domingo, 25 de septiembre de 2011

DEL CAFE CON LOS HIPPIES Y EL CASTILLO DEL PIRATA


Nos advirtieron en el hotel que no se nos ocurriera ir allí, así que nos pusimos manos a la obra con ansiedad, a las 8 y media de la mañana ya estábamos en la pequeña aldea de pescadores preguntando en el estanco, interrogando a la única persona que vimos por la calle, como podíamos llegar a ese sitio tan recóndito y donde desaconsejan ir a los turistas.

La viejecita de la calle nos intentó quitar las ganas contándonos todo tipo de horrores y posibles desgracias, que el camino era un via crucis de calor, sin árboles, de precipicios y piedras que rodaban por ellos. En el estanco nos preguntaron si sabíamos qué nos íbamos a encontrar allí, y solo después de gastarnos algo de dinero en la tienda nos dijeron en voz baja donde se cogía el sendero que llevaba a ese sitio tan cargado de misterio.

Y efectivamente, el camino fue como un calvario de sudor, mochilas pesadas, de subidas empinadas y descensos de vértigo. Cuando de repente, en un giro inesperado nos topamos con un pequeño oasis de vegetación con palmitos, dos palmeras, un bosquete de pinos muertos de sed, y un manantial de agua fresca, y al lado un antiguo castillo medio en ruinas. Tuvimos que tocar el agua para asegurarnos de que era verdad. Y cuando estábamos rellenando la botella de agua una voz ronca nos sorprendió por la espalda, cuando nos dimos la vuelta casi nos partimos de la risa, un viejo alto y con greñas, con una coletita, sucio y vestido con un taparrabos, nos advertía asiendo una vara enorme, que ese era su territorio y que siguiéramos por el camino, y señalaba la cuesta con el palo.


Así que este es el pirata y este es su castillo, tal y como nos dijeron en la aldea: “primeros os toparéis con el loco que cree ser un pirata, y su castillo, mejor no provocarlo, y cuando terminéis la cuesta abajo ya os encontraréis con la sorpresa”. 

No hubo sorpresa, apartando las últimas ramas a la altura de nuestras caras fue un resplandor, una violenta claridad que nos golpeó en la cara, un Mar solitario y transparente, una cala de arena y piedras envuelta en acantilados desafiantes, negros, oxidados, que caían violentamente hasta el agua. Nada más, de momento.

Pinchamos la sombrilla, nos pusimos la crema de protección….y miramos alrededor con disimulo. No ocurría nada …….. error, nos estaban esperando, al rato empezaron a salir de sus escondrijos, ignorándonos, hippies de todos los colores y tamaños, peludos y afeitados, rubios sucios y oscuros como aborígenes, altos canijos y panzudos con enormes tetas caídas, calvos y con rastas. Era la Comunidad de Hippies de la Cala de San Pedro, como Dios los trajo al Mundo, en directo y delante de nuestras narices, para nuestro disfrute durante todo un día.

Y allí que nos quedamos muy quietos y mirando fijamente al Mar…..como buscando algo en el horizonte.  Pero después de media hora de contemplar el Mar y del primer baño me decidí a explorar la zona y armado de una buena caña recorrí la Cala con la actitud del colono que explora una isla poblada por indios, descubrí que era una comunidad muy bien organizada y que lo único que tenían de primitivos era su aspecto, sus chozas y la desnudez total. Distribuidos por las pendientes cercanas, pequeñas ruinas, terraplenes, aprovechando cualquier desnivel, detrás de cualquier cañaveral, formaban un enjambre de chozas hechas de palos, maderas podridas, cañas, sábanas de colores, hojas de palmitos, algunos llegaban a tener placas solares y molinillos de viento generadores de electricidad. Con eso y con el manantial junto al castillo del pirata no necesitaban más. Un auténtico comercio de todo tipo de materiales se desarrollaba delante de mí, un trajín sin descanso, mujeres tostadas por el sol portando sartenes podridas y maderas, pandillas de perros greñosos paseando junto a la orilla, tipos con pinta de maoríes transportando hojas enormes de palmera. Un intercambio permanente de objetos variados (útiles e inútiles). 

