martes, 13 de marzo de 2012

Mil Caballitos Persas

Y qué solitario voy, aireando mi alma, que se me vacía en carcajadas de tristeza, de nostalgia, en las aceras de un barrio donde antes la realeza tenía sus palacios nazaríes, y ahora sólo habitan breves poemas de inmigrantes, pintados sobre paredes de azules azulejos, y pájaros de colores en patios de otoño, sin fuente. 


Un pequeño rio de oro, encarcelado recorre la ciudad, a ciegas, sin intención alguna de ver el mar, ni las alamedas. Y que frio al alba de estas mañanas sin reino, yo lo siento cómo un cuchillo que entra, volviéndome loco, que me hace subir al Albayzín sólo para verte, ¡para tocarte un poco!.


La gente de esta ciudad cruel ignora al Darro simplemente porque no lo ven, y qué me importa a mí, si yo no tengo recuerdos de ríos en el desierto donde crecí, si antes de llegar aquí nunca olí un arrayán, nunca vi una montaña blanca, ni contemplé estos atardeceres.


O una vega verde. Igual que traicionaron a los conversos, y mataron al de los mil caballitos persas, igual me pagarán a mí, por nacer donde nací.


Por las tardes soleadas de marzo, paseando por el Genil, me asomo a la arboleda de tu huerta, para verte reír.

3 comentarios:

  1. Hola poeta exiliado, tus poemas son melancólicos, pero tienen pasión.
    Es agradable para leer y hermoso este sentir.
    Que tengas una hermosa tarde, besitos azules muassssssss

    PD: por cierto, no has subido nada aún a tu blog/cuaderno. ¿Y eso?

    ResponderEliminar
  2. "Y ué solitario voy, aireando mi alma, que se me vacía en carcajadas de tristeza, de nostalgia", que forma de empezar, poeta exiliado, me ha gustado mucho, y esas alusiones, desgarradas luego, para acabar con la risa...
    me ha gustado mucho

    ResponderEliminar
  3. Precioso Salam. Has recreado la campiña andaluza de una forma maravillosa. Me ha recordado esas fotografías antiguas que existen sobre la comarca a comienzos del s XX. Y aún más, pues la mención del palacio nazarí y de los ríos del oro del atardecer te lleva directamente a la España musulmana del s VIII por ejemplo. Fija tu mirada tras la verja, la sonrisa de una expresión de la belleza y merece la pena ser contemplada.

    ResponderEliminar