martes, 15 de noviembre de 2011

Como tantas veces había hecho de niño, pulsó todos los timbres del portal del edificio de enfrente.

Esta vez, no salió corriendo, como en el pasado.

Simplemente esperaba una respuesta, una invitación, o aunque tan solo fuera, unas palabras de reproche o desaprobación por parte de algún vecino.

Pero, en el bullicio de la calle, lo único que escuchó fue el sonido metálico de cerrojos.

4 comentarios:

  1. Buen microrrelato, y que pena de hombre, a esa edad y con ese problema mental. Y pobres vecinos, con razón echan los cerrojos, estarán tan quemados con este vecino que lleva haciendo esto desde niño.

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  2. Buscando una respuesta, no dejó timbre sin pulsar.
    No sabemos cuanto tiempo transcurre entre la niñez y el episodio, si seguía siendo un vecino o regresaba al barrio después de una prolongada ausencia.
    Lo cierto es que quizás los vecinos no sean los mismos, y si alguno quedara, probablemente la respuesta sería la misma, el tiempo barre y borra.

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  3. Que triste es este relato Elena, pero no deja de ser hermoso y contener cierta ternura.

    Besitos azules muasssssssss

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  4. Creo que sois demasiado complacientes. Cuando he vuelto a leer esto, me ha entrado la risa. ¿por qué habré escrito esto?.
    Yo creo que regresaba al barrio después de mucho tiempo, Hugo.

    Besos a todos

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