sábado, 12 de noviembre de 2011

Le robé una flor, le regalé un diamante.



Todas la mañanas, en mi paseo al trabajo, pasaba delante de una cancela olvidada, que hacía años que no se abría. No era la única en Granada, pero era la que yo siempre miraba. Verde oscura, oxidada. Detrás, un jardín oscuro. Y detrás, una casona abandonada. Con sus torres y sus celosías. Y un patio helado.



Una mañana de escarcha, del invierno del 88, con la ciudad todavía cubierta por la bruma que baja de la Sabika, esa bruma cargada de olor a ciprés y que trae el murmullo de las acequias hasta Puerta Real, me detuve ante mi cancela verde.

Ahí estaba creciendo sola, entre un arrayán y un canalillo de agua, vigilante la fachada, celosa de su tesoro la celosía. Empujé la cancela con temor y llenando mis botas de tierra oscura llegué hasta ella. Era blanca y anaranjada, no era flor de la media luna, era extraña. Quién la plantó en este jardín?.  Unos ojos negros me escrutaban, desde la torre.


Ese día no pude arrancarla, se resistió.

Un juego sutil comenzó

Ella me temía, yo la olía

Yo la cogía y ella se soltaba

Flor de Granada no era

Que si no ya la habría visto

Por las placitas del Realejo.


La dejé crecer libremente, dentro de esos muros ocres y agrietados, en el silencio de un jardín vigilado, en un paraíso cerrado. Donde el grito de los niños no entra y los balcones abiertos no miran.

Poco a poco la fui mimando, y cada día tiraba de ella, hasta que en la primavera del 89 se soltó y, antes de que los ojos celosos bajaran de la torre, me la llevé.


Y al huir

dejé mis huellas en la tierra negra

sin pensar en volver

a ese jardín ya olvidado

tanta bruma, tanto frio.

Se que alguien me vio

pero corrí con mi flor

por el camino de Santa Fé

y seguí corriendo hasta el mar

hacia un jardín con palmeras

abierto al poniente y al levante.


Dieciocho años después, no pudiendo soportar más ese murmullo del canalillo, los pesados muros ocres, esa torre vigilante, los ojos oscuros de celosía elevada, le regalé a Granada un diamante.


Un tesoro comparable

a los de su gran palacio,

un diamante con grandes ojos azules

que asombrados recorren

esa ciudad de arrayanes y fuentes,

piedra preciosa que algún día

construirá un precioso puente

para cruzar el Paseo de los Tristes

sobre tristes jardines y patios cerrados

sobre azulejos y mocárabes

diminutivos, entrañables

si, pero que helados y distantes,

todavía no me lo han agradecido,

sigo en mi jardín que mira a levante

me duele la pena, retengo mi flor, si,

pero lloro por el diamante!.

7 comentarios:

  1. ¡¡Belleza de historia!!
    Moraleja: nunca robes las rosas que están protegidas por unos ojos negros, porque jamás vivirán en paz con tu interior.

    Besitos.

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  2. Muchas gracias por tu comentario Campoazul, y me alegro que te haya gustado la historía, está basada en un hecho real, es parte de mi vida y espero que se entienda la metáfora que encierra....

    De todas formas es un borrador, la voy a dejar reposar y corregirla después, porque la he escrito según me salía del alma, y creo que le sobran palabras y hay reiteraciones, la tengo que simplificar.

    Saludos y bienvenida al Blog!

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  3. Me alegro que alguien haya comentado, porque la verdad que leer entre metáforas no es lo mío, a mi me va lo transparente, simple y llano y necesitaba que alguien dijera algo para enterarme de que iba la cosa o cuando menos intuir de que va, aunque la luz no se ha hecho del todo.
    Lo siento ee
    Aunque una ayudita por parte del autor no iría mal jeje

    Ten una buena semana Presi, besitos azules muassssss

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  4. Yo creo haber entendido entre lineas lo que intentas decir. Espero que alguien más cercano a tí lo lea y sepa apreciar las sutilezas. Reconozco que me quedan muchas incognitas, pero cuando quieras, ya las despejarás.
    ¡Precioso poema!

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  5. Elena, si has entendido entre lineas , es suficiente, la vida está llena de misterios indescifrables, la poesía debe ser como la vida misma. a veces dulce, a veces amarga, alegre o triste, clara como el agua a veces y un misterio la mayoría.....

    Mi flor y mi diamante entienden esta poema y me han felicitado. los azulejos y mocárabes no lo agradecen, son así, bellos, diminutivos, entrañables, pero son duros y frios, de ellos no espero más que cuando voy a visitarlos me embriaguen con sus jardines escondidos, sus acequias, sus arrayanes.....pero yo me vuelvo a mi jardín que mira a Levante.

    Ahora lo entiendes?

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  6. Jose Maria, que bonito juego de amor entre jardines y flores y diamantes ...... y sutilezas, .........

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  7. Quiere a ese diamante de forma más generosa.Creo que asi, podrás disfrutar mejor de su existencia.
    Muy bonito el poema.

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