miércoles, 29 de febrero de 2012

La escalera de la muerte

Los turistas subíamos con cuidado, uno detrás de otro. Iba a pisar el primer
peldaño de los 344 que tiene la escalera
de caracol que lleva al Torreón del Faro de Chipiona, cuando un cuerpo dando trompicones y hecho un fardo, cayó a mis pies.
No pude gritar. Mi voz
se ahogó en la garganta. Juan, mi
marido, con los ojos abiertos, yacía hecho un ovillo en el suelo. La sangre
roja, muy roja, empezó a salir lentamente por su pelo enmarañado mezclándose
con el tinte negro que esa misma mañana se había puesto para ocultar esas canas
blancas, que con sus 67 años, ya le cubrían casi todo el cabello. Sus
pantalones de pana marrón se habían enganchado en algún saliente o clavo y
estaban rajados por las piernas que se habían quedado apoyadas una encima de la
otra como si estuviera en el mejor de sus sueños. De su abrigo abierto, y como si fuera un espantapájaros mal hecho,
sobresalían los dos brazos doblados para el lado contrario a las piernas como
un dibujo grotesco.
Su mente se bloqueó. Allí estaba ella, al pie de la escalera,
con doce años, sus trenzas negras cayéndole por la espalda, y su perro
pastor Thor agitando la cola a su lado. Sujetaba una cesta de paja para la playa en una mano y en la otra su libro de Jane Eyre. Era un día soleado de
agosto, las doce y cuarto de la mañana, cuando su madre, débil y con una degeneración muscular desde
que ella recordaba, se cayó por las escaleras de su casa de verano en La
Coruña, también de caracol, muriendo instantáneamente.
-
No, dos veces no por
favor, gritó inundando el Faro con un sonido desgarrador de animal herido.
Y cayó arrodillada a los
pies de Juan. La historia se repetía.

Kika Pérez-Solero
feb.2012

lunes, 27 de febrero de 2012

Primer Pre-sentimiento


Sentimos que vamos a salir de un momento a otro, y que ese será nuestro gran primer momento, mientras tanto pre-existimos. Se trata de nuestro primer pre-sentimiento, y demoramos salir porque intuimos que se está mejor ahí dentro, que ahí fuera hay demasiada luz, se oyen gritos y gemidos, hay prisa ahí fuera y nos hemos acostumbrados al mundo interior de las sombras, y el adn nos dice que una vez fuera ya no hay vuelta atrás.
Después nos rodearán otras sombras, que nos seguirán sin descanso, y nos acostumbramos tanto que las buscamos aunque no las vemos, entonces en ese mundo todo será maldad y padresnuestros, discursos sin final, públicos homogéneos y mucha ética existencial, se acabará la lentitud y todo se cubrirá de una brisa invisible. Por eso y más no queremos salir a la luz. Tiran de nosotros pero nos agarramos a la cálida obscuridad de dentro, ya pre-sentimos nuestro final en una ciudad abierta y multicultural, inútil sutilidad, y nos repetirán para convencernos que la Ciencia es complementaria de la Espiritualidad.
El Sol entra por grandes ventanales ahí fuera, sí, pero quién quiso nacer.

miércoles, 22 de febrero de 2012

El Invierno del Miedo


Hoy la ciudad se levantó a cámara lenta, no terminaba de amanecer, pero yo desayuné como si nada, haciéndome el tonto, salí con mi maletín negro en dirección a mi oficina, apenas había ruido de tráfico y lo que vi al llegar a la avenida fue realmente sobrecogedor.

Vi miedos por todos lados, lanzados como dados. Traté de ir lento para estar atento, sin huir pero viéndolas venir, bordeando las sombras, evitando las esquinas, temeroso del sol, esquivando transeúntes y mendigos, que digo!, evitándome a mí en los escaparates, que disparate de día.

Estamos muertos de miedo, acojonados, a mi vecino del tercero lo encontraron ayer literalmente fiambre de un miedo que le dio al ver el telediario, con este nuevo gobierno metiendo miedo y palos no me extraña, un amigo me ha confesado que por las noches le da tal tiritera que se esconde entre las sábanas a leer historias prohibidas, de miedo, y se le va tanto la olla que acaba creyendo que va en un camarote viajando por las estrellas. Pero los conozco peores, el dentista de mi hija me reveló que cuando cierra la consulta al final de la tarde no se atreve a apagar las luces porque la última vez que lo hizo los sillones de la consulta se lanzaron tras de él gritando “¡nos debes al banco, no eres dueño de nada, espérate cobarde!”.

