sábado, 24 de marzo de 2012

Error de cálculo

Lucas siempre había construido sus casas. No era arquitecto, ni aparejador, ni dibujante, ni escultor. O mejor dicho, no era ninguna de esas cosas y un poquito de todas ellas. No había pisado ninguna universidad, ni falta que le hacia, pensaba él. En su mesita de noche guardaba La Biblia, que consultaba cada noche antes de dormir, así como los tratados de Vitruvio, Alberti y Palladio. Hace años que los vecinos le habían puesto el apodo de “El pájaro solitario”. Llevaba siempre un lapicero rojo de carpintero en su oreja izquierda, los cordones de sus gastados zapatos sin atar, y la bragueta abierta.

Un toro blanco, con ciertos trastornos de identidad, seguía incondicionalmente a Lucas, como una fiel mascota. Se acostumbró tanto a su presencia que decidió agrandar la puerta de la cocina para que pudiera ser parte de la familia, ocupando desde aquel día el mejor lugar frente a la gran chimenea. Era la sombra de Lucas, su fiel y único amigo. Una vez al mes, María, su compañera, aseaba al animal frotándole todo el cuerpo con estropajo, jabón lagarto y abundante agua caliente. Los 7 habitantes de la aldea se mofaron al principio, aceptándolo con naturalidad con el paso del tiempo.

Cada año cuando empezaban las intensas nevadas, solía ocurrir algo raro en las edificaciones de Lucas. Entonces María, con un tono resignado, solía repetir la misma frase “Error de cálculo”. Aquella mañana de diciembre el techo de la nueva casa se derrumbó. Los 35 centímetros de nieve caída durante la noche y el error de cálculo, sin duda, habían sido los causantes del desastre.

Los niños del lugar se habían enterado del suceso y para ellos era una gran noticia, acostumbrados a la monotonía de los meses invernales donde el tiempo parecía detenerse y un silencio azulado envolvía las pocas viviendas del pueblecito asturiano. Marco, el más travieso, iba el primero. Se quedo estupefacto cuando vio entre los escombros el largo cuerno de un unicornio azul. Se acercó más, excitado y confuso se percató que el animal aun respiraba. Un hilillo carmesí se deslizaba por su oreja izquierda dibujando en la nieve una estrella roja.

Los cuerpos del toro blanco, de Lucas y de María nunca aparecieron. Pero cada primavera, enfrente a lo que fue la chimenea, nacen 3 mandrágoras. El unicornio azul se recuperó gracias a los constantes cuidados de Marco y de un pseudo veterinario de la aldea vecina. En la actualidad Marco está estudiando arquitectura en Barcelona y quizás haga su tesis doctoral sobre las chimeneas de Gaudí.

5 comentarios:

  1. Extraño cuento. Siento que no llego a comprenderlo del todo porque me falta algún tipo de información que no poseo. No obstante, me gusta la ambientación. Cada párrafo hace que quiera leer el siguiente.

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  2. Torcidos según Torcuato, son los renglones de Dios,
    existió un Luca Pacioli que las cifras balanceó,
    hubo errores asentados y el tinglado colapsó,
    hay lecciones obligadas en las viñas del Señor.

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  3. Mina, este cuento ya te lo comenté cuando lo publicaste en el blog hace meses, y repito lo mismo: es muy lírico, irreal, onírico, pero lo mezclas con detalles muy reales. Es muy bueno ehhhh

    mañana nos vemos!

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  4. unicornios azules, toros blancos, pájaros solitarios, lapiceros rojos, chimeneas y mandrágoras, Albertis y Gaudís.
    ¿Errores de cálculo? De éso nada.
    Todo cuadra al milímetro.

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  5. Me ha parecido un relato fabuloso!Supongo que has querido jugar un poco con las creencias de esas tierras , que tal vez las envuelven de magia.Las mandrágoras siempre han sido caracterizadas por sus poderes y supersticiones respecto a las mismas, pues sus raíces tienen cierta figura humana y se cuenta que gritaban cuando se arrancaban de la tierra ¿ son la reencarnación de toro blanco , Lucas y de María ? me ha parecido una historia muy bella y tierna , dejando caer entre lineas enigmáticas situaciones mágicas, como el unicornio azul.Has remarcado la chimenea como un factor importante en la historia ,¿ tal vez ahí radique todo el origen? Te felicito Anselmina! Un saludo.

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