domingo, 29 de enero de 2012

CRISTALES ROTOS (Relato encadenado 3)

   ─¿Papá?
Él levantó la  vista y me miró por encima de los binóculos.
  ─¿Qué tal estás?  ¿Te duele el brazo?
  ─No no, estoy bien─Me acerqué a él lentamente─Oye, papá,
    ¿Te acuerdas de aquélla cajita de música que tenía mamá?.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente y las lentes cayeron
sobre la mesa.
  ─¡A qué viene ahora eso, Rosa? ¿es que nunca vas a olvidarte
     de lo que pasó?.
  ─Solo tenía curiosidad, ya sabes que mamá no me dejaba abrirla.
    ¿Sabes donde está?.
  ─Que sé yo, hija─Su voz temblaba, insegura─Supongo que estará
    arriba, en el desván─Se ajustó los binóculos sobre su aguileña
    nariz y dirigió de nuevo su atención al barco─Ahora, vete a la
    cama, es muy tarde.

Ésa noche no podía dormir.  El gato, la cajita de música, los tres
anillos, las gafas de mamá, todo daba vueltas en mi cabeza.

Me levanté y sigilosamente, subí al desván. Hacía casi ocho años
que no utilizaba ésa escalera. Al abrir la puerta, una ráfaga de aire
helado y húmedo rozó mi cara.

Encendí la linterna y entré.
    

sábado, 28 de enero de 2012

La relación que no tuvimos

Estoy convencido de que nunca volverá a repetirse una situación similar.


Esas piernas suavemente torneadas por la práctica del tenis, esas caderas basculantes, esa blusa entreabierta que deja adivinar un escote interesante. Todo en ella me resultaba familar, pero no sabía ni dónde, ni cómo, ni cuándo. Y sobretodo, esa sonrisa burlona que intentaba disimular, como pretendiendo no haber visto nada de lo sucedido. Tenía que ser ella, no cabía duda, conservaba aquella inconfundible melena de rizos color cobrizo que yo no había olvidado.


Y allí estaba yo, en esa ridícula situación, tirado en mitad de la calle y rodeado de un circulo de desconocidos sin prisa y con cara de asombro. Acababa de caerme del autobús, cuando intentaba subirme y el desgraciado del conductor arrancó antes de cerrar la puerta.


Esta situación tan caótica no me impedía concentrar mi mirada en el otro lado de la carretera, donde, ahora, aquella mujer de sonrisa burlona, miraba su reloj de forma insistente. Empezaba a impacientarse. Miraba a uno y otro lado de la calle. Buscaba algo en el interior de su bolso con gran cuidado, como quien teme romper aquel preciado frasquito de perfume en forma de corazón heredado de la abuela.


Habían pasado muchos años desde la última vez que no lo hicimos, y sin embargo no pasaba un solo día de mi vida sin dedicar unos pensamientos a su ausencia, a la relación que no tuvimos, a los juegos que no disfrutamos, a los viajes que no hicimos, a la música que no escuchamos, a los hijos que no tuvimos.


Por fin, a lo lejos se escuchó el sonido de la sirena y las caras de los desconocidos empezaron a relajarse. Llegaba la ambulancia. Pero yo deseaba que ella se acercara y me reconociera, aunque solo fuera por curiosidad. Me tomaron la tensión, me colocaron sobre la camilla y me introdujeron en el coche. Yo quería gritar, pedir que me dejaran allí, que no cerraran el portón, Pero no. En ese momento una mujer robusta, de ojor negros y gestos bruscos subió a la ambulancia, cerró la puerta y encendió la luz.

jueves, 26 de enero de 2012

Los mares de tus ojos



Hay mil soles en el cielo
de los mares de tus ojos,
y en su centro un resplandor
que se vuelve peligroso 
para el necio corazón
que te sueña con asombro.
Se pintan diez mil estrellas
en los mares de tus ojos,
e iluminan el camino
al mejor de los tesoros
que es poderte contemplar
la sonrisa de tu rostro.
Hay dos lunas de cristal 
en los mares de tus ojos;
de belleza interminable, 
relucientes como el oro,
y el sonido de sus olas
es la música de otoño.
Está cayendo la noche,
la luz lo abandona todo,
llorando se queda el mar,
llora el cielo por sus poros
y llora mi alma débil
pétalos de clavel rojo.
Se desangra el corazón
por tu ausencia y dolor roto,
vertiendo miles de lágrimas
en los mares de tus ojos.


Nota: La imagen ha sido tomada del blog de Pili Ruíz http://laluzysonrisadelalma.blogspot.com

lunes, 23 de enero de 2012

Pertinaz Sequía


Hay gente que llega a algún sitio en la vida a base de ser pertinaz, como una sequía, o como la gotera imposible de arreglar cuando le da a la gota por caer y no parar. Lo malo de esta estrategia vital es que se yerre en el objetivo. Si la sequía acaba finalmente con unas lluvias bien caídas y que lo empapan todo haciendo crecer otra vez la vegetación que parecía finalmente muerta, en ese caso ¿de qué sirvió la sequía?, ¿y la gota que ponía a todos de los nervios?.