Pero quién puede esquivar las sombras, con este sol de febrero siempre huyendo por el sur, que las crea alargadas y siniestras, imponiendo este régimen de temor. Es el Invierno del Miedo, porque estas sombras que no se tocan pero que sí se ven, solo se difuminan ya al atardecer.

Yo mismo crucé la calle esta mañana cauteloso, rodeado de peatones muertos de miedo, ateridos por la recesión, asustados de nadie sabe qué, de un cierre, de un despido, de un policía agresivo a sueldo del PP. Es un miedo que no se difumina, no como el dinero que se esfuma como el humo del puro que se fuma el banquero guardián que se sabe del nuevo clero. Nevadas históricas y bolsas histéricas, falsos apretones de manos, heladas de complicidad. Invierno de palabras cortas, se acabó la solidaridad, se lleva más Merkel ó DSK. 

Llego al Café sin respiración, y escucho risotadas de especulación, ejecutivos de escuelas de negocios privados lanzando amenazas bajo control, oigo remotos aullidos de horror y el nuevo ministro del miedo en el televisor levantando un dedo con anillo de oro, como una Papa con capa, como un pirata con loro, y todo.

Es mi último café, solo me queda un euro, después yo mismo me cerraré, no sé, saldré corriendo hacia el mar, porque nos han enseñado a continuar, a no parar, por si viene la policía detrás, a circular y a disolverse, a no escribir para que no verse, vaya a ser que salgan poemas y a la gente se la acabe la pena, no sea que con estos relatos acabemos con tanto salvaje en un rato, no vayamos a rimar y a los cagados les dé por pensar.

Yo por si acaso sigo escribiendo, escribo sin parar, con dinero ya prestado me he comprado otra libreta roja, pa que el invierno no me coja.

Diario PERSONAL de abordo.

En algunas ocasiones, cuando mi turno termina y regreso al camarote a descansar, me gusta sentarme en la cama, a oscuras, a leer con una pequeña luz. Aunque la postura es incómoda, leo durante un rato, tiempo durante el cual me siento como cuando, de pequeño, leía a escondidas bajo la sábana de mi cama, libros prohibídos.

Pero la edad me agota y tengo que dejar de leer. Apago mi luz, me estiro en la cama y cierro los ojos para relajarlos. Luego, miro por la ventana. Tengo suerte de tener una vista al exterior. La mayor parte de mis compañeros no la tienen, por lo que no pueden ver las estrellas como yo.

Las estrellas. Siempre las estrellas. Están preciosas. Tan claras y grandes que se pueden tocar con solo sacar la mano. Aunque no siempre pueda verla, me gusta imaginar que orión esta ahí mismo, esperandome con su caballo de colores y su tétrico cinturón faraónico. Es curioso como ya entonces, el hombre buscaba en las estrellas la compañía que no lograba encontrar en la tierra. Siempre el frío sentimiento de soledad, incluso estando rodeado de otras personas. Sin embargo, a pesar de la historia, yo me sigo encontrando serenamente solo.

James T. Kirk.
Capitán de la nave estelar Enterprise.

lunes, 20 de febrero de 2012

Delirio poético X

Y qué es el amor sino una lucha,
la locura de dos cuerpos, dos almas,
tempestad del corazón que no calma
que en uno truena pero no se escucha.

Es el amor una libertad presa
a veces del silencio, otras no tanto,
pero sí a su belleza, su encanto
dulce que arde en el pecho y no cesa.

Es el canto de un corazón eufórico
que, sin ella, perece en su ausencia
y renace con su sola presencia
feliz, vivo, de esperanza pletórico.

El amor no escrito es una poesía
libre que viene y va sin razón
por la noche en busca de un corazón,
cálido, a escuchar su melodía.

Vino en este poema, ahora huye,
corre fugaz pero en mí dejó huella
y, tal vez, escribí esto por ella
porque, tal vez, amarla me destruye.

¿Será el amor la dulce
lucha de dos corazones
que se desean en silencio?


