sábado, 31 de marzo de 2012

Cristales rotos VII. Rompecabezas


Sentí que se me iban las fuerzas y me dejé caer, sentada frente a la lápida de, la que se supone es, mi madre. Intentaba montar las piezas, pero había algo que no podía encajar, le diese las vueltas que le diese. Entonces noté un movimiento en la ventana de mi segundo piso. Pero tenía la luz apagada, así que quizás fuese el reflejo de la luna, o el viento.

Recompuse mis datos. Mi padre, mi madre y una señora en un retrato que no sé quién es, con la caja de música de mi madre y el gato que me persigue. ¿Y si…? No, no puede ser, es imposible. Eso solo ocurre en las novelas románticas. ¡Bah! … Pero quizás sí. Mi padre era mucho más viejo que mi madre. Ella, hija única, sus padres muertos, y fallece repentinamente. ¿Y si no fuera mi madre?... La fecha del cuadro va más con la edad de mi padre. Sería más lógico pensar que esa señora pudiera ser mi auténtica madre. En ese caso, ¿quién está aquí enterrada frente a mí? ¿Mi auténtica madre con un nombre falso? Es una locura.

-       ¿Qué haces aquí fuera con este fresco? –la interrumpe su padre mientras le pone una manta encima.
-       Papa, ¿por qué se marchó mama?
-       El Señor decidió llevársela un buen día, hija.
-       No, papa, digo la primera, mi auténtica madre –observa la reacción del padre.

La respuesta del padre tarda unos instantes en aparecer en sus labios. Tiempo que parecen días, entre la brisa húmeda y fría del cementerio.

-       Tu madre murió y está aquí enterrada –dice señalando la lápida mohosa y sucia.
-     No, papa –y se incorpora-. He visto el cuadro que guardas en el desván. El de la mujer con la caja de música, el gato y el emblema de los tres anillos. El mismo escudo que hay en la puerta de la casa, en el suelo del patio exterior… y que sin embargo, no aparece en la lápida de mi madre.
-         No te sigo –duda.
-    Yo sí. Acabo de entenderlo. La mujer que está ahí es, sin duda, la mujer que he llamado madre durante mucho tiempo, pero nada más. Si realmente hubiera sido mi madre, llevaría el nombre, las fechas de nacimiento y fallecimiento, el emblema de la casa… y tú la limpiarías… ¡igual que haces con el cuadro! Ahora sé por qué me resultó tan extraño al verlo. ¡Estaba limpio!
-       Se nota que la sangre de tu madre corre por tus venas. Nadie habría sido capaz de semejante juego mental… y menos a tu edad –dice tras unos segundos-. Ven, vayamos a la casa, que hace frío. Te prepararé un poco de leche caliente –abraza a su hija mientras la conduce hacia la casa.

VERDE ( Naturaleza I )

Me desperté con una sensación rara, que nunca 
antes había experimentado.
Tenía una opresión en el pecho que me impedía
respirar libremente y casi no podía moverme.
Por encima de mí, estaba el cielo y algunas sombras 
verdes que se movían, tal vez mecidas por el viento.
Percibía un olor fresco y fuerte, como el de la hierba 
recién cortada.
Y sí, me balanceaba arriba y abajo.
Unos nervios o filamentos muy finos me rodeaban.
Percibí un ligero cosquilleo en mi cuerpo, como si 
algo  se moviera sobre mi piel, pero no podía precisar 
el qué ni el dónde.
Estaba desorientado y me puse a pensar muy seriamente 
en mi situación.
Y de pronto lo comprendí:
Había estado soñando que era un hombre.
Pero ya estaba despierta.
Todo volvía a la normalidad y era de nuevo la sencilla 
hoja de acacia que había sido siempre.

viernes, 30 de marzo de 2012

Querida



Querida,


No sé nada de ti, espero que sigas recibiendo mis cartas, después de tantas enviadas no estoy seguro de que te lleguen. Luisito estará enorme ya, calculo que en la Universidad. Y mi pequeña Tina, me la imagino con una melena rubia y hecha una mujercita, siempre se pareció a ti. Tengo ya ganas de volver.


Aquí no me tratan mal, ya soy como de la familia, la rutina es siempre la misma, y las vistas de la bahía igual. Los suelos siempre tan blancos y brillantes, las puertas de vaivén con su ron ron, los pasillos tan largos con olor a medicamentos, y los ventanales cerrados. Eso es lo que peor llevo, siempre te lo cuento no sé por qué, no puedo abrir estas ventanas, aunque sea para oír el aire que sube del mar cuando me despierto de madrugada.


Los días pasan como ráfagas, y recuerdos de humo parecen los momentos que vivimos , evaporados ya. Nos ponen música por la tarde para calmar la ansiedad, inyecciones de serenidad para el alma al anochecer y con eso vamos viviendo en un estado de placidez, pero sin duda mejor que saber la verdad. Cariño, yo no quiero saber eso, no lo quiero ni pensar, soy casi feliz, no lo sé, solo pregunto por el día en que saldré, pero nadie me quiere informar. 


Si tú te enteras de algo, házmelo saber, no temas, sabes que soy incapaz de hacer daño ya, y que no he dejado nada a deber. A veces me entran dolores de angustia, como golpes de mar, y aprieto fuerte los dientes, me muerdo la lengua y me dicen que todo va a pasar. Cómo se abrirán estos ventanales, cómo se levanta el sol abajo en la avenida, cuando se irán estos males, dime, ¿tú sabes algo? Todo parecía tan bonito antes de que llegara esa maldita ola, que inundó nuestra vida.


