sentí como entraba en mi cuerpo ese sentimiento escalofriante de encontrarme de repente al borde del abismo, Dios mío, pensé, ven a rescatarme, es que hoy no puedes hacer ni siquiera eso por mí?. No podía llorar, algo en mi organismo me lo impedía, lo intenté, lo intenté con todas mis fuerzas.
Entonces empezó la caída al abismo, una caída eterna, una bajada a los infiernos en la intensa y limpia claridad casi otoñal de esa mañana de septiembre, eran las nueve y media. Simplemente me dejé caer al vacio, sin voluntad, sin rechazo, solo me dejé caer.

Y entonces lo vi todo, mis compañeros de trabajo primero, sacudiendo los brazos desde allá abajo  parecian  saludarme, a 400 metros de profundidad. Después pude ver a mis amigos y por fin a toda mi familia, uno a uno me hablaban, me sonreían y tocaban, me miraban profundamente. En la caída me mezclé con materiales que caían conmigo y choqué con paredes, pero no sentí nada. Tampoco sentí vértigo, solamente pude ver. 

Contemplé fascinada ese inmenso bosque de edificios elevados hasta el cielo, la inmensa nube gris, ese laberinto de calles y avenidas interminables, con multitudes de hormigas corriendo despavoridas, los dos grandes ríos, el océano y más ciudad que se extendía sin fin en todas las direcciones, mi mundo. 

Y al final pude girar la cabeza y lo vi: el Sol de esa limpia y terrible mañana mirándome fijamente a los ojos, sonriéndome con su cara anaranjada , diciéndome lentamente que no sufriera, que ya se acabó todo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

POEMAS SARDOS














  .

Non podende sufrire su tormentu   
de su fogu ardente innamorosu.
videndemi foras de sentimentu
et sensa una hora de riposu,
pensende istare liberu e contentu
m'agato pius aflitu e congoixosu,
in essermi de te senora apartadu,
mudende ateru quelu, ateru istadu
(No pudiendo sufrir el tormento                                                                                                                                                             del fuego ardiente enamorado.     


Viéndome enajenado el sentimiento                   
y sin un momento de reposo,        
pensando estar libre y contento    
me ha hecho más afligido y congojoso,  
estar de tí, señora, apartado,
mudándome a otro cielo, a otro estado)

Antonio de Lofraso



In su jardinu terrestre est naschida
una rosa benigna e verdadera
ch'est de sos ojos mios veru incantu.

Su coro palpitante bramat tantu
a simile tesoro esser amante
bramat tantu su coro palpitante
esser amante a simile tesoro
bramat tantu su palpitante coro
de un'amore perfetu e sinceru

In su jardinu terrestre est naschida
una rosa benigna e verdadera
ch'est de sos ojos mios incantu veru.

Ses s'ammiru de su mundu interu
ca s'amore prufundu dat regiru
de s'interu mundu ses s'ammiru
ca dat regiru s'amore prufundu
ses s'ammiru interu de su mundu
relichia chi m'as postu in disilvios



Carlo Nonnis
   

martes, 13 de septiembre de 2011

EL AMULETO (relato encadenado 2)

Dirigen sus pasos hacía los muros de la Iglesia. Avanzan unos pasos a través del camino empedrado que conduce a la fachada principal y entrada de la Capilla de Mosén Rubí y que tantas veces ha recorrido con su padre.

Cuando llegamos, antes de cruzar la verja,la persona que dirige el grupo, me pide con un gesto de manos que les de algo. Busco mi amuleto entre mi pelo y lo presento. El lo introduce con cuidado en una pequeña caja de madera triangular con una figura grabada que no logro visualizar bien.

Me vendan los ojos. Siento una tosca tela de algodón que me aprieta en exceso. Ahora la oscuridad es completa. Avanzan unos pasos a través del camino empedrado que lleva a la Capilla de Mosén Rubí y que tantas veces ha recorrido. Oye que alguien a su lado llama tres veces a la puerta, de una forma lenta, primero fuerte, luego flojo. Se oye un cerrojo y se abre una reja, con un largo lamento por la falta de cuidado con el paso de los años.

Lo primero que siento es el frío, un frío incómodo que me cubre por entero. No me muevo. Me arrastran del brazo.