Por: Jorge Villalobos Portalés.

viernes, 17 de febrero de 2012

Pequeña historia Kafkiana

       - Pasa contigo, rubia, ¿Qué has pillao?
- ¡Teñote dito mais de mil veces que non me chames  rubia!
- Jobar, que carácter gasta la gachí…, pero bueno, al asunto, 
¿Has pillao algo?
- Non encontrei nada, carallo, a cociña estaba máis limpa que unha patena.
- Pero chorba, cago’n tu jeta, que inútil eres, ¿Es que no has podío buscar mejor?.
- Tu te crees moi lista porque eres grande e negra, mais ¿Qué encontraste tú?
- Ayer mismito m’apañé siete granos d’azúcar, ¿O es que no te acuerdas, chavala?
- Si claro, porque eu te dixe que ao menino se le cayó eu chupete.
- Nos ha molao, lista, pero fui yo la que di el morro, que tu no eres más que una cagueta, no sé pa que te valen esas peazo superantenas que tiés.
- ¡No eres mais que una envidiosiña! Mellor que te cuidaxes mais, que véxote eu color moi mate.
- ¡Que no me montes el gorro, cheli!, ¡No te fasti! Eso es porque estoy mudando, rubia, y no me toques más la moral porque te doy una recutipleja con el ala, que te van a salir los piojos con muletas. ¡Por éstas!
- Bueno, bueno, rapaciña, no te me sulfures que non é para tanto.
- Ahí te quedas tronca, yo me abro a ver si afano algo pa jamar, que tengo una gazuza que pa qué.
- Adeus, abusona, ¡Reina das cucarachas!
       - ¡Tus muertos!     
               

jueves, 16 de febrero de 2012

La contraseña


Hace veinte años que me dieron la contraseña de tu caja fuerte
A una plaza escondida
Yo iba a mirarte
Y por la noche lloraba
De no poder tenerte
En la calle del Buen Suceso
Por fin pude tocarte
Siempre quise que me ocurriera, cada noche lo soñaba
Cada noche el mismo sueño, tanta buena suerte.
A las siete de la mañana te sigo llevando un té
Te gusta muy ligero, y con un besito después
Ya no tenemos 30 años, ni cuarenta,
Pero me sigues oliendo a menta
Yo ya tengo arrugas, de felicidad
Y tú, ojos azules de verdad.
Tantas playas andadas
Cuantos vuelos y ciudades
Esos ríos a contracorriente!
Tantas montañas subidas
Y ahora qué?
Ahora navegamos de poniente,
Y en la bodega… tu caja fuerte.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Oda a las noches de plata

Cada beso que arrebato
a tu dulce boca con la mía,
es,
si acaso,
(la luna así lo quiso)
un tesoro
del que me valgo
para decir lo que escribo.


El cuerpo quiso cuerpo,
de tus labios a mis labios,
de tu carne a mi carne,
de donde se juntan dos ríos
o donde la motaña se besa
con la oscuridad de la noche 
incrustada de estrellas,
y se unen, 
como tu corazón y el mío.


Eres vida en el viento
libre,
la luz que oscurece
para renacer
en un nuevo horizonte
de mil mundos,
sueños,
esperanzas en luceros de plata
sobre tu piel,
cielo estrellado.


Tal vez oscuro
y sin más iluminación
que lágrimas de cristal
felices
porque tú,
porque yo,
somo felices
y así lo dicta la luna
corriendo
por la extensión de mi amor,
por la cúpula de la noche.


 Huye de todo, conmigo,
 y seremos 
todo lo que dejamos atrás,
y seremos
lo que nunca fuimos,
amor,
volemos en los besos
que la luna no pudo dar al sol
y cuando el alba salga 
puedan encontrarse 
los labios que naufragaron 
por la oscuridad de la noche;
y una vez más, fundirse, 
más allá del fuego,
más allá
 de los límites inalcanzables
para volver a ser
 lo que ya una vez fueron.


