jueves, 28 de junio de 2012

La Reina de la noche.


Me gustaba verla arrastrar sus ropajes por la playa, siempre después de la media noche, solía venir hacia mí seguida por un nutrido grupo de seres desguazados, una procesión de inanes, almas en pena ignoradas brutalmente por la ciudad, que recobran su vida, y toda su dignidad humana, cuando se hacía la oscuridad total, solo entonces.

Yo la esperaba, sentado en la orilla, quieto y obediente, absorto, contemplando un mar invisible, de líquida negrura, mis manos jugando con una arena todavía cálida, y a mi espalda un paseo marítimo convertido en una serpiente interminable de luces amarillas, con su siniestra áspid gemela, deslizándose en zigzag sobre el agua negra de la bahía.

Solamente se oían las tímidas olas de cresta blanca, el suspiro del paseo nocturno de la luna, el leve aleteo de una cometa perdida, la danza mágica de unos eucaliptos gigantes, los diminutos peces plateados, que, huyendo de los barcos fantasmas del horizonte, llegaban coleteando hasta la orilla, y un tintineo de copas lejanas en los jardines del Marbella Club.

Y siempre los oía en el mismo momento, yo giraba suavemente y con temor mi cabeza: la arena formaba huellas con su avance, eran pura poesía, pura imaginación, eran la Nada. Yo temblaba sin frío, sin saber exactamente qué hacía allí, viendo como se acercaba esa procesión de despojos humanos, seres famélicos en retirada,   mendigos con la dignidad temporalmente prestada por la oscuridad.

No, no portaban velas, ni vestían túnicas, nada de cantos rituales ni danzas macabras, solamente seguían a su Reina. Era la leyenda de la Reina de la Noche. Venían a su guarida de verano, donde se hacían por fin visibles y eran sus propios amos, donde me enseñaban a ver el firmamento, a contemplar como caen las estrellas a media noche, a mirar como llueve el cielo para complacer a la tierra.

Recuerdo que eran encuentros buscados por mí, en esa obsesión vital por encontrar personajes y aventuras, esos empeños míos en conocer y trabar amistad con los seres más extravagantes. Esa comodidad que desde tiempos del colegio he sentido al rodearme de gente inusual, rompedora de reglas y costumbres, y que se acentuó en mi etapa de universidad al sentirme como en la gloria con los alternativos, los anti sistema, los indignados de verdad, los creadores, los que no hacen nada, los que no compiten, los inútiles, y finalmente con los soñadores.

2 comentarios:

  1. Tiene algo especial este relato. Ya lo leí cuando lo pusiste en el Caravanserai, si bien esto es una muestra simplificada y causó la misma sensación de inquietud ante esos seres que aportan algo nuevo a la vida y a la costumbre. Sabes que pienso que la prosa poética es la m poética y que realmente los géneros a día de hoy están más cerca de formar uno solo.

    Es cierto que el encuentro con Friebe y Pedregosa hace que las cosas se vean de otra manera en cuanto a lírica, pero este relato guarda la capacidad de emocionar, aunque no es una emoción ligada al corazón, que se suele generalizar demasiado, sino un tipo de emoción ante el desfile de los personajes que pueblan tu imaginario, los personajes que aportan algo, quizá porque no aportan nada y te sorprendes de que al menos, no restan. Te enseña la indiferencia absoluta y lo poco que se necesita para tener un momento inolvidable. Solo unas gotas de imaginación y el valor de proyectar una imagen real en el espacio y convertirla en leyenda. Puede que sea el preludio de la leyenda de la noche. Es la impresión que me ha dado a mí.

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    1. Que bonito comentario Juanjo, porque además de diseccionar el texto (se nota que te lo has leido a conciencia)haces una crítica objetiva.
      He querido meterle mano al texto anterior para simplificarlo y mejorarlo, creo que lo he conseguido...
      De todas formas ya solo por comentar te lo agradezco mucho porque este blog se está quedando desierto poco a poco.

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