sábado, 31 de marzo de 2012

Cristales rotos VII. Rompecabezas


Sentí que se me iban las fuerzas y me dejé caer, sentada frente a la lápida de, la que se supone es, mi madre. Intentaba montar las piezas, pero había algo que no podía encajar, le diese las vueltas que le diese. Entonces noté un movimiento en la ventana de mi segundo piso. Pero tenía la luz apagada, así que quizás fuese el reflejo de la luna, o el viento.

Recompuse mis datos. Mi padre, mi madre y una señora en un retrato que no sé quién es, con la caja de música de mi madre y el gato que me persigue. ¿Y si…? No, no puede ser, es imposible. Eso solo ocurre en las novelas románticas. ¡Bah! … Pero quizás sí. Mi padre era mucho más viejo que mi madre. Ella, hija única, sus padres muertos, y fallece repentinamente. ¿Y si no fuera mi madre?... La fecha del cuadro va más con la edad de mi padre. Sería más lógico pensar que esa señora pudiera ser mi auténtica madre. En ese caso, ¿quién está aquí enterrada frente a mí? ¿Mi auténtica madre con un nombre falso? Es una locura.

-       ¿Qué haces aquí fuera con este fresco? –la interrumpe su padre mientras le pone una manta encima.
-       Papa, ¿por qué se marchó mama?
-       El Señor decidió llevársela un buen día, hija.
-       No, papa, digo la primera, mi auténtica madre –observa la reacción del padre.

La respuesta del padre tarda unos instantes en aparecer en sus labios. Tiempo que parecen días, entre la brisa húmeda y fría del cementerio.

-       Tu madre murió y está aquí enterrada –dice señalando la lápida mohosa y sucia.
-     No, papa –y se incorpora-. He visto el cuadro que guardas en el desván. El de la mujer con la caja de música, el gato y el emblema de los tres anillos. El mismo escudo que hay en la puerta de la casa, en el suelo del patio exterior… y que sin embargo, no aparece en la lápida de mi madre.
-         No te sigo –duda.
-    Yo sí. Acabo de entenderlo. La mujer que está ahí es, sin duda, la mujer que he llamado madre durante mucho tiempo, pero nada más. Si realmente hubiera sido mi madre, llevaría el nombre, las fechas de nacimiento y fallecimiento, el emblema de la casa… y tú la limpiarías… ¡igual que haces con el cuadro! Ahora sé por qué me resultó tan extraño al verlo. ¡Estaba limpio!
-       Se nota que la sangre de tu madre corre por tus venas. Nadie habría sido capaz de semejante juego mental… y menos a tu edad –dice tras unos segundos-. Ven, vayamos a la casa, que hace frío. Te prepararé un poco de leche caliente –abraza a su hija mientras la conduce hacia la casa.

5 comentarios:

  1. Se cierra el círculo.
    Al igual que en la entrega 1 del relato, el padre encuentra a la niña fuera y la lleva dentro.
    Pero el muy piiiiii la sigue haciendo creer que es una loca o una fantasiosa.
    Me encanta como está quedando.

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  2. Lápida mohosa,
    piedra corrupta,
    imagen oxidada.

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  3. Buen fin del relato encadenado, pero no es creible que la Socorrito se tome un vaso de leche caliente, jaja, pero es un buen capítulo.

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  4. Gracias, chicos, por los comentarios. Digo igualmente, ¿fin del relato? Se sepone que quedan dos compañeros más. Lo llego a saber, hubiera dicho que el asesino de la madre fue el mayordomo, je, je.

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