Por: Jorge Villalobos Portalés

martes, 14 de febrero de 2012

Para mi niña

Cuando abro el ordenador
me está mirando la imagen
de la niña, ya encerrada
en la mujercita en flor,
abrazada a una muñeca.
Recuerda a la Monalisa,
solo que en ella el candor
y la alegría del alma
infiltra al espectador
de una inquietud y esperanza
de encontrar el mismo ardor
en la vida y sus batallas
de vencerlas con amor
y agasajarlas
convertirlas en pasión
y disfrutarlas,
curiosidad insatisfecha
que nos aboca a seguir,
discurrir en el empeño
del saber y no sentir
y acomodarse en un sueño
y despertar y volver
a disfrutar de la vida
y lo que puede ofrecer

domingo, 12 de febrero de 2012

Fifi. Incidente en Puerto Banús

                                                        
Hoy me han llamado guarra. Así, tal y como suena, además me lo ha llamado en el peor sitio que pueda una imaginar, en el opening event de la nueva boutique CoolD&G, de mi querida Dolce & Gavanna, en el Puerto.

Me levanté temprano, sobre las 11, y la urbanización estaba todavía dormida, el sol se reflejaba ya oblicuamente sobre las fachadas blancas cargadas de buganvillas, y las tejas cambiaban lentamente del color cobrizo del amanecer a un naranja intenso (esto lo ha metido mi relatista, yo odio la poesía).

Mientras me hacía el café en la cocina observé por la ventana como mi jardinero preferido, Pedro, me lavaba a Franky (mi descapotable verde, lo llamo así porque me lo compró Francesco después de una noche loca en un Beach Club). No me pude resistir, chica, que quieres que te diga. El jardinero está muy bien alimentado, es tan joven y moreno, de Ojén, de campo vamos. Salí en mi bata de seda fucsia trasparente a darle las gracias, y después de un saludo banal me siguió a la señal de un chasquido y entró conmigo a tomarse un cafetito, intenso, cremosso, ahh mi caro y fiel Pedro. Mimí nos observaba indiferente sin moverse del sofá. Ya está acostumbrada. 

Con mis hormonas revueltas, Franky arrancó al primer giro de llave, rumoroso, suave, con mi mano derecha cogí con fuerza la palanca de cambios (Dio mio como me gusta la palanca de cambios a primera hora de la mañana) y bajé la cuesta de la mezquita con la capota ya bajada, mi melena salvaje al viento, mis gafas de LV edición especial “Boi de Boulogne” del año 75 me cubrían media cara (indispensable accesorio para mantener la intimidad cuando una es tan conocida), llegué a Massimo, mi amado Massimo, a desayunar como una gran dama debe, vero café italiano con delicadíssimos croissants piccolinos, jugo de naranja exprimitta a mano por el mismísimo Massimo, ohhh como exprime este napolitano, que mano de osso, lo adoro. Me lo trae todo él en persona, en una bandeja de diseño que guarda solo para la gran Fifi.  Sentada en la terraza veo como me sonríe Franky, con su cara limpia y cromada, y ese radiante color verde inglés.

Después, una visita espress a la peluquería Lounge de la Coiffure, en los jardines del hotel Puente Romano, mi preferida, donde me cuelo descaradamente, me lavan y peinan, para envidia de esas gatas celosas que me miran con rabia contenida, ¡ya estaba lista para el opening de D&G !. El guarda del puerto levantó la barrera nada más ver a Franky girando por la rotonda de entrada, me distingue en la distancia, me teme, ya hace unos años le clavé las uñas en su asquerosa cara de mono porque se negó a dejarme aparcar en pleno verano delante de Sinatra’s, a mí!. Ese orangután ya no se olvida de la Fifi fácilmente.

Cuando llegué a la puerta de la nueva boutique allí estaba de pié, como un caballero que es, mi abogado Alvarito (lo llamo así porque tiene sólo 50 añitos) el mejor abogado de esta ciudad de abogados, jefe de Trinque y Blanqueo Asociados S.A., Alvarito me resuelve todo, me desatasca todo. Él entra por todos los despachos oficiales del Ayuntamiento como si fuera por su casa. Es un chico adorable, amoroso, un pijo espagnolo con rizos en la nuca y chaquetita verde acolchada de Ganadería Brava. Tiene esposa pía e sumisa, siete niños rubíssimos en el colegio del Opus Dei, y ahí lo tienen: fiel y tendiendo el brazo a la gran Fifi para hacer una entrada triunfal en lo must de Puerto Banús.

