martes, 24 de julio de 2012

MASTICANDO PENSAMIENTOS


   
La terraza de Capriccio estaba esa noche más tranquila incluso de lo que había imaginado, a pesar de la fama de sus masas de pizza la gente no estaba por la labor, hay una competencia fiera entre las pizzerías de la ciudad, ofreciendo hasta tres por el precio de una a las familias en el Oro di Catania. Nicolás mintió ahí fácilmente al decir que su mujer y “su hijo” estaban al caer y que las fueran sirviendo, pidió tres calzoni al forno con extra de alcachofas y jamón ahumado que deglutió con un placer especial, lamiéndose a cada rato el bigote salpicado de queso parmesano fundido. Las alcachofas tendrían un efecto retardado muy calculado por Nicolás, y soltarían sus gases letales en unas tres horas, justo cuando la Felisa estaría cogiendo el sueño.

En la terraza de Capriccio había solo tres mesas ocupadas, unos monjas de Logroño en misión suicida, participantes en el Tour Cristianizante 2012 por la Costa del Sol  y Ceuta que pidieron un jarra de agua del grifo y un plato de espaguetti a la putanesca para compartir, dos rusas despampanantes con minifaldas de Dolce y Gabanna y el BMW descapotable en segunda fila, y en la tercera mesa un señor muy serio con gafas de pasta y absorto en las rusas, que cenó gratis amenazando con una reclamación porque la terraza no estaba protegida contra la humedad nocturna con el reglamentario toldo de teflón de 3 milímetros.

Nicolás cantó un O Sole Mío que aceleró las glándulas salivares de las monjitas suicidas, y ocupó discretamente su mesa en la oscuridad. Un chasquido de dos dedos y un gesto muy ensayado con la mano y la boca fue suficiente para hacer ver al encargado que el Gran Nicolás no canta sin antes tragarse una pizza de masa doble con abundante mozzarella. Ese era el pacto, canto de escuela y guitarra fina a cambio de una pizza margarita con tres ingredientes a elegir, y un refresco con gas. Más las propinas de los clientes.

Esa noche masticó lentamente y con placer un pensamiento que le rondaba desde la mañana, y que no se le iba de la cabeza por mucho espacio mental que ocupara la comida basura en su enorme cerebro. La mozzarella se había convertido ya en una masa compacta de chicle imposible de mascar, así que decidió cogerla con los dedos de una pieza entera, la enrolló como una tortita, le rellenó de alcaparras y salami y se la metió como un transatlántico blanco lleno de pasajeros (las alcaparras) y barquitas de salvamento (las rodajas de salami), introduciéndolo directamente en la garganta, para evitar la imposible deglutición.

Con un sonoro glup y el consiguiente eructo de tres segundos no solo consiguió que las dos rusas cambiaran de posición las piernas cruzadas, haciendo crujir las minifaldas de lentejuelas, sino que llegó al fondo del pensamiento que le atenazaba desde tan temprano: ¿es ó no es vida sacrificarse tan duramente por un cuerpo escultural y obsesionarse por la salud, matándose a correr y pedalear por el paseo marítimo, sudando inhumanamente a chorros, desayunando cereales de nombres escandinavos, bebiendo zumos de frutas inalcanzables, pagando cheques imposibles al naturalista y cantidades imprecisas al nutricionista, partiéndose en dos cada mañana con ejercicios criminales para el maldito abdomen, en definitiva para morirse todos por igual y sin aviso previo?.

En ese momento, en la pantalla extraplana de televisión instalada en la terraza, comenzó el ansiado telediario, España acababa de ser rescatada por una suma imposible de pronunciar y que pagaríamos indefectiblemente todos a tocateja, una Merkel sonriente y un Draghi desafiante daban una rueda de prensa en un plató en forma de plaza de toros montado para la ocasión por los odiados hermanos Lehman Brothers, y unos funcionarios de la comisión europea vestidos de gris tocando unas castañuelas de diseño. 

Nicolás esbozó una sonrisa con trozos de proscciutto podridos y atrapados entre los caninos desde la noche anterior, sacó su cajita de palillos de dientes de madera fina y desenfundó con garbo su teléfono móvil de primera generación (año 1987).

Marcó el número de su cuñado, el Manolo.

-Quillo, vete preparando la pasta que’acaban de rescatar a España- la salió en tono burlón.

-¿y tú cómo tanterao deso si tú no te cosca ni de con quién duerme tu Felisa?- le chuleó el Manolo.

-Meno mamoneo hihodeputa y lo quiero en billetes de 20 que me duran más, los tratos son los tratos, tú si qu’está empanao, ¿o egque no has visto el telediario?, ¡que esta misma noshe quiero los quinientos papeles soatontao, qu’as perdio la apuesta!

2 comentarios:

  1. ^_^.

    Muy divertido e ingenioso tu relato. Cada vez le veo a Nicolás Julián Froilán me Pego un Tiro de Todos los Santos de la Socorrito, de la Virgen y del Señor más posibilidades.

    ¿Qué dirían las rusas sobre el sacrificio del cuerpo escultural? ¿Para que se machacan todas las mañanas en la sauna, allí tumbadas mientras leen el Kamasutra moderno y por la noche se van al Capriccio? ¿No me digas que pidieron ensalada de lechuga con un poco de limón recién cortado del árbol que hay al lado de la cocina del restaurante? Manetener el BMW cuesta y aunque las rusas la van a palmar igual que todos, ellas tienen el factor del tiempo en su contra. Pasado veinte años, las minifaldas no serán de lentejuegas, serán de varices y celulitis. Y el de las gafas que protesta buscará distracciones nuevas.

    A las monjas fijo que le importa un pimiento. A saber si los espaguetis eran a la putana o a la putanesca, al fin de cuentas, las misiones suicidas tienen el aliciente de que todo te importe lo que sale de los traseros. Por hablar fino y bien.

    Ha sido bonito echarse unas risas a estas horas, después de la tarde que ha hecho aquí, JM. ¡Enhorabuena!

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  2. Excelente el relato. Una historia, aunque breve, muy divertida y absorbente, con los puntos necesarios.

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