La doctora me dice que persevere, que todo tiene cura, pero que no me podrá sanar lo de la escritura, eso no lo entiendo, yo solo sé que tengo que abrir estas ventanas, como sea.


Y que te quiero.

Tarde de otoño

Tarde de amor
frente a las aguas frías.
Vuela el cielo sobre el gris del mar
y no se hunde,
porque lo empuja tenue,
el rizo blanco de las olas.
Sentados tras el cristal calmado,
que al viento hoy sostiene,
un hombre, ya vivido
y una mujer, que esconde
entre las luces verdes de sus ojos
una pasión dormida,
conversan distinguidos.
Ella lo mira a él
y sus manos se agitan
en un intento fugaz.
El contempla sus manos
y vuelve a sus ojos
y luego a la oscura de susurros lejanía.
La música, plagada de poesía
envuelve su silencio.
Es tiempo de otoño,
sutil melancolía.

miércoles, 28 de marzo de 2012

La respuesta

La ventanilla estaba bajada , y su cabello revoloteaba en la brisa.El paisaje era de un verdor exuberante, arboledas de cítricos , campos de trigo y grandes setos de cipreses.Cuando descendieron a la planicie litoral , el día tocaba a su fin.

-¿Qué es lo más importante del mundo , María ?.-pregunto a su hija.


María, por entonces estudiante de bachiller , con la nariz enterrada entre las páginas de un libro sobre los textos del Antiguo Egipto , alzó la mirada, algo sorprendida por la pregunta filosófica de su madre, tan impropia de ella, y se preguntó si el éxito y la riqueza habrían sacado a la superficie el lado espiritual de su progenitora.A punto estaba de responder con alguna frase profunda del libro cuando su madre se le adelantó.

-¡ Ganar ! Eso es lo más importante del mundo, María, y lo demás son tonterías .


No, madre , pensó María.Estás equivocada.

Su madre desvió la vista de la carretera para mirarla.María estaba callada desde que abandonaron la tumba de su padre. Conocía la razón de su silencio y consideraba que debía hablar de ello, pero era ella quien debía elegir el momento.

martes, 27 de marzo de 2012

2 poemas.

TUS DOS PUERTAS DE ROJA CARNE

De tu boca
hecha de cielo y carne
en la dulce espesura de tus labios
tierra del corazón ardiente,
es allí donde deseo probarte
o, si fuera posible, en un beso
ser parte de la extensión prodigiosa
de ti misma.

Oh, cuánta pasión y fuego
encerradas en esas dos barreras
cada vez más apetecibles
para el alma,
delicia bañada en ternura y deseo,
amor del silencio donde
surge, admirable, tu boca.



LAS SENSACIONES QUE TU AMOR ME INCITA

Es tu piel con el suave tacto
de mi mano, como si de una paloma
que quiso probarte se tratara,
la recompensa con miel de abeja
trabajada con ternura y cuidado
del anhelo de mis días
por besarte dulcemente.

Es a veces explicable
que el fuego arda eterno,
la pasión no tiene límites
o, acaso, los que tú quieras
si alguna vez deseaste contenerla;
todavía busco palabras
para hacer un ramo de versos y flores,
para hacer de ti un privilegio
y recordarte lo mucho que vales.



Por: Jorge Villalobos Portalés

Luna al Sur


Anoche yo te buscaba

Y tú huías de mí

Con tanta rabia corrías

Que me olvidé de dormir.

Sudor y suspiros

Tanto tiempo tirado

Si al menos me miraras

Cuando pasas a mi lado.

Pero yo sigo en mi empeño

Yo te quiero a ti

Y a nadie más

Yo te sueño en mis sueños.

Que vueltas da la vida

Como campana de alminar

Esta mañana preguntabas por mí

Y no me pudiste encontrar.

Hasta la parte alta subiste

Por las plazas rebuscabas

En busca de mi calor

Pero anoche, dormiste helada.

Mira que es grande Andalucía

Y nosotros entre cuatro calles

Venga amores y desamores

Jugando, amada mía.



Luna: que al despertar te vi, 

Luna grande, 

Al Sur, 

Y añil.

En el Café de la universidad.

Sol de las 3 que traspasa las ventanas.

El sol se refleja en los rostros, en las lenguas.

En la cocina se fabrica el alimento.

Detrás de la barra, de momento, un hombre. Las gafas en la punta de la nariz resbalan una y otra vez. Él no deja de colocarlas con su dedo índice, es un movimiento torpe, es un movimiento de memoria, parecido a estrujar un chicle contra la pared.

Se sirve de una bayeta para limpiar las superficies. Al fondo, en la esquina superior, la televisión. De vez en cuando desvía la mirada al aparato.

Con el dedo índice ase las tazas y las coloca en la máquina. Luego espera con los brazos en jarras a que se exprima la última gota de café. Las coloca sobre una bandeja.

Hay otro hombre, de negro, los dos van de oscuro.

Éste hombre es más joven. Mientras que el otro prepara las bebidas, éste se dedica a servir las mesas.

-Luis, Luis-dice-, poleo con pacharán ¿vale?-o:- Dos con leche Luis.

Luis, con movimientos exactamente iguales, repetidos, prepara una bebida tras otra, y con el mismo dedo que parece servirle para todo señala sobre la barra.