El opening iba fenomenal, mucha pose auténticamente marbellí, mucho maquillaje Shisheido y sonrisas super forzadas, copas de champagne francés, y muchas miradas de gatas en celo. Todo divino de la muerte hasta que vi al dueño de la tienda ofreciéndole a la Gran Duquesa Amareta Von Decrepitt un chaquetón de piel de tigresa traído desde Milano para este event, una tontería de 2.600 euros. Tiré del brazo de mi Álvaro, le indiqué con mis ojos el mostrador y me juré “ese chaquetón es para la Fifi”. 


-Vaya, mira quién está aquí- interrumpí sin permiso la conversación-, pero si todavía le queda dinero para ropa a la nobleza centroeuropea.

-Bueno, bueno cómo iba a faltag a la fiesta la señoga Filomenna, y al brazo de un señogito nuevo! –dijo con sorna hiriente la vieja bruja- ¿pego, que te trae pog aquí, quegida?.

-Tú qué crees mona del Neandertal?, huy perdón, de Netherlands – le devolví el navajazo sutilmente, como es mi estilo-. Pues vengo a por el chaquetón que estás ensuciando, porque lo tenía reservado para mí, Giancarlo el diseñador de la centrale en Via Garibaldi, fíjate que casualidad, e amiguíssimo de tutta la vita y lo dibujó para mi cuerpo divino.

-Pues mira por donde que me pagece que te quedas sin chaquetón este inviegno guapa, le acabo de dar mi tarjeta Gold Miracles, de la Unión de Desfalcos Suizos a la dependienta. Cómo lo siento chica!, huy, huy!.

En ese momento me subió desde el coxis un grito electrizante -¡Alvaro! , ¡ese chaquetón lo quiero ya!, ¡pero deja de mirarme así y agarra el chaquetón!- , al oir el grito Mimí se puso en tensión y empezó gruñir fieramente enseñando sus colmillos al ridículo schnauzer enano de La Decrepitt. El murmullo creciente de la tienda se paró en seco, se hizo un silencio total y el público se giró hacia nosotros. Dio comienzo el espectáculo.
-Guarra!, que eges una guarra!, que eres la gran madama de los nuevos gicos Magbella! 
-Álvaro!! ¡que me da algo!, ¡dile a la suegra de Matusalem que el chaquetón es mio!!- grité, ya fuera de control, mientras le agarré el moño postizo a la bisnieta bastarda del gran Duque Guillermo de Netherlands y Ducados Flamencos del Báltico.

En ese momento Mimí se abalanzó sobre el pobre perrito de la nobleza hincándole los dientes, el público se arremolinó a nuestro alrededor, el dueño de la boutique se puso pálido como una momia y la dependienta dio un gritito y se escondió detrás de la caja registradora. Y ya no puedo contar más porque perdí los estribos, veía los maravillosos bolsos de D&G dando vueltas por el aire, las carteras de piel de gato de Kazajistán volando y los zapatos de tacón tournee con anilla de oro pálido de Sebastopol girando a mi alrededor y finalmente perdí el sentido, es decir me desmayé con un grito ahogado, y con el chaquetón bien agarrado. 

Quién dijo que Marbella en invierno es aburrida? Y con el tiempo que está haciendo el chaquetón no va a salir del armario, pero Álvaro ni lo dudó un momento, se juega mucho, lo tengo bien amarrado, son ya muchas visitas a Trinque y Blanqueo Asociados S.A.














viernes, 10 de febrero de 2012

Maniquies desnudos

Solo son las once y media. Es de noche. La calle está desierta.
Hace tanto frío que siento una lágrima helada deslizarse por el surco lateral de mi nariz.
El ruido intermitente de ruedas de algún coche despistado interrumpe el silencio de la noche.
Me encanta observar lo que pasa cuando no pasa nada.
Hace viento. Un viento ligero que hace remover las hojas semidormidas de las palmeras, con un sonido silbante y afilado.
Al otro lado de la calle, las luces chirriantes de Mercadona distorsionan la belleza de la noche.
En este lado, unos escaparates vacíos y deshabitados presentan un aspecto desolador.
Bustos desnudos de maniquíes junto a unos carteles absurdos que anuncian el descuento de un 60% de nada.
En el interior, estantes y anaqueles desiertos recuerdan las coloridas corbatas de seda que un día no muy lejano ocuparon. Mostradores de cristal descansan sobre cómodas de haya repletas de pequeños cajones entreabiertos que dejan asomar algún que otro papel de celofán,
Al fondo, barras de madera vacías de donde colgaban trajes de Escada, Apriori y Laurel.
Ni una sola percha vacía les espera.

