domingo, 1 de julio de 2012

Un certamen literario


Por fin llegó el día del fallo del premio literario La Juventud Crea, tan popular dentro de los muros de la prestigiosa Universidad de Harvarizas. Todos los participantes que habían llegado a la final esperaban nerviosos la apertura de las puertas dónde se celebraría el fallo del jurado, que por experto, era inapelable. La hora de la citación era las cinco de la tarde y eran las seis menos cuarto y allí no había aparecido ni el yonqui que trapicheaba, en servicio de veinticuatro horas, las calles de la Universidad. Solo los llamados finalistas esperaban, cada vez más impacientes, a que llegara alguien.
Y por fin apareció, una hora después, algo parecido a un aborto barrigón que sin decir una palabra, invitó a todos a entrar de una forma poco amable. Cogió el listado de los participantes y fue comprobando la asistencia y las identidades de los mismos. Frasquito, Juan, Soraya, Jesús, Alba, Dolores… Faltaron unos pocos, pero el aborto barrigón se limitó a tacharlos de la lista sin más. Después los hicieron pasar a una sala bien iluminada gracias a un tragaluz grande, de tejado alto y espacio amplio. Ordenadas de manera pulcra, dispusieron de cuatro filas de sillas bajas frente a un atril desde el que, suponían los allí presentes, se fallaría el premio. Cuando el aborto barrigón se sentó en la mesa del jurado, los murmullos fueron en aumento y todos eran unánimes. Aquello no podía representar nada más que una broma de mal gusto. Después apareció una señora mayor que sin decir nada, tomo asiento lo más lejos posible del aborto barrigón que ya empezaba a quedarse dormido. La señora de ojos apagados y mirada desquiciada, pesaba cuatro kilos más por el maquillaje que llevaba puesto. Aún había una silla libre y nadie parecía destinado a ocuparla. Los murmullos fueron subiendo de volumen y la frase de que aquello era una mierda, empezó a ser audible por todo el mundo salvo por el aborto barrigón, que estaba dormido y la señora mayor de la ignorancia que miraba al frente como queriendo acordarse de cuánto tiempo faltaba para que el horno que había dejado encendido se apagase. La bautizaron como la experiencia ignorante.
Un hombre de estatura mediana, cabeza afeitada y voz desagradable subió al atril y usando un micrófono que no funcionaba, porque no habían pagado la luz y la habían cortado, se dirigió al público finalista con el fin de poner paz.
—Buenas tardes, soy el responsable de conducir esta entregas de premios y os quiero pedir disculpas por la tardanza. Hemos tenido un imprevisto y ahora viene un miembro nuevo del jurado. Os pido un poco más de paciencia y en cuanto llegue, empezaremos.
La noticia no fue bien recibida pero sí consiguió que los murmullos bajaran de volumen. Se formaron varios corrillos que dialogaban las mismas ideas. ¿Cómo que un jurado nuevo? Si es nuevo, no ha podido leer nada, digo yo. ¿Cómo va a valorar las obras si no las ha leído? Esto es un tongo, ya verás, al final ocurre lo de siempre, gana el primo del rector o del catedrático en química, ya verás cómo sí, fijo.
El silencio se hizo cuando por fin apareció. No subió a atril, ni dijo nada para justificar que eran tres horas más tarde de la acordada para el comienzo. El hombre de cabeza afeitada y voz desagradable subió al atril y comenzó a explicar cómo transcurriría la ceremonia. Los finalistas saldrían al atril a leer sus obras para así el jurado poder tener una visión más clara de los textos y emitir un fallo justo. Y así sucedió:
Treinta personas, con cuatro minutos para leer sus trabajos fueron desfilando por el atril. Hablaron de la droga que se pasa por contrabando en la playa, de las sesiones de sexo bipolares en grupos grandes, de partidas de videojuegos tan absorbentes que no se oyen los gritos que llaman a la cena, de borracheras en la calle, de incendios de contenedores y roturas de espejos de coches correctamente estacionados… mientras, el aborto barrigón, primero atareado en hurgar su nariz, acabó quedándose dormido, la experiencia ignorante miraba hacia el público con cara de querer recordar algo qué debía hacer y que se le había olvidado por completo y la recién llegada miraba al atril y en su rostro era imposible vislumbrar si prestaba atención a lo que se decía o maldecía su suerte de encontrarse allí cuando podía estar viendo la telenovela de Hilario Javier y Almudena Verónica.
Después de que el último terminara de leer, un muchacho que no sabía muy bien qué estaba haciendo allí, despertó a los tres miembros del jurado. El hombre de voz desagradable agradeció la lectura y comunicó que el jurado se retiraría a deliberar. Se equivocó, el jurado no se retiró a deliberar, sino a libar. El güisqui, la ginebra y el coñac acompañaron las maldiciones de los tres por encontrarse en aquel lugar. Cuando se hartaron bien hartos, el aborto barrigón subió al atril con un pedazo de papel y pidiendo silencio dijo:
—Ha sido una velada maravillosa. Felicito a todos por el arte que tenéis y ahora paso a anunciar a los ganadores, que, por supuesto, cualquiera de vosotros podía haber sido. Los ganadores son: En tercer lugar, mi primo Bartolo. En segundo lugar, la hija del alcalde, Rebequita. Y por último, el primer premio es para el hermano del mamón que se ha escaqueado y no ha venido a aguantar esta mierda, Patricio. Enhorabuena a todos. Quiero deciros que no cobraréis hasta el año que viene porque no hay fondos y aquí os esperamos en la próxima edición del Juventud Crea. Ale, hasta luego.
La Universidad de Harvarizas se quedó desierta demasiado pronto. Así van las cosas en este lugar.