Ayer conocí a un hombre con pose de aburrido de la vida, que al preguntarle a que se dedicaba me contestó lacónicamente “he sido policía nacional”. Lo dijo con tan poco entusiasmo que no tuve otra que preguntarle si eso era su vocación, a lo que contestó que más bien no, que de niño cuando jugaba con sus amigos a policías y ladrones él era siempre el ladrón. Eso sí que lo dijo con carita de pillo, con convicción y como recordando buenos tiempos…., lo que me hizo pensar que a ese hombre, a punto ya de jubilarse, le había fallado su estrategia vital, a punto ya de arreglarse la vieja y fastidiosa cañería cuyo goteo nos acompaña toda la vida como una sombra, resulta que no le ha servido de nada, que él lo que le hubiera gustado ser es ladrón. Ha perdido casi 40 años de sequía, de inútil goteo pertinaz.

Cuando todos a nuestro alrededor parece que avanzan, nosotros nos quedamos rezagados del resto si el camino es muy largo, como de 60 años de longitud, y más todavía si es cuesta arriba y con piedras sueltas que caen por la pendiente al avanzar, ni que decir si te quedas sin galletas y sin agua a mitad de la subida y si cerca ya de la cumbre abres la mochila y te das cuenta de que para comer en el descampado sólo tienes un bocadillo de mortadela light de hacendado y una mandarina enana. Pero la mayoría nos empeñamos en seguir por ese camino plagado de dificultades por la cómoda razón de que todos van por ahí y nadie se plantea que hay un sendero alternativo. 

Conclusión, no te empeñes en una sequía inútil, y menos en una pertinaz. Si al principio de la cuesta, cuando la ruta parecía tan fácil, disfrutabas tanto haciendo algo, como ser ladrón, pues dedícate a eso sin dudar, por ejemplo dedícate a la política. Es decir, antes de empezar la cuesta vital hazte con un buen mapa de niveles y con todos los senderos marcados (para coger el alternativo, que será más fácil seguramente que el que te dicen los monitores de este mundo), llena la mochila con frutos secos, que no pesan, pon más mandarinas y un plátano (esencial) y por favor que el bocadillo sea de jamón serrano con aceite de oliva.

Ah, y arregla ese goteo persistente y que te pone de los nervios, llama YA a un fontanero, pero que sea de las páginas amarillas, y no uno de esos que conocen todos los vecinos y parecen vocacionales, que llevan todo su vida arreglando cañerías, no vaya a ser...

domingo, 22 de enero de 2012

Delirio poético II

Como la roca, olas de vaivenes,
desnudo expongo mi costado erguido
frente a la tempestad del mar herido
como la roca dura aquí me tienes.


Deslizan en mí tus besos salados
sobre mi piel fría tu blanca espuma
sobre el horizonte la baldía bruma
niebla de los días ahora tan callados.


El aire contra el pecho, libertad
de mí mismo sin enturbiarme duda
alguna o tal vez en la noche muda,
silenciada por tu voz, la soledad.


¡Vuelve a mí, amor! que si no cesa
el oleaje del mar, mi corazón
no yacerá rendido al paredón
como la roca, no seré su presa.


Como la roca que vive y resiste
los crueles golpes del mar irascible
me verás a mí también impasible
y sin mediar nigún silencio triste.


No esperes nada de mí,
ni siquiera que te espere,
porque ya cayó la tarde.




Jorge Villalobos Portalés.

sábado, 21 de enero de 2012

CRISTALES ROTOS (RELATO ENCADENADO 2)

–¡Lo he visto. Lo he visto. Lo he visto! —Gritaba.
Desesperada en un manto de confusión, entró en la casa. Puso el televisor para distraerse y no pensar en las gafas de su madre ni en el gato que jugaba con ellas. El televisor emitió la imagen del canal Metropolitan y allí, un vidente se estaba dando un montón de golpes contra la mesa de cristal que sostenía los budas, las velas y las cartas del tarot de Gibraltar. La presentadora explicaba que el vidente le había dicho unos números de la suerte a una de esas almas aburridas que no tienen nada mejor qué hacer que llamar a estos seres para que les digan lo que quieren oír y que habían sido premiados. Él, por supuesto, no había jugado esa combinación y había perdido el juicio escaso que tenía. La presentadora le sujetaba la cabeza para que no se rompiese la mesa, ya que si se rompía, se lo descontarían del salario. La cabeza no importaba. Miraba a la cámara sonriendo y animando a la gente a que se dejase ayudar por el vidente y que marcara el número de teléfono mientras,  con la mano que tenía libre llamaba al loquero del 112  para que se llevarán a aquel personaje que ponía en peligro la mesa de cristal y parte del salario de la presentadora. De repente, el vidente se incorporó y las gafas de su madre aparecieron en sus ojos.
–El gato te guiará a la caja de música que nunca abriste. Hay un mensaje.
Parpadeó, incrédula. El gato pasó por delante de sus ojos.
–¿A qué esperas? La caja de música te está esperando —dijo  el gato.
Jacobo llevaba puestas las gafas de su madre. Sus cristales no estaban rotos y en su boca llevaba un papel con los tres anillos azabaches de la glorieta.