-Julián: aquí los tienes.

Pero su voz es débil y quebradiza, como un huesecillo de lagarto, y muchas veces ha de arrastrar su cuerpo hacia el otro extremo de la barra para que su compañero, quien con sus idas y venidas parece haber desarrollado el don de la ubicuidad, sea capaz de percibir su mensaje.

Y así, en un continuo jugar a la tortuga y la liebre, lo que uno construye el otro lo entrega velozmente a la demencial trituradora de la clientela.

Adicto a la lectura

Era un adicto a los libros de misterio y no podía dormirse sin descubrir al asesino. El problema era que una vez terminada la novela no podía evitar la pulsión de comenzar una nueva.

Cuando empezaba la lectura sentía una curiosidad enorme por conocer todos los personajes: su aspecto físico, su personalidad, sus pasiones y sus aficiones. Evolucionaba con ellos a través de la lectura. Y luego se metía en la trama viviendo la acción como si fuera su propia vida. A lo largo de la narración pasaba por momentos de incertidumbre, intriga o serenidad identificándose con los personajes. Y por fin, llegaba el desenlace donde se iba a determinar si se cumplían sus expectativas. Y resultaba que siempre tenía que empezar un libro nuevo con la ilusión de encontrar el final perfecto.

Es como ese deseo inconsciente, tan desconocido e inalcanzable, que nunca se logra satisfacer plenamente y que se convierte en la chispa de un nuevo deseo. Y así indefinidamente.

lunes, 26 de marzo de 2012

Y vuelve



va

y vuelve

con sal y calima

borracho de orientes

haciendo zig zags viene ya

golpea en las caras de inocentes

malpensantes que esperaban más neblina

se han quedado de callados, no saben que pensar

¿y ahora qué? no sé, ¿tú qué tal? fatal. Pues yo, fenomenal


yo sí entiendo, no soy del norte, soy del sur, vengo de abajo, de luz y arena

que no te enteras, que hasta aquí no llegan esos vientos, porque tenemos Sierra Morena.

                                     

                                                                                

domingo, 25 de marzo de 2012

El banquero que no dormía

Soltó la muleta y corrió por el monte. Oía como alguien le perseguía. Su tobillo, con un esguince mal curado, le producía un dolor insoportable al apoyar el pie. Tenía que ir abriéndose paso entre la maleza con las manos y ahora se arrepentía de haber tirado la vieja muleta. Solo se oía el ulular del viento y sus propios pensamientos. Todo había empezado hacía un mes.

Vivía en Madrid, en un barrio céntrico y lleno de tiendas. Tenía su despacho de detective privado en la calle Caracas número 2, bajo C. Su diploma adquirido hacía ya, quince años, presidía la habitación enmarcado en dorado. Una mesa de madera vieja, una cómoda silla en cuero verde
oliva, una estantería de Ikea y un kilim en tonos rojos y azules era todo el mobiliario.
La calle tenía una gran oferta de restaurantes de gran calidad para los altos Ejecutivos que trabajaban en la zona.
Le gustaba comer sobre todo en un japonés, Tsunami, que había abierto hacía poco.
Salía siempre a la misma hora, a las 14.00, cerrando con dos cerrojos la puerta
blindada que contenía la mayor documentación que nunca había tenido sobre un
ladrón de guante blanco al que estaba a punto de atrapar.
Llegaba casi siempre el primero y ya le trataban como a un antiguo cliente.

- Buenos días Señor Romero, me decián al traspasar la entrada.

- Buenos días Fermín, contestaba al mismo camarero que le atendió desde que abrieron, un hombre de mediana edad, pero español, que atendía la barra junto al cocinero, ese sí japonés, que guisaba en frente de los clientes en una gran plancha.

- ¿Qué plato me recomiendas hoy?- preguntaba mientras cogía sitio en la esquina de la barra, ya
preparada con un mantel de lino y un cuenco de ligera madera de sopa miso humeante.

- Hoy un Onigiri, es un plato que consiste en una bola de arroz rellena o mezclada con otros
ingredientes, los que más te apetezcan y envuelta en una pequeña tira de alga nori, le dijo mientras le ofrecía la toallita hirviendo para limpiarse las manos.

Está bien, lo probaré le dijo y se quedó solo centrado en sus pensamientos.

Le tenía cogido. Tenía pruebas suficientes para llevarle a la policía con todas las pruebas
incriminatorias. El Director del Banco,el famoso Julio Mullero Doci, iba a tener que afrontar muchas horas de angustia y presión cuando los medios se enterarán de todo. El se iba a encargar de ello. Tenía ya preparado un sobre para entregar en mano a los grandes Diarios de este país. Alguien tenía que desenmascarar de una vez por todas a ese bravucón.
Había comido muchas palomitas y hamburguesas en el coche, vigilando sus movimientos, hasta que aquella noche conseguí introducirme en su despacho y copiar su disco duro.
(CONTINUARA…)

Va



Solo un temblor
Que susurra muy bajo
Señal de una voz

Solo un poema
Surfeando va sobre olas
Una música 

Solo un olor, va
Embriagado de honores
Tan huidizo

Solo es vibración
Fluyendo va, sobre el mar
No se ve, se va.

 Y la Primavera, va.

JUGANDO CON EL TIEMPO

Estaba sentado en la arena y las olas mojaban mis pies.
Pensaba en ti, en por qué te fuiste, 
por qué no me dejaste ninguna nota ni respondías a mis llamadas. 
Y no pude reprimir unas lágrimas que se llevó el viento.

