lunes, 7 de mayo de 2012

Una botella con un LAGARTO dentro

Aquel día sentí de verdad  lo que era el miedo. Una botella con un lagarto dentro y ese mensaje. ¿Qué significaba?¿Quién me lo enviaba? Me puse a investigar.
Trabajaba en una agencia de publicidad. Era joven, ambiciosa y decidida. En cuanto llegué a ese negocio supe que ese era el trabajo de mi vida. Me gustaba pasear por la oficina viendo en sus grandes pantallas colocadas en cada esquina, esos anuncios  en los que yo había participado como Creativa. Me gustaba ir vestida de forma informal, y no tener que preocuparme por mi aspecto todo el día. Y lo mejor, podía ponerme mis zapatillas nike rojas. .

Mi jefe era un hombre de unos cincuenta años. Pelo cano y parecido a George Cloony. Me gustaba ir a su despacho, presidido por una gran librería donde exponía los distintos premios ganados en Festivales de Creatividad de todo el mundo.  Cada vez que me llamaba, temblaba, pero luego salía encantada. Sabía sacar lo mejor de cada uno de nosotros y aprendías mucho con él.

Un día, estando yo sentada en mi mesa rompiéndome  la cabeza buscando un buen concepto para vender unas galletas para perros,  en mi pantalla y con un sonido de campana, apareció un texto. Apareció como por arte de magia, como en las películas de terror y decía así: “VOY A HACER QUE TE ECHEN DE AQUÍ A PATADAS PERRA”.

Me quedé estupefacta. Miré a mi alrededor. Eramos cuatro Creativos en el departamento. Llevaba dos años en la agencia y nunca había tenido problemas con los demás. Mi primer impulso fue mirar a Silvia. Era una chica alta, delgada, guapísima, que traía locos a todos los clientes. Había discutido alguna vez con ella por sus formas de querer llevarse siempre el mérito de todo lo que hacíamos, pero no como para que quisiera matarme, pensé.

Luego miré a Jorge. Era el más guapo de los tres chicos que había. Todas estábamos enamoradas de él. Pero Jorge solo tenía ojos para su novia, una sueca que había conocido durante su Beca Erasmus en Estocolmo. Trabajador, buen creativo, alegre y generoso con todos.

Jean Louis, era francés. Había llegado hace dos meses para unas prácticas. Su padre era ministro en Francia pero él pasaba de todo y lo único que le gustaba era la publicidad. Era brillante en sus campañas y tenía, según decían todos, un gran futuro por delante como Publicitario.

Y la última. Lydia. Como puedo describir a Lydia. Su padre tenía una gran fábrica de jabones y llevábamos la cuenta en la agencia. A cambio, Lydia se había incorporado al departamento Creativo. Para todos fue como meter un espía en tu casa., pero mientras su padre siguiera apostando por la agencia, convenía estar  a bien con ella. Pero tenía un gran problema. Era muy bajita. Eso le traía por el camino de la amargura como suele decirse. Chillaba mucho cuando hablaba, quizá para hacerse ver bien. Tenía siempre un gesto de amargura en la cara y no sonreía nunca. No sabíamos por qué.

3 comentarios:

  1. Que bien que ambas Elenas retomen el relato.
    Alguna vez conocí una botella con un lagarto dentro, era un licor chino exótico.
    También he conocido un jabón peleón o de lidia, de apellido Lagarto; originalmente venía en barra, después fue embotellado.
    A falta de galletas, buenos son los jabones.

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    1. Gracias Hugo, tengo que Buscar pistas y seguir!.

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    2. Hay pistas y pistachos,
      autopistas de peaje interminables
      y un destino final inexorable.

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