Las piernas me flaquean y un temblor hace tintinear mis dientes. Se que tengo que ser fuerte. Una persona me arrastra. Siento el calor de las velas a mi alrededor. Una mano blanda y sudorosa, me retira la venda de los ojos. Parpadeo varias veces para habituarme a la oscuridad. Intento vislumbrar el recinto.
Nos recibe el fulgor de miles de pequeñas velas apoyadas en el suelo formando un gran circulo. Alrededor, unas veinte personas también con habito negro, se inclinan hacía la figura alta, robusta, con guantes blancos y hábito rojo, que se encuentra en el centro de dicho circulo y que me abre las manos, invitándome a dar el gran paso de mi vida.
Levanto la cabeza del libro, tomo un sorbo de coca-cola y pienso que a mí nunca me ocurrirían esas cosas.

DEAMBULANDO JUNTO A VOSOTROS


Alto y claro y ante quien sea,


Lo mantengo y defiendo,
Otra cosa no sé pero
Saber admirar vuestras maestría, si.


Parte del alma
Os dejáis en cada línea
Escrita por vuestra mano
Titubeante e insegura.
Ahuyentando lo más lejos posible
Sombras y pesares.


Sobre delicado lienzo
Unís lazos invisibles a los ojos
Rojos de tanto llanto.
Entregáis bienestar y os dejáis de
Ñoñerías al dirigiros al lector,
Osando llamar cada cosa por
Su nombre, porque así es la vida.


Deambulando junto a vosotros
En esta curiosa aventura
Logro descubrir horizontes nuevos.


Comprender y saber
Lo que las letras ofrecen cuando
Unidas entre si llegan a crear
Bellos sentimientos y fuertes emociones.




(KANET)




domingo, 11 de septiembre de 2011

EL AMULETO (Relato encadenado 1)

El dia se iba oscureciendo. Sabía que no tardarían en llegar y aún no estaba preparada.
Cerró todas las ventanas, subió a su dormitorio, se puso la túnica de seda roja, que le produjo un intenso escalofrío al deslizarse sobre su cuerpo desnudo. Con movimientos rápidos, precisos, mecánicos, se recogió el pelo en un complicado peinado en él que escondió el amuleto familiar, quizás su única posibilidad...
Bajo rapidamente las escaleras, salió de la casa y empezó a encender las velas que bordeaban el camino que conducía a la antigua capilla.
Volvió sobre sus pasos, estremeciéndose al sentir como la noche iba apresándola en su interior. Se colocó entre las dos columnas que separaban las dos propiedades y bajando los ojos, juntó las palmas de sus manos y esperó.
El aire frio y quieto, opaco de sonidos, la envolvía en una capa de soledad.
Se sentía entumecida. No sabía el tiempo que había transcurrido, una esperanza empezaba a abrirse paso en su interior, cuando oyó el susurro de unas voces acercarse, que en su repetición monótona, iban invadiendo el espacio en un crecendo enervante y estremecedor.
Dos filas de figuras cubiertas con unos hábitos oscuros, con capuchas que ocultaban sus cabezas, sumergiendo sus rostros en la oscuridad, la flanquearon escoltándola hacia la capilla en una procesión singular.

viernes, 9 de septiembre de 2011

DAME




Dame palabras que al dolor retarde
mientras que el aire vuele por el prado.
Dame un sueño que nunca haya soñado
el corazón que siempre fue cobarde.

Déjame tus estrellas en mi tarde
y una vida contigo y a tu lado.
Déjame de tus ojos empachado,
al beber el amor que por ti arde.

Dame miradas que besen los años
Dame una historia sobre un sentimiento
que destruya escaleras y peldaños.

Dame un abrazo y un beso de aliento
dame un hechizo que borre los daños
esparcidos en las alas del viento.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

No le compro joyas

                                          

Cuando me la presentaron en aquel oscuro bar de Granada hace ya 25 años, me pareció ver un brillo extraño en su mirada, pero al estar el bar lleno de ruido y humos no lo pude apreciar bien, no le di más importancia y volví a mi apartamento andando a media noche,  un poco bebido y en soledad.


A la mañana siguiente, como era sábado y no tenía trabajo, salí a dar un garbeo por mi barrio, el Realejo, a no hacer nada, a mirar y a leer El País tomando un buen desayuno en "El Lisboa", la meca de los progres en la década de los ochenta.


