martes, 26 de junio de 2012

María de la Virgen del Perpetuo Socorro (la Socorrito)


Ya en el mismo momento de venir al mundo, la criatura se lió con el cordón umbilical y dio un aullido que paralizó la Maternidad. La madre perdió la conciencia del dolor que le provocó el parto y el padre, al ver la cara del bicho, salió corriendo escaleras abajo, a la cafetería del hospital. Les dieron el alta sospechosamente antes de lo normal, y la enfermera de la habitación 212 pidió tres días por depresión. Vino al mundo la Socorrito, y el mundo se enteró, vaya si se enteró.

Vomitaba el biberón con tal furia que tenían que dárselo por vía intravenosa, y aún así la niña se lo arrancaba y usaba los tubitos de goma para liarlos alrededor del cuello de la gata de la abuela, ¿instintos criminales? No, era pura maña, era una criatura extremadamente hábil, pero con muy mala leche.

Intentaron bautizarla tres veces, pero no hubo manera, en la primera la maldita se tiró del carro en plena marcha y se dejó la cabeza en el suelo de la plaza. En la segunda, de una meada gigante, cambió el color del vestido de la madre de rojo brillante a naranja mate, y a la tercera, cuando ya la tenían atada a la pila bautismal, la niña miró al cura fijamente, se le hincharon las venas y le lanzó un escupitajo verde que le cubrió un ojo.

Se corrió la voz por el barrio de que la niña de la Merche y el pescadero estaba poseída, que era el mismísimo demonio. Decían en el mercado que al pasar con la abuela cerca de las capillas del pueblo, la Socorrito dejaba de respirar, se le erizaba la piel y hasta le salían escamas.

Después de cumplir los tres años, el padre, en un intento desesperado, se subió a Ojén en busca del Padre Gabriel, que era famoso por curandero y exorcista de aquí te pillo aquí te mato, es decir que no estaba reconocido por el Obispado. Pero al parecer, según cuentan las viejas del pueblo, en los años del hambre el Padre Gabriel fue enviado en misión secreta al mismísimo Vaticano, y llegó a arrancar al diablo de las entrañas de un cardenal africano.

Como sería la cosa, que hasta el Padre había oído hablar de la Socorrito. Y armándose de mucho valor, de la cruz más grande que tenía y de una estaca que apestaba a ajo, se bajó en el portillo acompañado del gordo del sacristán, y de un monaguillo.

La experiencia de los tres religiosos con la familia Tamayo se contará más adelante, porque no hay papel para relatar tanto desmayo, tanto grito. Y qué decir de ese ejército de vecinos acampados fuera desde la madrugada, tomando posiciones, y del revuelo de radios y televisiones. 

1 comentario:

  1. Ahora entiendo a la pobre Socorrito. Así que eras tú el que se deslizó por la habitación 212 y le metías al monstruito leche caducada por la vía. Con razón el suero tenía aquel color tan sospechoso...

    Ay mi madre, los tres mosqueteros del Vaticano apocalíptico van a luchar contra mi Socorrito... Que venga el gatón cabrón con las gafas y el Vidente de la Primitiva para auxiliarla. Mira que el monaguillo de Ojén es más bruto que todas las láminas de hierro del Banana Beach.

    Telecinco instaló un plató de Lequios y Estébanes de forma permanente en el exterior de la casa donde se iba a librar la Primera Guerra de los Socorros, pero se dieron cuenta que el exorcista tenía un amante gay y se desviaron todas las atenciones... No juguéis con la Socorrito, que como se orine o haga lo siguiente en los mosqueteros vaticanos, la vamos a tener...

    Continuará...

    JM no nos dejes en ascuas, dale vida a la Socorrito, hombre, que lo está pidiendo... a gritos ^_^.

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