sábado, 14 de enero de 2012

Estaba cansada de todo.  El mundo parecía girar para todos los entes vivientes salvo para ella. A aquello había que ponerle remedio y pronto. Se acabaron los escrúpulos que nunca tuvo y las connotaciones morales que siempre habían brillado por su ausencia. Ella pensaba que sabía cantar, que sabía escribir y que sabía actuar. Vamos, que una artista "de verdad" tenía poco que envidiarle. Y recordaba todos los casting de OT (pónganle ustedes los significados que consideren oportunos a semejante aberración) en los que le dedicaban buenas críticas y a las primeras de cambio, le enseñaban el camino directo a casa. O la puta de la editora que le dijo que le mandase la obra y que le daría una contestación, advirtiéndole que si recibía una crítica negativa, era sólo para que aprendiera. Ni negativa, ni positiva, aquel zorrón parecía habérsela tragado la tierra hasta que un día la vio participando en un blog en el que admiraba a la autora del mismo. Y después de leer su comentario, sabía que no era admiración. La muy zorra había publicado una novela de aquella chica y ahora , a través de aquel comentario patético y mal escrito, intentaba hacer una publicidad no menos patética y mal hecha. Ella sabía que aquel blog, con sus mil quinientos seguidores, eran mil quinientos ejemplares vendidos, por tanto, la edición era favorable, sólo con se vendiera el ejemplar a diez euros (que luego serían más) el libro ese movería quince mil, mínimo. Negó con la cabeza. Al final, después de todo, lo sabía bien. Funcionaba así. La autora del blog no era superior a ella y ella misma podía verlo. Pero movía a más gente, por supuesto, y por tanto, más dinero. La historia se repetía, una oportunidad que se le daba a otros, a ella se le negaba de nuevo.
Recordaba la lucha por el papel protagonista de Madame Collet en una representación de "Luces de bohemia". Y al final su rival se quedó con él. Aceptó su derrota hasta que diez días más tarde, supo que su rival le había hecho unos favores en condiciones al director de la obra. Su sangre estuvo hirviendo mucho tiempo...

Todo debía cambiar. Ser humilde, trabajadora y honesta en este mundo era sinónimo de pisoteo y aprovechamiento de la propia persona. Tenía que cambiar de mentalidad. Tenía que creerse que podía hacerlo. No podía ser tan difícil. Se miró en el espejo y estuvo delante de él una hora. Probó mil y una poses distintas hasta que encontró la que ella consideraba más favorable. Se veía bonita, único requisito para lo que se proponía hacer. Justo al día siguiente de proponerse su cambio, su asalto a una vida agradable y libre de agobios, tuvo su primera oportunidad de demostrarse a ella misma que podía hacerlo, que iba en serio. Un vecino se la encontró en el ascensor y la invitó a desayunar. El chico estuvo cortejándola con halagos y piropos de lo más ingeniosos, dando a entender algo que, por la razón que fuese, no se atrevía a decir, pero de cualquier modo, resultaba bastante obvio. La guinda del pastel la puso una invitación a cenar el sábado por la noche. Estaba claro. Se conocían desde hacía tiempo, pero cuando se habían cruzado él había agachado la cabeza y dicho un tímido buenos días. Y ahora, después de comparar sus ojos con un desierto de esmeraldas y sus cabellos como una noche de luna llena, la invitaba a cenar a un restaurante de prestigio, posiblemente el más caro de la ciudad. Estaba dispuesto a gastarse las tres cuartas partes de lo que le pagaban en el hipermercado que trabajaba en cenar con ella... Pero no, ya había decidido que aspiraba a mucho más. Ella se merecía mucho más. Y cuanto más se miraba en el espejo, más se convencía de ello.

