sábado, 17 de septiembre de 2011

El amuleto (relato encadenado 4)

Domingo por la mañana. Hastío absoluto. El sol brilla en el cielo pero la distancia que lo separa de donde estoy, hace que el clima sea agradable. Saldré a pasear, la historia de los monjes y el sueño, ¿o quizá fue pesadilla?, que tuve, no me invita a seguir con la historia. El aire es limpio y mis pulmones lo toman con deleite. Dirijo mis pasos hacia un bosque, donde en el pasado, quedaron impresas mis huellas con mucha frecuencia. Hay un río que discurre en él y cuyo susurro me tranquiliza. Porque es lo que necesito.
El ambiente es sombrío bajo el escudo de las ramas de los árboles y el canto de los pájaros le da vida a este lugar que tanto tiempo llevo sin ver. Maldito estrés y malditas obligaciones… Bueno, no, maldita pereza, no voy a poner excusas tontas. Es un lugar ideal para encontrarse con una misma. Dos siluetas me adelantan, llevan sombreros negros y jerséis finos y parecen llevar prisa a tenor del ritmo que imprimen a sus pasos. Sigo caminando y escuchando el susurro del río. Desciendo por una ladera que me llevará al margen del río, y cuando llego, brumas espesas empiezan a formarse en él y el cielo se va cubriendo de nubes que amenazan con llorar. Vuelvo al sendero y tengo la sensación que el bosque ha cambiado. Puedo escuchar una letanía, muy débil, pero diferente al susurro del río. El canto de los pájaros ha cesado y estoy desorientada. No encuentro el camino de retorno. El corazón comienza a latir con desesperación y la inquietud gobierna mis ideas. La letanía sigue sonando y no tengo ni idea de qué es lo que dice ese canto. Cierro los ojos e intento orientarme. Nada. Decido ir hacia donde suena el canto. El sendero se hace cada vez más enrevesado, con pendientes ascendentes pronunciadas y descendientes llenas de guijarros como trampas para perder el equilibrio. Los árboles parecen haber oscurecido y sus ramas parecen garras que esperan, al acecho, una presa que les haga compañía. O con quien aliviar el daño que nosotros, los seres humanos, hacemos a la naturaleza. La letanía es cada vez más audible y más incomprensible. Asciendo por un camino empinado que termina en una fila de rocas. Cuando me asomo, tengo que hacer un esfuerzo para permanecer en pie y oculta. Hay un niño atado a un poste y un coro de personas sigue entonando la letanía incomprensible. Otras hacen una danza ritual en una circunferencia perfecta alrededor de un fuego. Justo detrás del que está en el centro cantando, hay una roca que tiene grabado el símbolo del amuleto que he visto en las ilustraciones de mi libro…

6 comentarios:

  1. Ayy Dios, ayyy Dios, cuando todo parecía suavizarse, viene Don Juanjo y la arma.
    Estoy temiendo a Hugo, porque no es nadie él también.

    Vaya con el relato encadenado, que tensión.

    Como no podía ser de otra forma, Don Juanjo y su predilección por los bosques, por lo que encierran, por la magia que transmiten y la que se efectúa en él (como en este caso). Aunque mira por donde, todo pasa a la luz del día, a pesar de haberse oscurecido todo, es de día, con lo que le gustan las noches, con luna a ser posible, sino sin ella, también le vale jeje

    Pues nada a esperar la siguiente entrega, ya me queda menos jeje

    Tened un feliz domingo, besitos azules muassssssssssss

    ResponderEliminar
  2. Bueno Juanjo, bueno. Se ve que sirves para la poesía y para los relatos, eres un crack tio !

    ResponderEliminar
  3. Don Juanjo la arma... Me gusta, Kanet, sí. Ciertamente, intenté trasladar mi mundo de sueños al relato y mi intención ha sido dejarlo lo suficientemente abierto para que el siguiente, tuviera la cierta libertad de acción y decisión. Yo lo tuve muy fácil, ya que José María me lo dejó perfecto para comenzar otro capítulo, así que el jefe tiene mérito aquí también.

    Gracias Kanet, por tu tiempo. Besitos grandes y que tengas una buena tarde.

    ResponderEliminar
  4. ¡Tú sí que eres un crack, José María! Si ha quedado una historia medio intrigante, ha sido porque me lo dejaste perfecto para hacerlo. En los próximos ejercicios, me pido ir detrás de ti siempre ^_^.

    Un abrazo jefe y que pases una buena tarde.

    ResponderEliminar
  5. Juanjo, fluyen las palabras,has hecho un relato inquietante, has mezclado finalmente, libros, sueños, pesadillas y ...............realidad, increible... y esa letanía preciosa...

    besitos

    ResponderEliminar
  6. ¡Kika! Es que con un comienzo como el que habéis hecho, con esos giros tan geniales y que José María me lo ha dejado tan fácil y abierto, tenía que intentar dejar el desarrollo para que fuera discurriendo, date cuenta que estamos ya al 50% aunque nadie ha dicho de dar una segunda vuelta...

    Esperamos la continuación de Elena, a ver que giros da esta historia ^_^.

    Gracias por tu opinión Kika, un besito.

    ResponderEliminar