viernes, 25 de noviembre de 2011

Siento una Ciudad sin Sentimiento

Siento la ciudad sin sentimiento, la oigo rumorear por las noches y levantar la voz por las mañanas, la veo triste y húmeda, nublada y perdida. Esta ciudad enrejada, con rejas azules como el palacete de la señora duquesa, Las Cañas, ese que cuidaba Manuel, mi jardinero. “Tiene mandanga la Señora” decía cuando yo era pequeño, yo no lo entendía, con ese acento ya perdido aquí, ahora si lo entiendo. Tampoco entendía bien a los taxistas de la Avenida del Mar cuando se quejaban de las pelotillas que caen de los plátanos que cubren esta ciudad.
El palacete de la Duquesa sigue con sus rejas azules cerradas, como la jaula de un pájaro árabe, Altäir quizá. Y ahora un poeta canalla contempla Marbella con extrañeza, con falta de familiaridad, y para inspirarse el poeta se acerca a la única fuente que no fue tocada, superviviente a tanto mármol y dinero. Al poeta le duele hacer esto, hace un gesto de queja, porque le duele abrirse, como a las rejas.
Hoy la ciudad se recorre a si misma, dando vueltas como un mendigo solitario que lleva chanclas y una especie de sudario, una extranjera enjoyada que nunca mira hacia atrás y pasea la gran avenida de cartón piedra que sólo se recorre de ida, y por fin, el poeta.
Si esas torres altas cayeran y nos dejaran ver el mar, si el tranvía volviera a tener una parada junto a la orilla, si las piedras de hierro volvieran a volar en canastas sobre la ciudad, si la gente volviera a hablar de aquella manera, si los abogados corruptos no se reflejaran en las lunas llenas, si Don Alfonso apareciera por sorpresa debajo del arco del Marbella Club. Entonces la duquesa volvería a abrir sus rejas azules, quizá.
Quizá entre el mendigo con sudario y el loco que se viste de legionario, quizá entre el monaguillo que sube al campanario y lo hace sonar, y el poeta que viene y va, podremos tirar esas torres y forzar las rejas azules, entonces por la bocana del puerto veré un gran velero blanco de los de antes, que saldrá a navegar por un mar picado de levante.

José María Sánchez Alfonso. Noviembre de 2011

1 comentario:

  1. Hay demasiados sentimientos, encontrados y desencontrados, evidentes y ocultos.
    Aún espero el crucero que no atraca,
    el mar sigue revuelto.

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