viernes, 8 de junio de 2012

Pasaje al campus.



Adoro el autobús. Me ayuda a relajarme y pensar en cosas que no pueden hacer los que conducen, como observar a los demás. Es curioso como a la gente le encantan las costumbres. Sin que se den cuenta, repiten diariamente las mismas acciones. Por ejemplo, junto a mi parada recoge a los niños un autobús escolar. Todos van uniformados, que graciosos. Hay una niña en especial que me gusta mucho, porque parece una vikinga con dos coletas a los lados. El padre siempre le da un beso, le pone la mochila y le vuelve a dar otro beso más. Siempre. Luego está el panadero. Bueno, no sé si será panadero, pero le llamo así porque viene con un pan bajo el brazo. ¡Su hijo sí que está gordo y no el del vecino del tercero! Hoy hace más frío de lo que esperaba.

El autobús arranca con una gran vibración. No sé porqué me suele tocar ir sobre el eje. Bueno, a dormitar un rato. El cristal está muy frío, así que usaré mi anorak como defensa contra la temperatura y las vibraciones. Ahora, sí. El cielo está nublado y parece que aún no haya amanecido. Je, je, no falla. Otro conductor en el semáforo sacándose un moco. Y de nuevo, un estresado tocando el claxon. No tienen paciencia. Aquí se está mejor. Puedo ver el interior de los coches que pasan a mi lado. Ya estamos llegando a la última urbanización. Estupendo. Unos, dos, otro más… Ah, allí está Denis. Mira que le gusta subir en último lugar. Se sentirá así el centro, con todos mirando. Me encanta su pelo. Por cierto, ¿y el viejo? Falta uno. Eh, si viene corriendo. No llegará a tiempo.
-       ¡Un momento, conductor, falta uno! Gracias.
El pobre viejo lleva una muleta muy antigua en el lado izquierdo. Ya podrían darle una nueva como la del Rey ¿A dónde irá cada mañana? Yo creo que a ver a su nieto, o algo así, porque muchas veces lleva un juguete, o comida. Hoy lleva un juguete.
-       ¿Disculpe está libre? –pregunta una persona mayor.
-       Sí, claro. Además ya me voy. Salgo en un par de paradas. ¿Va a ver a su nieto?
-       Sí, ¿Cómo lo sabe?
-       Porque siempre coincidimos en el autobús y veo que algunas veces lleva juguetes.
-       Sí, se llama Tobías y tiene 3 años.
-       Vaya, 3 años. Entonces ya está hecho un campeón, ¿no?
-       Sí, y en mi estado, me cuesta mucho seguir su ritmo. La pierna no se cura tan rápido como cuando era joven.
-       Bueno, ya me toca bajar. Hasta luego.
-       Adiós, buenos días.

Ya estamos agolpados en la puerta, esperando a que el autobús termine de frenar. Qué cara de sueño tenemos. Manolo con ojeras y enganchado a los auriculares del móvil. Coño, qué peste., ¿quién se ha tirado un peo? Nada, que sigue nublado... y Denis, sentado. Seguro que se levanta cuando todos hayamos bajado. Ya se abren las puertas y el aire está frío.

7 comentarios:

  1. Un monólogo muy divertido, Fanathur! O es un soliloquio? Puff! Ya no me acuerdo de la diferencia.

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  2. Es un soliloquio, Elena Piera, Beltrán, y con diálogos añadidos, osea que no es un soliloquio puro. Si recuerdas, el monólogo es pensamiento caótico, y ni siquiera es pensamiento, es todo lo que pasa por la mente en una determinada situación, pero sin razonamientos ni análisis, ni lógica.

    Este es un buen soliloquio, como ya te he comentado en otra web Daniel,me gusta como te has metido en la mente del personaje, muy bueno !

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  3. Gracias, compañeros. No es fácil meterse en la cabeza de un/a adolescente universitario/a ¿no?. Buena feria.

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  4. Me ha encantado este relato muy entretenido y que parece tan real como la vida misma.
    Es un placer pasar por aquí y leer vuestras entradas.

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  5. Estoy de acuerdo en que en esos lugares y esos momentos transcurren las cosas que más se quedan en la memoria una vez que pasa el tiempo. El ambiente está bien recreado y las situaciones definidas. Un texto cotidiano y matizado con el humor de los detalles pequeños del día día.

    Tsmbién considero que la inmersión en el adolescente está muy lograda ^_^.

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  6. Me he visto en el bus... y he sentido el frío de la mañana....

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