sábado, 28 de enero de 2012

La relación que no tuvimos

Estoy convencido de que nunca volverá a repetirse una situación similar.


Esas piernas suavemente torneadas por la práctica del tenis, esas caderas basculantes, esa blusa entreabierta que deja adivinar un escote interesante. Todo en ella me resultaba familar, pero no sabía ni dónde, ni cómo, ni cuándo. Y sobretodo, esa sonrisa burlona que intentaba disimular, como pretendiendo no haber visto nada de lo sucedido. Tenía que ser ella, no cabía duda, conservaba aquella inconfundible melena de rizos color cobrizo que yo no había olvidado.


Y allí estaba yo, en esa ridícula situación, tirado en mitad de la calle y rodeado de un circulo de desconocidos sin prisa y con cara de asombro. Acababa de caerme del autobús, cuando intentaba subirme y el desgraciado del conductor arrancó antes de cerrar la puerta.


Esta situación tan caótica no me impedía concentrar mi mirada en el otro lado de la carretera, donde, ahora, aquella mujer de sonrisa burlona, miraba su reloj de forma insistente. Empezaba a impacientarse. Miraba a uno y otro lado de la calle. Buscaba algo en el interior de su bolso con gran cuidado, como quien teme romper aquel preciado frasquito de perfume en forma de corazón heredado de la abuela.


Habían pasado muchos años desde la última vez que no lo hicimos, y sin embargo no pasaba un solo día de mi vida sin dedicar unos pensamientos a su ausencia, a la relación que no tuvimos, a los juegos que no disfrutamos, a los viajes que no hicimos, a la música que no escuchamos, a los hijos que no tuvimos.


Por fin, a lo lejos se escuchó el sonido de la sirena y las caras de los desconocidos empezaron a relajarse. Llegaba la ambulancia. Pero yo deseaba que ella se acercara y me reconociera, aunque solo fuera por curiosidad. Me tomaron la tensión, me colocaron sobre la camilla y me introdujeron en el coche. Yo quería gritar, pedir que me dejaran allí, que no cerraran el portón, Pero no. En ese momento una mujer robusta, de ojor negros y gestos bruscos subió a la ambulancia, cerró la puerta y encendió la luz.

3 comentarios:

  1. Elena, que interesante y que bien escrito. Podría ser el comienzo de otro relato encadenado. ¿Vas a hacernos mas entregas?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. Pues lo utilizaremos para otro encadenado.
      Es el resultado de un ejercicio de la clase de Sasi.
      Hasta mañana a la tarde.

      Eliminar
  2. Lo que siempre te he dicho, que tú vales mucho chica. Es cuestión de que te pongas más, que te sueltes, que rellenes esa libreta que me enseñaste el otro día y que te tengas que comprar otra rápidamente, que necesites otro lápiz en una semana, que no desbordes en el blog con tus relatos.

    Se ve que has trabajado este relato, que más te puedo decir? dime que quieres que te diga, Elena, que yo te lo cuento sin problema, dime que más deseas que yo tengo flema (que estoy casado con una inglesa).

    ResponderEliminar