miércoles, 26 de septiembre de 2012

De lluvia y sexo


La primera mañana de lluvia les sorprendió haciendo el amor.

Les provocó una sonrisa última sin apenas esfuerzo, sin quejido de placer y quizá una sensación de amar ligero (vieron las gotas resbalando lentamente por la ventana, sintieron esa seca humedad dentro de si).

Que ya no amarían jamás en madrugadas de verano, con lluvias torrenciales y turbias, que amarían más bien en noches ahogadas de placer y furia de almohadas, ahogadas en pasión, que a partir de ahora serían, solo Ser.

Y juran que lo harían libres ya de sudor y con movimientos de cuerpo cercano y respirado, de íntimas noches de cortinas echadas cayendo a impulsos de líquido húmedo, amor!. (y los amantes inquietos se revolvieron entre repentinas bajadas de presión atmosférica y empuje arterial a punto de sucumbir en un bramido de fusión histérica), Animal.

¿Cuánta poesía llenó ese vaso oscuro?, ¿cómo pudo la repentina lluvia colarse esa mañana pausada, de ritmo de corazones lentos, lamentos de inspiraciones de aire fresco y miradas desfogadas?, por rendijas no imaginadas, por la rabia cercana a explotar, Sexo.

Pero la primera lluvia es como la primera mujer, siempre se agita más aún cuando fluye ligera por esos caños secos del final de un setiembre escaso, pero acaba resbalando dispersa y blanca sobre piernas de lujuria, Hambre.

Sucedió que volvieron la vista a un exterior bronco y gris que se dispersaba hacia el mar y decidieron darle la espalda desnuda para internarse de nuevo en un mundo de oscuridad carnal y sábanas, ahora ya amadas. Lluvia.

lunes, 24 de septiembre de 2012

LA VOZ


 
Me acechabas,  me acariciabas, me insinuabas, me gritabas

Eras dulce, fuerte, suave, agresiva, autoritaria, tenue, débil,

Reías, cantabas, declamabas, rezabas, susurrabas, chillabas

Dónde estás ahora, quién te robó,  quién te suplantó con  letras y  pantallas

Donde te fuiste Voz
 
Quiero volver a oírte, a sentirte, a tenerte, a escucharte, a maldecirte

Vuelve de nuevo, con tus múltiples tonos, sonidos, chillidos, alborotos y gritos
 
Donde te fuiste Voz
 
 
KikaPSolero
Septiembre 2012
 

viernes, 21 de septiembre de 2012

¡Qué honda es la distancia!


¡Qué honda es la distancia de aquellos reinos
bajo nuestro paso!- el tuyo por un allá,
el mío por otro acá- se sumerge como algo infinito
en nuestra mirada hasta ser imposible vernos.

Acabamos ocultos y solitarios donde todo
lo más próximo que nos une es lejano, distancia
estirada, hasta lo último, nuestras sombras.
¡Qué honda es la distancia sobre distancia!

Y sueño, me cierro en los ojos y creo navegar,
por los innumerables caminos hacia la boca
que me ofreces, pero no, estoy aquí, en mi tierra
con los labios anclados al beso distante.

¡Qué honda es la distancia...Qué honda!




Por: Jorge Villalobos Portalés.

Tu mirada


Tu mirada es la aurora boreal
que resplandece en un reino olvidado
sumergido en el tiempo del pasado
con vientos de jazmín y de coral.

Tu mirada es un sueño de cristal,
la luz de eternidad siempre a tu lado
donde yo me deslizo enamorado
de tu mirada dulce angelical.

Tu mirada es un nido de amuletos,
un amor que me llena y que me agranda;
una luz que me muestra sus respetos.

Tu mirada es camino que se anda
abrigo que te entregan los abetos
la fragancia de un bosque de lavanda

miércoles, 19 de septiembre de 2012

UNA AVERIA EN LA NOCHE


La oscuridad de la noche me envolvió. Estaba perdida. Miré el reloj. Las once de la noche. Estaba en una carretera comarcal, camino de La Cueva Ermita de San Saturio en Soria. Conducía sola un Toyota Carola verde esperanza, ya con algunos añitos  y que en este momento hacía unos extraños sonidos y avanzaba a trompicones. Se paró por completo justo cuando me retiraba al arcén.