Y allí estaba ella, bajando por la acera del Rio Darro, con una amiga iba charlando en inglés, disfrutando de esa claridad de invierno que sólo se veía los fines de semana en Plaza Nueva.
La Torre de la Vela, esa enorme y orgullosa proa que la Alhambra asoma sobre la ciudad, fue testigo de lo que vi: esa chica que me presentaron la noche anterior en ese tugurio, 


que llamaban "la Trastienda"  
muy inglesa ella, sin enojos
tenía una luz especial 
le brillaban los ojos 
y la cara, se llamaba Joanna 
y brillaba en la oscuridad
de un bar cualquiera 
y al sol de la mañana.
No le compro joyas a ella 
no las necesita
porque es una estrella
con luz que no se marchita
una piedra preciosa
plata que no se limpiaba
oro del Rio Darro
que por sus aceras 
esa chica paseaba….

Un miedo asustado

Sus ojos, ya bañados en agua, de color claro, te miran suplicándote que no la dejes,
Sus manos, morenas, fuertes y frágiles a la vez, añoran otras manos, unas manos que hace años dejaron de acariciarle,
Su cuerpo, fatigado ya, sigue sus pasos sin saber cuando descansará, pero su risa, esa risa, sigue igual de viva, alegre, irónica que siempre.
Espera pero no sabe ya como esperar, se cansa de esperar, imagina como será pero sigue adelante, sola, soñando como será.
El la espera. Ella lo sabe. Pero, ¿ se encontrarán? Ella le buscará.

martes, 6 de septiembre de 2011

Las espadas del destino



Las espadas del destino
se posaron en las nubes,
que soñaban esos sueños
con tus dos ojos azules.
Se cruzaron dos momentos
en un bosque de abedules,
hilvanando de hilos mágicos
esa broma que seduce
a este necio corazón
al que le han puesto mil cruces.
Las espadas del destino
lanzan golpes que conducen
la crueldad de este dolor
que por mi pecho se sube,
atacando el lado izquierdo,
derribando sus virtudes.
Las espadas del destino
encendieron estas luces,
apagándolas después
y dejando que murmures
que yo nunca seré nada
para tu alma que presume
de perfección absoluta
y de eternas juventudes.
Las espadas del destino
no me dejan que me cure
porque desde que te vi
es seguro, siempre supe
que de eterno viviría
respirando tu perfume.

lunes, 5 de septiembre de 2011

El bosque y las niñas

Dos mariposas jugaban
con las risas de dos niñas,
una vestida de rosa,
la otra de verde y de guinda.
Largos cabellos dorados,
con el viento en armonía,
al correr alborozadas
persiguiendo su alegría.

Se oscureció el cielo un poco,
se hizo gris, la lejanía.
Abrupta, ceso la risa,
los ojos no conocían
ese hueco entre los árboles,
donde nada se movía,
sino las ramas siniestras
cerrando la cercanía.

Se fundió el verde y el guinda
con el rosa, en un abrazo.
Las caritas
desoladas,
temblorosas
las manitas,
los corazoncillos tenues
locos en galope iban...

-¡Rosa, María!¡¿Dónde estáis?!-
se oye una voz cristalina.
-¡Mamá, mamá!- grita Rosa
y aparece en una esquina
una figura de blanco,
que al avanzar ilumina,
ese encierro pavoroso
en el que están recluidas.

Vuelve el sol a entremezclarse
entre las ramas tranquilas.
Se oyen de nuevo los pájaros
con las voces de las niñas,
que agarradas a su madre
y con ella pegaditas,
van saliendo lentamente
hacia el sol de mediodía.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Dos palabras



Dos palabras a tu lado,
resbalando por tus dientes
embriagaron mis sentidos,
y claváronse en mi mente.
Dos palabras del camino
de cristales hechos nieve
derribaron mis defensas
con tu voz tan suave y leve.
Dos palabras que son sabias
me pusieron unas lentes
para verte sin final
bajo luz de brisa verde.
Dos palabras que hechizaron
este viento de relente,
y en las noches del invierno
me estremecen mientras llueve,
corazones de arco iris
que reluce eternamente.
Dos palabras de tus labios
me llevaron a quererte,
yo me quedo en tus palabras
que me inspiran para siempre. 

viernes, 2 de septiembre de 2011

Lluvia para un fin de Verano

l     p     n 
l     a     o
u    s    
v    a      l
i     n      l
a            e
      l       v
d    a      a              
e    s       n
      
o     n      p  
t      u      r
o     b      i
ñ     e      s
o     s      a
       

       g
       r
       i
       s
       e
       s
 


lluvia de otoño
pasan las nubes grises
no llevan prisa

cae el agua limpia
que borra tus pisadas
sobre la hierba

entra el viento
que empuja al verano
tú me despiertas

tristes miradas
hay un baile en el aire
de hojas doradas