lunes, 31 de octubre de 2011

Las ventanas de mi casa
se llenas de algarabía
con las cosas que le cuentan
la calle y la celosía.
Hay veces, que entre mis ojos
y la lámpara encendida,
que llevo guardada dentro
y que me cuenta mentiras
cambiamos esas historias
y las hacemos tranquilas
y las llenamos de adornos
y de risas y de cuitas
y las lanzamos al mundo
para que él, se repitan.
Iba una estrella en el cielo
paseando con su luz,
cuando al volver los ojillos
vio un planeta todo azul.
Le gustaba la dulzura
de sus cielos y sus aguas
de sus verdes y sus tierras
y algo mas que se escondió

Siguió buscando curiosa
y lo que vio le gustó
eran un grupo de amigos
que al quererse
en el amor a las letras,
engendraban tal calor,
que iluminaron su alma
convirtiéndose en su sol.

Anuncio de la Epoca Postburbuja

"Grupo serio y con capacidad, busca Sociedades Promotoras con Activos Atascados para su compra inmediata. Operaciones de pasivo . Quizás sea el momento de dejar atrás el Lastre y mirar hacia adelante.
Abstenerse primas relajadas y comisionistas."

Os juro por lo que más queráis que me acaba de llegar este mensaje por una red social de negocios a la que pertenezco, y si continúo como miembro de esta red es para leer este tipo de cosas de me dejan sin respiración. Yo solo he añadido lo de las primas para hacer el anuncio más comprensible.

Acostrumbraros a estas frases, es la bazofia que vendrá después de la recesión, a la vuelta de la esquina. Es lenguaje mix postcapitalista y neoliberal radical. Yo todas las noches me leo la prensa de negocios en la cama para ir asimilando un poco, después de leer voy al baño a vomitar y ya me quedo dormido.

Anoche, por ejemplo, aprendí a decir de corrido esto: "cuando Italia y España reduzcan sus Spreads, se dará a entender que la deuda soberana, en sus tramos sénior y mezzanine,  provocará un riesgo sistémico, aumentando la desconfianza del mercado y aumentará el EFSF que a su vez avala la primera pérdida de los periféricos solventes" ,
yo  eso ya lo digo sin pararme a respirar, y creo que lo de los periféricos se refiere a Coín y Monda, que son pueblos saneados y donde las primas de riesgo salieron todas por piernas hace tiempo, corridas a pedradas, es lo que pasa con la economía de lo pueblos. Riesgo es que era un hijoputa de cuidado.

Con este tipo de palabrotas haremos la poesía del futuro y si nó al tiempo....

Oscuridad pasajera

Hace tres horas, en la oscuridad de mi dormitorio los pude palpar, llevan varios días allí colocados cuidadosamente, a duras penas se veían, colocados ordenadamente en un rincón de la librería, ese rincón que tengo reservado para mis objetos más preciados, y para mis actividades de poeta.

Nuevos y todavía sin desembalar, irresistibles y tentadores, un pecado venial. Y efectivamente no pude controlarme, abrí con cuidado uno de los paquetes y saqué el mío. Rápidamente y antes de arrepentirme lo metí en mi maletín, y ahí lo llevo, como un tesoro.

Voy como un niño pensando en el, la gente en la calle pensará que por que voy con esa sonrisa un lunes tan otoñal, acaso estaré majara, quizá.

Hace una hora al parar en mi cafetería de costumbre, mientras me atendían lo cogí, y lo toqué por unos instantes, precioso y llamándome....me suplica que haga algo con el, que no lo vuelva a guardar, lo escucho, le paso la mano suavemente, le digo que tenga paciencia, que pronto lo haré.  Me fijo en los detalles, en su fino tacto, su color indefinido, disfruto inmensamente.

Mientras escribo estas líneas, en mi despacho a las 10,30 de la mañana de este lunes silencioso de final de octubre, se que está ahí dentro, a dos metros de mi. Lo puedo escuchar diciéndome: "José María, no me tengas en esta oscuridad, cógeme y haz lo que tú sabes conmigo, dame luz, mánchame, hazme sudar. No te importe, te ofrezco mi ayuda y mi compañía, siempre te he sido leal y estaré contigo donde vayas. Solamente me tocas, no hace falta que me mires, luego tu sabes que todo fluirá y te daré oleadas de felicidad".

No puedo, está virgen y no puedo. Prefiero descargar estas líneas en el teclado de mi ordenador, con el tengo más complicidad, puedo decirle cosas que a otros no me atrevería.

El que está intacto y en la oscuridad muy pronto contendrá esencias y olores, palabras, pensamientos y colores, luz y movimiento, estará abierto a noviembre y yo.... contento.

El hielo de la luna


La estrella suena en tu piano,
brota el agua de la fuente,
el cielo se viste de ébano
mientras los árboles duermen.
Hay un pasillo de alamedas
donde el viento se hace fuerte
como late el corazón
cuando te sabe presente
entre las sombras del parque
que la luna a mi me ofrece
vestido con tu presencia
que es un manto de luz leve.
Te quiero en la noche bruja
y en su hechizo de relente
con tu máscara de estrellas
que en la noche resplandece
como si la luna fueras
cayendo en copos de nieve.
Te amo en el frío polar
de los sueños de noviembre;
las plegarias mercenarias
a tu alma no enternecen
y el lenguaje de la duda
es la sombra que oscurece
el deseo de luchar
por amores diferentes,
por amores del silencio
que te piden que los beses...


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sábado, 29 de octubre de 2011

TU ATARDECER

Cuando sale el sol
reluce tu alma
de poeta
soñador.

La brisa marina
con aroma a jazmín
en las tardes de otoño
me cuenta todo de ti.

Firme pero dulce,
severo pero tierno,
seguro de ti mismo
pero en pleno aprendizaje.

No hay cariño sin roce,
pero tan solo el suave
sisear de tu voz
me ha convencido.

La calidez de tu atardecer
es una garantía para mi,
nada de lo que hagas
será en vano.