Una Noche Perfecta


                                                        
Una noche perfecta

Cubierta de diamantes

Locos de pasión,

Como antes.

Murmuran los pinos

Se enfría la arena

Tú eres fiel

Y yo,

Yo te regalo besos

Invisibles de miel.

Un murmullo de fuego

Un silencio de amor

Y al fin, un gemido de fusión

Oleaje dulce

Desnudo limón.

Tú me arrastras hasta tu mar
Y yo te sigo
Por una espuma de orilla
Con la duna de testigo,
Me adentro, me adentro
En la música de tu oscuridad

miércoles, 8 de febrero de 2012

Delirio VIII

Rayo maldito, fugaz y distante,
deseo de la carne, pasión del cielo
sobre el trigo quemado sin consuelo
sobre el frío costado del amante.

Trueno y pena, dolor y tormenta,
son las cenizas sobre el precipicio
son los sueños por un mundo ficticio
y herida la verdad se lamenta.

Tan solo un simple beso nos separa,
tierra estéril, extensión del dolor
quiebra la noche con el resplandor
de tu luz en una lágrima clara.

Llueven perlas de fuego, oro roto,
cristalinos recuerdos por un rayo
atravesados, tesoros que callo
a un pasado que tan lejano noto.

Te perdí en un efímero segundo
y crepitó un rayo en tu mirada
el abismo, el dolor, de la nada
y ahora en la tempestad me hundo.

Forjada en oro tu imagen
se funde en la triste niebla,
se pierde y ya no vuelve.




Por: Jorge Villalobos Portalés

FIFI


                                                                                   
Ciao, mi nombre es Filomena Firenzi, pero mis amigos me llaman Fifi, y a mí la verdad es que me gusta que me llamen Fifi. Me encanta su sonido; Fifi esto Fifi lo otro, ahhh como me gusta. Tengo muchos amigos, y pocas amigas, ellos son muchos y fieles como perritos y ellas pocas pero peligrosas como felinos, las odio.

Me gustan los hombres, me hacen tan feliz, me chiflan los viajes, los aeropuertos, la ropa buena, los yates. Adoro Marbella, me vuelve loca, es mi hábitat natural, Marbella parece que se diseñó para mí, como mis joyas.
Como me gustan tanto los hombres me dediqué con pasión a ellos durante muchos años, pero ahora son ellos los que trabajan para mí, los tengo a mis pies. Me miman, me llevan y me traen, me dicen cositas preciosas que me ruborizan falsamente, me hacen regalos de mucho gusto en Salvatore Ferragamo, en Givenchi, en Cartier, ohhh los amo a todos!. Y le traen cositas a Mimi, mi yorkshire, pero yo sé que no lo hacen por ella, es por mí.
Vida fácil?, nada de nada queridos, tuve una carrera y un periodo muy largo de formación en mi querida Italia y después en París, tratando con despachos prestigiosos, funcionarios de alto nivel y embajadas. Hasta que un día, hace ya 20 años, decidí poner el mundo a mis pies y me cogí un vuelo a Málaga y aquí me tienen encantada de la vida y del glamour, con estos inviernos, tanto hombre con tanto dinero.

Y me compré mi adorable casita de los Altos del Marbella Club, donde la gente es tan guapa, y donde tenemos un ejército de jardineros tan jóvenes y con ese uniforme verde que me altera tanto, tan profesionales, tan monos que cuando me ven llegar con la compra, me la meten en casa, y que bien lo hacen, con que cariño y gusto lo hacen, y como me gusta a mí también. Oh l’amour!.
Pero, ay, como divago, hablo y no paro, y hoy no lo puedo contar todo, si me leen dentro de unos días les seguiré hablando. Ahora les tengo que dejar, queridos, porque me viene a recoger mi caro Francesco, irresistíbile y glamuroso Francesco en su elegantísimo Masseratti descapotable rosso, ahh esa piel suave de los asientos, y como suena Frank Sinatra cuando me lleva al Raquets Club. 