viernes, 20 de enero de 2012

SURYA NAMASKAR

                                                                           

Hoy es el primer día de mi vida que salgo en bicicleta siendo aún tan oscuro y solitario ahí fuera. 
Mi ropa de montar es completamente negra, y la combinación es inquietante, una bicicleta fantasma recorriendo en silencio unas calles desiertas. Solamente el brillo que emiten los radios de las ruedas era la débil señal de que algo se movía por el aire.
 Al salir al paseo junto a la orilla sentí algo diferente, ni rastro de la luz que normalmente se intuye en la línea del horizonte, allí detrás, hoy sólo humedad y frio, y mucha oscuridad, temí haberlo perdido para siempre. Aceleré instintivamente como huyendo de tanta negrura. Buscaba con los ojos medio cerrados los sitios comunes de referencia, incluso me buscaba a mí mismo, pero tanta ropa negra me hacía invisible.
Cuando la quietud era ya total, silencio ajeno a la ciudad, llegué a un sitio donde murmuró un suave oleaje que despertaba con delicadeza a una arena todavía dormida y sin pisar. Allí sí era, donde cada amanecer me bajo de la bicicleta y lo saludo.
 Pero para mi sorpresa escuché una conversación. Eran dos figuras negras, como yo, a las que solo se distinguía por las tres rayas blancas del chándal y una conversación en voz baja. Me giré hacia el Sur dando la espalda a esos fantasmas que me ignoraban pensando que yo sería otro más.
 Y de repente se elevó una tímida vibración de luz negra, invisible, y después vino una leve ráfaga de haces de luz morada, que dejaron paso a un resplandor rojo púrpura que se acercó hasta mí subido en una ola que se paró a mis pies.
Y allí salía por fin, enorme, como un gigante que se despereza, elevándose lentamente, consciente él de ser el único que se mueve en el mundo, luchando contra la inmensa oscuridad del Mar. Pero con luz propia, ya naranja fuego, apartando con su mano a esas nubes tercas que siempre se agarran al horizonte.

Los ancianos ya habían desparecido, sólo estaban allí para verlo amanecer, como yo, como él.

Surya Namaskar, bicicleta de plata y vuelta a la realidad.

jueves, 19 de enero de 2012

Una casa en la isla


                                                     
Hace tres veranos me enamoré

de una islita de Portugal

rodeada de océano 

con olor a roca y sal.


De una casita blanca
y con ventanas verdes

en Travessa do Pôr do Sol

donde el viento corre sin cesar

detrás de los amaneceres

cuando se sube hasta la cama

el reflejo azul del Mar

donde yo te quiero amar

y tú qué más quieres



Los acantilados negros y ocres

le devuelven sus colores

a un Sol ya cansado

que a América se va

a dar los buenos dias 

mientras dos pescadores jubilados

dejan su vida dibujada

en las dunas de la bahía.



Ay, Bahía de Baleal

que más daría yo 

que no daría!

por oír ahora mismo

todo aquel ruido

el claqueteo de chanclas

el lijado de anclas

el levante con su silvido

los gritos del mercado

bufido de viejos barcos

bufido de enamorado.

martes, 17 de enero de 2012

Cristales rotos (Relato encadenado 1)


´¡Oh Dios!, ahí estaba el gato, en mitad del campo jugando con las gafas de mi madre, que no había escatimado en gastos, para que fueran la envidia de sus amigas.
Calma, me dije. Empecé a acercarme despacio, sin dejar de observar los movimientos del gato, y no vi la raíz de la gardenia con la que tropecé, dando con mis huesos en el suelo. El ruido espantó al gato y atrajo la atención de mi padre, que estaba construyendo su barco sentado delante de la ventana de su escritorio. Vino corriendo hacia mi y me ayudó a levantarme y me hizo sentar en la glorieta, la que tiene grabados en el suelo tres anillos de color azabache.
Mientras yo me acariciaba las rodillas y el brazo doloridos, volvió con una taza humeante de té con miel, el remedio de mi casa contra todos los males.
-¿Qué te ha pasado esta vez? Un día te vas a matar con tus cuentos y tus fantasías. La vida no es tan anodina como para que tengas que estar continuamente evadiéndola.
-´¡Ha sido el gato, Jacobo, que estaba jugando con las gafas de mamá!
-Mi querida Rosa, ya sabes que mamá nos dejó hace ya ocho años y que nunca tuvimos gato.
Lo miré con los ojos agrandados por la incredulidad y la desesperación, quise pedirle perdón, pero era demasiado tarde. Su figura se desvaneció junto con la taza de té y me encontré sola con la mirada hundida en los anillos entrelazados.

lunes, 16 de enero de 2012

Felicitaciones


El mismo día en que las calles de la ciudad aparecieron iluminadas con pequeñas bombillas de colores rojas y verdes, el buzón de su correo electrónico comenzó a expulsar, de forma paulatina y escalonada, mensajes de felicitación, que dejaba aparcados momentáneamente a la espera de encontrar tiempo e inspiración para una respuesta original.