En sueños me regalas
una olorosa rosa,
roja y hermosa
como tu querer.

Vuela hasta mi,
recogeré tu sonrisa,
me la guardaré celosamente
entre las hojas de mi vida.


(KANET)


viernes, 28 de octubre de 2011

Una Ventana al Exterior

El inicio de la novela lo tenía clarísimo, no el narrador, sino el protagonista de esta historia. Lo que fallaba era el nudo y el desenlace.

Escritor de éxito durante más de dos décadas, con libros en las listas de más vendidos en los últimos años, invitado fijo en las mejores fiestas de la ciudad, se le derrumbó su mundo al hacerse pública la relación de su mujer con su editor. Su vida se convirtió de la noche a la mañana en un caos, una angustia permanente, una falta total de ideas para escribir. Después vino el abandono de las relaciones con las editoriales y como consecuencia, la ruina económica.

Pero el inicio de la siguiente novela lo tuvo siempre en la mente, otro éxito asegurado, brillante.

Todo pareció enderezarse de repente cuando estaba al borde del abismo; con lo poco que le quedaba de la herencia de sus padres se compró un ordenador portátil de última generación, aparato de casi dos mil dólares presentado hacía unos días por el mismísimo Steve Jobs, acto al que acudió arrastrado por una rebelión mental en toda regla, por el pánico a caer definitivamente por el sumidero de la cruel sociedad de Manhattan.

Ese magnífico cacharro blanco de un centímetro de grosor le abrió una ventana al exterior, en sólo dos meses le reconectó con la vida de la ciudad y sus redes sociales, le reordenó sus actividades cotidianas y su cuenta corriente, se puso al día con su banco, con el Departamento de Hacienda del Estado y con su casero.  Decenas de aplicaciones y un software apabullante lo reintegraron a la normalidad. Se convirtió en un adicto a su MacBook.

Para concluir su genial novela, se apuntó en un curso de escritura que impartían en el barrio, le iba a demostrar a ese joven profesor (con aires de intelectual universitario y jersey a rayas) quién fue él y de lo que todavía era capaz de escribir.

Cuando llegó a su apartamento después de la primera clase abrió con ansiedad su valioso ordenador, se dispuso a redactar ese trabajillo de principiantes que les encargaron, ¡una estúpida historia sobre ventanas que se abren para dentro y para fuera !.

Empezó a buscar por Internet el desarrollo de la historia, usó Google frenéticamente, entró en las cuentas de Facebook de afamados escritores amigos en busca de ideas, incluso usó una cuenta falsa de Twitter para colarse en los ficheros de su antigua editorial. No pudo reprimir una gran carcajada al imaginar la cara del profesor de escritura al leer su genial relato.

Pero la conclusión no acababa de llegar, su MacBook dejó de funcionar, o la línea de adsl falló, no sabe realmente que pasó, pero tecleó con furia, aporreó colérico el maldito aparato de Jobs, y finalmente en un ataque de rabia lo lanzó, dando la casualidad que pasó por la ventana abierta al exterior, desde su apartamento en la planta 38 en el barrio de Hell’s Kitchen, la Cocina del Infierno.

El fue detrás, y en el viaje entre la planta 37 y la parada de taxis pudo, por fin, echar una mirada hacia el interior.

jueves, 27 de octubre de 2011

Algo en la ciudad

Eran las 2 de la tarde aproximadamente.
Estaba yo hojeando las revistas en el Vips de la calle Fuencarral y justo a mi lado había un grupo de hombres y mujeres sentados en unos sillones aparentemente incómodos, leyendo tranquilamente sus respectivos periódicos. Uno de ellos, de mediana edad y apariencia conservadora tenía entre sus manos el periódico El Mundo. De repente se le acerca otro hombre algo más joven y y le dice en un tono agresivo y despectivo: "con gente como usted, que se cree todo lo que le dicen en ese periódico, el mundo no puede cambiar". Se dió media vuelta y se largó sin dar tiempo al lector a reaccionar.
A raiz de este incidente, se entabló entre los asistentes al suceso un debate, del que yo no particípé, pero que parecía interesante y que terminaría ensalzando la libertad de cada uno de poder elegir y decidir sobre las lecturas e inclinaciones políticas.
No me parecía prudente, ni correcto quedarme escuchando descaradamente la conversación, asi que decidí entrar en el restaurante a comer.
A la salida, hora y media después, observé que los sillones de lectura seguían ocupados por las mismas caras.
Junto a la puerta de salida y delante de un ordenador portátil, el agresor verbal de pelo largo y desaliñado seguía por alli, hablando solo y a voces.
A su lado, el guarda de seguridad del Vips soportaba estoícamente los improperios del individuo, como si con él no fuera la cosa. Se diría que eran viejos conocidos.
Abandoné aquel lugar, preguntándome que habría pasado en la vida de aquel hombre para llegar a aquel estado. Intenté reinventar su vida partiendo de su aspecto físico y de los pocos datos que de él tenía. Pero a los pocos metros de acera sobre la calle Fuencarral, la vida de aquel ser humano ya había perdido interés. En cada esquina, en cada portal, en cada semáforo había cientos de historias por reinventar.
Y todas ellas parecían igual de necesitadas.

lunes, 24 de octubre de 2011

LOCURA


El horizonte se tragó el sol y la alegría.
Las olas mojaron mis lágrimas
cuando dijiste que te ibas para siempre.
Mi vida se deshizo mezclándose con la arena.
Y entonces yo también pude escribir
los versos más tristes ésa noche.

Luego, me dijeron que lloraste
cuando te hablaron de mí,
pero ya no había ningún tren
para regresar hasta mi locura.

Y se hizo la nada y el silencio.

sábado, 22 de octubre de 2011

Solo hay Vida en Facebook

Cae la primera lluvia con rabia sobre las calles, la miramos como quien que ve la lluvia caer, anda la gente más rápido, desconcertada, y los coches bajan su velocidad por miedo a patinar. ¿Ha cambiado de repente el paisaje, o ha cambiado nuestra forma de mirar?.