Al ver aquel espectáculo me alegré muchísimo haber llevado el lápiz y el cuaderno de poeta vagabundo a aquel sitio tan fascinante!, se me hizo irresistible ponerme a tomar notas hasta que pensé que mucho mejor sería vivir en directo aquella experiencia, sumergirme en la comunidad. Y decidí empezar por ir a un extremo de la Cala donde se vislumbraba un pequeño chambao de cajas de cartón, telas viejas, cañas, y cierta actividad dentro. Aquello resultó ser “el Café” de la comunidad, el bar de los hippies.


Penumbra, moscas silenciosas dando vueltas sobre el pan, botes con nutela abiertos hace meses, seres de otro mundo mirándome con total despreocupación, tirados sobre la arena o sobre colchones, mostrando sus partes de manera provocadora, huevos secos y tostados, pechos descolgados y cubiertos de arena. Lo primero que me salió de la boca fue “cuanto vale el café?” , para que pregunté, el tipo rubio con rastas y tumbado sin vergüenza alguna a todo lo largo del colchón me dijo que depende de cómo lo quería, no me atreví a reírme, le dije todo serio que un café con leche normal, pues un Euro cincuenta me contestó y ni se cambió de postura el salvaje, “dios mio más caro que en Lekune en pleno centro de Marbella” pensé. Tragué saliva y le dije que bueno que ya vería…pero en ese momento otro aborigen con el culo peludo, extremadamente delgado y con mirada penetrante se colocó detrás de la hornilla, puso un cazo con un liquido negro, encendió el fuego, vertió un poco de leche Puleva con Omega Tres en un vaso que hace años tuvo que ser transparente y en menos de un minuto se me acercó y sin decir ni media me colocó esa bebida, y sus partes colgantes, delante de mis narices.  

Después de comprobar que no había pelos rizados flotando en el café y de soltar el euro y medio, le di un sorbo al “café” y para que no se me notara cara de asco me puse rápidamente a hablar con el grupo de colegas, que qué tal se vivía allí, que como era el tiempo, uf, no se me ocurría más, me tenían atrapado en su territorio, fueron directamente a matar: “tú tienes pinta de banquero o de abogado, no?”, glub, pues no, no, solo he venido a pasar el día con mi mujer.  “ pues aquí un montón de nosotros éramos de esas cosas antes del Credit Crunch, antes de que la prima de riesgo superara los 300 puntos de diferencial, antes de que los mercados le plantaran cara a la deuda soberana, antes de que se descubriera a Madoff con las manos en la masa” y así hasta que me terminé el café con leche y omega tres de un euro cincuenta, ya entendía el precio. Me senté sobre la única piedra que quedaba libre y ya entramos a fondo sobre el Ibex 35, la posible quiebra de Grecia, los recortes sociales necesarios para crear confianza y tranquilizar a “los mercados” de una vez por todas.

Felices!, estos tíos viven aquí felices!, sin hipotecas basura, sin bancos, sin compañías de seguro, sin abogados ni mangantes, sin funcionarios, sin multas ni policías, joder………me metí debajo de mi sombrilla con la mente dando vueltas sin parar, veía hippies sonriendo tostándose a la intemperie, haciendo caja en el Café, bañándose en ese Mar al amanecer, paseando a sus perros de colores por la orilla, haciendo el amor libre a la puesta de sol, joder esto no puede ser, soy un pringao hipotecado, un borrego pagador de impuestos, Joanna recoge que nos vamos.
 
Y subiendo por los primeros terraplenes, vi de reojo una pequeña ruina con vistas al Mar, llena de posibilidades, con solo dos muros exteriores de pie, pero con cañas y maderas alrededor, un pequeño terrenito alrededor suficiente para una cabra y una barbacoa oxidada……cobarde, seguí subiendo por el acantilado.....