Al principio, leía los mensajes con detenimiento y hasta el final. Esperaba encontrar en ellos algo que le indicase cual era el verdadero significado de toda aquella tradición. Pronto se dio cuenta de que la mayoría de los mensajes estaban escritos de forma mecánica. No había en ellos nada personal. Feliz Navidad, Merry Christmas. Próspero Año Nuevo. Happy New Year. Te deseo lo mejor.... Había quien se había esforzado más con deseos de paz, amor y prosperidad. Y los menos, hacían mención a alguna anécdota cercana que les unía.

 Algunos remitentes eran amigos con los que se veía casi todos los días, pero que habían considerado necesario dejar constancia escrita de sus deseos de felicidad. Entonces dedicaba unos segundos a buscar en su imaginario algún momento especial de su vida en común, para utilizarlo más tarde en su respuesta.
De otros, apenas tenía recuerdos e incluso había algunos a los que ni siquiera reconocía por el nombre. Probablemente serían compañeros de algún congreso, que no había vuelto a ver. Por supuesto, no le cabía la menor duda de que si se reencontrasen, se reconocerían.

 Pasaban los días y el archivo de mensajes sin responder se iba llenando y llenando. Las fiestas se aproximaban y no había encontrado ni el momento ni la fórmula original y universal para responder. Esto empezaba a convertirse en una obsesión. Buscaba una respuesta en los anuncios de televisión, en los escaparates, en las vallas publicitarias, en los catálogos de regalos. Pero nada, la formula mágica no surgía y él estaba allí solo y desconcertado en su paranoia. No tenía con quien compartirlo, parecía que todo el mundo aceptaba la tradición e incluso disfrutaba de ella, como si tuviera algún sentido. Si planteaba sus dudas, le dirían pero ¿por qué te obsesionas con eso? tú responde de la misma manera que los demás y no te rayes más. Si, parecía sencillo, pero para él suponía, por una vez más, actuar mecánicamente y sin sentimiento y este año no estaba dispuesto a ceder.

Afortunadamente, los familiares, los viajes y las compras le absorbieron de tal manera que por unos días se olvidó del ordenador y de sus correos. Y asi pasó sus navidades. Sin felicitaciones, sin deseos de prosperidad, sin turrón y sin confetis.

Llegó el año nuevo y, a pesar del terror que le producía abrir su correo, lo hizo y no pasó nada. Allí estaban todos los correos sin responder en la bandeja de entrada. Era demasiado tarde, ya habían pasado todas las fiestas y ya no tenía sentido responder. Colocó su dedo meñique en la tecla mayúsculas, el indice en la flecha abajo, seleccionó todos los mensajes y con una sola pulsación a la tecla supr desaparecieron todas sus paranoias. Nunca se había sentido tan agradecido a la tecnología como en ese momento. Ni psicoterapias, ni medicinas, tan solo un toque de tecla y todo resuelto.

Aquella noche de primero de año, se fué a la cama con la satisfación de haber actuado según sus principios. Había sobrevivido a los convencionalismos de las tradiciones.

A la mañana siguiente se despertó de un sueño. Se preparaba para hacer un viaje en autobús con un grupo de amigos y conocidos. Todos habían colocado sus maletas en el interior del autobús y hablaban entre ellos animadamente. Él había perdido su maleta y a nadie le preocupaba.


Elena Piera

MARBELLA PINTADA EN VERDE



Hermosa y linda doncella.
Marbella
bella piel aceitunada
pintada
con gracia que yo recuerde
en verde.
Encanto que no se pierde,
olivos que en los albores
hechizan para que adores,
Marbella pintada en verde.

(KANET)


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** Os presento un nuevo registro, esto es un "ovillejo",
bajo la tutoría de Isabel Blanco,
del blog " El rincón cultural" **



