domingo, 5 de agosto de 2012

Cometas locas de atar.




Me siento a tomar notas, bajo una sombrilla azul que parece parte de este cielo intenso. Lo primero que hago siempre al llegar a esta playa es buscar Tanger en el Sur, pero hoy no lo encuentro, ni veo el minarete de la mezquita nueva, lo busco y no lo veo, o no se quiere mostrar. Hoy solo es una raya evaporada sobre la bruma del Estrecho.

La chica morena, parece gitana, recorre esta ensenada interminable de lado a lado, cargada con una caja de poliestireno blanco, cogida en un abrazo a pesar de tener asas, llena de bebidas frías. No deja dormir la siesta con su canto repetido una y otra vez, como un arranque flamenco, intentando provocar la sed. Su canción me engancha de tanto repetirla, y no me puedo concentrar en la escritura al repetirla yo mentalmente.

Hoy nada parece suceder del todo, el minarete no se acaba de ver, la mujer no acaba de vender, el poniente no entra como se esperaba. Ella no parece preocupada, “ya venderé”, dice su cara.

-¿Qué miras de esa manera?
-Solo el horizonte.
-¿Y qué escribes en esa libreta?
-Todo lo que no puedo ver, y tú ¿qué vendes?
-Todo lo que no oyes de mi canción, esaborío.

Se aleja hacia el oeste, se hace más negra en la distancia, se me pierde entre el gentío de la orilla. Su canto deja de oírse ya, “amoha la rica cocacola a la cerveza al agua fresquitaaA, llevo fanta limón fanta narahaaA”.

El viento hoy es cálido, del noroeste, racheado, y va a más, algunas sombrillas empiezan a temblar y una incluso vuela, pero la gente duerme la siesta ahora, por la ausencia de la vendedora, y la sombrilla se pierde en el pinar.

No puedo escribir más, se me cierran los ojos, cuando un golpe de aire fresco me despierta, es el poniente que aparece por el oeste y trae de vuelta el canto del agua y a la mujer detrás, que me parecían perdidos para siempre. Y en este momento surge, doblando por la Sierra de la Plata, un majestuoso velero blanco, con las velas cazando el viento de través, inclinado sobre las olas enormes del Atlántico. Blanco sobre azul, nubes sobre cielo, más poniente fresco, vuelan todas las sombrillas, naranjas, azules a rayas, rojo chillón, en un despliegue de colores.

Aparecen más veleros para unirse a la fiesta, se descorre hacia el Este la calima, brilla la duna de amarillo intenso, y se distingue por fin la mezquita. Quema la arena, quema la madera de la pasarela, quema la mirada de tanta luz, Bolonia me quema y me atrapa a la vez, maldita Bolonia que me quita el sueño cuando no estoy allí.

A mi espalda las ruinas vibran de calor, la aldea se desvanece, pienso que aquí en Cádiz nada importa demasiado, aquí hasta lo importante acaba por sucumbir al viento y la luz. Hay cuerpos desnudos junto a las rocas, esbeltos y brillantes de crema solar, se exhiben con orgullo, sin nada que ocultar. Y al otro lado cuerpos exuberantes, blandos, masas de carne deforme, caen rodando por la duna y acaban tirados sin vergüenza alguna, adobados de arena y sal.

Y se acaba el día lentamente, las cometas silban locas de atar, los perros ladran sedientos junto a la orilla, los granitos de arena vuelan junto a mí corriendo hacia el Sur, agolpados en un caos de Fuerza 6. Cuando por fin un cuerpo conocido, negro abrazado a una caja blanca, cruza mi línea de horizonte, desplegando toda su presencia, desafiando el viento y calmando al mar.

- ¿Qué miras, el pesquero de la orilla?
- No, estoy absorto en el carguero de altamar.
- Pues a mí me fascinan los veleros que aparecen de repente, por Punta Camarinal.

Y siguió su camino por una playa vacía, sin mirar para atrás.

2 comentarios:

  1. A veces, en la sobremesa de los días parados, el domingo es el mejor ejemplo, cuando hasta el aire se para, cuando los edificios lucen fachadas con toldos echados que parecen arder por sí mismas, los ojos se cierran y sueñan conque la calima encuentre el camino de salida hacia el oeste lejano.

    Y es la misma sensación que me ha transmitido este escritor que no ve lo que existe, pero que por ello, no deja de existir. Esperando quizá que una voz, agradable o desagradable, se lleve los espejismos de brumas que oculta la realidad distorsionada por la desidratación de la tarde. Y al final, acaba llegando... para alejarse de nuevo.

    El proyecto de escritura de los relatos te está saliendo bien, JM. Va madurando y sugiriendo. Transmite las sensaciones que viven sus protagonistas.

    Enhorabuena.

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  2. En el momento justo, siempre en la senda y dando la apariencia de que escribir es fácil, cuando sabemos que no lo es.

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