Nos ha pillado a todos por sorpresa, durmiendo, en nuestros íntimos sueños se colaron anoche unos ruidos, como pisadas de dinosaurios rugiendo, que hicieron temblar el suelo del dormitorio, no sabíamos qué pensar, o qué seguir soñando, y cuando ya no podíamos alargar más ese vago estado de vigilia llegaron los latigazos de luz.


Como bombillas de un millón de vatios, que con momentáneas subidas de tensión arrojaban fogonazos de luz sobre una ciudad fantasma. Un mar oscuro, que dormía plácidamente, se enciende por instantes como una enorme plancha de metal, se despierta con pereza y evidentemente enfadado, y se tomará la revancha en las primeras horas del día.


La ciudad está silenciosa, solo se oyen ruidos lejanos de neumáticos que planean sobre charcos de agua sucia. Entro en el Blog y en Facebook, empiezo a navegar: y noto ahí el mismo silencio, ¿es que ha llovido en todas partes, desde Málaga hasta Canet de Mar?, por sorpresa se levanta una ventanita con una lista de amigos, es el chat, la lluvia los mantiene pegados al ordenador, pero nadie se atreve a hablar, confusos con la tormenta digital.


De repente todos se lanzan, como esperando una señal: una poeta del club comenta sobre el Blog, un amigo aburrido dice que su mujer está guisando “codillo”, nuestro profesor del Hospitalillo está preparando clases para la Universidad, yo le cuento que estoy reservado los vuelos para escaparnos a Bolonia, mi madre (que acaba de llegar de Estambul) entiende que nos vamos  a Polonia, mi mujer me manda un mail desde el dormitorio pidiéndome que me acerque a ver el horno, de una rara red social me llega un mensaje de un tal Abdalá (¡?). 

Chat, Digital, Club, Blog, Codillo, Hospitalillo, Bolonia, Polonia, Abdalá y Estambul.
Hoy solo hay vida en Facebook.

jueves, 20 de octubre de 2011

OTOÑO

Recuerdo nuestro caminar sobre hojas en aquel atardecer breve de la Alpujarra Granadina, nuestros pasos se acunaban con el movimiento de las nubes mientras el sol daba la vuelta a la esquina. Surgen caquis y chirimoyas al otoño de mis recuerdos mientras me dices al oído ¡ya hay castañas, amor mío!. Fue el tintineo de vasos en la terraza el que despertó este sueño y estoy segura de que al llegar al que fue nuestro hogar tomaré el olor a jersey de mi pasado, lo embriagaré con un café más cargado de lo habitual para poder soportar esta noche de sábanas frescas y sin sudor, que sin ti mi amor, mi abanico de ideas muere con la rapidez de un beso desorientado.
Vuelta a empezar con tu ausencia un otoño más.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La visita. Otoño.

La visita. Otoño.

Sólo he venido para darte un beso.

Pero antes de partir de nuevo, antes de volver a empezar mi vida en la realidad, e igual que hice en verano que me llevé tu corazón, ahora, en otoño, quisiera llevarme tus ojos, dejando aquí el resto.

Tus ojos y los míos, juntos, verían el movimiento de las nubes entre sábanas frescas y sin sudor. Contemplarían enamorados un caminar sobre hojas en cualquier atardecer breve. Descubrirían sin dejar de mirarse que ya hay castañas y caquis y chirimoyas. Descansarían sobre la arena fresca, intacta mientras el sol da la vuelta a la esquina.

Ya es de noche, nos separamos hace un rato. El abanico de ideas de cómo sentiría el otoño a tu lado, con tus ojos, se ha derrumbado. Sola, sin tu calor y con olor a jersey, te escribo en esta terraza fría con un café más cargado de lo habitual y de fondo, el tintineo de vasos en la terraza.

Los días son más cortos y yo sigo pensando en ti.

LA TORTILLA DE PATATAS

Tomamos unas patatas,
pommes de terre qu'on dit,
las pelamos y cortamos
en rodajitas muy finas,
utilizando el cuchillo
cual si fuera un bisturí.

Quitamos a la cebolla
su fina capa de seda
y la picamos finita
llorando cual Magdalena.

La sartén en el fogón,
oro verde de aceituna,
patata y cebolla juntas
igual que en Fuenteovejuna.

Huevos frescos de gallina,
que dieron fama a Colón,
la perfección de sus formas
quebrada sin compasión.

Clara y yema bien batidas,
vuelca encima la fritura,
echa un poquito de sal
y a la sartén con soltura.

Con cariño y con tembleque
la cuajas por una parte,
y ahora viene lo difícil:
darle la vuelta es un arte.

Dos minutos y a la mesa,
ya esperan los comensales.
La tortilla de patatas.
La reina de los hogares.

sábado, 15 de octubre de 2011

AMPLIANDO HORIZONTES

He creado una página en facebook con el nombre del club y donde se expondrán todas las obras realizadas y que se realicen.
Se admiten sugerencias, de hecho las agradecería, como así saber si tenéis cuenta en facebook para poderos nombrar administradores y que seáis vosotros mismos quienes pongáis vuestras obras, en la medida que os vaya bien.
La notificación de las cuentas no hace falta que sea pública, le pasáis la nota a Juanjo y este me lo hará llegar.


Espero que esta iniciativa sea bien acogida y perdonad mi atrevimiento al hacer tal cosa.


