viernes, 10 de febrero de 2012

Maniquies desnudos

Solo son las once y media. Es de noche. La calle está desierta.
Hace tanto frío que siento una lágrima helada deslizarse por el surco lateral de mi nariz.
El ruido intermitente de ruedas de algún coche despistado interrumpe el silencio de la noche.
Me encanta observar lo que pasa cuando no pasa nada.
Hace viento. Un viento ligero que hace remover las hojas semidormidas de las palmeras, con un sonido silbante y afilado.
Al otro lado de la calle, las luces chirriantes de Mercadona distorsionan la belleza de la noche.
En este lado, unos escaparates vacíos y deshabitados presentan un aspecto desolador.
Bustos desnudos de maniquíes junto a unos carteles absurdos que anuncian el descuento de un 60% de nada.
En el interior, estantes y anaqueles desiertos recuerdan las coloridas corbatas de seda que un día no muy lejano ocuparon. Mostradores de cristal descansan sobre cómodas de haya repletas de pequeños cajones entreabiertos que dejan asomar algún que otro papel de celofán,
Al fondo, barras de madera vacías de donde colgaban trajes de Escada, Apriori y Laurel.
Ni una sola percha vacía les espera.

2 comentarios:

  1. He leido este relato breve dos veces Elena, la primera me quedé pensativo, pero a la segunda me ha calado. Refleja bien el ambiente de la calle y la tienda abandonada, una de tantas que hay por la avenida. Todos lo vemos sin prestar más atención a diario, pero solo una relatista como tú lo puede escribir y trasmitir, así de claro.

    Y quien escribe el siguiente capítulo del relato encadenado??

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    1. Pues Kika era la siguiente.
      Lo escribí el día antes del viento huracanado del sábado pasado, que fuí a pasear a Rufo por Ricardo Soriano y realmente era desolador. Y solo eran las 11 de la noche!!! Marbellaaaa....!!! en que va a terminar esto!!!???

      Gracias `por leerlo todo, Presi.

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