Estoy sentado en la arena y las olas mojan mis pies.
Pienso en ti, en por qué te has ido, 
por qué no me has dejado ninguna nota ni respondes a mis llamadas. 
Y no puedo reprimir unas lágrimas que se lleva el viento.

Estaré sentado en la arena y las olas mojarán mis pies.
Pensaré en ti, en por qué te irás, 
por qué no me dejarás ninguna nota ni responderás a mis llamadas. 
Y no podré reprimir unas lágrimas que se llevará el viento.

Esto del cambio de hora me tiene frito

   

sábado, 24 de marzo de 2012

Error de cálculo

Lucas siempre había construido sus casas. No era arquitecto, ni aparejador, ni dibujante, ni escultor. O mejor dicho, no era ninguna de esas cosas y un poquito de todas ellas. No había pisado ninguna universidad, ni falta que le hacia, pensaba él. En su mesita de noche guardaba La Biblia, que consultaba cada noche antes de dormir, así como los tratados de Vitruvio, Alberti y Palladio. Hace años que los vecinos le habían puesto el apodo de “El pájaro solitario”. Llevaba siempre un lapicero rojo de carpintero en su oreja izquierda, los cordones de sus gastados zapatos sin atar, y la bragueta abierta.

Un toro blanco, con ciertos trastornos de identidad, seguía incondicionalmente a Lucas, como una fiel mascota. Se acostumbró tanto a su presencia que decidió agrandar la puerta de la cocina para que pudiera ser parte de la familia, ocupando desde aquel día el mejor lugar frente a la gran chimenea. Era la sombra de Lucas, su fiel y único amigo. Una vez al mes, María, su compañera, aseaba al animal frotándole todo el cuerpo con estropajo, jabón lagarto y abundante agua caliente. Los 7 habitantes de la aldea se mofaron al principio, aceptándolo con naturalidad con el paso del tiempo.

Cada año cuando empezaban las intensas nevadas, solía ocurrir algo raro en las edificaciones de Lucas. Entonces María, con un tono resignado, solía repetir la misma frase “Error de cálculo”. Aquella mañana de diciembre el techo de la nueva casa se derrumbó. Los 35 centímetros de nieve caída durante la noche y el error de cálculo, sin duda, habían sido los causantes del desastre.

Los niños del lugar se habían enterado del suceso y para ellos era una gran noticia, acostumbrados a la monotonía de los meses invernales donde el tiempo parecía detenerse y un silencio azulado envolvía las pocas viviendas del pueblecito asturiano. Marco, el más travieso, iba el primero. Se quedo estupefacto cuando vio entre los escombros el largo cuerno de un unicornio azul. Se acercó más, excitado y confuso se percató que el animal aun respiraba. Un hilillo carmesí se deslizaba por su oreja izquierda dibujando en la nieve una estrella roja.

Los cuerpos del toro blanco, de Lucas y de María nunca aparecieron. Pero cada primavera, enfrente a lo que fue la chimenea, nacen 3 mandrágoras. El unicornio azul se recuperó gracias a los constantes cuidados de Marco y de un pseudo veterinario de la aldea vecina. En la actualidad Marco está estudiando arquitectura en Barcelona y quizás haga su tesis doctoral sobre las chimeneas de Gaudí.

viernes, 23 de marzo de 2012

¡Quiero ser político!

- Siguiente -dijo el funcionario con voz fría y monótona, como la mesa donde trabajaba.
- Hola, buenas. Yo quisiera...
- Tome. Siguiente -miré el papel que me había dado.
- No, verá, se equivoca. Yo lo que quiero es ser alguien rico o famoso. No sé un economista, banquero... o un político. Eso, ¡quiero ser político! -le dije mientras me sentaba en la silla que había frente a la mesa. El funcionario me miró con mezcla de horror y asombro.
- ¿Por qué se ha sentado en la silla? Nadie lo había hecho nunca.
- Ah, bueno, será porque nunca les ha dado tiempo a descansar las piernas -respondí bromeando.
- Así que político, ¿eh? -dijo mientras rebuscaba entre los papeles de su mesa. Al final encontró el que buscaba, lo selló y me lo cambió por el antiguo-. ¡SIGUIENTE!

Acabo de despertarme del viaje. He mirado a mi alrededor y, efectivamente, era un político. Republicano por más señas. Había oido hablar del humor tan negro del servicio de reencarnaciones, pero esto no me lo esperaba. Cuando lo vuelva a ver se va a enterar. En fín, no me queda más que seguir luchando día a día.

Barcelona, 1937.

Fanathur.
"Historias que nunca ocurrieron".