Estaba aterrada. Odiaba conducir de noche. Era la primera vez que me había lanzado a la aventura sin mi equipo ocupado todavía en otro suceso a casi quinientos kilómetros de aquí. Iba en pos de una nueva "cacería de fantasmas" para mi programa de radio a través de esa bella provincia que es Soria.

El silencio me asustó aún más. No se oía nada. Miré a través de la ventanilla, y solo pude ver campo a mi alrededor y lejos, muy lejos, una luz parpadeante. Bajé los seguros de las puertas. Mis manos se aferraron al volante como a un chaleco salvavidas. Prefería morir dentro del coche de un infarto antes que bajarme de él y salir fuera a buscar ayuda. El corazón se me salía del pecho. Pensé que me iba a dar un infarto.

­-Tranquilízate  Luisa, me dije a mí misma en voz alta para infundirme ánimo.  - Pasará algún coche. Tú espera tranquila. Todo se arreglará.

 Cogí mi iphone. No había cobertura. Empecé a temblar y las lágrimas acudieron a mis ojos.

Pasaron dos horas. No me moví del asiento. La radio me acompañó con la única frecuencia que pude coger en ese lugar, noticias deportivas.

De repente vi por el retrovisor una luz de faros. Se acercaba algo grande. Un camión. Esperé hasta verlo nítidamente. Quité el seguro de la puerta y como alma que persigue el diablo, salí del coche al exterior. Agité los brazos colocándome en mitad de la calzada. El camión con un gran remolque detrás, aminoró la marcha. Se detuvo a pocos metros de mí. Se abrió la puerta y un hombre fornido, con barba y calzado con unas grandes botas bajó de él.  A grandes zancadas se acercó a mí.
 
­- ¿Puedo ayudarle? ­Me dijo con una voz grave pero amigable.
 
Tras una explicación por mi parte, se encaminó a echar un vistazo al motor de mi coche, tras lo cual me dió la mala noticia.
 
­-Lo siento pero tendrá que  llamar a su seguro para que venga una grúa mañana a buscarlo. Son las bujías.  Mientras tanto, le ofrezco mi camión para acercarla al próximo pueblo a cuatro kilómetros de aquí, a un hotel donde pueda descansar.

 ­ Le miré,  y tras comprobar que no tenía más alternativa, accedí. 

 Mientras me sentaba en el asiento del copiloto en la cabina, rogué a mi Dios  para que todo saliera bien.

 Me tranquilicé cuando encendió la radio y la música de la película de “La Misión” inundó la noche. Le miraba por el rabillo del ojo. Estaba concentrado en la carretera.

Me relajé. Cogí un cigarro, lo encendí, di una gran calada y saqué el informe del caso que venía a investigar y que todavía no había tenido tiempo de leer. Su título hizo que el pitillo se me cayera de las manos y mi cuerpo se estremeció.

“El caso del camión asesino.  Un camión recorre las carreteras de Soria en dirección a la Ermita de  San Saturio, en busca de personas, principalmente mujeres jóvenes, a las que posteriormente descuartiza diseminando sus partes por la calzada. La policía no tiene pistas."


Cerré los ojos. Un grito quedó aprisionado en mi garganta, y simplemente,  me desmayé.

 

Kika PSolero
Septiembre 2012

lunes, 17 de septiembre de 2012

LA ÚLTIMA VEZ


La última vez que lloraste
fue un invierno helado
me amabas en un jardín
con rosas de escarcha
y las nubes huían de ti.

La última vez que fue invierno
la fuente no corría
de tanto espanto,
y nuestro rio llevaba
tu miel y tu llanto.

La última vez que me amaste
estalló una tormenta sin rayos
de un cielo cargado de ira
que solo derramó sangre.

De cuanta maldita mentira.

Bajo estas mismas estrellas.