La dirección de la página es esta:  https://www.facebook.com/pages/el-Club-de-los-Poetas-Urbanos/276844242338009?sk=wall



Chaoooo amig@s .. muassssssssss

EN MI BOSQUE ** 12 sensaciones otoñales

En mi bosque, digo mío porque en él me he criado, en él he vivido la mayor parte de mis años y en él pienso terminar mi existencia.
Como cada año cuando llega este tiempo, donde los atardeceres son más breves, el bosque sufre esa transformación tan maravillosa, dos momentos al año, éste se transforma de forma visible, en primavera y en otoño.
Ahora éste se prepara para el largo sueño invernal, deja caer todo lo que un día fue vida resplandeciente, camino sobre hojas secas, sobre esa hermosa y mullida alfombra dorada, a cada paso cruje dejando en mi esa sensación del término de un ciclo, a mi mente acuden todo un abanico de ideas, éstas se agolpan y me son difíciles de transcribir.
El sol da la vuelta a la esquina, se cuela entre los árboles, mirando al cielo entre las ya peladas ramas veo el movimiento de unas nubes meciéndose en los dorados reflejos que éste nos lanza al dar su último adiós del día.
Ya hay castañas, las hay por todas partes, es un fruto preciado en esta época, junto a otros tantos como las granadas, los caquis, las chirimoyas, los boniatos, etc… no todos me los regala mi bosque pero aún así los disfruto, pues lo hallo en sus cercanías.
No añoro ni envidio para nada las sabanas frescas y sin sudor que algunos me relatan, ni el olor a jersey recién lavado, ni estar en una terraza con un café bien cargado delante, ni oír el tintineo de vasos de gentes sin rostro, pues lo que yo tengo a mi alrededor no lo cambio por ninguno de esos supuestos placeres.
Suspiro ante esas ideas que se me vienen a la mente, la música del entorno me envuelve, la brisa me susurra que formo parte de este entorno, que en ningún sitio estaré mejor cuidada que en este, que el bosque me quiere y yo a él .. sigo mi camino y vuelta a empezar con mi rutina diaria.


UN HECHO REAL BY KANET


Crónica sensacionalista de un hecho real, tan real como que ahora mismo estás leyendo esto.

Eran las 11,38 de la mañana del día 12 de octubre, menos mal que no fue el día siguiente, con la ojeriza que le tengo al 13, solo me hubiera dado razones para aborrecerlo más.
En esa hora empezó todo, estaba en mi sitio de trabajo, atendiendo a los clientes como hago siempre y de pronto oigo un ruido sordo, por su naturaleza no lo reconoci, aquello no cesaba y además del ruido en cuestión, unas botellas de licor tintineaban pues aquello venía de esa sección y me dije .. a quien tengo por ahí haciendo lo que no debe .. yo empezaba a irritarme por la desfachatez de alguno/a, pues no sabéis el personal que viene por el local.
Debo aclarar que trabajo en unas galerías comerciales, en la sección de supermercado, en una de las zonas más turísticas de la costa central barcelonesa, dicho esto prosigo.
Despaché lo más aprisa que pude al cliente que tenía delante y me salí de la caja para averiguar por mi misma quien andaba detrás de ese fenómeno y dispuesta a meterle caña si fuera necesario.
Me acerqué pero no había nadie en esa sección, en ese momento estaba aquello vacío, el ruido sordo seguía, las botellas, algunas se habían tumbado ya, no entendía nada y de pronto todo sucedió rápido y sin poder reaccionar me quedé helada.
Dos filas de baldosas de debajo de mis pies subieron formando una pirámide, las conté, eran dos filas de 9 baldosas, las cuales cada una miden unos 60 cm2. El edificio había hablado y mostrado su disconformidad ante la estrechez a que está sometido. Es un edificio construído en dos fases y entre las dos dejaron una separación para los posibles movimientos, pero quizás no dejaron el suficiente, eso ya no lo sé, pues no entiendo de ello, el caso es, según me dijeron más tarde, que no es la primera vez que sucede, la última hace ya tres años.
Entiendo lo que se sufre en un terremoto, aunque esto tan solo sea una ínfima muestra de lo que es en realidad. En mi zona no hay terremotos, no es zona de ellos, pero os puedo asegurar que la sensación es del todo desagradable y que el miedo se te apodera y no lo puedes controlar, mi corazón se aceleró y fue tan solo un instante muy corto en el tiempo, pero aún lo recuerdo muy bien, se me ha quedado grabado y aún después de casi tres días, lo puedo relatar con toda suerte de detalles.
Yo pensando en poner en cintura a algún osado turista y fue el miedo que pasé que me metió a mi en cintura, pues me sentí tan poca cosa en ese momento, que me he quedado alterada por un buen tiempo.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Tres Amaneceres Imposibles. Poesía Leve