VIAJANDO HACIA GRAHPI

Hago un alto en Möor antes de emprender la última etapa de mi viaje. Aquí la noche es tranquila y clara, tengo una vista maravillosa de Raajkavor, el planeta de los dos anillos, aunque desde cerca, los anillos no son tan hermosos como en mi tabla de estudio. Möor está desolado y cubierto por una capa de hielo.
Desde que interceptamos la rudimentaria sonda enviada por los Grahpienos hace 215 tiempos, en Lüjfandor estamos inquietos y sorprendidos con el descubrimiento hallado en la cápsula.
Espero no tener problemas en localizar a Ludwig y lograr que me explique cómo, en un planeta tan salvaje y poco desarrollado, alguien ha sido capaz de juntar simples unidades sónicas y obtener un bloque de tan extraordinaria belleza, que ni siquiera las mentes más poderosas de Lüjfandor son capaces de comprender.
Mañana partiré hacia Grahpi para intentar contactar con ése tal Beethoven, el constructor del bloque sónico etiquetado como “Novena Sinfonía”.

jueves, 22 de marzo de 2012

Campos de Primavera



CAMPOS DE SORIA


( Autor fotografia : Juan Carlos Delgado. )






***





Primavera





Llegaste taciturna , jugando con el Sol
como una muchacha que trepa altos muros
a escondidas ,sin miedos y misteriosa
con ansias de querer y ser amada
floreciendo el amor entre guirnaldas
de margaritas blancas y rojas amapolas
en cada hoja, en cada flor , en cada mañana
te haces poesía en manos de poetas
del saber y del nacer como canción adormecida
risueña,melancólica, atrevida y hasta lírica
tus manos son cuerpo de campos
en miles de trajes , eres admirada
transportando sueños , utopías
y esperanzas como ríos hacia al mar
tus pasos están hechos de tiempo
con qué tersa dulzura levantas caricias
para que a fuego lento empiecen
la danza cadenciosa de tus besos.
Sonríe, más no te escondas detrás
de tu sonrisa.Es bella tu mirada,
entre campos de Soria.






***

La pasión que habita tu cuerpo.

Una luz se esconde tras tu sombra,
espíritu del día
que se cierne sobre la inmensa noche;
dulzura,
contémplame pasar sobre los luceros
que habitan el cielo, que viven
en tu piel suave, transparente.


No existen límites para tu mirada,
ni siquiera podría imaginar fronteras
capaces de encarcelar aquella pasión
que vuela entre sueños y más sueños
donde escapa libre
con el silencio.




Por: Jorge Villalobos Portalés.

martes, 20 de marzo de 2012

Un beso de despedida

Un beso de despedida
  y sobre mis labios
      quedaron
    cristalitos de azúcar...

El día fue largo
  me tiraba  a varios rumbos,
       pero todavía siento su sabor
    cual me atrae atrás...


lunes, 19 de marzo de 2012

El Génesis de una novela cualquiera


Delante tenía la pantalla, blanca como la nieve y vacía como la vida . En el alma una ilusión, en el corazón un tema y en la mente una razón.
Buscando una primera frase, unió unas cuantas palabras, cada una con su acento, con su ritmo y su compás. Y el escritor tecleó: “El sonido de un piano provenía del desván”. Y tras esta simple frase, todo un aluvión de ideas, ordenadas con criterio y transformadas en lenguaje, se plasmaron fácilmente en la página desierta, que dejó de estar vacía y se convirtió en su amante.

Es la Realidad, estúpidos.

Hoy lunes no acabo de encontrar el camino, no es sueño lo que tengo es hastío, es que estoy perdido, no le encuentro sentido a las cosas. Huyendo de esa realidad (no de la Vida) me escapé a tomar un café grande, una dosis letal. Lo tomé en silencio absoluto, ausente pero pensativo, solitario pero sin quererlo…

A la vuelta a mi trabajo las cosas están algo más claras, resulta que la Verdad en mayúsculas no está donde siempre nos dijeron, no está en los Evangelios, ni en los Yoga Sutras de Patanjali, ni siquiera en el Tao Te Ching. La Verdad está en el interior de cada uno.

La prueba está en el portero de mi oficina, allí estaba con la panza apoyada en la barandilla de la avenida, mirando al sol y sacándose los mocos, placida y tozudamente, importándole todo un comino. Esa es la Verdad. Duro, eh?

domingo, 18 de marzo de 2012

Cuando pienso en ti

Cuántos "te quiero" deseé decirte
pero no pude
y los acabé dibujando en el aire
con mis labios
donde mi voz te buscaba ansiosa
como la primera vez 
que supe lo que era amar.


Indago en el recuerdo más profundo 
para que tal vez al imaginarte
casi tan perfecta
te confunda con la auténtica 
olvidándome de mí mismo;
será entonces cuando quiebre
el cristalino horizonte que separa
la realidad de los sueños.




Por Jorge Villalobos Portalés

¿Qué le pongo?

- ¿Qué le pongo? -me pregunta el camarero, mientras limpia con un trapo el mostrador.

Rebusco en mis bolsillos y le respondo:  "Un vaso de realidad, por favor".

El camarero me pone un vaso vacio delante mía y se marcha. Me quedo mirando el vaso, observando mi propia imagen en su reflejo. Cuando termino, salgo a la calle a seguir arrastrándome por el frío.

Nivel 50, Sala 15 B




La densa nevada caída anoche sobre la ciudad se va convirtiendo en algo cotidiano. Incluso Francesc lo había llegado a aceptar como una consecuencia inevitable del último gran conflicto bélico. Es martes, 18 de abril de 2033, son las nueve y veinte de la mañana.


El día ha amanecido tan gris que hoy no se ve el sol sobre el mar ni siquiera desde esta gran obra de ingeniería inaugurada hace dos años por la Alianza de Sociedades Libres, antigua ONU, para albergar la Biblioteca del Mundo. Esta fantástica torre de cristal y aluminio moleculado contiene todos los libros producidos por la Humanidad. Desde los manuscritos de la filosofía Ayurvédica de hace miles de años, hasta un pequeño libro de relatos breves editado hace unos minutos en una editorial universitaria de Sidney.