Me mezco crédulo en la órbita
aplastante de la realidad que es el universo,
y el saber que te amé, sí, te amé
bajo estas mismas estrellas en otra misma noche.

¿Y dónde quedó el amor vivo sino en otro cielo
de otros tiempos en corazones semejantes?
-tal vez los nuestros propios- y qué jovenes,
qué soñadores en constelaciones de los sueños.

¿Y dónde en ese infinito camino de luceros
tu me esperas apasionada y tan amante?
no te veo, no te veo, pero te siento en la distancia
cálida, probable, cierta como esta noche que ya es otra.

- Me mezco crédulo en la órbita
aplastante de la realidad que es el universo,
y el saber que te amé, sí, te amé
bajo estas mismas estrellas...




Por: Jorge Villalobos Portalés.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Una llamada


A las siete de la mañana ya no pudo mas, esa noche se hizo eterna, como un túnel sin final, una insufrible alternancia de sueños absurdos y pesadillas demasiado cercanas a la realidad.

En un impulso angustioso cogió el teléfono de la mesita, se incorporó a medias en la almohada y echó un vistazo hacia el ventanal: al otro lado solo se distinguía la enorme silueta de la catedral recortada contra un cielo negro y las dos nubes de la eternidad. Y se decidió.

- ¿Dígame?
- Necesito hablar con ella…
- Lo siento, no se va a poner tan temprano.
- Me da igual, por favor dígale que se ponga, no puedo esperar más…
- Oiga me suena su voz, ya sabe que no atiende antes de salir el sol.
- Se lo ruego, llevo toda la noche…
- No insista, solo se pone en casos de auténtica desesperación.
- ¡Lo sé, lo sé!, pero no puedo más, la noche…
- Ya amanece, o es que no lo ve?
- No, no, yo solo veo oscuridad…
- Imposible, ya son las siete y cinco, ya se intuye la claridad…
- ¡Ayer me dijeron lo mismo! ¡Y antes de ayer! ¡Siempre, siempre lo mismo! ¡No puedo más!
- Respire profundamente, pasee y asómese a la ventana…
- ¡No! ¡Quiero hablar con ella!
- No se pondrá, lo sabe, se levanta mas tarde.
- Oiga, ¡escúcheme!, me come la angustia, no sé qué hacer…ya solo la tengo a ella, ¿me entiende?
- Son y diez ya, mire por la ventana, hacia el Este.
- Todo está oscuro, solo veo tejados negros y la luna siniestra a un lado.
- Eso no son síntomas de desesperación, no insista, ella no se va a poner…
- ¡No me cuelgue! Ella me conoce, sí, sí, dígale que nos conocimos hace años en la universidad…
- Imposible, tiene una lista de espera de casos terminales, por favor espere a y diez a que despunte el sol…

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Recorrió lentamente los tres pasos hasta el balcón, el campanario de la catedral reflejaba ya una tenue luz amarillenta, las palomas que dormitaban en su reloj echaron a volar, la ciudad se extendía enorme hacia el horizonte. Por fin la luna parecía clara y se sintió feliz. Fugaz.

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-Oiga, sigue ahí?, espere un momento... parece que le recuerda….oiga?...¿sigue ahí?, doña Esperanza se acuerda de usted...

viernes, 14 de septiembre de 2012

Fue un sueño amarte.

Te confieso sobre las cosas de la vida
como un recuerdo eterno en mi latido,
como el corazón que te habita y añoro
sobre mi pecho... fue un sueño amarte.

Precipitada la noche de oscuro
sobre el cielo yo te necesito inevitable,
eres aquella palabra última de mis labios
-¡ámame!- y qué insignificantes las estrellas.

Sobre el silencio mío y el del mundo te pienso
tan corpórea por mis manos al comprobarte,
que eres cierta, perfectamente tú misma
en ti misma... fue un sueño amarte.




Por: Jorge Villalobos Portalés.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ORACIÓN DEL FIN DEL VERANO


      
         Gracias, Señor, porque se han ido.

         Gracias, porque ya no tendré que oír llamar más de
         cien veces al día, en vano, a ese guapito niño sevillano.

