jueves, 19 de enero de 2012

Una casa en la isla


                                                     
Hace tres veranos me enamoré

de una islita de Portugal

rodeada de océano 

con olor a roca y sal.


De una casita blanca
y con ventanas verdes

en Travessa do Pôr do Sol

donde el viento corre sin cesar

detrás de los amaneceres

cuando se sube hasta la cama

el reflejo azul del Mar

donde yo te quiero amar

y tú qué más quieres



Los acantilados negros y ocres

le devuelven sus colores

a un Sol ya cansado

que a América se va

a dar los buenos dias 

mientras dos pescadores jubilados

dejan su vida dibujada

en las dunas de la bahía.



Ay, Bahía de Baleal

que más daría yo 

que no daría!

por oír ahora mismo

todo aquel ruido

el claqueteo de chanclas

el lijado de anclas

el levante con su silvido

los gritos del mercado

bufido de viejos barcos

bufido de enamorado.

5 comentarios:

  1. Me doy cuenta que cada rincón por ti visitado te ha despertado unos enormes sentimientos.
    Has empatizado con todos y cada uno de los elementos que te han rozado, físicamente o no y te ha empujado a compartirlo.
    Me encantan esos relatos descriptivos.

    Besitos azules presi, ten una plácida noche, que descanses, muasssssssssss

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    1. Kanet, es que la vida es tan breve que hay que beber cada sorbo que te ofrece con intensidad y saboreándolo, de que sirve viajar si no es para empaparte de la humedad de cada lugar y adivinar que sueñan las personas tan extrañas que son los demás.

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  2. Muy bonito, José Maria. Leerlo ya son unas pequeñas vacaciones.

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  3. Para que luego digan que los amores de verano se olvidan en otoño, se congelan en invierno y germinan en la primavera para volver a florecer en el verano siguiente.

    En pleno invierno resaltas ese amor veraniego de un lugar y de un espacio. Lo imagino rural, alejado de la urbanidad ruidosa y técnica, llena de recuerdos de pescadores, de panaderos y hasta repartidores que circulan con sus bicicletas... Llena de lo que es complicado de ver a día de hoy. Precioso en sí mismo y un deleite su lectura.

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    1. Gracias Jose Luis y Juanjo por vuestra sensibilidad hacia lo bello, saco en mis escritos lo que traigo de mis viajes escondido en mi corazón. Y en mi libreta roja.

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