sábado, 14 de enero de 2012

Estaba cansada de todo.  El mundo parecía girar para todos los entes vivientes salvo para ella. A aquello había que ponerle remedio y pronto. Se acabaron los escrúpulos que nunca tuvo y las connotaciones morales que siempre habían brillado por su ausencia. Ella pensaba que sabía cantar, que sabía escribir y que sabía actuar. Vamos, que una artista "de verdad" tenía poco que envidiarle. Y recordaba todos los casting de OT (pónganle ustedes los significados que consideren oportunos a semejante aberración) en los que le dedicaban buenas críticas y a las primeras de cambio, le enseñaban el camino directo a casa. O la puta de la editora que le dijo que le mandase la obra y que le daría una contestación, advirtiéndole que si recibía una crítica negativa, era sólo para que aprendiera. Ni negativa, ni positiva, aquel zorrón parecía habérsela tragado la tierra hasta que un día la vio participando en un blog en el que admiraba a la autora del mismo. Y después de leer su comentario, sabía que no era admiración. La muy zorra había publicado una novela de aquella chica y ahora , a través de aquel comentario patético y mal escrito, intentaba hacer una publicidad no menos patética y mal hecha. Ella sabía que aquel blog, con sus mil quinientos seguidores, eran mil quinientos ejemplares vendidos, por tanto, la edición era favorable, sólo con se vendiera el ejemplar a diez euros (que luego serían más) el libro ese movería quince mil, mínimo. Negó con la cabeza. Al final, después de todo, lo sabía bien. Funcionaba así. La autora del blog no era superior a ella y ella misma podía verlo. Pero movía a más gente, por supuesto, y por tanto, más dinero. La historia se repetía, una oportunidad que se le daba a otros, a ella se le negaba de nuevo.
Recordaba la lucha por el papel protagonista de Madame Collet en una representación de "Luces de bohemia". Y al final su rival se quedó con él. Aceptó su derrota hasta que diez días más tarde, supo que su rival le había hecho unos favores en condiciones al director de la obra. Su sangre estuvo hirviendo mucho tiempo...

Todo debía cambiar. Ser humilde, trabajadora y honesta en este mundo era sinónimo de pisoteo y aprovechamiento de la propia persona. Tenía que cambiar de mentalidad. Tenía que creerse que podía hacerlo. No podía ser tan difícil. Se miró en el espejo y estuvo delante de él una hora. Probó mil y una poses distintas hasta que encontró la que ella consideraba más favorable. Se veía bonita, único requisito para lo que se proponía hacer. Justo al día siguiente de proponerse su cambio, su asalto a una vida agradable y libre de agobios, tuvo su primera oportunidad de demostrarse a ella misma que podía hacerlo, que iba en serio. Un vecino se la encontró en el ascensor y la invitó a desayunar. El chico estuvo cortejándola con halagos y piropos de lo más ingeniosos, dando a entender algo que, por la razón que fuese, no se atrevía a decir, pero de cualquier modo, resultaba bastante obvio. La guinda del pastel la puso una invitación a cenar el sábado por la noche. Estaba claro. Se conocían desde hacía tiempo, pero cuando se habían cruzado él había agachado la cabeza y dicho un tímido buenos días. Y ahora, después de comparar sus ojos con un desierto de esmeraldas y sus cabellos como una noche de luna llena, la invitaba a cenar a un restaurante de prestigio, posiblemente el más caro de la ciudad. Estaba dispuesto a gastarse las tres cuartas partes de lo que le pagaban en el hipermercado que trabajaba en cenar con ella... Pero no, ya había decidido que aspiraba a mucho más. Ella se merecía mucho más. Y cuanto más se miraba en el espejo, más se convencía de ello.

Comenzó a frecuentar en soledad las zonas de más glamour. Las discotecas donde la droga no era adulterada y se servía en bandeja de oro. Su belleza natural hacía que los porteros le hicieran reverencias y la escoltaran hasta el interior del rectángulo de música machacona. Recordaba que, en los botellones tristes con los amigos del barrio, a sus veintiuno, los policías que debían impedir la borrachera, al verla, se unían a la fiesta. Ahora era más o menos igual. La primera noche sintió varios pares de ojos fijos en ella. Su entrenamiento para conservar la altanería dio resultado. Permaneció impasible con la copa de no sabía qué mierda la había invitado el camarero de la barra, con un guiño de ojos incluido. Repitió la noche siguiente. Era sábado. Los mismos espectros, de ojos rojos y olor a humo y alcohol. Una mano llena de anillos de oro blanco a simple vista la invitó a bailar. A un gesto de su mano, la música cambió del "pum, pum, pum" a baladas para bailar abrazados. Después de dos canciones, se sentaron. Era guapo y sus ojos rojos le daban un aire siniestro que empezaba a resultarle atractivo. El tipo tenía una botella entera del mejor whisky que tenían allí. Y empezaron a dar cuenta de ella. Sacó una bolsita con un polvo blanco y dispersó algo de él sobre la mesa. Los dos respiraron ese polvo y a ella, la embriagó un dolor fuerte de cabeza. El tipo parecía ponerse a tono con el ambiente. Volvió a tenderle la mano llena de anillos y ella la tomó sin ser muy consciente de lo que hacía. Cuando empezó a recobrar su plena conciencia estaba encerrada en una habitación de hotel que ni siquiera sus sueños más optimistas se habían permitido el lujo de soñar y sentía un aliento de olor alcohólico en su cuello dirigiéndose hacia su escote. Había llegado el momento. Era ahora o nunca y debía hacerlo. Si conseguía atrapar a este estúpido, su vida no volvería a conocer las penurias y sus deseos serían todos satisfechos. Buscó sus labios, los besó con una fingida pasión que parecía real. Y acabó por entrelazar su cuerpo al de él. No debía de ser tan distinto a cuando lo había hecho con los dos novios que había tenido.