Tres     

Amaneceres Imposibles

con aire del Sur

misterios invisibles



Una brisa calma

cierra mis ojos

me llega al alma



Tres amaneceres



El Mar

sentado frente a mí

me susurra

Quédate aquí



Las olas

acarician mi mente

es muy temprano

estoy consciente



Olas Mar Brisa Sur

20 grados

Otoño Imposible

Si faltas tú

martes, 11 de octubre de 2011

Mi querido pasillo

Dicen que la infancia marca tu vida. La mía la marcó, una piso grande, en el centro de Madrid, con la madera desgastada, crujiendo a tu paso. Tenía un pasillo largo, muy largo, con litografías de la ciudad de San Sebastián colgadas en sus paredes de forma muy ordenada, y a un lado y otro, habitaciones con dos y tres camas, una veces literas y otras dos camas con un bonito cabecero, dependiendo si era de las chicas o los chicos.
En las nuestras no faltaban las bonitas colchas rosas y los muebles blancos. En los de ellos, el modelo barco- de muebles, en madera oscura, en donde no faltaban guantes de boxeo, tebeos del Capitán Trueno o libros de Tintín. Y seguramente, si hubiera mirado debajo de sus colchones, posiblemente hubiera encontrado otro tipo de revistas.... siempre hubo un rumor de algún hecho acaecido con nuestro padre al encontrar a alguno de mis hermanos con el "cuerpo del delito" en la mano.
Era una casa alegre, divertida, siempre con gente, siempre ruidosa, donde podías pasar desapercibido excepto para el hermano contiguo a tí. Este siempre jugaba contigo, dormía contigo, se peleaba contigo y compartía esas meriendas a la vuelta del cole, un cola-cao y un bocadillo de mantequilla y miel o chocolate.
En esa habitación compartida, jugabas a las muñecas, guardabas recortables o estampas para cambiar, leías El Club de los Cinco, Georgina, sus amigos y su perro Tom, hacias puzzles o estudiabas. Sí, estudiabas sin que te lo dijeran, era una ley instaurada en esa república donde conviviamos los trece hermanos y nuestros padres. Simplemente llegabas del colegio, te ponías en tu mesa de estudio y no te levantabas hasta haber finalizado tus deberes. Siempre pensé que en los cuartos de los chicos, todo era distinto...
Cuando acababas, salías a esa calle central, el pasillo largo donde coincidías con unos que iban y otros que venían, con amigos conocidos y muchos desconocidos . Ese pasillo, donde con las zapatillas de estar en casa, y recién bañada enfundada en tu bata, repeinada y oliendo a la colonia Gal, te lanzabas a patinar detrozando siempre la suela de esas zapatillas rositas de franela, que solían dejarte los Reyes Magos en Navidad.
Y de ahí, ya pasabas a la cocina. Un cocina blanca y azul marino, amplia, acristalada para que no se salieran los humos de guisos para tantos, con un pequeño office con una mesa redonda de formica azul también, la mesa de los pequeños donde te sentabas si no habías alcanzado los catorce años o te ibas al comedor, cerca del salón, con los mayores, tras haber lanzado a los más pequeños al pasar por allí, gestos de altivez o gritos de : - anda que todavía no te queda ¡
- crece un poco que estás quedandote enano ¡
Dentro de ese desorden, ese orden, esas carreras por los pasillos , esas risas y esos llantos, esas peleas, esa máquina de tricotar de mi madre, ese olor a tabaco de mi padre, siempre fui feliz.

¿Puede haber?




¿Puede haber en la vida otras veces
de salir de tu mano del infierno,
de poder ordenar mi desgobierno
para llegar a ser lo que mereces?

Porque me rindo cuando resplandeces
en las sombras oscuras del invierno,
si tu mirada lanza un beso tierno
y al lastre de las penas estremeces.

¿Puede haber en la vida otro sueño
que parar las agujas del dolor
y a tu lado volver a ser pequeño?

¿Puede haber en la vida algo mejor
que el alma y el empuje de mi empeño
me hagan despertar junto a tu amor.


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lunes, 10 de octubre de 2011

PASIÓN ESTACIONAL



Las Nubes y el Sol
a las sombras jugando
ellas se mueven lentamente
para ocultarlo
él huye por el horizonte
púrpura, y se precipita
por esa esquina del Mundo.

Y tú apareciste
para traerme recuerdos
en ese atardecer breve
de hojas secas y castañas pisadas
sobre un suelo leve
como un abanico viejo
de ideas geniales.

Después de caminos cansados
subimos entre  castaños
llamaradas de amarillos y pardos
llegamos,
al fin de muchos pasos,
al contacto con tu jersey
el tintineo de los vasos
y al humo de café cargado,
mientras fuera cae la noche
sobre la terraza fría
completo silencio, derroche
de sábanas perfumadas,
de piel de caquis y chirimoyas,
impregnada de su olor 
sudabas
de pasión estacional
de volver a empezar
de hacer el amor.

domingo, 9 de octubre de 2011

OTOÑO en 12 sensaciones

Estoy sentada junto a la mesa camilla del mirador, 
el sol acaba de dar la vuelta a la esquina y sus
 rayos aún tintinean sobre los vasos de la terraza 
de enfrente.
El café, hoy más cargado que de costumbre
mezcla su vaho con el aroma insolente de los caquis y 
las chirimoyas del frutero. 
Es otoño y ya hay castañas en el puesto de la calle.
Bebo un sorbo de café y un abanico de ideas viene 
a mi mente y me siento transportada al pequeño bosque 
de hayas, caminando descalza sobre las hojas 
doradas, envuelta en el olor de tu jersey.
El lento movimiento de las nubes me recuerda 
que ya son más breves los atardeceres.
Un último sorbo y me iré a acostar en las sábanas 
frescas y ahora sin sudor.
Mañana volveré a empezar.
  

OCTUBRE

Pensamos que somos distintos porque nos dicen Poetas y tenemos un mundo aparte más allá de las estrellas, decía Yupanqui.
Estamos en otoño y yo me arrodillo, hago una reverencia y me descubro ante la magia de las palabras que os transcribo a continuación, sacadas del librito "Mortal y Rosa" de Francisco Umbral:

OCTUBRE.  Se perfecciona la redondez del mundo. Los árboles son violines cuya música es el azul del cielo.
El bosque juega con mi hijo como un tigre verde con un jilguero. Somos el interior de una lentísima manzana cayendo silenciosamente en el tiempo.
Miro a veces los días que pasan como huecos, la luz adolescente que se seca en las copas, el relieve del tiempo granado en las muchachas y el milagro de todo que cuaja sin ser visto. Miro el oro caliente que queda abandonado cuando los niños pierden su inocencia en la tarde, y recojo despacio, con manos de mendigo, el color de la música y el aire de la vida.

Relato de otoño (el niño pena)

