martes, 1 de noviembre de 2011

Una Mañana de Noviembre

                                                                    

Después de 40 años sin saber de nada de ti me ha emocionado profundamente la carta y la fotografía que me has enviado.

Esa imagen ha permanecido en mi memoria todo este tiempo, fue una mañana helada de noviembre, cuando nuestra vida en el pueblo se agotaba, ya solo quedábamos tú y yo de los chicos de nuestra edad. Tú hiciste la foto, verdad?.

Yo salí a buscarme la vida tal cual, me vine a la ciudad que tú y yo escapábamos: con la bicicleta verde, mi gorra y mi instrumento musical. Eso es todo lo que deseaba y después de tanto tiempo es todo lo que sigo teniendo. Pepa, eras tan bonita, seguirás igual.

No te imaginas la congoja que tenía en el cuerpo cuando salía definitivamente del pueblo, con un nudo en la garganta, intentando pedalear por ese camino encharcado, y si no llega a ser porque es levemente cuesta abajo no sé cómo hubiera podido avanzar. Pero me negué a mirar hacia atrás. Y te confieso que llegué a llorar. Pepa, como te va?

Después de tanto tiempo, sigo ocupando el pequeño piso que dejaron libre mis abuelos, el que tú y yo usábamos en nuestras aventuras, en la última planta de ese viejo edificio de la Placeta de las Amarguras.
Y ahora soy feliz, Pepa, pedaleo por esta ciudad que me atrapó y que ya he hecho mía. Me gano la vida enseñando música a los chavales, tocando en una orquesta y compongo algo de poesía.

Desde el balcón contemplo noches estrelladas, y las murallas oscuras de una fortaleza roja que como una gran nave parece encallada entre olmos, cipreses y marejadas.

Me levanto cuando suenan las campanas de la Iglesia de la Santo Domingo, y al asomarme veo la leve claridad de la nieve recortada contra el azul de un mar que adivino detrás. Lo nuestro nunca lo pude superar.
A mis pies suena el movimiento de este barrio antiguo, abuelas que compran pan con sal, chiquillos que corretean, el sol en sus torres, la lluvia en la acera, bicicletas que vienen y van.

Créeme,
soy muy feliz,
que no deseo más
y fluyo libremente 
por la ciudad,
la música me rodea,
mi vida es un zig zag
levemente cuesta abajo,
a veces con escarcha,
disfruto al caminar 
con mi bicicleta verde,  
y haciendo sonar mi contrabajo.
Pepa, cuantos años hace ya?

5 comentarios:

  1. Uma belissima historia, com uma fotografia maravilhosa
    abraços do Brazil
    miltonostetto.blogspot.com
    Milton

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  2. Me gusta tu proesía
    y su cálida nostalgia,
    memorias de juventud
    con aromas de la infancia.

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  3. Es impresionante como con la idea de uno surge otra cosa distinta pero que a la vez algo de relación tiene.
    Me gusta como el resultado de ello.

    Besitos azules muassss

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  4. Preciosa historia

    Nostálgica,emotiva.......

    tu vales mucho José María.

    Besos redondos

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