Como diría el gran Fanathur, historias que ocurrieron a finales de marzo.

6 comentarios:

  1. Aunque ya me hablaste de esta experiencia surrealista, al leerla se me ha hecho más real, le has dado un toque sarcástico para poder digerirla tu mismo.
    Y te puedo asegurar que me creo lo que has escrito, me lo creo en vista de mi experiencia.
    Tendrás que superarlo con el sistema de confrontación cruda con la realidad, te sugiero que quedes a comer o tomar unas cañas con el aborto barrigón.

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  2. Aprecio que hayas captado el sarcasmo que encierra el texto. Podríamos decir que "está basada en una historia real" pero que no la cuenta literalmente, sino que se basa en lo que ocurrió.

    Creo que es una muestra de lo que son el 90% de los certámenes literarios que se celebran hoy en día. Por tanto, es algo con lo que hay que contar y no darle más vueltas. Aunque el fuego de la rabia que se siente en ese momento es muy difícil de llevar, se debe tener la templanza para reírte de las cosas y seguir disfrutando de la actividad de escribir por escribir sin pretender nada más. Que la gente no le dé a las letras la importancia que le damos nosotros, es algo que nos debe impulsar a mejorar.

    El aborto barrigón debo verlo una vez al mes. Y mejor que no me vaya de cañas con él, porque, uno, yo no tomo cañas, y dos, la tentación de echar algo en la bebida sería demasiado grande ^_^.

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  3. Estimado Juanjo, no paran de sorprenderme tus obras. Me ha parecido detectar un cierto reproche velado hacía "organismos públicos". Fuera de coña, el texto me parece estupendo y, por desgracia, más real de lo que nos gustaría a todos. Ríete, o mejor dícho, riamonos, porque llorar es muy trise.

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    1. Eso es bueno, que sigan sorprendiendo ^_^.

      Ya en serio también, a parte del pitorreo de lo que son el 90% de los certámenes que se celebran, lo que más me quemó la sangre en este al que me refiero en un modo de parodia, fue el trato que reciben las letras por parte de quien, en principio, debe promover su cultivo y expansión.

      Entonces, se me ocurrió parodiar el certamen y hacerlo extensible a otros certámenes. Y lamentablemente, mucho me temo que me acerco bastante a la realidad.

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  4. Muy bueno Juanjo, me gustó mucho. Estoy de acuerdo contigo en relación a los concursos.

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  5. Gracias, Gustavo. Lamentablemente, la inmensa mayoría de los concursos no difieren mucho de este relato. Pero habrá que seguir intentándolo, hasta encontrar uno que al menos, lean todo lo que entra. Y que de verdad gane el mejor. No lo que tuve el honor de presenciar.

    Realmente, para cada quien, porque el gusto y la sensibilidad varia, habrá un texto mejor que otro y eso será exclusivamente para él. Pero hay cosas que, por muchas vueltas que se le dé, no hay por donde cogerlas.

    Un saludo Gustavo. Y gracias por tu tiempo

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