Buenos días, insomnio. En esta mañana de otoño, noviembre de no te importa qué año, cuando el sol ha dado la vuelta a las esquinas del alba templado, me estoy acordando de la madre del que te inventó. Porque es una mañana para seguir soñando, fuera de las garras de la melancolía. No hay nada más interesante que el movimiento en la calle, la gente deambulando sin saber nada más que hay que dar un paso tras otro, pero sin saber para qué. El gitano del puesto de frutas chilla su mercancía, caquis, chirimoyas, manzanas, naranjas y muchas cosas más que no deben haberle costado mucho conseguir, porque grita que le paguen lo que quieran, pero que le paguen algo a cambio de sus frutas. Su primo que tiene un puestecito pequeño, es lo contrario, no dice que ya hay castañas, no vende nada y está callado. La gente tiene demasiada prisa para pelar castañas. Quizá luego, cuando regresen a casa. Quizá.
   La melancolía de esta mañana es acariciada por las sábanas frescas y carente del sudor que la época estival trae consigo y tan incómodo resulta. Me decido y me levanto; vuelta a empezar otro día que no sé para qué demonios empieza. Después de mojarme la cara, me froto los brazos y busco en el armario qué ponerme. El olor a jersey recién sacado de la lavadora, tras haber sido tocado por un suavizante que huele al jabón de la infancia, me hace tomarlo y ponérmelo. Me asomó a la ventana, el gitano sigue gritando, su primo sigue callado y la calle parece un abanico de ideas sin orden. Se agitan en el viento y cada elemento toma la dirección que le parece.
   Salgo a la calle y miro al cielo. Vuelvo a acordarme de la madre del que inventó al insomnio y pido al camarero el café más cargado que pueda preparar. El camarero me mira como si fuese un estúpido que ha perdido un tornillo, y lamentablemente, él tiene razón. No sé si es el sueño retrasado, o que simplemente, estoy amargado, pero cuando me siento fuera y oigo el tintineo de vasos en la terraza de cinco estúpidos porque el mayor (estúpido) de ellos va a casarse, dejó el café sin haberlo probado, con toda su carga, y que les den por donde sea a todos.
   Hace un año que se fue. Y como buen niño pena que soy, vuelvo al sitio de siempre. Lo hago a menudo, pero no todos los días se cumple un año de algo, es más, solo se cumple un año de algo una vez en la vida. El  bulevar parece una alfombra dorada y empiezo a caminar por las hojas que se han debido cansar de las ramas, veo que ellas también tienen la mala sangre de abandonar a alguien con el que ha compartido un tiempo hermoso.  Quien no se consuela, es porque no le sale de las narices, es obvio. Pienso, no sé por qué, en el gitano frutero y en su primo. Su primo ahora estará más contento, ya está atardeciendo y venderá más castañas asadas. El frutero, quizá siga gritando que alguien le pague algo... Pobrecito, con la de problemas que hay en el mundo y el más grande le ha tocado a él.
   Miro el cielo y pienso que me estoy volviendo loco. O quizá es que nací así, sí, es lo más probable. En el movimiento de nubes veo su rostro y en el silbido del viento otoñal, su risa. Agacho la mirada y sigo caminando. Todos los rostros son iguales y dejo de mirarlos. Llego al final del bulevar y alguien canta. Levanto la cabeza y me sorprendo de que este rostro, no es el que siempre veo en todos los rostros que miro. Éste es diferente, éste sonríe y sus ojos marrones irradian luz. Sonríe... ¿cuándo fue la última vez que lo hice? Sonrío y no es tan difícil. Ella se acerca. Me regala el atardecer más breve de mis años. Ya no pienso en la madre del que inventó el insomnio, mi pensamiento es ocupado por algo mucho más hermoso.

jueves, 6 de octubre de 2011

Seis escritores a las Seis de la tarde.

Hola queridos y urbanos escritores,


La reunión de ayer fué un éxito total y rotundo, con lleno hasta la bandera, llenamos todo el ancho del callejón de la Polaca, eramos por lo menos 6 (seis) poetas desquiciados intentando hablar todos a la vez, pero lo pasamos genial!, ah, y eran las Seis de la tarde. 


Se habló de todo un poco, desde las mafias hasta el sindrome de convivencia intensiva, del misterioso asesinato en el restaurante frente a la casa de Elena, de como hicieron salir a la victima del restaurante con una llamada a su móvil, de como pasaron en ese momento unos motoristas y dispararon friamente,  de como quedó fiambre y tumbado en la acera esa oscura noche de otoño, todo muy interesante.


La primera poeta llegó tarde, pasó por allí como por casualidad, se excusó diciendo que se había perdido dos veces (!) buscando la Polaca, venía con su bolsito azul y su camisa de hilo a rayas blancas de distintos tonos azules, muy casual y chic a la vez que elegante, pena de funda de plástico blanco del iphone. La segunda poeta como siempre guapísima toda de blanco marbellí y sus ojazos azules, para cuando llegaron las dos los demas estabamos ya bebidos.


El servicio en la Polaca ha mejorado, Kika, están muy simpáticos, el camarero se marcó unas sevillanas y te manda un beso, y dice que te tiene una sorpresa para la próxima reunión.


 A continuación se pasó al trabajo que traiamos, Las Peliculas de Otoño nominadas para los premios son:
 Caminar sobre hojas, ya hay castañas, abanico de ideas, vuelta a empezar, olor a jersey, el Sol da la vuelta a la esquina, tintineo de vasos en la terraza, café mas cargado, sábanas frescas y sin sudor, caquis y chirimoyas, movimiento de nubes, atardecer breve, y enhorabuena a todos.
 

Con estas sensaciones de Otoño tenemos que hacer un relato, que no sea largo por favor, y publicarlo en el Blog, es decir que cada uno de nosotros hará su relato y lo publicará, POR FAVOR antes de la próxima reunión (26 de octubre). 


Trabajo para hacer: 
               
      EXPERIENCIA URBANA REAL (SEXO NO POR FAVOR)


Se trata de relatar en tono periodístico (neutral) un episodio o situación vivida REAL, no inventada desde casa, ni soñada, y cuidado porque se indagará y se descubrirá a los que inventen la historia......A continuación se escribirá la misma historia pero literariamente, en cualquier género. Por favor intentad ser breves, no contad rollos interminables para no aburrir al personal, recordad que somos escritores, no lectores de malos escritores.

Si tenéis dudas sobre este trabajo a realizar poneros en  contacto con el director general, me refiero al pez gordo, el que cobra todos los meses y no el otro, entendido?

Por último se acordó reunirnos otra vez, si dios y Juanjo quieren, el dia 26 de octubre miércoles en la Polaca. a las 18 horas, 13 minutos y 10 segundos, alguien llegará tarde pero no se sentirá sola porque no habrá nadie esperando y entonces serán las 18 horas 15 minutos y 45 segundos. El camarero mariquita nos preguntará si nos falta algo y le diremos que algo no pero que alguien si y se dará la vuelta con un gesto desairado.

Por favor por lo que mas queráis traed monedas y no billetes de 20 euros a la próxima reunión para pagar la cuenta, que ya tenemos al camarero suficiente cabreado.


