viernes, 3 de agosto de 2012

Conversación bajo las palmeras


Eran los dos escritores, abrumados por el tórrido verano, con ganas de huir ya de la ciudad pero con pocas posibilidades reales de hacerlo; la crisis, las obligaciones familiares, y todo lo demás. La mañana era muy calurosa, humedad sobre humedad, aplastante, las temperaturas escalando y batiendo records, la gente arrastrándose por unas aceras pegajosas y cubiertas de bruma marina y salada.

Sin más alternativa vital que mantener una conversación en voz baja para hacer correr esa mañana insana y volver a casa sin perder la cabeza, y contarles a sus respectivas que la mañana había ido fantástica, un cliente nuevo, varias llamadas de interés, planes de futuro a corto y medio plazo, ¿qué hay de comer? Espaguetti bolognesa, y de postre plátanos, gracias cariño, de nada y pon la mesa, en seguida que me ponga ropa seca, pues la pasta ya está lista es que has llegado tarde es que dónde has estado es que siempre lo mismo no me digas que otra vez tomando café fantaseando con ese escritor??, no cariño (joder). Un beso con sudor en los labios, sin mirar a los ojos para evitar la tensión, pues tu verás porque esto ya está abre el queso rayado retira la sartén saca el colador quita el fuego joder que calor, vapor de espaguetis huyendo de la cacerola.

Y allí están, huidos, fugitivos de la recesión, los dos autónomos de cartón piedra, hombres de negocios, una sombra de si mismos, disueltos por los 34 grados de un maldito dos de agosto, aplastados por una prima de riesgo sin escrúpulos, desmoronados por una bolsa de valores sin piedad, dócilmente sentados bajo las palmeras de la plaza de una ciudad invadida por turistas sin dinero.

Dos cafés por favor, un momento es que no doy abasto, acaso no ven cómo me arrastro? bueno bueno, uno con leche con azúcar moreno y un ristretto clasico, da igual como los pidan se los traeré idénticos, hoy no estoy para pijadas, que llevo tres horas sudando. Les sirve dos Santa Cristina con sabor a rayos y ardiendo. Ocupan abatidos la única mesa libre, debajo de una diminuta palmera cuya sombra se empeña en abandonar la terraza en dirección a la Milla de Oro.

¿Qué has escrito últimamente?, nada, no me sale nada con este calor, la mente se me disuelve y solo me salen discusiones con mis hijos, esas son peores que con tu mujer eh?, mucho peores, con la mujer al menos son robotizadas y automáticas, sí sí y siempre de los mismos temas, claro y a la misma hora, ya ya y al final se acaban nombrando a la suegra, siempre igual, si pero queman eh?.

¿Y tú que escribes?, poesía atormentada, vaya vaya, sí sí, qué quieres en agosto y sin dinero, claro claro los poemas son más ligeros y salen como si nada, pues nada como te decía poesía atormentada, de tormenta con aparato eléctrico, si?, sí, jaja. 

Una calima ondulante y espesa avanzaba y ocupaba lentamente la plaza, el camarero derrotado salía y entraba con bandejas ardientes cargadas de croiassants venidos a menos, la conversación se iba aflojando, los temas cada vez más banales, intrascendentes, hablaban de café de calidad, Segafredo? Illy? que va que va Lavazza, y qué más da, eso qué más da, con el calor que hace.

Caían ya las gotas de sudor por las frentes brillantes, bajaba el volumen de la conversación, se evaporaba el aliento, no quedaba café en las tazas, y la maldita bruma oscurecía una ciudad que apestaba a una mezcla de crema solar, asfalto caliente y rescate inminente. 
Y de repente la idea genial, irrebatible, irrealizable claro está. Una librería, ya está, montarían una librería, con cafetería y prensa, aire acondicionado, ah ah eso por supuesto, en la avenida no que es muy cara, sí carísima mejor en una lateral, sí sí, ya ya, y con sillones de orejas para leer a tu antojo, ojo ojo que se sentarán los caraduras a leer, ya ya, sí sí, y venderemos libretas pero de calidad, eso eso, para que venga toda la ciudad hay que ofrecer calidad, eso te ha salido con rima, claro que esperabas yo soy el poeta, claro y yo el relatista, jaja, jaja, que bueno jaja, joder que calor, sí sí que no se va esta mierda de calima, mira mira esa como se arrima, seguro que es su maromo, si pero uf, sí sí uf que buena está, uf sí, uf que calor, oye pero y la librería?, ah sí la librería esa será un éxito de tomo y lomo. 

Y por fin se levantó la bruma, salió el sol y se evaporó la humedad. Una racha de poniente fresco hizo volar la factura, bajó la temperatura, las palmeras se estiraron con pereza, y el camarero les hizo una reverencia. 
-Bueno y mañana dónde? 
-Pues en la Venencia, 
-Claro para que te rime no?
-No no es por el local del al lado.
-Cual, el vacío?
- Sí sí, 
-Claro, claro 
-Que también se vive de la utopía!.
-¡Ah si, la librería!.

3 comentarios:

  1. Ya sé qué es lo que llevas en la libreta.
    Llevas una grabadora para inmortalizar estilos.
    Voces atropelladas, sentidos cambiados, vamos a abrir una librería, señor que me quede como estoy, mira, cómo esa moza me recetó el doctor ayer un par, pero con esto de los recortes, no me llega para pagar la receta. Y ya puestos, montemos también una editorial, si ponemos la librería, allí vendemos lo que escribamos y que revienten los distribuidores, si total conque vayan unos pocos más al paro, qué más da. No es mala idea ¿verdad?, el niño pena compitiendo con la de las sombras de grey, pero el niño pena vende más barato. Quizá la gente se decante. ¿Y esa novela de la escritora novel que se tira 128 páginas de las 256 que tiene el libro usando epítetos cursis? ¿Cómo? ¿Qué vale 18 euros? Una mierda de libro que se lee en una hora y eso es porque es aburrida... Luego se dice que la gente no lee. La editorial es buena idea, precios sin competencia, y sonrisas, sin remedio, garantizas.

    Ojú qué caló. Voy a ponerme un mucho de hielo en el cerebro, de del supermercado, hecho con agua del grifo, que es mejor.

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  2. A veces las conversaciones más banales son las que llegan más lejos y originan las ideas más geniales, y si no pues de la utopía también se vive, o no?
    Y si no montamos la librería de verdad, la montaremos virtual, en nuestra imaginación.

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  3. Los dos señores, un poco saturados por el calor, se sentaron en la mesilla de siempre en el café de siempre. Pronto comenzaron a llegar personas que les pedían títulos de libros para que fuesen agregados a la librería virtual. También ideas: hay que poner por las mañanas música clásica, dijo uno y otro, que se acercó muy silenciosamente dijo, en la cafetería tienen que tener magdalenas como las de Proust. El escritor de la libreta tomaba nota: nunca se sabe cuando aparece una buena idea.

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