lunes, 12 de diciembre de 2011

La vida

Allí estaba sentada ella, con las manos juntas en el regazo y mirando todo con gran atención. Los años le habían castigado con una pequeña chepa que le hacia ir algo encogida aunque seguia siendo alta.
Su cara estaba surcada por unas arrugas horizontales, unas verticales y finalmente algunas oblicuas formando un extraño mapa en su rostro.
Su pelo ahora rubio y corto, habia ocupado el lugar de una melena negra y rizado por la que muchos años atras había recibido el apodo de "Negritina"

Vestía un traje de chaqueta jaspeado en negro y verde, unas medias tupidas cubrían unas delgadas piernas y unos zapatos bajos, de la marca tod's cubrían sus pies. Completaba su atuendo con un collar de perlas rosas a juego con una sortija. Tenía ese estilo de señora mayor pero bien arreglada.

Miraba a su hija y quería encontrar en ella a su pequeña, su primogénita, aquella niña gordita y mimada por todos que había sido la que mayor alegría le había proporcionado.

Volvió a mirarla y sus ojos, ya cansados, vieron en la cama del hospital a una mujer de sesenta y dos años, con los ojos cerrados.

2 comentarios:

  1. Es un retrato muy íntimo y cercano a alguien (que suena a que la conoces, da esa impresión al menos), y el final es sorprendente, nos dejas intrigados, y eso según el maestro de narrativa es muy bueno!

    Eso significa que podrías seguir el texto en forma de un pequeño relato, o un cuento, lo que quieras, pero por que no lo continuas Kika? aunque sea breve...nos has dejado con lo de los ojos cerrados....eso pide algo más...

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