Ah, y esto lo hago sin cobrar, por el morro, por amor a la escritura. 

miércoles, 5 de octubre de 2011

EL AMULETO (9 Carolina)

     Sin duda alguna, para David, aquella mañana era completamente diferente a todas las anteriores. Se despedía del hogar que había compartido con sus abuelos desde los trece años pero también, le decía un adiós a su pasado.

     Conducía sin prisas a la casa de su novia. Tanto Ávila, la ciudad de su abuelo materno y donde había decidido casarse en menos de dos semanas, como su amada, que seguramente aguardaba la llegada de David con la típica ansiedad que suele soportar todo aquel que cede su alma ciegamente a la boca antojadiza del destino, podían esperar. “Con calma”, había decidido. Fue así también, el fluir de los pensamientos en su cabeza dejando poco a poco mudo, todo lo que envolvía la bajada de Mijas Pueblo a la costa: la canción de la radio y el eco monótono que dejaban tras de sí los coches y el chirrido inagotable de los grillos.
     “Veinte años”, pensó. Veinte años escuchando una y otra vez lo mismo, que liberara al niño que tenía dentro, tanto de boca de psicólogos como de otros que jugaban a ser psicólogos. Convencidos de que eso le ayudaría a aceptar y perdonar a una madre enferma y a superar su propio trauma, el que, parece ser,  le impide socializar como debiera.  “Claro”, recordaba con cierto sarcasmo, “a una madre se le perdona todo, quizá no a la madre asesina pero sí a la madre enferma”. Orgulloso quedó el psicólogo que un buen día  logró hacer ver a David que no fue su madre la que asesinó a su padre y que deseaba el mismo final para él; no, no fue ella sino su “trastorno mental”.

     David continuó descendiendo por las curvas con tranquilidad. Concentrado en su diálogo interno, se encogió de hombros. “En fin, si eso es lo que quieren que crea…pero sigo manteniendo que si me hubieran escuchado ellos a mí, habrían comprendido la verdad”.
   De pequeño, sus padres, Luis y Rebeca, frecuentaban fiestas de la alta sociedad y viajaban mucho pero sin él; adoraban a la niñera, era perfecta: ocultaba la soledad de David con las palabras que sus señores querían oír y de este modo, Luis y Rebeca trabajaban su popularidad con una conciencia más limpia, más tranquila.

     Terminaron las curvas y apareció la costa y poco después, la casa de su prometida. Media hora más tarde, David volvía a la carretera pero ahora con el maletero más lleno y ya no estaba solo. Ella, su acompañante adorable, le recordó que quedaba una última parada por hacer antes de partir hacia una vida nueva, juntos. Sí, efectivamente, a David le quedaba por resolver un asunto; para él, todo un reto, para ella, un alivio: despedirse de su madre, de Rebeca.
   Llegó a la clínica privada donde su madre vivía los últimos veinte años. Lo que más fastidiaba a David era el ascensor, demasiado lento. Había pedido a su novia, ajena a todo lo que tuviera que ver con el pasado de su amado, que le esperara en el coche y ella lo comprendió. Al ascensor le quedaba muchos pisos aún por visitar y mientras, David pensaba. Insistía en preguntarse el por qué se habían empeñado en enfocar tan erróneamente  su tema ocho psicólogos diferentes. ¿Realmente se les hacía tan difícil el escuchar?. Si lo hubieran hecho, habrían comprendido que él sólo quería jugar, nada más, pero nadie jugaba con él por eso buscó. Y un día, lo encontró. Era su vecino, cuatro años mayor que él. Con doce años David había aprendido a jugar todo tipo de videojuegos violentos y macabros con su vecino, otro solitario como él. Y cuando ya no podía más de sueño, volvía a casa por donde había escapado, por la ventana de su cuarto. Excepto aquel día de septiembre, cuando David ya había cumplido los trece años. La niñera libró ese día y no volvería hasta la noche. Según los psicólogos que  trataron a David entonces y justificando el silencio de su paciente durante las primeras sesiones con la confusión, le quisieron convencer del hecho que aquel día él  había vuelto por la mañana. Entró, como siempre, por la ventana de su cuarto en la segunda planta de la casa. Bajó por las escaleras hasta la cocina para beber algo y cuando salió por la otra entrada de la cocina, vio a su padre sentado y atado a una de las columnas interiores de la casa. En su pecho tenía clavado el amuleto favorito de su madre y del que ella nunca se separaba, un abrecartas en forma de espada de plata con la empuñadura embellecida por siete cristales, todos transparentes excepto el primero cerca del pomo, que era del color de la sangre. Alrededor suyo varias velas encendidas, también cerca de las ventanas aún con las cortinas sin abrir. Recordaron a David, aunque no fuera eso lo que él recordara, que corrió hasta su padre, muerto, y le arrancó el amuleto del cuerpo con todas sus fuerzas y que justo en ese instante, apareció su madre completamente ida quien le arrebató el arma de la mano con intención de clavárselo a él también. A David le encontraron completamente encogido debajo de un árbol a varios metros del incendio de su casa que habían causado las velas. Logró escapar de su madre y de las llamas y también dedujeron, los entendidos, que su madre, encolerizada  y asfixiándose por el humo saltó por una de las ventanas de su dormitorio. Parte de la casa quedó intacta gracias a la eficiencia de los bomberos. No encontraron el arma, el amuleto, sí el cadáver carbonizado del padre de David.