         Gracias, porque no me despertaré sobresaltado de la
         siesta con los alaridos de esa adorable niñita madrileña.

Gracias, porque ya podré dormir toda la noche sin los 
ladridos del perro de la señora vasca, ese lindo animal
(me refiero al perro), al que nadie le ha explicado que
         quejarse continuamente está mal.

         Gracias, Señor, porque ya podré nadar mis largos en
la piscina, sin que peligre mi integridad física por los
ataques indiscriminados de esos dos gorditos gemelos 
rubios  (que no sé de dónde son).

Gracias, Señor, de verdad, porque se han ido.

Pero, por favor, Señor, haz que vuelvan el año que
viene, para que alquilen mis apartamentos, compren
mi pan, coman mis pizzas, se beban mis cervezas…

… y compartan mis medusas.
   

martes, 11 de septiembre de 2012

El Puerto.



Uno de mis lugares favoritos para visitar, relajarme y disfrutar de la vista es el puerto; en concreto, el pantalán donde atracan los barcos. Desde pequeño me gustó ver dormir a los barcos sobre la mar. Todos en línea, atracados, con su sereno vaivén al son de la marea. Soñaba con que algún día tendría uno; uno de madera, como los antiguos, pero con motor que eso de estar subiendo y bajando velas no es lo mío; cansa mucho. Había uno así, cerca del pequeño faro de la entrada. Me solía sentar a verlo, sentado sobre las rocas, soñando con crecer para tener uno, con la brisa del atardecer acariciando mi pelo. Si, por aquel entonces tenía pelo... y unos cuantos años menos.

Ahora ya no tengo pelo y mis sueños han cambiado. Han pasado de salir a la mar, a cobrar a final de mes para pagar la hipoteca. En fin, si supiéramos de pequeños lo dura que puede llegar a ser la vida, ¿quién querría crecer? Y encima ya no está el barco en el puerto. Se ve que lo embargaron por no pagar su hipoteca. No obstante, alguna tarde se me puede ver sentado en primera línea de atraque tomando café y soñando despierto.

Fanathur.
"Historias que nunca ocurrieron"
 

La Argentina y el fin del mundo.




El silencio es dueño del amanecer cuando subo la persiana medio dormido, y me asomo a un día limpio y profundo que viene ya por el mar, es un presagio, el instinto que me sopla un mensaje de algo cercano a punto de ocurrir. La felicidad viene a galope sobre un cielo todavía negro… y pienso en una ciudad lejana, a dos mil kilómetros al norte.

Junto a un mar frio, es soleada, con muchos cafés, y tiendas de ropa usada, vintage. Las aceras siempre llenas de gente, entre el gentío distingo una cara familiar. La llamo pero no me oye, gira la cabeza como buscando algo, siento frio entonces y cierro la ventana. Ahora los ladridos suenan huecos y ahogados.

Y el día es claro, aparecen las primeras nubes diminutas junto al sol, no son nubes, poeta, son miles de gaviotas negras a su alrededor. Se apagan las primeras luces de la ciudad, al igual (pienso) que en esa ciudad del norte. Vuelvo entonces a abrir la ventana en un arrebato de optimismo. Corro por la casa abriendo todas las ventanas. 

Será un día grande. Se acercan las gaviotas riendo, se disuelven las nubes, el mar se encrespa de un blanco limpio, el cielo ya es azul inmenso, la cafetera por fin me silba una música conocida.

Mientras recorro el pasillo siguiendo la estela del humo de café intento poner orden entre tanta felicidad momentánea, a ver: una ciudad lejana, el mar frio, la luz clara, un relato de poética muy contenida, las ventanas abiertas de par en par. Pero fue una despedida con llanto, sin palabras, mi hija dio media vuelta y se perdió entre el gentío.

Bebo el café mientras el tren se aleja de la ciudad lejana, hacia un aeropuerto en la lejanía y por fin un avión en lo alto, muy lejos de todo, más allá de todo lo lejano. Contemplo por última vez la ciudad allá abajo, diminuta ya, con sus calles abarrotadas y ella perdida, pero una maldita nube inmensa me la tapa para siempre. Y vuelvo a llorar.