Comenzó a frecuentar en soledad las zonas de más glamour. Las discotecas donde la droga no era adulterada y se servía en bandeja de oro. Su belleza natural hacía que los porteros le hicieran reverencias y la escoltaran hasta el interior del rectángulo de música machacona. Recordaba que, en los botellones tristes con los amigos del barrio, a sus veintiuno, los policías que debían impedir la borrachera, al verla, se unían a la fiesta. Ahora era más o menos igual. La primera noche sintió varios pares de ojos fijos en ella. Su entrenamiento para conservar la altanería dio resultado. Permaneció impasible con la copa de no sabía qué mierda la había invitado el camarero de la barra, con un guiño de ojos incluido. Repitió la noche siguiente. Era sábado. Los mismos espectros, de ojos rojos y olor a humo y alcohol. Una mano llena de anillos de oro blanco a simple vista la invitó a bailar. A un gesto de su mano, la música cambió del "pum, pum, pum" a baladas para bailar abrazados. Después de dos canciones, se sentaron. Era guapo y sus ojos rojos le daban un aire siniestro que empezaba a resultarle atractivo. El tipo tenía una botella entera del mejor whisky que tenían allí. Y empezaron a dar cuenta de ella. Sacó una bolsita con un polvo blanco y dispersó algo de él sobre la mesa. Los dos respiraron ese polvo y a ella, la embriagó un dolor fuerte de cabeza. El tipo parecía ponerse a tono con el ambiente. Volvió a tenderle la mano llena de anillos y ella la tomó sin ser muy consciente de lo que hacía. Cuando empezó a recobrar su plena conciencia estaba encerrada en una habitación de hotel que ni siquiera sus sueños más optimistas se habían permitido el lujo de soñar y sentía un aliento de olor alcohólico en su cuello dirigiéndose hacia su escote. Había llegado el momento. Era ahora o nunca y debía hacerlo. Si conseguía atrapar a este estúpido, su vida no volvería a conocer las penurias y sus deseos serían todos satisfechos. Buscó sus labios, los besó con una fingida pasión que parecía real. Y acabó por entrelazar su cuerpo al de él. No debía de ser tan distinto a cuando lo había hecho con los dos novios que había tenido.

Amaneció en sus brazos. Él ya estaba despierto. Y la miraba con ojos que cualquiera diría estaban llenos de pasión. Lucían menos rojos y eran más hermosos con su color miel natural.
—Pídeme lo que quieras.
Eso no se lo esperaba. Era la primera vez en su vida que sus planes parecían funcionar. Un poco más. Si conseguía amarrarlo, adiós a los madrugones para ganar 900 euros miserables y encima tengas que agradecer tener el trabajo explotador para ganarlos. Pagar el alquiler y su sueldo reducido a la mitad. Las gasolineras pulsando el botón de subida de combustible cada vez que algún político y parásito hablaba, para al final, ver que vivía al día, ver que si surgía algún improvisto, no podría hacerle frente. Al lado de aquel tipo, que por el motivo que fuese, había sido agraciado con una vida llena de comodidades, podría ser partícipe de ellas también. Había empezado y no iba a detenerse. Ahora podría ir a ver al zorrón de la editora y decirle que ya no la necesitaba, quién sabe si no podría montar su propia compañía de teatro y quitar de en medio al tipo aquel que la había privado del papel de Madame Collet porque su rival había aprovechado sus encantos femeninos y la debilidad de los hombres. Y... bueno OT no hacía falta hacer nada contra ellos, era tan patético que caería por su propio peso.
Llévame a almorzar al sitio que quieras —dijo al cabo de unos instantes.

Cuando salieron del hotel, y se dirigieron al estacionamiento privado, vio el vehículo que siempre había soñado. No se podía creer que la noche anterior hubiese venido en él y no hubiese sido plenamente consciente. Sí, definitivamente, este tipo era el final de sus problemas. No podía permitirse un sólo error. Tenía que ser para ella. El motor emitió un rugido potente y el coche salió con una suavidad pasmosa. Cuando entró en la autovía, sus sentidos se embriagaron ante la aceleración poderosa del coche. Cuántas veces había soñado con sentir esa sensación en ese mismo vehículo...

De repente, como si el sueño más placentero y hermoso quisiera gastarle una broma de mal gusto, se transformó en pesadilla. Vio como el coche seguía acelerando y la aguja del velocímetro marcaba 220. Las sirenas de los agentes de tráfico sonaban y por megafonía le ordenaban que parase. Por supuesto, se comportaba opuestamente a las órdenes. Los agentes dieron aviso de la situación y se tomaron las medidas. Diez kilómetros más adelante vieron como habían montado una barricada con el único propósito de detenerlos. Pisó el acelerador a fondo y el vehículo volvió a acelerar.
–Por Dios, ¿Qué haces? Para el puto coche de una vez. ¡Nos vamos a matar!
–Cállate zorra. Los maderos no me pillarán.
Veía el impacto inminente. ¿Qué hacer? Se acordó de su vecino. Si hubiese ido a cenar con él no estaría ahora aquí. No sabía por qué demonios pensaba eso ahora, cuando su vida estaba a punto de acabar. Estaban a escasos 700 metros. Pulsó el botón para librar el anclaje del cinturón de seguridad. Abrió la puerta y se dejó caer. Notó el asfalto quemado como los besos del infierno y se oyó una explosión de varios quilates de calidad. Lo que antes había sido el coche de sus sueños era ahora una hoguera de san Juan. Era imposible que el hombre que iba a sacarla de su vida mediocre y llena de injusticas hubiera sobrevivido. Notó una sombra sobre su cuerpo tendido en el asfalto sintiendo quemaduras de varios grados.
–Así que eres la puta del narcotraficante, pues tu macho la ha palmado, pero creo que tú pasarás una buena temporada en la cárcel.