     Sin darse apenas cuenta, había llegado al piso. Salió del ascensor. Llamó, suspiró y entró. Como en visitas anteriores, fue atendido por el doctor de su madre. Éste le informó que Rebeca había estado muy nerviosa e inquieta desde el día anterior. Que había pasado una de las peores noches desde que estaba ingresada en el centro; con pesadillas, con gritos, con llantos.”Debe olerse que me largo para siempre”, pensó David. Como en las otras ocasiones, el doctor lo acompañó hasta la habitación de su madre y luego dejó solos a los dos, madre e hijo, con su pasado y su presente; y para que, en privado, protagonizarán la última escena.
     La madre, desfigurada, muda e invalidada físicamente por aquel  fuego de hace veinte años pero que mentalmente, conservaba intacta la verdad, miraba por la ventana en su silla de ruedas. El hijo, sentado a su derecha y muy cerca de ella, la miraba desafiante. Ella sentía cómo le clavaba los ojos en la nuca tal y como lo hiciera aquel día en el que quedó clavado su amuleto en el pecho de su marido, y sintió miedo. No sonaron las palabras en la tensión sí el latir de unos recuerdos que no podían hablar ; los recuerdos de ella, de Rebeca.
     Las pesadillas de la noche anterior habían sido las peores. Las imágenes habían vuelto a mezclarse pero con más intensidad; lo real, lo imaginado, la verdad, lo no gritado: la mañana fría de septiembre, sentada frente a su mesa de trabajo con su bata roja que a veces hacía de túnica endiablada en sus sueños, escribiendo como lo solía hacer con un refresco, olía a vela, bajó las dos escaleras hasta el salón, vio a su marido que  a veces confundía con el semblante de su hijo, muerto, arrastrado y atado a un pilar por aquella figura cubierta con un hábito oscuro, con capucha; gritó, la figura arrancó el amuleto del cuerpo y fue a por ella, hubo un forcejeo porque a pesar de ser el encapuchado bajo, era corpulento. Ella recuperó su amuleto ensangrentado y escapó por las escaleras hasta su habitación. Cerró con llave. Quiso esconder el arma para evitar ser la próxima víctima de aquel condenado que susurraba palabras extrañas, como si de un rito se tratara y jugara a ser una especie de héroe, como el de los videojuegos que siempre pedía su hijo y ella se negaba a que lo jugara. Con rapidez lo ocultó bajo un complicado peinado. Al otro lado de la puerta, los golpes, que abriera la puerta. También el fuego llamaba para entrar.
     Jugaban las imágenes entre ellas en los sueños, en las pesadillas, apareciendo los paseos placenteros con su padre y su abuelo por los bosques de un pueblo de Ávila, de diferentes capillas de la zona, del río de su infancia, de la caja que le entregaba su abuelo, una pequeña de madera y triangular con una figura grabada pero que no pudo ver con claridad qué representaba y que dentro, hallaría el amuleto. De repente, el sueño volvió a dar otro giro y aparecía el arma sobre la roca donde ella cayó tras ser empujada por la figura asesina. Sintió frío, no se pudo mover, todo el cuerpo dolía. Sus ojos vendados con algodón empapado en un líquido para aliviar su escozor. Rebeca confundía en estos sueños a los enfermeros de la ambulancia y a sus vestimentas y voces con más siluetas encapuchadas, con sus túnicas manchadas de sangre y sus gritos. Rezó y lloró. Volvió a su memoria la caída desde la ventana de su dormitorio, el fuego, la asfixia y de repente, aparecieron las imágenes de ella de niña y de sus padres y de conocidos queridos y de desconocidos en Manhattan. Y la luna creciente que asomaba por la ventana de otra ambulancia, la que la trasladó a otro hospital más lejano, más cerca del mar. Pasó por el cartel que indicaba dónde quedaba su pueblo desde aquel punto. Y la mano fría del encapuchado que mató y que escapó entre la confusión de los vecinos, los bomberos y la ambulancia no sin antes sonreír, no sin antes arrancarle del pelo el amuleto. De nuevo llegaron las imágenes de ella con su hijo, meciéndolo, preguntándose qué había hecho mal, por qué la miraba de aquella manera, desconfiado, furioso; ¿quién era ese niño que tenía entre sus brazos?.

     David se levantó con brusquedad. Ya había cumplido con la media hora de visita. Rebeca continuaba mirando por la ventana cuando de repente, sintió como su hijo se inclinaba hacia ella. “Vuelvo a ser feliz, madre - le susurró al oído- después de veinte años vuelvo a ser yo”. Con un movimiento inesperado, agarró con las fuerzas que le quedaban el brazo iquierdo de su hijo. Era la primera vez que veía su rostro en mucho tiempo. Y con la mirada aún sin cicatrizar, con las venas de un alma destrozada, con los labios sellados por el dolor rogaba a su hijo que se perdonara.

     “Diferente”. Fue la única respuesta que obtuvo la novia de David cuando le preguntó cómo había reaccionado su madre a la despedida. Llevaban dos horas de viaje y habían decidido parar. El lugar era el idóneo, decidió David, para entregar algo muy especial a su prometida. Hizo que se tapara los ojos con las manos y ella le obedeció con una sonrisa divertida. Cuando pudo mirar, David le mostraba una caja pequeña de madera triangular con una figura grabada, la de un doncel de pie sobre una torre y con un hueco en el lugar donde debiera estar grabado el corazón. A ella le extrañó ese detalle pero le quitó importancia cuando descubrió encantada el regalo que guardaba dentro: un abrecartas en forma de espada de plata con la empuñadura embellecida por siete cristales, todos transparentes excepto el primero cerca del pomo, que era del color de la sangre.

Carolina

lunes, 3 de octubre de 2011

WHY

Virginia Labuat
(mi cantante favorita)


MusicPlaylist
Music Playlist at MixPod.com

(tema propio extraído de su último concierto en Zaragoza el 17/09/11)
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Mientras exista la artesanía,
la magia seguirá viva,
porque en ti vivirá,
y a través tuyo fluirá como una ría.

Cuando un trabajo se convierte en arte,
lo superfluo deja de existir,
dando paso a la obra,
en todo su esplendor y majestuosidad.

Nadie puede anular tu creatividad
cuando esta nace de lo más hondo  de tu ser.
Te despiertas de madrugada,
sientes la necesidad de crear y sigues tu instinto.

Darás todo de ti, conoceré todo de ti,
ahí estaré para recibir lo que me des,
tengo la virtud de la paciencia y
tú el don de iluminar mi existencia.


(KANET)