miércoles, 4 de abril de 2012

UNA GRAN AMISTAD

El pueblo emergió de repente cuando el autobús tomó la última curva. Habían pasado diecinueve años desde que tuvo que irse, y ¡Qué manera de irse!. Cuando volvió del colegio, su madre ya tenía las maletas preparadas y su padre estaba trasteando en el coche con el maletero abierto.
¿Qué pasa, mamá?. Nos tenemos que ir, Jose, ya te lo explicaré por el camino.  A su padre le habían destinado a una comisaría del norte y  tenía que incorporarse urgentemente.
Pero papá, ¿Y mis juguetes, y mis libros del colegio, y mis cosas?
No te preocupes, ya hemos cogido lo imprescindible, más adelante nos
mandarán el resto. Tu estate tranquilo.
Pero él no podía irse, si precisamente ésa misma tarde había quedado con Felipe en la cabaña. Era un día muy importante para ellos. Iban a planificar su futuro y un montón de cosas más. Desde que su amiguito del orfanato y él se habían conocido, se convirtieron en uña y carne. Felipe, que antes era un niño triste y solitario, ahora era feliz y no había día en que no se vieran para jugar o soñar.
Una tarde, explorando el bosque cercano, habían descubierto aquél lugar abandonado en lo más profundo de la espesura y lo habían convertido en su cuartel general; pasaban muchas horas agradables proyectando su vida y sus correrías. Allí habían llevado a cabo su hermanamiento de sangre. Dentro de ésas cuatro paredes destartaladas habían sido felices. Ésa cabaña era su gran secreto. Y la cita de hoy era muy importante. No podía irse así, tenía que avisarle como fuera.
Pero no pudo hacerlo, el tren salía en una hora y tuvieron que irse rápidamente a la estación.
Después, el silencio. Cartas y llamadas sin respuesta. Aquélla tarde,
la tarde en que tuvieron que irse del pueblo apresuradamente, Felipe no había vuelto al orfanato. Nadie supo más de él. Diecinueve años de remordimientos, diecinueve años de reproches en los que ni un solo día pudo olvidarse de Felipe. Le había fallado a su mejor amigo, a su único amigo. Y huyó.
Y ahora había vuelto. Encontró la posada de Lola convertida en un moderno hotelito de nombre rimbombante: “Astoria”. Dejó sus cosas en la habitación y salió a recorrer el pueblo. Todo había cambiado, no reconocía nada. Las calles estaban asfaltadas y con semáforos, su antigua casa era una guardería y la pastelería de Guillermina era ahora una tienda de telefonía móvil. Diecinueve años.
Se encaminó al orfanato, pero en su lugar había un centro comercial. Todos los recuerdos de la infancia irrumpieron de golpe y sintió ganas de llorar. Nunca debió irse de allí.
Inconscientemente e invadido por una gran tristeza, sus pasos se dirigieron hacia la salida del pueblo y, sin saber cómo, se halló de pronto a la entrada del bosque, aquél amado bosque que había marcado su niñez y al que curiosamente, encontró casi igual, ahora tal vez más sombrío y más enmarañado, parecía una selva.
Le costó mucho orientarse, pero tras media hora deambulando, atisbó la vieja cabaña, ahora cubierta por una profusión caótica de hierbajos y ramas. ¡Cuántos recuerdos, cuántas horas felices hablando y riendo con su amigo!
Se acercó. La puerta estaba atascada y cubierta de zarzas. Con la ayuda de un palo la despejó como pudo. Los herrajes estaban oxidados. Empujó con fuerza. Cuando por fin consiguió que cediera, la empezó a abrir lentamente. Un aire húmedo y espeso salió del interior. El corazón le latía con fuerza y su frente se perló de un sudor frío.
A duras penas consiguió acostumbrarse a la oscuridad reinante y entonces lo vio: Los huesos asomando entre aquélla querida camiseta del Barcelona y sus gastadas zapatillas de baloncesto, ahora amarillentas y podridas.
Desde sus cuencas vacías, Felipe le miraba acusadoramente.
  

4 comentarios:

  1. Magnífico relato. Me ha gustado mucho la descripción, pero sobre todo el final.

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  2. Jose Luis, me lo estaba imaginando, desde que se encamina al orfanato ya empiezo a sospechar lo que va a pasar, ¡Qué pena! Pero muy bien estructurado el relato, con su comienzo "in media res" y su flash-back perfectamente encajado- ¡Fantástico relato!
    Estás en vena últimamente.

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  3. Muchas gracias por vuestros comentarios.

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