martes, 15 de noviembre de 2011

BUSCANDO A SU DUEÑO


La bicicleta circulaba con dificultad por el camino de grava que iba de su casa al pueblo siguiente.

Tomás, con el instrumento musical colgado de la espalda pensaba en el poco éxito que había tenido al tratar de averiguar qué tipo de instrumento era ese que había encontrado dos días antes abandonado a un lado del camino sin dueño y ninguna pista para encontrarlo.
Ahora le esperaban treinta y cinco kilómetros de pedaleo hasta el pueblo siguiente, donde buscaría al Señor Eugenio, el maestro.
El le diría qué era y hablaría con el Jefe de Policia del Cuartelillo, Leocadio, para incluirlo en objetos perdidos.
En su aldea solo contaban con cincuenta y ocho habitantes casi todos, mayores de cincuenta años, nadie había sabido informarle sobre qué tipo de instrumento era aquel y su nombre.
La gente joven, había dejado el pueblo años atrás marchándose a la ciudad y no había escuela ni por lo tanto Maestra, que pudiera ayudarle en ese menester.

Lo había encontrado ayer, tirado a un lado del camino, cuando ya se recogía por la tarde con su rebaño de ovejas. Bajaba del monte ya con prisas pues el sol se estaba acostando. Era una tarde fría del mes de octubre y su cabeza solo pensaba ya en el chato de aguardiente que se tomaría con sus amigos en el bar. Pero esa extraña guitarra, mucho más grande
que las guitarras que él conocía, le hizo detenerse en el camino.

Estaba ahí, tirada, con su panza boca arriba, y su color miel brillante. No sabía qué nombre tenía. Alguna vez por televisión lo había visto en alguna orquesta de programas musicales, pero desde luego, en la orquesta del pueblo no tenían de esos. Solo el tambor del Excelentísimo Alcalde y dos trompetas, las de Rigoberto y Fermín, dos hermanos que regentaban el supermercado más grande del pueblo.

Se acercó y sin atreverse a tocarla, miró y remiró girando la cabeza buscando a su dueño. Con
cuidado, la tocó percibiendo la suavidad de su madera y rasgó las cuerdas, arrancándoles un extraño sonido. Tras un buen rato allí mirando el camino, esperando que apareciera el dueño del misterioso instrumento, comprendió que allí no volvería nadie.

Si la gran guitarra había tenido dueño, este lo había abandonado. Retomó su rebaño, y
siguió su camino. Volvería a buscarla. Y eso era lo que estaba haciendo ahora.

Siguió pedaleando con el instrumento clavado a su espalda.
Kika Perez-Solero

3 comentarios:

  1. Muy original la historia. Ternura y en cierto modo algo de intriga. Me gusta la frase final final "el instrumento clavado en su espalda"

    Suerte en Madrid. Te echaremos de menos.

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  2. Hola Kika, espero que puedas leer esto desde Madrid, con el lio que tendrás....

    Me ha gustado mucho el argumento y la idea tan original que has tenido, que bién lo has hilado, muy bien ambientado también el relato!

    Como ya a estas alturas tenemos confianza, te haré una crítica constructiva ( y me la aplico yo también ehhh?),
    creo que la redacción falla a veces y la lectura no es fluida, es cuestión de algunas palabras que sobran en algunas frases, revísalo y mete las tijeras,,,,merece la pena porque es un relato muy bueno!

    Un beso Kika, te echaremos de menos en la reunión de hoy en la Polaca, quieres que le diga algo al camarero de tu parte?. Suerte con todo en Madrid !!

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