miércoles, 8 de agosto de 2012

Una casa con muebles grandes.


Hubo alguien, no sé quién, que me preguntó por la casa, mi casa, la que yo diría que es mi casa de toda la vida.  Y entonces recordé la Casa de mi infancia, la casa de todas las casas, en un ignoto lugar del Gran Buenos Aires.  Estaba en un barrio, que hasta unos pocos años antes que yo naciera aún era campo.
La casa de la que les hablo, y que por supuesto recuerdo con gran nitidez, era una casa con muebles grandes, enormes. Por ejemplo: la tapa de la mesa me llegaba, no exagero, a la cabeza.  Uno no podía subirse a una silla solo, se necesitaba ayuda. Nunca dejó de sorprenderme la nula funcionalidad de esos muebles, todos, pero todos, enormes.  Pero claro, ahora que lo pienso bien, los muebles eran grandes porque los cuartos, el salón, la cocina eran e-nor-mes. Por ejemplo (por dar sólo uno, pero que si me piden más, doy más), en la cocina cabían y sobraba espacio para: los indios, una diligencia corriendo a tope, bien a tope  y yo, por supuesto, galopando a caballo con mi fiel amigo Toro y a los tiros con los indios, y eso por lo menos como cinco minutos.  ¿Se dan cuenta: Cuánto mide una cocina así?
Después estaba la sala donde veíamos televisión, también con unos sillones como para veinte personas y el televisor con una pantalla enorme, pero enorme en serio.  No exagero pero esos de ahora, esos en HD, serían más o menos, calculo, como la mitad del de mi casa.  No entiendo porqué la gente no sigue comprando los de aquella marca, es cierto que se veía todo en blanco y negro, pero ni punto de comparación los programas que pasaba aquel televisor: El Llanero Solitario (ese era mi favorito), Lassie, aunque a mí me gustaba mucho más Rin Tin Tin, ese sí que era un perro.  Esos eran programas y no los de ahora, siete u ocho personas sentadas hablando y gritándose y que una le hizo no sé qué a la hermana del otro.
Pero yo  quiero hablar de aquella casa con los muebles grandes y no del televisor.  Otra cosa de aquella casa que no entiendo y que ya que me preguntan les cuento, era porqué si en mi dormitorio estaba fresco, en la habitación de mi hermano el mayor, siempre hacía tanto calor.  Recuerdo que golpeaba la puerta, como me había dicho mi padre que tenía que hacer cuando mi hermano estaba con la novia, y él salía traspirado y con la camisa a medio abrochar y todo nervioso, qué calor que pasaba el pobre y yo lo más fresco.
Tendría que hablarles del jardín, de los árboles, bueno casi casi un bosque, como comprenderán, pero tampoco quiero agobiar a la gente del blog que tan gentilmente me ha cedido este espacio.  Así que dejo por aquí y luego, a lo mejor después de recordar aquellos juegos, sigo escribiendo.

Gustavo.


2 comentarios:

  1. ¡Que tiempos! es cierto, todo era grande, los techos eran altos, los muros eran gruesos y como eramos pequeños aún nos parecía todo más grande y, si, la tele a pesar de ser en blanco y negro y de tener un volumen y un peso considerable era de mucha más calidad, nos formaba intelectualmente ahora nos hunde en la horterez y el desatino sin mencionar la falta de educación y la vulgaridad.
    Gran relato el tuyo.

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  2. Gracias por leer lo que escribí Wendy Think. Me alegra que haya sido de tu agrado.

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