Francesc acaba de tomar su café Perú ecológico en el Sky Starbucks de la planta 63, bebido con calma en una mesa junto a la cristalera, desde ella se domina la ciudad a una altura solo apta para mentes equilibradas, él prefiere no mirar. Se concentra en ajustar todos sus mecanismos digitales, conectarlos a la red neuronal de la Biblioteca y prepararse para una larga jornada como Controlador de las salas de Poesía y Literatura del siglo XXI (período prebélico).


Se encuentra ya en el Mecanismo Impulsor (ascensor) de paredes semilíquidas, y mira fijamente a un detector de pupilas que activará el propulsor. Piensa en la planta 43, el Sensor Telepático detecta su pensamiento y el transportador sale impulsado hacia ese nivel. No lo tiene superado, aún tiene que cerrar los ojos al viajar por esos Mecanismos de última generación. A pesar de que después de conseguir el trabajo en la Gran Biblioteca tuvo que someterse a un tratamiento de desprogramación para atenuar los sentidos de altura y velocidad.


Al pasar a la altura de la planta 50, le suena un pitido avisador del ipod @ que lleva instalado debajo de la piel en su muñeca izquierda. “Otra vez –piensa-, el mismo pitido que la semana pasada, y siempre en esta planta”, decide cambiar de pensamiento para no alarmar al pequeño cerebro del Mecanismo Impulsor, que viaja ya lanzado por el aire ingrávido el gigantesco atrio del rascacielos.


Aterriza en la planta 43 y después de entretenerse unos segundos en el pasillo elevado, contemplando el movimiento de grandes cruceros allí abajo, como hormiguitas blancas entrando y saliendo lentamente del puerto, decide volver arriba. Ya son varios días con ese mismo aviso y la luz morada de alarma atravesando la piel de su antebrazo. Al fin y al cabo una de las salas bajo su control se encuentra en el nivel 50, el que emite el aviso tan molesto. 


Piensa en la planta 50, en la sala 15 B, y el Mecanismo le transporta hasta allí en segundos. Con un abrir y cerrar de pestañas y después de escuchar un humanizado “bonjour Francesc” se abre la puerta de cristal al ácido de color verde manzana, el color asignado a la Poesía y Literatura Mediterránea del siglo XXI. 

Avanza por el pasillo central decidido a detectar el error que provoca esa alarma tan molesta. Enormes estanterías de un blanco impoluto se elevan a los dos lados como edificios fantasma alineados silenciosamente en una avenida sin tráfico ni gente, sólo él en esa inmensa sala traslúcida con vistas de vértigo al océano. Gira a su derecha, en dirección a la bahía de la ciudad, el pitido es cada vez más fuerte y su corazón se acelera, la luz morada se hace fija. Las nubes se están moviendo y chocan contra la fina fachada de cristal ionizado de la Gran Biblioteca, Francesc pone sus manos en la cristalera como intentando coger un pequeño cúmulo limbo cargado de nieve, a pesar de poder atravesar el cristal con la mano la nube se ha disuelto al contacto con los iones. 


Ahí en frente, delante de sus ojos lo tenía, la causa de tanta alarma era un pequeño libro de tapas blancas y lomo rojo, edición rústica, pero humilde, de 25 páginas como mucho, en idioma castellano. Estaba escondido entre grandes volúmenes de Poesía Experimental y Literatura Española sobre la Gran Recesión de 1998-2014 y el Colapso de principios de 2015. No se lo podía creer, un librito tan básico le había estado amargando la jornada laboral desde hacía dos semanas.


Por fin cazado. Sonriendo lo saca del estante y se lo mete en el bolsillo de su chaqueta de cuero negro, antes de salir no pudo evitar girarse para echar una última mirada al espectacular paisaje que había a sus espaldas, una ciudad nevada como de juguete allí abajo, las nubes y el cielo en frente, y el sol lejano cubierto de una fría bruma nuclear permanente.


Pero tiene un presentimiento sobre el libro y siente la urgente necesidad de elevarse hasta la planta 63, sentarse junto al vacío con un “blue mountain” humeante y echar un buen vistazo a ese intrigante manuscrito español. Antes de entrar en el Mecanismo Impulsor se cubre la muñeca izquierda con un viejo trozo de cinta aislante, para eludir el control del Cerebro Central de la gran torre. 
 

viernes, 16 de marzo de 2012

Levitación en el Templo del Diamante


Marbella no es tan aburrida en invierno, y el que se aburre es porque quiere. Yo pertenezco a treinta asociaciones de la ciudad, una para cada día del mes, desde la AHSTT Asociación de Hombres con Síndromes de Todo Tipo, el Club de Familias Raras, la Plataforma Ciudadana de Acción Invisible (actuamos de noche), y un Grupo de Profetas Urbanos del que soy presidente a la fuerza.

Como la AT51A, Asociación de Tipos con 51 Años, está a punto de disolverse y tengo que llenar ese día, he decidido aceptar la invitación de un amigo que saltó del tiovivo cuando era pequeño, ahora pertenece a la Congregación de la Conciencia Superior, que veneran al Décimo Séptimo Lama Rimpoché Karmapacheno, descendiente del Iluminado Dinanchaopalante que fundó el Templo del Sendero del Quinto Diamante (los otros cuatro diamantes los mangaron los Lamas anteriores a Rimpoché). Resulta que han abierto Templo en Marbella.