Ciao belísimos!.



sábado, 4 de febrero de 2012

Suena el jazz


                                                                                   

Sopla un jazz antiguo dentro del Café, yo intento escribir poesía, un poema sobre ella
Ahí fuera suena el frio viento, violento, va saliendo el poema, va sonando la trompeta
La camarera me pregunta qué hago: soy poeta.
Tú estás en la barra, de pié, siempre te veo con prisas, con tú café
Con tu maletín elegante, de piel, con tu mirada elevada, azul
Arrecia el jazz aquí dentro, mi poema ya es un intento, es jazz americano, jazz negro
Te deseo, te quiero tanto, Saint Germain de Pres, voz de tabaco, ritmo enfurecido que en fuego se convierte y no puedo dejar de mirarte y quiero quererte y que quiero beberte.
Cierro mi libreta, termino mi vino, te ofrezco una copa, te comería a besos, pero me respondes “tú eres uno de esos”.
Estás equivocada, estás enamorada, tómate un poema, cómeme entero
Mira mi mirada, mira que ojos, admira mi descapotable rojo
Suena mi móvil, llamada perdida
Tiemblo, la veo llegar por la esquina.
La puerta se abre, entra con su madre
Se hace el silencio, se cuela una ráfaga perdida
Como una suegra enfurecida
Vuela mi libreta, corro al baño
No puedo más, son muchos años.
Esto ya es un huracán,
Como el ritmo del jazz
Tu mirada echa fuego
Y ella se me va
Un poema más, un amor menos.
Un clarinete se cuela y me hace soñar

viernes, 3 de febrero de 2012

Llega el invierno

Cielo azul
y las estrellas durmiendo
en su camita de plata.
Se mueve por las montañas
un frio blanco,
que hace al azul mas intenso.
Las gentes,
con los abrigos muy prietos
y la nariz sonrosada,
viven feliz el invierno,
de esta tierra bendecida
por el amor de los dioses,
que es efímero y por ello
se convierte en una acnédota,
en un compartir sonriendo,
el calorcito en la casa
con los cuentos y los sueños.

jueves, 2 de febrero de 2012

Ni tú, ni yo, ni nadie

Amor, luces sin sombra,
sufrimiento en silencio,
cataratas sin término,
nostalgia errátil.

Hoy la noche ha encendido
mariposas de angustia,
vivencias sin reproches,
pasado incierto.

No hay dudas ni pretextos.

Mi celo se enarbola
en efímeras ansias,
con rebeldes excusas
de laxos fingimientos.

¿Cómo morir sin vida?
¿Cómo vivir sin muerte?

Ni tú, ni yo, ni nadie.


miércoles, 1 de febrero de 2012

Delirio poético VII

Libre quiero ser, libre, sin cadenas
que me aferren al abismo incesante,
quiero volar las tierras del amante
y bañar con mi amor sus azucenas

como paloma de fuego helado.
La luz derretida sobre los pétalos,
pídeles un deseo y ¡apriétalos!
fuerte con el corazón ya olvidado.

Son mis alas tus alas, tu voz mi eco,
tus pelos la cristalina cascada
y tu carne la tïerra labrada
con espesura a mar de trigo seco.

Tus ojos...¿qué podría comparar,
amor, con esos ojos? los contemplo
y me sumerjo en ellos, en el templo
del fuego eterno, de la pasión por dar.

Volar, rozar tu piel con mis caricias
y que mis esperanzas sean las flores
sobre tu almohada cubierta de olores
a sueños nuevos, a besos. Delicias.

Amor, desplegarme libre
sobre ti, en tu dulzura
poder vivir, y ser, libre.

Por: Jorge Villalobos Portalés

Heridas del alma

Viene la noche reptando
por las calles y las casas
escondiendo los rincones
difuminando las caras
de esa pareja a lo lejos
que gesticula y se calla
y se separa en la esquina,
ella muy erguida
él, en las baldosas buscando
una respuesta a su angustia,
una razón, un lugar donde tratar
esas heridas del alma.
La noche engulle sus sombras.
La luna viene barriendo
la oscuridad de la plaza
y acaricia a la muchacha,
que parada ante la fuente
y recogida la espalda
llora con sollozos cortos
que en el silencio resbalan