jueves, 8 de marzo de 2012

Los cristales rotos, El descubrimiento (V)


Guardé el secreto del descubrimiento.

A pesar de mi temprana edad, yo ya podía imaginar lo que supondría contar eso a mi padre, o a las amigas del pueblo. Tuve que morderme la lengua y apretarme los dientes para que no se me escapara ni un suspiro, ni un gimoteo de dolor, ni de rabia. 

Y hay más, en el reverso del retrato pude leer el nombre de la mujer y la fecha, nada encajaba. No sé porque miré, fue un error, solo sirvió para hundir más el puñal en el pequeño corazón de una niña inocente de 12 años, que hasta esa misma tarde pensaba que su madre era quien le habían contado, Lucía Martine, una profesora francesa titulada en la universidad de la Sorbona, joven, hija única como yo, y que me adoraba, que murió de una grave y repentina enfermedad. Eso me contaron siempre.

Y ese mismo día decidí acabar con mi infancia, me hice una adulta amargada de repente y por decisión propia, eso me marcaría de por vida, perdí toda inocencia y credulidad, incluso mi risa infantil se convirtió en una sorna rajada y cruel, sarcástica. Mis chispeantes ojos azules cambiaron a un azul amarillento y agrio, un azul quemado.

Desde la ventana de mi cuarto en la planta de arriba contemplé fríamente el cementerio que se extendía entre nuestro jardín trasero y la iglesia medio abandonada. Ya empezaba a caer el sol por el otro lado del pueblo y los cipreses arrojaban unas sombras que asustarían a cualquier niña de mi edad, pero a mí esa tarde me atraían hipnóticamente.

Presentí en ese momento que el nombre que siempre leí gravado en la lápida de mi madre era falso, era otro engaño más. Bajé al jardín trasero sin hacer ruido, empujé la pequeña verja de madera que daba paso directamente al cementerio pero no tuve fuerzas para abrirla ó quizá la mujer enterrada en esa tumba mohosa me lo estaba impidiendo.

Rodeé la casa sigilosamente, con mi padre dentro, salí a la calle, que ya olía a humedad de cementerio, con los primeros rayos de luna llena reflejándose fríamente en las ventanas de las otras casas. Caminé pegada al muro de piedra hasta encontrar el primer tramo medio derrumbado por el que pude saltar. Tratando de ignorar las tumbas grises y las amenazantes cruces de metal oxidado que se inclinaban hacia mí, y llegué.

En pie delante de ella, con mi cuerpo paralizado, de 12 añitos de niña envejecida, una lágrima de odio me recorrió entera.

10 comentarios:

  1. Me encanta el ambiente que vas creando. me recuerda brevemente a Edgar Allan Poe. Esto se va poniendo interesante. Ya veremos por donde termina...

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  2. Está muy interesante esta historia oye!, a ver cómo continúa jajaja

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  3. Los siguientes turnos del relato encadenado son: Maribel, Hugo, Mina, Daniel y Carolina. Ay! si no estuviera yo aquí con la batuta !!

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  4. uyy!! que cague .. esto está tomando un giro que no me va.
    Cementerios, noche, mentiras...
    Novelas y cine de terror, paso.

    Besitos azules, hasta la próxima, muassssssssss

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  5. Pues si ahora es cuando se esta poniendo interesante! Ahora es cuando se van a levantar los muertos y can a contar la verdad... Jajaja

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  6. Elena!!!!!!!!!! que morbo le metes jajajaja

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  7. Eres cruel José María. Has hecho envejecer a Socorrito, que ahora se llama Socorro o socorro que tendrá que pedir como la que esté en la tumba le dé por levantarse y quitarle todas las dudas y tonterías que atesora su cabeza. He leído la parte más madura de lo que llevamos hasta ahora. El relato no ha perdido la esencia que mostró en su comienzo, intriga y misterios que giran y se hunden en una espiral cada vez más enrevesada. Ha habido toques de humor, otros de ternura y otros de reproches, pero es esta entrega cuando lo siniestro se ha hecho palpable y presente y ahora, las entradas que quedan, tienen el camino muy marcado. La ambientación del cementerio está muy conseguida y casi se puede oír aullar el viento ante la intromisión de la niña en un lugar donde no quieren saber nada de problemas del pasado ni del futuro, no va con ellos y no pueden hacer nada para evitarlo.

    Muy bueno José María, me ha gustado mucho como está escrito y la tensión que me has transmitido.

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  8. Humedad de cementerio, azul quemado, a quién me recuerda de nuestros profes...

    Buenisimo Jose María.

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  9. lo único, gravado? la v...o no??

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