Suena una campanilla para hacer el silencio absoluto, ya estamos todos con los ojos cerrados y en posición de lotto sobre nuestros cojines, la sala la preside una estatua de Budha junto a la diosa Shiva, hay fotos de todos los Lamas en las paredes y la ceremonia la preside el Gran Maestro Kadampa Pachangha, que es la reencarnación de Budha en Marbella, el tio es gordo, inmenso, sus carnes se pliegan como enormes neumáticos junto al suelo.

Comienza la práctica del Pranayama, tenemos que estar diez minutos sin respirar para provocar el trance, la sublimación espiritual y el encuentro con nuestros antepasados, yo casi veo a mi bisabuela friendo torrijas y si dura unos segundos más me quedo definitivamente con ella.

Cojo aire y comienza la recitación de los mantras, y empezamos con: Karmapacheno, Karmapacheno, Karmapacheno, así durante 5 minutos y muy seguido, al principio bajito y subiendo de tono poco a poco y cogiendo velocidad, hasta acabar con un gran KARMAPACHENO que dejó la sala en estado de éxtasis y postración.

Empieza la segunda tanda de Karmapacheno, Karmapacheno, Karmapacheno, cada vez más rápido, cada vez más alto, después de cinco minutos yo ya iba por la conversación con la charcutera que me contaba que al dueño del supermercado le quedaban tres telediarios y que los hijos lo venderían antes de los funerales porque estaban hartos de trabajar, y que su plan era montar una churrería con su cuñado, todo eso por 150 gramos de bacon ahumado que yo le estaba comprando, y en eso que suena el KARMAPACHENO final y estruendoso, que nos dejó paralizados.

Entonces llegó el momento esperado por mí, la prometida levitación!, empezamos por alinear los Chakras uno por uno, luego visualizamos los Nadis, después nos identificamos con la Energía Kundalini que se sube desde el coxis, total, todo muy rutinario. Y de repente sonó un trueno en la sala, como un estruendo rotundo y vibrante. Fue un gran pedo letal que se tiró el guarro del Kadampa Pachangha, que se separó del suelo un centímetro propulsado por la furia existencial de ese asqueroso pedo. Él sí levitó, el animal.

Unos segundos después la sala se fue impregnando de un aire venenoso y tóxico, irrespirable, yo perdí el sentido de la realidad y me vi transportado por una pestilente energía kundalini hacia la Conciencia Universal.  Juro que no vuelvo más.

Añoranzas poéticas

Quiero escribir
en el oscuro cielo de la noche
mis poemas
con la luz de las estrellas
bordar rimas, ser en ellas.
Quiero que lluevan luego
en pétalos de seda
en fragancias de luces
en aromas, en perlas.
Quiero expandir mis sueños
en todos los colores
y mecerme en su brisa
con brocados de flores.
Quiero bailar la música,
que aspira el universo
vestida con la túnica
tejida con los besos,
que modelan el alma
y cincelan el cuerpo
en llamas de armonía
y dulce movimiento.

Escombros del alma


¿Qué lugar puede ser mejor que tu hombro
para llorar la pena de no verte?
Mientras tu ausencia viene a ser mi muerte
al no encontrar respuesta si te nombro.

Mis manos amontonan el escombro
de los restos de mi alma y de su suerte,
y este amor poco a poco se convierte
en el final de un ciclo y de mi asombro...

Porque volví a amar y no podía
y te amo con el alma hecha pedazos
con la fuerza del sol que ayer ardía.

Sólo queda romper aquellos lazos
que junté en la espera de ese día
que yo soñé dormir entre tus brazos.

jueves, 15 de marzo de 2012

Donde se acaba el olivar


Recuerdas con una sonrisa esas claras mañanas de invierno en las que bajabas con tu padre del pueblo a la almazara, en la furgoneta citröen dos caballos que heredaste de tu abuelo, por esa carretera con precipicios a los lados y el río en lo hondo, con escarcha en el parabrisas y los dos callados.

Abajo el valle era amplio y te gustaba ir mirando las laderas con casas blancas y almendros, olivares interminables más arriba y allá en lo alto las siniestras peñas.

En el pueblo solían decirte que a esas rocas nadie sube, que cuidado con los cortijos abandonados, siempre oíste que a donde terminan los olivares no se va y menos al atardecer. Y como te estremecía ese dicho de que “no quieras ver las sombra de un olivo viejo bajo la luna de invierno”. Todas esas cosas las sabías, ¿por qué subiste esa tarde?, ¿por qué no te quedaste en el pueblo con la abuela?

Ella te contaba junto a la chimenea esa leyenda de la viuda que vive sola en un cortijo abandonado, en la Peña, donde nadie se atrevía a subir. Y los viejos del pueblo repetían en el bar aquella historia de una ciudad de grandes piedras funerarias de varios siglos de antigüedad, rodeada de una pradera de hierba todavía sin pisar. Tu padre te contaba poco, lo de tu madre casi lo enmudeció.

Una tarde acompañé a mi padre y mi primo mayor en su cacería, las perdices subieron a las lomas altas del olivar, yo perseguía una liebre y me cambié de calle, de repente sonó un estruendo de escopeta y oí gritos. Salí despavorido, huyendo ladera arriba, los pies hundiéndose en la tierra arcillosa, hasta que encontré el camino que bordea el monte, y maldita sea, lo tomé en sentido equivocado. Entonces el sol cayó sin crepúsculo.


