domingo, 25 de marzo de 2012

El banquero que no dormía

Soltó la muleta y corrió por el monte. Oía como alguien le perseguía. Su tobillo, con un esguince mal curado, le producía un dolor insoportable al apoyar el pie. Tenía que ir abriéndose paso entre la maleza con las manos y ahora se arrepentía de haber tirado la vieja muleta. Solo se oía el ulular del viento y sus propios pensamientos. Todo había empezado hacía un mes.

Vivía en Madrid, en un barrio céntrico y lleno de tiendas. Tenía su despacho de detective privado en la calle Caracas número 2, bajo C. Su diploma adquirido hacía ya, quince años, presidía la habitación enmarcado en dorado. Una mesa de madera vieja, una cómoda silla en cuero verde
oliva, una estantería de Ikea y un kilim en tonos rojos y azules era todo el mobiliario.
La calle tenía una gran oferta de restaurantes de gran calidad para los altos Ejecutivos que trabajaban en la zona.
Le gustaba comer sobre todo en un japonés, Tsunami, que había abierto hacía poco.
Salía siempre a la misma hora, a las 14.00, cerrando con dos cerrojos la puerta
blindada que contenía la mayor documentación que nunca había tenido sobre un
ladrón de guante blanco al que estaba a punto de atrapar.
Llegaba casi siempre el primero y ya le trataban como a un antiguo cliente.

- Buenos días Señor Romero, me decián al traspasar la entrada.

- Buenos días Fermín, contestaba al mismo camarero que le atendió desde que abrieron, un hombre de mediana edad, pero español, que atendía la barra junto al cocinero, ese sí japonés, que guisaba en frente de los clientes en una gran plancha.

- ¿Qué plato me recomiendas hoy?- preguntaba mientras cogía sitio en la esquina de la barra, ya
preparada con un mantel de lino y un cuenco de ligera madera de sopa miso humeante.

- Hoy un Onigiri, es un plato que consiste en una bola de arroz rellena o mezclada con otros
ingredientes, los que más te apetezcan y envuelta en una pequeña tira de alga nori, le dijo mientras le ofrecía la toallita hirviendo para limpiarse las manos.

Está bien, lo probaré le dijo y se quedó solo centrado en sus pensamientos.

Le tenía cogido. Tenía pruebas suficientes para llevarle a la policía con todas las pruebas
incriminatorias. El Director del Banco,el famoso Julio Mullero Doci, iba a tener que afrontar muchas horas de angustia y presión cuando los medios se enterarán de todo. El se iba a encargar de ello. Tenía ya preparado un sobre para entregar en mano a los grandes Diarios de este país. Alguien tenía que desenmascarar de una vez por todas a ese bravucón.
Había comido muchas palomitas y hamburguesas en el coche, vigilando sus movimientos, hasta que aquella noche conseguí introducirme en su despacho y copiar su disco duro.
(CONTINUARA…)

9 comentarios:

  1. Que bién que escribas Kika, es un relatito bueno, lo llenas de detalles muy reales, pensamientos y psicología, te has metido en el protagonista muy bién!
    Por cierto acuérdate de que las sillas son cómodas, no cómodas las sillas. Y hay dos pruebas en la misma frase...
    Perdón Kika, hago estos comentarios para mejorar, y pido que lo hagáis conmigo tanbién,es que no podemos decirnos solo "me encanta tu relato", "que poema más bonito".

    Que sigas escribiendo, que es lo importante!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón Jose María ¡¡ me faltó releer el final otra vez¡ como lo corté por largo... y la silla, también tienes razón, me recuerda a alguien ¡¡¡¡ gracias por la critica constructiva

      Eliminar
    2. Me alegro de que te hayas tomado bién la crítica, a partir de ahora te voy a desplumar, jajaja. No, no tranquila.
      Yo sé a quién te recuerda lo de las sillas cómodas....
      Oye Kika, ahora que no nos oye nadie: estás muy mona en esta fotito que pones en el blog....esa pose tan sexy tocándote un pendiente...no sé... ¿es parte de tu nueva imagen de escritora?, jejeje
      Que sigas escribiendo !

      Eliminar
  2. Kika, ¡No nos puedes dejar así. por dios!
    El cambio de hora, la resaca de las elecciones,
    y no saber como sigue tu relato, me produce
    una sobredosis de stress insoportable.
    Ten piedad, escribe pronto lo que sigue, porfa....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. lo intentaré... a ver si puedo pasarme hoy por la polaca por el día del teatro ¡¡¡

      Eliminar
  3. Qué bueno. ¿Pertenece al relato de la chica suicida de zapatos rojos? Espero que sí. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. intentaré conectar las dos historias.... gracias Fanathur

      Eliminar
  4. Se supone que el bravucón es el banquero ...pero ¿porque no dormía?
    Nos has dejado con la miel en la boca Kika !!
    Nos has dejado intrigados...
    ¿ que ocurrirá ???

    me quedo esperando el desenlance! Un Saludo.

    ResponderEliminar
  5. Insomnio en la banca,
    sabueso vecino
    y un hueso enguantado.

    ResponderEliminar