miércoles, 7 de marzo de 2012

La caida de la casa de Usher.


Sentado en la biblioteca ante una copa de vino, Alfred, intentaba recordar cómo llegó a esta situación. Su memoria, antaño clara y rápida, se le antojaba ahora, lenta y espesa. El vino no ayudó mucho. No recordaba como empezó, pero sí como acabó.

-       Antes destruida que tuya –amenazó el delgado ser de piel cerúlea.

Alfred y James eran mellizos, hijos de una antigua aristocracia. El heredero siempre había sido único, por lo que el patrimonio familiar crecía con cada generación. Pero esta vez era distinto y James no recibió muy bien la noticia que le despojaba de gran parte de “sus derechos”. Su padre creyó que su libertino estilo de vida terminaría por dilapidar la fortuna familiar, por lo que el patrimonio pasó en su totalidad a Alfred, mientras James se quedaba con una insultante y mísera asignación mensual. Desde ese día, las peleas entre ambos hermanos fueron costumbre, inclusive el día, en que reunidos en el gran dormitorio, despidieron a su padre. Con el tiempo el conflicto empeoró y la acritud, se tornó resentimiento y este, a su vez, en ira. Casi 30 años después de la muerte de su padre, la situación entre los hermanos era antinatural.

Sentado en la biblioteca ante una copa de vino, Alfred, terminó de escribir los recuerdos de su lánguida memoria, guardó la pluma y cerró el portafolio. Era su legado, su Herencia.

-    Buenas noches, hermano –Alfred levantó lentamente la cabeza hacia el origen del sonido. Hasta ver a James en el umbral de la puerta-. Buenas noches, hermano. ¿Dónde están tus modales?
-    Sabría que vendrías, James. Dime, ¿qué quieres esta vez?
-        La casa familiar, ya lo sabes.
-       La respuesta sigue siendo, no. Coge el sobre de la mesa y vete. Hoy estoy cansado para tus juegos.
-       Esta vez no es un juego. ¿Sabes que me estoy muriendo? Sí, el médico dice que no viviré mucho.
-        Siento escuchar eso, hermano -un soplo de algo parecido a un sentimiento veló su cara por unos segundos.
-     ¿Hermano? ¿Acaso te remuerde la conciencia estos años de sufrida ignominia hacia mí? –James avanzó lentamente hacia el escritorio, con paso inconstante y pesado. Fue entonces cuando Alfred lo notó. James llevaba a su espalda una mochila, y jugaba con un encendedor en la siniestra.
-       ¿Realmente estás dispuesto a llegar a ese extremo, James?
-       Ya te lo dije, o era mía, o de nadie. He sido extremadamente paciente hermanito pequeño, pero ya se acabó.

Alfred no tuvo tiempo de pensar en una salida. Sencillamente, no pudo. El primero de los Usher había construido la casa hacía 200 años, como refugio y emblema familiar, y paradójicamente, había sido esta la que había acabado con la dinastía, al derrumbarse encima de los dos últimos descendientes. Durante 200 años, la casa de Usher fue el escenario de una de las más conocidas dinastías… Hasta esta noche.

Fanathur.
Historias que nunca ocurrieron.

5 comentarios:

  1. El relato es estupendo Daniel. Eres muy bueno exponiendo problemas en relatos que consiguen atrapar la atención del lector desde el comienzo.

    Este relato, en lo estrictamente literario y según mi opinión, tiene tensión desde el párrafo primero, el lenguaje es intenso y narra la historia de una forma ágil y atractiva y ya por eso, el relato merece la pena. Pero además, entiendo que hay aquí una crítica encerrada a la institución familiar. La palabra familia y aquí entro en una opinión personal que no tiene porqué ser compartida, ha perdido su significado. Hay demasiados "miembros de familia" que no se hablan por herencia o que incluso llegan a hacer lo que hace James. Es curioso como la ansia de poder puede acabar con lo único que es importante, la propia vida. Con los ojos cerrados, el motivo de disputa, sigue ahí o quizá, no quede de él ni el recuerdo, pero, con las vigas y la piel quemada, eso importa poco, de hecho, no importa nada.

    Y esta forma de contarlo, me ha parecido genial. Enhorabuena.

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  2. Muchas gracias por tu comentario, Juanjo. Se agradece la crítica. Respecto al tema de familia, me apena estar contigo de acuerdo, por lo que ello significa. Por desgracia, yo también opino que la familia ya no es el refugio último del ser humano. Por poder o dinero, renegamos incluso de nuestra sangre.

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  3. Un buen comienzo abrupto y un final esperado. El vocabulario elegido muy cuidado. El tema mucho mas habitual de lo que yo habría pensado hace unos años. Mi teoría es que las rencillas entre familiares a la muerte de los progenitores no son meramente económicos, sino que son consecuencia de problemas de afectividad y relación entre ellos. Y lo material se convierte en el pozo de todas esas faltas o carencias en la familia.
    Bueno, es solo una opinión.
    Me ha gustado mucho el relato. Gracias por tu contribución.

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  4. Se me había pasado comentar aquí, me puedes penalizar Daniel, jeje. Es que con el ritmo que lleva esto no da uno a basto (o se dice vasto?).
    Tú ya sabes mi opinión sobre tus novelas, capítulos y relatos, que más puedo añadir? eres muy realista, muy detallista y bueno con los diálogos.

    Saluditos.

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  5. Muchas, gracias, José María.

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