-Dime cómo te llamas.
-¿Para qué?
-Para no olvidarte.
-no me acuerdo ya.
-Da igual, te quedas conmigo.
-¿Dónde estamos?
-En el cortijo de la Peña.
-¿ese del que hablan en el pueblo?
-Sí - y me clavó una mirada negra.
- ¿y usted vive aquí sola?
-No me repliques más.
-¿Cuándo puedo volver al pueblo?
-Me suena tu cara, niño, yo creo que conocí a tu madre.
-¿puedo salir un momento fuera?
-Claro que sí, pero vuelve pronto, que la noche es un laberinto.

El silencio era inmenso, sólo el aire pasaba entre las piedras. La peña era una gran terraza dominando el valle, pero no distinguías la carretera allí abajo, ni había casas cerca del río, y tampoco veías el pueblo encaramado a tu derecha, ni el castillo detrás, Alla Agoreum.

miércoles, 14 de marzo de 2012

     Mi ventana

Los primeros rayos del sol
iluminan mi ventana
y sobre la cortina blanca
dibujan la estampa
      de la madrugada.

Las ramas de una palmera
bailan en la brisa azul
y despiertan mi sonrisa.

Empieza otro día más
          de la Primavera
                   en Marbella.

martes, 13 de marzo de 2012

Los Zapatos Rojos

LOS ZAPATOS ROJOS

Eran las once de la noche de un frío octubre. Las elegantes farolas iluminaban suavemente los tamarices (no les gustan que digamos tamarindos…) del Paseo de la Concha de San Sebastián convirtiéndolos en fantasmales figuras. Me abrigaba en mi nueva cazadora azul con piel en el
cuello de Levi’s y llevaba mi largo cabello recogido y resguardado del frío en un
gorrito de lana tipo francés, muy chic, que me había comprado en San Juan de Luz y que
sabía atraía las miradas.

De repente, algo que cae del cielo, un bulto, pasa rozándome consiguiendo
casi derribarme. Era el cuerpo de una mujer. Se estampó contra el suelo con un ruido sordo.
Quedó despatarrada y boca abajo. De su cabeza empezó a manar sangre. Estaba estupefacta y aterrorizada.

Me quedé en shock. Lo primero que se me ocurrió fue mirar hacia arriba. Luego a mí
alrededor. No se veía nada. Estábamos solas ella y yo. Había pensado desconectar un poco en el paseo nocturno y no me había traído el móvil.

- Menudo momentito había elegido para ver si era capaz de estar media hora sin mi adorado IPhone S4, me dije.
- Ahora que voy a hacer- pensé.
- Puedo seguir y hacerme la loca, o buscar un bar abierto y llamar a la policía.

En esos segundo, y parada mirando el cadáver, solo pensaba una cosa. Qué zapatos más bonitos llevaba¡. Los había visto el otro día en el último Vogue que compré. Eran unos Jimmy Choo, rojos de tacón de aguja y creo que eran más o menos de mi número.

- Era otra alternativa, pensé. Coger los zapatos y salir corriendo. Nadie me vería, no había tocado nada del escenario del crimen ¿(o sería accidente y se habría caído de un balcón?), y nadie me
podría ubicar en el lugar de los hechos y a esa hora.

Solo oía el ruido de las olas. Me agaché, se los quité y salí corriendo. Cuando llegué a mi portal, a cinco minutos de allí, jadeando y con los zapatos rojos en la mano, solo podía visualizar una cosa: el titular del periódico al día siguiente.

“Aparece el cadáver de una mujer indocumentada, sin zapatos y con el cráneo roto justo enfrente del Hotel Londres en el Paseo de la Concha. La policía está investigando por si hubiera algún testigo que pudiera aportar algo sobre este misterioso hecho.”

Kika PS
Marzo 2012

¿Qué pasa entonces?

Acabo de acostar a mi pequeño de cuatro años. Como cada noche, le he contado un cuento. Como cada noche, le he dado un beso en la frente. Como cada noche, me ha llamado antes de salir de la habitación... Pero esta noche, ha sido distinta.

- Papa. Cuando pasen los años, ¿el abuelo y la abuela se morirán?
- Claro, campeón.
- ¿Y tu serás viejito?
- Claro. Y entonces tú serás un papa grande con tu hijo, y le dirás : "Pórtate bien con el abuelo Daniel".
- ¿Y cuando seas viejito te morirás?
- Si, hijo, yo también tendré que morir.
- Y cuando yo sea viejito y me muera, ¿qué pasa entonces? -con cara triste.

En ocasiones, me gusta escuchar estudiosos debatir sobre cuanto le queda al planeta, al sol, al universo... Esta noche, mi pequeño campeón, me ha dado una respuesta más sencilla y práctica a esa pregunta.

Fanathur.
"Historias que sí han ocurrido".

Llegará la primavera

Llegará la primavera
coronada con sus flores
pensamientos de colores
y el alma toda en añil.
Me sumergiré en sus campos
que están llenos de mis sueños
beberé sus aires frescos
me dejaré seducir
por las hadas de los bosques,
que tejen las ilusiones
con finos hilos de abril.
Renovaré mi promesa,
que a la belleza le hice
de alejar todas las sombras
y de bañarme en su luz.
Dejaré que el sol se asome
a las orillas del alma,
que en ella limpie los ecos
de la tristeza que vi.
Y luego con mis tesoros,
que me ha regalado ella
me envolveré en un abrazo
y volveré a ser feliz.