Amaneció en sus brazos. Él ya estaba despierto. Y la miraba con ojos que cualquiera diría estaban llenos de pasión. Lucían menos rojos y eran más hermosos con su color miel natural.
—Pídeme lo que quieras.
Eso no se lo esperaba. Era la primera vez en su vida que sus planes parecían funcionar. Un poco más. Si conseguía amarrarlo, adiós a los madrugones para ganar 900 euros miserables y encima tengas que agradecer tener el trabajo explotador para ganarlos. Pagar el alquiler y su sueldo reducido a la mitad. Las gasolineras pulsando el botón de subida de combustible cada vez que algún político y parásito hablaba, para al final, ver que vivía al día, ver que si surgía algún improvisto, no podría hacerle frente. Al lado de aquel tipo, que por el motivo que fuese, había sido agraciado con una vida llena de comodidades, podría ser partícipe de ellas también. Había empezado y no iba a detenerse. Ahora podría ir a ver al zorrón de la editora y decirle que ya no la necesitaba, quién sabe si no podría montar su propia compañía de teatro y quitar de en medio al tipo aquel que la había privado del papel de Madame Collet porque su rival había aprovechado sus encantos femeninos y la debilidad de los hombres. Y... bueno OT no hacía falta hacer nada contra ellos, era tan patético que caería por su propio peso.
Llévame a almorzar al sitio que quieras —dijo al cabo de unos instantes.

Cuando salieron del hotel, y se dirigieron al estacionamiento privado, vio el vehículo que siempre había soñado. No se podía creer que la noche anterior hubiese venido en él y no hubiese sido plenamente consciente. Sí, definitivamente, este tipo era el final de sus problemas. No podía permitirse un sólo error. Tenía que ser para ella. El motor emitió un rugido potente y el coche salió con una suavidad pasmosa. Cuando entró en la autovía, sus sentidos se embriagaron ante la aceleración poderosa del coche. Cuántas veces había soñado con sentir esa sensación en ese mismo vehículo...

De repente, como si el sueño más placentero y hermoso quisiera gastarle una broma de mal gusto, se transformó en pesadilla. Vio como el coche seguía acelerando y la aguja del velocímetro marcaba 220. Las sirenas de los agentes de tráfico sonaban y por megafonía le ordenaban que parase. Por supuesto, se comportaba opuestamente a las órdenes. Los agentes dieron aviso de la situación y se tomaron las medidas. Diez kilómetros más adelante vieron como habían montado una barricada con el único propósito de detenerlos. Pisó el acelerador a fondo y el vehículo volvió a acelerar.
–Por Dios, ¿Qué haces? Para el puto coche de una vez. ¡Nos vamos a matar!
–Cállate zorra. Los maderos no me pillarán.
Veía el impacto inminente. ¿Qué hacer? Se acordó de su vecino. Si hubiese ido a cenar con él no estaría ahora aquí. No sabía por qué demonios pensaba eso ahora, cuando su vida estaba a punto de acabar. Estaban a escasos 700 metros. Pulsó el botón para librar el anclaje del cinturón de seguridad. Abrió la puerta y se dejó caer. Notó el asfalto quemado como los besos del infierno y se oyó una explosión de varios quilates de calidad. Lo que antes había sido el coche de sus sueños era ahora una hoguera de san Juan. Era imposible que el hombre que iba a sacarla de su vida mediocre y llena de injusticas hubiera sobrevivido. Notó una sombra sobre su cuerpo tendido en el asfalto sintiendo quemaduras de varios grados.
–Así que eres la puta del narcotraficante, pues tu macho la ha palmado, pero creo que tú pasarás una buena temporada en la cárcel.

No podía creer lo que estaba escuchando. Pero lo cierto era que mientras los agentes comprobaban que podía levantarse, les estaban esposando las manos.

viernes, 13 de enero de 2012

ANSIA DE AMOR, DOLOR DE ODIO

Reprimida ansia,
de exaltado amor,
ausencia de odio,
plena de dolor.

El dolor perdura,
se grita el amor,
el odio se inflama.
El ansia. Tu y yo.

Respiramos ansia,
bebemos dolor,
digerimos odio,
olemos amor.

El amor nos traga,
espiral de ansia,
suspiramos odio,
sentimos dolor.

jueves, 12 de enero de 2012

Prosa urbana. Edimburgo uno de enero.

Imagina que el cielo gris empieza a descargar una lluvia horizontal sobre la ciudad, que un viento constante y frio azota las fachadas sin piedad, que los niños juegan sin mirar en unos columpios empujados por ese mismo viento, mientras una multitud de bolsas de rebajas bailan por una avenida atestada de gente apresurada, y algunas caen en charcos de agua negra acabando con la ilusión que llevan dentro.

