domingo, 9 de octubre de 2011

Relato de otoño (el niño pena)

Buenos días, insomnio. En esta mañana de otoño, noviembre de no te importa qué año, cuando el sol ha dado la vuelta a las esquinas del alba templado, me estoy acordando de la madre del que te inventó. Porque es una mañana para seguir soñando, fuera de las garras de la melancolía. No hay nada más interesante que el movimiento en la calle, la gente deambulando sin saber nada más que hay que dar un paso tras otro, pero sin saber para qué. El gitano del puesto de frutas chilla su mercancía, caquis, chirimoyas, manzanas, naranjas y muchas cosas más que no deben haberle costado mucho conseguir, porque grita que le paguen lo que quieran, pero que le paguen algo a cambio de sus frutas. Su primo que tiene un puestecito pequeño, es lo contrario, no dice que ya hay castañas, no vende nada y está callado. La gente tiene demasiada prisa para pelar castañas. Quizá luego, cuando regresen a casa. Quizá.
   La melancolía de esta mañana es acariciada por las sábanas frescas y carente del sudor que la época estival trae consigo y tan incómodo resulta. Me decido y me levanto; vuelta a empezar otro día que no sé para qué demonios empieza. Después de mojarme la cara, me froto los brazos y busco en el armario qué ponerme. El olor a jersey recién sacado de la lavadora, tras haber sido tocado por un suavizante que huele al jabón de la infancia, me hace tomarlo y ponérmelo. Me asomó a la ventana, el gitano sigue gritando, su primo sigue callado y la calle parece un abanico de ideas sin orden. Se agitan en el viento y cada elemento toma la dirección que le parece.
   Salgo a la calle y miro al cielo. Vuelvo a acordarme de la madre del que inventó al insomnio y pido al camarero el café más cargado que pueda preparar. El camarero me mira como si fuese un estúpido que ha perdido un tornillo, y lamentablemente, él tiene razón. No sé si es el sueño retrasado, o que simplemente, estoy amargado, pero cuando me siento fuera y oigo el tintineo de vasos en la terraza de cinco estúpidos porque el mayor (estúpido) de ellos va a casarse, dejó el café sin haberlo probado, con toda su carga, y que les den por donde sea a todos.
   Hace un año que se fue. Y como buen niño pena que soy, vuelvo al sitio de siempre. Lo hago a menudo, pero no todos los días se cumple un año de algo, es más, solo se cumple un año de algo una vez en la vida. El  bulevar parece una alfombra dorada y empiezo a caminar por las hojas que se han debido cansar de las ramas, veo que ellas también tienen la mala sangre de abandonar a alguien con el que ha compartido un tiempo hermoso.  Quien no se consuela, es porque no le sale de las narices, es obvio. Pienso, no sé por qué, en el gitano frutero y en su primo. Su primo ahora estará más contento, ya está atardeciendo y venderá más castañas asadas. El frutero, quizá siga gritando que alguien le pague algo... Pobrecito, con la de problemas que hay en el mundo y el más grande le ha tocado a él.
   Miro el cielo y pienso que me estoy volviendo loco. O quizá es que nací así, sí, es lo más probable. En el movimiento de nubes veo su rostro y en el silbido del viento otoñal, su risa. Agacho la mirada y sigo caminando. Todos los rostros son iguales y dejo de mirarlos. Llego al final del bulevar y alguien canta. Levanto la cabeza y me sorprendo de que este rostro, no es el que siempre veo en todos los rostros que miro. Éste es diferente, éste sonríe y sus ojos marrones irradian luz. Sonríe... ¿cuándo fue la última vez que lo hice? Sonrío y no es tan difícil. Ella se acerca. Me regala el atardecer más breve de mis años. Ya no pienso en la madre del que inventó el insomnio, mi pensamiento es ocupado por algo mucho más hermoso.

4 comentarios:

  1. A N O N A D A D O
    Me quedo que no nado
    que me ahogo
    porque sube el nivel
    por todos lados
    el agua me rodea
    y me veo nokeado
    de poetas que hacen pareados
    y que inspirados
    componen como "colocados"

    Uff que nivel tiene este invento
    pero que bién inventado
    el niño pena está tocado
    por un hado
    abrá que encerrarlo
    con su locura
    con un candado

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  2. Varios honores me hace el presidente,
    su sueldo todavía no ha llegado,
    y aquí sigue con su arte desatado
    de espalda al cañón, se tira de un puente.

    Y se eleva en un vuelo descendente,
    maldice no cobrar lo trabajado.
    El niño pena está loco, atontado
    propone que su sueldo se le aumente...

    por su arte, por llenar esto de vida,
    con palabras que arranca una sonrisa,
    se merece su nómina suicida.

    Cuando cobre, que compre la camisa
    de fuerza a la locura sin salida
    que el nivel de este invento hoy precisa.

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  3. Joder, Juanjo, ahora ya no se sabe que es mejor, si tu entrada sutil o tu comentario sonetil.

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  4. Cuando el arte existe, da igual en que forma se exprese, si de forma poética o de forma callejera y a este "niño pena" le sale arte por todos sus poros.
    Caray con todo lo leído ufff

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