No podía creer lo que estaba escuchando. Pero lo cierto era que mientras los agentes comprobaban que podía levantarse, les estaban esposando las manos.

6 comentarios:

  1. Juanjo, me has dejado de piedra, bueno no es exactamente esa la definición, ya ves que no atino con las palabras adecuadas.
    Caray! que pedazo de relato.

    Ala! no se pedían relatos, pues toma relatos.

    Bueno no sé que más decirte porque la verdad que se nota quien sabe, los míos son caca pura jajaja mejor me los guarde o que al menos no estén a la vera de los tuyos jaja

    Ya me doy cuenta que tuviste un día muy creativo, las musas han vuelto ee Juanjo, con el sosiego han vuelto a ti y yo encantada de ello.
    Ten un hermoso día mi querido poeta sureño, besitos azules muasssssssss

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  2. Kanet, creo que por vez primera desde que te conozco, discrepamos en algo ^_^. Todo el mundo tiene algo que contar y con las prisas del presente, importa poco cómo estén escritos y mucho el mensaje que ofrezcan. Recuerdo una novela partida en cuatro volúmenes, que abusaba del diálogo mucho y al menos la traducción que leí, no era muy rica en matices... sin embargo, la historia enganchaba y no podías dejar la novela. Por si te interesa es "Las crónicas de Belgarath" de David Eddings.

    Resumidamente, en esta vida, si eres honrado, van a por ti. Si eres mangante, van a por ti, si eres juez, van a por ti... Esto no pinta nada bien y como el número de personas que no tiene nada qué perder siga aumentando, el ejecutivo y toda la panda que sale en las fotos a su lado, van a "recortar" la tierra para esconderse, por su propio bien. Este relato es una parodia del despropósito que gobierna el presente.

    Siento la tardanza en la respuesta, y ahora me pondré al día con mis compañeros. Gracias por tus palabras y tu tiempo. Un besito grande y que tengas un día maravilloso.

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  3. Juanjo, increíble cuando vi tu firma al pie del largo relato !!! tensión, suspense e una increíble y bien definida protagonista! Sabes que soy la escritos novata pero me encantan los relatos. Y este me ha gustado !!!

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    1. Gracias Kika. Si es que no deja de ser un reflejo de la realidad. Este presente es tensión y suspense por ver con qué nos sorprenderán mañana los señores estos que parecen saberlo todo. Y sobre todo, que como seas un desgraciado, y encima bipolar ^_^, hagas lo que hagas, te acaba saliendo mal.

      Un besito Kika y gracias por el tiempo que has dedicado en leer esto.

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  4. Por fin leí tu relato entero. Me ha gustado mucho. Un final moralizante. Supongo que te habrás dado cuenta, pero me extraña. Muy buenas las descripciones del coche, velocidad y sensaciones.
    Cuanto me alegro que vuelvas a tener tiempo para el blog y el club.
    Besos.

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  5. He intentando tener en cuenta todo. Describir los elementos clave del relato y mantener la tensión antes de que el coche se convierta en un elemento que ni en las fallas valencianas se ve. Un final que toca la moralidad, pero que esconde la situación de a la que se ve sometido el que va de honrado por la vida. Por tanto, el que nace estrellado, va a estrellarse haga lo que haga. Y nuestra protagonista se pegó un batacazo bueno cuando nació. Es ley de vida.

    Yo también me alegro de poder continuar con la labor Elena. Estos dos meses de atrás, entre tanta turbulencia, tenía la sensación de que algo faltaba. Y menos mal que he podido recuperarlo.

    Un besito y un fin de semana perfecto.

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