miércoles, 11 de abril de 2012

No paraba de llover

Al cuarto octubre se derramó todo
como en una cascada, 
las charlas en la cafetería del rectorado, 
palabrerío del atlántico, 
un cielo de plomo 
atravesando las cristaleras del patio, 
miradas lanzadas 
por la biblioteca de la facultad. 

Y sí que llovía, 
no paraba de llover,
y tú matriculándote
una y otra vez,
suspendías y ella suspiraba,
para seguir lloviendo después,
y te sonreía,
como sonríe la lluvia al caer,
más idas y vueltas
por pasillos de piedra,
más subidas y bajadas
por escaleras de emperador.

Ella
tu borrachera de madrugada,

su desahogo por un fracaso,
tanta oscuridad de procesión
tanta mirada de soslayo
tanta subida a su cátedra
por si acaso.

Y al quinto cristo del silencio llegó,
notable en Derecho penal,
ocurrió una noche mojada,
con el río dibujando
una luna de mentira,
se rindió al capitán
y claudicó a tus pies.

Y al amanecer ya corrías
por la A-92,
por el espejo retrovisor huían
el ruido de campanas,
los bailes en casetas de hipocresía
y la falsa cera derramada.
Con la capota abierta,
pisaste el acelerador
de tu viejo dyane 6.

Aire
sol
abajo por fin el mar,
la torre de la catedral,
la linea de la costa
y al fondo,
Gibraltar

2 comentarios:

  1. Muy bueno, JM, me ha gustado mucho.

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    1. Gracias colega! esto es un poema aunque no lo parezca, es un intento, un experimento, de esos que me gustan hacer, quiero intentar un tio de poesía diferente....a ver..

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