Suena el timbre y abro la puerta. Me encuentro con una mujer rubia de piel transparente y mirada helada, un hombre joven con ojos negros y tristes y a su lado una niña petrificada. Llevan unas revistas baratas y de formato pequeño.
-Señor, perdone tan temprano…- Dice el hombre algo nervioso.
-Nada, nada, dígame- echo una mirada de soslayo a las revistitas.
-Mire señor, estamos haciendo la misma pregunta a los vecinos del bloque-.
-Si…
-¿Cómo cree usted que será el fin del mundo?- y se me quedan mirando los tres.
-Mire –siento el café cálido en la garganta- , ahora mismo no le puedo responder a eso, pero si tocan en el B se lo dirán con todo detalle, son constructores y la suegra recién llegó de la Argentina para quedarse un mes. 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Érase una vez


Erase una vez
que daban casi las doce,
érase una vez
en una media noche
de un mes de junio atrapado
entre una ciudad canalla
y  la negrura del agua callada.

Cansado de contemplar
ese horizonte de bruma
de orilla y espuma,
anclado en un mar de dudas.
Siempre igual:
tres días de levante,
uno de calma,
la poesía por poniente
y vuelta a empezar.

Lo tenías todo planeado,
el espigón lejano,
la carta de despedida
una roca plana
la ola de las siete y cuarto, la marea alta…..
y un gran salto.

A un mundo de aguas profundas 
palabras líquidas y metáforas de corales,
a tu encuentro salieron ondulantes
bancos de diminutas letras de plata
un diálogo, dos tranquilos bogavantes
tres relatos y un pulpo gigante.
“Solamente un rato, José María
súbete a la superficie”
(te susurró una alegoría)
“a componer historias reales,
de esas con verdades que ahora se usan”.
Y ya, casi sin aire,
pasó la gran medusa
preñada de veneno poético
de sueños claros,
de transparencias veladas.
Y sin dudar, la abrazaste.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Fuego en los montes

Nubes, lloved, lloved,
encima de ese monte estremecido
por la roja vorágine infringida
de una mano de mente sumergida
en violencias venidas del averno.
Sean tus gotas, cual lágrimas al viento
ese bálsamo que cure sus heridas,
que devuelva la esperanza a su paisaje
y la alegría al alma compungida.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los dos mundos

No sabía donde estaba. Le dolía mucho una pierna y la cabeza. Se tocó la cara  y notó un líquido pringoso en la frente y mejillas. ¿Qué había pasado? Solo recordaba un fuerte golpe en la puerta de su casa y una gran luz que lo inundó todo, cegándole. En aquel momento estaba sola en casa pues  Jack no había vuelto de su trabajo en la ciudad. Vivían a cincuenta kilómetros del centro, en la vieja granja de su padre fallecido dos años atrás.  
 
Se encontraba en la cocina  preparándole esas tortitas de pollo que tanto le gustaban cuando sintió ese fuerte olor y esa luz. Luego oscuridad.

Tocó las paredes de la habitación donde se hallaba. Era algo parecido al acero, brillaba y estaba muy frío. El suelo era de un color rojo oscuro pero transparente y de cristal o eso le parecía a ella. Alzó la cabeza. Miles de luces de colores, formando un triángulo se movían y emitían un particular sonido.

Tembló mientras intentaba quitarse esa especie de pegamento que se le había quedado adherido a la cara. ¿Qué era? por Dios, donde estaba?

En ese momento notó algo por detrás que le rozaba. Una gran tenaza metálica le apresó por la cintura. Chilló. Quiso zafarse pero no pudo y sus pies dejaron el suelo mientras su cuerpo era izado lentamente, muy lentamente. Cerró los ojos y volvió a sentir de nuevo ese pegamento en su cara, y ahora en sus brazos y piernas.  Estaba ya rozando las luces, esas diminutas luces. El sonido se hizo cada vez más potente conforme alcanzaba la cima. Entonces lo vió. La iban a introducir en una especie de cápsula de su tamaño. Había cientos,  todas ellas en hileras perfectamente alineadas, y pudo ver había algunas llenas. Sí, llenas de hombres y  mujeres,  desnudos con los ojos cerrados y completamente embalsamados con ese líquido.

