lunes, 23 de julio de 2012

EL DEVORADOR DE PENSAMIENTOS


       
Nicolás se sintió repentinamente un fracasado a los 12 años de edad, cuando la profesora le dijo, delante de los demás niños de la clase, que carecía de imaginación. Y ese sentimiento se fue enraizando año tras año, hasta llegar a hoy. Día en que Nicolás pesa 113 kilos, exhibe con orgullo un bigotazo negro que le tapa el labio superior, y su principal actividad es devorar pensamientos a una velocidad vertiginosa. Y cuando se siente bien divaga por las calles difundiendo su arte.

De la cocina solo vienen gritos y reproches en tonos insoportablemente agudos, su mujer le machaca continuamente, le es infiel por supuesto, y le prepara comida fácil de deglutir, grasienta y rápida de cocinar, para que coja ligerito la puerta.

-¡¡Nicolás!!- el grito electrizado atravesó el pasillo hasta alcanzar el baño.

-¡¡¿qué quieres ahora?!!- respondía simulando sorpresa, estaba concentrado en pasar la cuchilla de afeitar a un milímetro de la oreja.

-¡En qué coño piensas, que llegas tarde al trabajo! – subía el tono y además ese grito llegaba ya cargado de la pegajosa humedad propia del mes de julio, lo tenía muy calculado la Felisa.

-¡Que trabajo, si llevo cuatro años en paro!, ¡y cómo voy a pensar, si me estoy afeitando!.

-¡Nicolás, el chapú pal'que te llamaron ayer!, ¡¿es que no piensas ir?!- el gritó atravesó veloz el pasillo empujado por una ráfaga de aire caliente.

-¡¿Niña, tú estás esperando al electricista otra vez?!- rebufó con hastío.

-¡¡Nicolás no me tientes, que me conoces!! – subió el volumen varios grados y bajó el tono, más agudo ahora- ¡¡¿Qué electricista ni que niño muerto??!!-

-¡Pues quién va a ser hija, Salva, ese que viene a revisarte la caja de fusibles todas las semanas!, o es que te crees que no lo sé….- esto último ya le salió en voz baja, y esta vez no hubo grito de vuelta, solo un silencio recalentado por los trentaycuatro grados de temperatura, Nicolás terminó de afeitarse con una pasada limpia de cuchilla por el cuello, rodeando la nuez con perfección, mientras engullía los donuts del desayuno, y un pensamiento filosófico que le vino de sopetón.

Hoy sería un buen día, el débil sol de levante dibujaba, al atravesar los visillos de nylon, sombras caprichosas que bailaban sobre los azulejos blanco españa que rodeaban el water, ese era su gran momento del día, suspiró aliviado y más ligero. Se puso la americana azul marino bordada con el emblema de la casa real, metió los pies de un salto en sus chanclas hawayianas favoritas, se encajó coquetamente las Ray Bann que se encontró en un banco de la Alameda, y sonriendo por fin, se metió en el bolsillo de la chaqueta una porción de pizza margarita con doble de salami, que sobró de la cena.

Saldría a cantar y darle golpecitos rítmicos a la guitarra en la zona del paseo marítimo, había fichado una terraza nueva, Capriccio, en la calle trasera, a la sombra de los enormes eucaliptos del Skol, donde hacían las mejores masas de pizza de la ciudad. Como era nueva tenían poca clientela y podía dedicarse con más ahínco a su actividad favorita: mascullar pensamientos profundos mientras deglutía una pizza familiar.




6 comentarios:

  1. Y seguro que no necesita más para ser feliz que qué le revisen la caja de fusibles a su mujer, o las tuberías finas de la intimidad mientras él, cagándose en todos los tópicos de la felicidad social, maldiciendo a los nutricionistas, a los electricistas y a todo lo que acabe en ista, porque pizzero acaba en ero, ha encontrado y ha entendido, que no puede cambiar el mundo. Pero los cambios del mundo tampoco lo harán cambiar a él. Y estará bien. Sentirá la satisfacción de emplear el tiempo en lo que quiere emplearlo.

    Una vida a su sentido, haciendo oído sordo a lo que los mediocres, dicen que está bien, alzándolo a valor objetivo ineludible.

    En el Skol has dicho ¿no? Quizá está noche tenga compañero... Tengo nueve, nos dará para una idea de aguardiente y una porción de la vida sana a nuestra manera.

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    1. Todo es ficción Juanjo, hasta la vida diaria creo yo, pero Nicolás tiene que existir, estoy seguro y por eso lo he incorporado a mi relato, para que salga de ese piso recalentado por la vida y el verano, hacerlo feliz un rato, que se olvide de esa mujer que le aplasta la existencia y sacarlo a la calle a comer pizza. ¿qué te parece el plan? creo que hay Julián para rato.

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    2. Habrá Julián o Nicolás hasta donde tú quieras. Esto es lo grande de la ficción. He entendido el texto como una paradoja del que vive a su manera y es criticado porque no es "políticamente correcto". Cuando en realidad, lo único que no es correcto en la vida, es la política.

      El por qué es criticado lo asocio al machaque que sufre por su mujer. Y reconozco, que en los tiempos del amamonamiento superlativo, me he sentido identificado.

      Un relato de ficción, pero con un trasfondo social interesante, al menos para mí.

      Y solo espera a ver lo que van a liar el gato y Rafaelito Sartorio. Vas a ver un trasfondo social intenso en un relato de ficción ^_^.

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    3. Ups me equivoqué con el nombre del mi personaje, imperdonable....perdón Julián. Digo Juanjo. jeje

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  2. Me gusta el personaje de Nicolás. Espero no tener que verle comer. Porque parece un poco del todo guarro o que deja pasar por el costado las convenciones sociales. Apunto que Nicolás bien puede llevar dentro a un julián, una especie de otro yo, de conciencia alternativa, de repuesto de recambio para cuando la vida te machaca mucho, como lo hace la Felisa.

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  3. Como es tu segundo relato, ya te hemos vuelto a empadronar en el territorio de los relatos. Tienes razón en eso de que todo es ficción, no sólo la literatura, también los balances bancarios, los rescates, las primas de riesgo, las promesas políticas del ayer...

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