Imagina que ese viento, en solo tres ráfagas, se lleva las nubes hasta el Mar y se descubre un cielo de miles de estrellas como diamantes esparcidos sobre una tela de terciopelo desgastado. Imagina que esa cúpula blanca, desteñida por un Sol ausente, crea reflejos metálicos en los trenes que como serpientes en zigzag huyen y se esconden a los pies de la colina, el Mound.

Que las farolas de la avenida se rebelan y se encienden antes de tiempo, y lucen de colores, convirtiendo la ciudad en un enorme árbol con bolas brillantes colgadas a tres metros de una acera húmeda que las multiplica y las refleja sobre los escaparates donde se miran las señoras ateridas de frio y hartas ya de Navidad, ya es 1 de enero. Ahora los niños sí miran, sin jugar, al tiempo que yo termino de leer el último poema de Auden.

El conductor del autobús me saluda con un “happy new year, sir”,
y me subo al piso de arriba para ir a la altura de las bolas de colores, mi bolsa llena de ilusiones no cayó al charco de agua y en mi ipod suena un Jack Johnson que me contagia con su melodía de surf y océano, "go on". 

Todo a la vez, todo lo bonito ocurre a la vez y se escurre entre las manos, y no lo puedes retener, solamente recordar. Y escribir también.

miércoles, 11 de enero de 2012

Lágrimas del cielo.





Veo a la rosa nívea que bebe
el llanto y la amargura de este cielo,
mientras se escapan lágrimas del velo
que guarda la tristeza eterna y breve.

En esa infinitud plena que mueve
nuestros tiempos de vida en el anhelo
de aspirar la frangancia de tu pelo
en un segundo mágico tan leve.

Me acompañan las lágrimas del llanto
del cielo que se junta con mi ojos
incluso puede verse a la tristeza.

Y aunque llegue la noche con su manto
los párpados hinchados siguen rojos
porque el sueño de verte nunca empieza.

martes, 10 de enero de 2012

POETAS Y ALGO MÁS



Poetas, urbanos, sentimientos, selectas


Club de poetas
llamados urbanos
ofrecen sentimientos
en entradas selectas.


Palabras selectas
escriben los poetas,
manifiestos urbanos
cargados de sentimientos.


Son sus sentimientos
entregas selectas,
humildes poetas
se declaran urbanos.


Tiempo de urbanos
sentimientos,
en jornadas selectas
se agolpan los poetas.


Singulares poetas urbanos,
sus sentimientos impregnan miradas selectas.


(KANET)





lunes, 9 de enero de 2012

ATRAS QUEDAN LAS BOLSAS DORADAS

Y ahí quedaron las bolsas doradas, las rojas con dibujos de estrellas, esparcidas por el suelo después de haber sido usadas para guardar esos regalos ya en manos de sus dueños.

Ahí quedan tiradas, después de muchas colas y minutos, decidiendo cuál sería la más apropiada y bonita, cada una según el destinatario, con muchos papeles de colores y restos de caramelos.

Atrás quedaron las muchas llamadas que aumentarán seguro este mes, la factura del móvil.

Atrás quedaron las uvas y el entrar con el pie derecho y con algo rojo, los ojos llorosos, la pelea por las cadenas de TV para ver quién tiene mayor audiencia si Telecinco o la 1.

Atrás queda el traje negro de lentejuelas que durante la cena, te diste cuenta que te quedaba algo mas apretadito; los apretujones en la puerta del Sol , ese vinito en la Plaza de Santa Ana, o esa cerveza en el Parque del Retiro o en el último bar de moda en Madrid.

Un año más de deseos, aunque con cada vez menos felicitaciones. Los Chixtmas de papel, duermen ya el sueño eterno, aunque siempre te llega alguno de Seguros u ONG, que colocas cuidadosamente encima de la chimenea. Los de internet, este año, han sido menos ya que el año pasado porque, como cambia todo cada día más rápido, ahora Facebook se ha llenado de buenos deseos y mucha salud y trabajo para el 2012.

Ah y eso sí, insistes otra vez y coges el ordenador y escribes de nuevo cuidadosamente la lista de objetivos de este nuevo año, gimnasio, clases de inglés, baile de salón, voluntariado, más clientes y entender más a todo el mundo.

Colocas los libros nuevos que te han regalado en la mesilla y piensas: un año más, el tiempo imparable sigue mandando en nuestra vida, lo único que no puedes parar con un grito, lo único que no te oye cuando le hablas, pero un año más!

Y canturreando, sales de nuevo a la calle, te calienta el recién estrenado sol del nuevo año y sientes que te quedan muchas cosas por aprender y desaprender,y andando a pasó lígero, doy gracias por la vida.


