lunes, 13 de agosto de 2012

EL SUEÑO DE FULVIA



A través del peristilium, se colaban los últimos rayos de sol de aquél hermoso atardecer romano en la villa de Salduba, sembrando el atrium de sombras doradas.
Fulvia Tertia dormía plácidamente, recostada sobre las telas de lino que cubrían el canapé de mármol. A sus pies, la túnica de seda descansaba en pliegues sobre las teselas del pavimento de terracota, mientras las espirales de los vapores de mandrágora que emanaban del pebetero, inundaban la estancia, narcotizando a la mujer y transportándola a un tiempo futuro, desconocido para ella, en el que hombres y mujeres, rivalizaban por broncear su piel con el color típico de los esclavos.
         En enormes y extraños templos de sanación, los pacientes recibían tratamientos para las oscuras y repulsivas manchas que salpicaban su quemada piel.

         Aquilia, su sierva, salió del triclinium y penetró en el aposento, portando en un ungüentarium de arcilla, una cremosa mezcla de leche de almendras, miel y aceite perfumado con sándalo.
         Despertó sutilmente a la patricia y comenzó a extender el cálido ungüento por su blanca e inmaculada piel.
         ─Aquilia ─susurró Fulvia─.  No puedes imaginarte  lo que estaba soñando ─se sentó, recogiéndose en una trenza su larga y negra cabellera─. Yo estaba inmersa en un fantástico mundo en el que las personas no respetaban al Sol y no amaban ni cuidaban sus cuerpos. Afortunadamente solo era un sueño, porque algo tan estúpido no es posible que pueda suceder, ¿Verdad?
         ─No, mi señora Tercia ─exclamó Aquilia─. No debe preocuparse. Solo era un sueño. En el futuro, los hombres seguirán conociendo, como nosotros, que el Sol es la fuente de la vida, pero que también puede ser, si se abusa de él, la fuente de la muerte.
       Fulvia,  deslumbrante, con la piel fresca e hidratada, vistiéndose la túnica de color marfil que yacía a sus pies,  se encaminó hacia el templo de la diosa Afrodita para brindarle su ofrenda semanal de almizcle y artemisa.

         En el camino al templo, a través de la fragancia de los jazmines en flor, rivalizando con el ocaso moribundo, una tímida luna sacaba destellos de nácar del níveo, diáfano y perfecto rostro de la patricia.

4 comentarios:

  1. Quiero decir algo más que el "me ha encantado" estúpido que dice todo el mundo, pero no encuentro la manera de hacerlo.

    Me encanta el mundo de la Roma antigua. Y me parece muy nítido tu relato de la patricia soñando en el desmadre que se iba a convertir la humanidad. Que sepas que me lo he leído dos veces y he entrado en las termas, he visto el nácar en el rostro de Fulvia y olido el aroma de los jazmines.

    Enhorabuena JL. Un relato maravilloso.

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  2. A mi tampoco se me ocurre nada distinto del "gracias" de siempre.

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  3. Vuelvo de mi viaje y me encuentro con esta joya. Tan bien ambientado y con toques poéticos, te mete en la historia de momento, eso es señal de un buen relato.
    Jose Luis: cada vez escribes menos y mejor, mucho mejor. Gracias por aportar estas joyitas al blog de los poetas urbanos.

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  4. Sonrojándose gratamente el patricio, desapareció por el triclinium...

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