5 comentarios:

  1. La madre que os trajo a todos, que descansada se quedó.

    Presi, esto es genial y menos mal que me has pillado en mi día de descanso, este misal necesita tiempo para poderse leer y no sabes las risas que me he dado con tu relato .. es que por si no lo sabíais tengo una imaginación galopante y lo que leo parece que lo visualice, es por ello que las historias de miedo, bien lejos jaja
    Me imagino tu cara al ver a tanto hippy suelto, a tanta mugre y tanta dejadez. Es cierto que son felices en su modo de vida y gozan de un estado de relajación y tranquilidad envidiables, pero hasta ahí eee no les cambio nada de lo que tengo ahora por lo que tienen ellos, por mucha libertad que digan que tienen.

    Interesante relato y dichoso tú de poder disfrutar de una cala y una tranquilidad buscada por un día.

    Besitos azules muassssssssssss que tengas una buena semana ;)

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  2. Me lo he pasado fenomenal leyendo este relato non-fiction. Es divertidisimo! Vaya como te pillaron los hippies! Es que se te ve de lejos, abogado. Jajjajja....
    Sigue contandonos historias como estas, te subvencionaremos los viajecillos.

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  3. Jose María, creo que deberías plantearte hacer un relato mas serio o una novelita con éste tema, pues lo tienes muy bien pillado y bien enfocado, y yo al menos, me he quedado con ganas de más detalles. Muy bueno. Y las fotos, super.

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  4. ¿Un bosquete de pinos muertos de sed con un manantial de agua al lado? ¿Un pirata en un castillo que en vez del parche en el ojo usa taparrabos? ^_^. Eres impresioante jefe. lo que tu imaginación no dé se sí, es que hay que inventarlo aún.

    La descripción de la claridad y el acantilado, me ha gustado mucho, has utilizado las palabras correctas para dibujar en la mente la escena y transmitir la paz que ofrece esa visión... y madre mía que contraste violento, menos mal quelos hippies no llegaron con palos o cosas reivindicativas en alto y pegando voces, que si no, hubieráis pagado por un agujero donde esconderos ^_^.

    Lo del café es la leche de omega 3 ya. Madre mía con los antisistemas, como se nota que esta gente no pagan impuestos. Con lo que sacan por un café compran lo necesario para hacer cien. Pero me ha dado la sensación que te vieron cara de rico, jefe, y pagaste tú todos los quelos hippies se han tomado gratis durante toda su vida. ¿A quién se le ocurre ponerse a hablar del batacazo de Grecia y del Ibex con gente que solo sabe si mañana lloverá con mirar al cielo y de tintes para el pelo de los perros? Te vieron lelo, jefe, y te timaron.

    Ahora eso sí, esta gente es el pradigma de la felicidad. Sin hipotecas basura, ni sin basura, sin impuesto y con solo la preocupación de echar agua al vaso que hace dos años fue transparente y que no conoce a su amor, la botella de Fairy ni de oídas. Habría que ver el anzuelo de pesacar... Ains, si Sanidad se diera una vueltecita por San Pedro...

    Supongo que invitarán al pirata taparrabos para el dia nacional de los hippies, porque según tengo entendido a esta gente le importa un pijo si es año nuevo o Navidad o esas cosas, ¿no? ¿Tú ves? Yo en esas cosas me parezco a ellos, pero visto tu descripción, solo en eso ^_^.

    Buenísimo, jefe. Un relato con tu sello inconfundible, donde te tienes que reír a la fuerza. Ya se echaban de menos tus entradas y me alegro que hayas vuelto con tanta fuerza.

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  5. Gracias colegas de la comunidad de poetas con ropa, me encantaría seguir esta historia, pero me espera el niño de Tarifa, la poesía con sentimiento, y mis paseos por la ciudad. Aunque pensándolo bién seguiré el consejo de José Luis, a ver que pasa con esos hippies ex-capitalistas...me gustaría espiarlos escondido detrás de una de esas rocas en la pendiente, como demonios consiguen el café y la Nutela ? y el gas para el hornillo,,,

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