Elena Pérez-Solero
Enero 2012

domingo, 8 de enero de 2012

Cabalgar entre olivos

Mi caballo va entre olivos
barrancos agrietados y hundidos
cabalgo entre callejuelas de chopos apenados
  cruzo la vega plana, troceada como un pastel
de colores imaginados, imposibles de ver
 que se adivinan solamente
al trasluz de un Sol blanco
de nieve lejana.


El caballo trepa
por una avenida de ocho pinos
solitarios y extinguiéndose
detrás está el ejército de olivos
ordenados y vigilantes
que llevan siglos esperando
una orden, una señal.


Son soldados obedientes
que no dudarán en atacar
dirigidos por un general
un jornalero venido a más
peligroso por ser un traidor
de su casta y de su gente
peligroso por ser un traidor
de otro continente.


Rabiosos los olivos,
armados hasta los dientes
derramarán su sangre caliente
verde y oscura
que erosionará las laderas de arcilla,
y las aceitunas como balas volarán
caerán como valientes
acribillando iglesias y casonas.


Los caballos huirán relinchando
  yo ya me habré bajado del mío,
los capataces correrán gritando,
 y el mío estará ya en su cuadra,
 capataces temidos, ahora odiados.


Y llegará un tiempo de reparto
de ética
llegará un tiempo de poemas,
de relatos
con menos misas y galones.


Y bajará una luna poética.


(Notas desde Granada, 3 de Enero de 2012, alguien dijo que no escribiera del campo)

sábado, 7 de enero de 2012

Reflexión

                                                                                 
Escribimos mucho, hablamos demasiado?, pensamos a la velocidad del rayo, y nos llueve torrencialmente la información, sería bueno un poco de sequía y aire fresco de poniente, que la mente se calmara para mirar todo de otra forma, quizá nos sorprendería ver como es el mundo realmente, y no como nos parece que es.

Esta foto la tomé el pasado 9 de Diciembre, a las once menos cinco de la mañana, un momento de calma, una mirada diferente, preludio de lo que sería 2012. Os presento un lugar de reflexiones, de poética y relatos creados con serenidad. Es el carvanserai, nació ayer, en silencio. 
elcaravanserai.blogspot.com

jueves, 5 de enero de 2012

Cuento




Porque el cuento aún no se ha terminado,
yo seguiré de frente en las mareas,
yo buscaré la magia en las aldeas,
y el cuento acabará como he soñado.

Lucharemos aunque esté yo desarmado
venciendo de la vida sus tareas,
porque yo solo quiero que tú seas
esa estrella que se quede a mi lado.

A tu lado pondré fin a este cuento,
el más hermoso cuento lleno hadas
con pétalos de flores en el viento.

Te amaré en historias no acabadas
sin que acabe el amor que por ti siento,
entre sueños y lunas plateadas.

miércoles, 4 de enero de 2012

Andén Número Cuatro

En una estación de Berlín
Tras un largo amanecer
Suena una melodía sin fin
Que levanta un raro placer
Haciendo vibrar su violín
Toca solitaria una joven mujer.

No hay día en que esta mujer,
Ya una leyenda en Berlín,
Disponga de tanto placer
Que casi no tiene fin
A repartir al amanecer
Templando aquel viejo violín.

Andén número cuatro, al fin
Los trenes no distraen a la mujer
Ya es hora punta en Berlín
Leonard canta por placer
y ella le acompaña al violín,
Su sonido fluye por el amanecer.

Canción del amanecer
Suena un solo violín
Es un sueño de mujer
Que recorre Berlín
Y esculpe huellas de placer
Sobre una ciudad sin fin.

El Sol ya alcanza al cuerpo del violín
Y mata con su luz un largo amanecer
No en cualquier ciudad, solamente en Berlín
No hay billetes en el plato de la mujer
Transeúntes y viajantes, colas sin fin
Humaredas y bufidos, música por placer.

No es por dinero, es por puro placer   
Aunque en un principio tal no fuera el fin
La mañana se impone al amanecer
Y se intuye la derrota del violín
Primero a por Manhattan, dice la mujer,
Mañana a por Berlín.

Se levanta Berlín desvelando su placer
Rasgado el amanecer, le toca ya su fin
Al sonido de un violín que parte en tren con la mujer.


Sestina en honor a la poesía de Leonard Cohen,
redactada por José María Sánchez y Rafael S. Montojo
Granada, 4 de Enero de 2012

lunes, 2 de enero de 2012

El flujo se pierde.



Se amontonan los recuerdos
a las puertas de tu alma,
en la sombra de la luna
de aquella noche olvidada
por tu mente fantasiosa
y tu adolescencia anciana.
Aunque intento traspasar
con los versos a la calma,
chocan, mueren en tu olvido
y en tus luces apagadas
por aquel impuesto externo
que clavó en ti su lanza
y tu mundo perdió encanto
y callaron mis palabras.
Hoy el viento trajo esferas
con imágenes de agua
de la luna que observamos
derramar plena su magia.
Más allá de toda lógica
siento el todo hacerse nada
y tu todo sigue en todo,
y mi verso, se desangra...