Se cerró la puerta con un ruido seco y hermético.


Kika PSolero
septiembre 2012



Vida después de la muerte.


¿Conocen la frase “Por las noches veo muertos”? Pues bien; a mí me pasa justo al contrario, ya que “por el día veo vivos”. Si, si, vivos, como lo oyen, no se sorprendan. El otro día encontré a un viejo conocido que me dijo “hay vida después de la muerte”. Por supuesto no le creí, no se inquieten. A mí estos tíos raros… En fin, que le seguí la corriente.
-       ¿Lo dices en serio, Fermín? Tú, un hombre tan recto y formal. ¡Venga ya!
-       No, no, de verdad. Lo digo en serio. No sabría cómo explicarlo. Lo noto en el estómago.
-       Eso va a ser que, sin querer, te comiste una mosca –interrumpió un vecino gruñón que pasaba.
-      No, que va, que no es eso. Es una sensación cálida, que te llena -eso ya me preocupó más, ya que todo el mundo sabe lo frío que somos.

En fin, que no le di más importancia al tema y continué con mi vida. Sin embargo, lo observaba de vez en cuando. No paraba de entrar y salir de edificios, siempre moviéndose, nunca quieto, como nosotros, como debe ser. ¿Y si realmente estuviera vivo y no nos hemos dado cuenta? He de admitir, que este simple pensamiento me rondó durante un par de noches. Al cabo de unos días, volví a encontrármelo. Esta vez era peor. En su cara había una mueca antinatural. ¡Sus labios estaban curvados! Y no se crean que hacia abajo, como es natural; no, no, hacia arriba. Ni que decir tiene que inmediatamente me dirigí hacía él y le interrogué por esa nueva mueca.
-       Hola, Fermín. ¿Qué te ha pasado en la cara?
-       ¿A mí?
-       Sí, a ti. Tienes la boca torcida. ¿Estás enfermo?
-       No, que va. Estoy estupendamente. Contento, feliz…
-      ¿Feliz? ¿Todavía sigues con eso? Tienes que dejar lo que estés haciendo. No puede ser bueno eso de moverte con la cara así, calle arriba y abajo.
-       Qué no, hombre, ja, ja -y salió de su boca un ruido rarísimo.
-       ¿Qué ha sido eso?
-       ¿El qué?
-       Lo de tu boca, hombre. Ese sonido.
-       Ja, ja, ¿Este?
-       Si… ESO.
-       Es una risa. ¿Es que ya no te acuerdas de reír? ¿De ser alegre?
-       ¿Reír? ¿Ser alegre? Oye, ¿desde cuándo te pasa esto?
-     No sé. Supongo que hace una semana más o menos. Estaba acostado en el sofá, como de costumbre, ya sabes, y me asaltó un recuerdo de mi niñez. Era un recuerdo bonito, alegre y entonces, empecé a sentir calor, el estómago se me revolvía y me obligaba a levantarme, empecé… a sentirme vivo.
-      Un recuerdo bonito y alegre… -repetí lentamente, como si mi mente recordara vagamente que era.
-       Sí, claro. ¿Te acuerdas de lo feliz que eras cuando niño?
-       ¿Niño? No digas tontería, Fermín. Recuerdo… a mi padre, jugando en la playa… ¡con mi pelota del mundial¡ ¡Sí, sí, y yo le metía un gol! –y entonces mi boca se torció y soltó un ligero gemido, similar al de mi amigo.
-       ¿Ves? Tú también tienes recuerdos alegres. ¿Qué más recuerdas?
-       La playa… mis vacaciones en el camping…-notaba como mi estómago comenzaba a moverse- mi primer viaje con el colegio… -una suave temperatura empezó a invadirme-…los churros en casa de mi abuelo… -mis palabras y mis recuerdos eran más rápidos cada vez-… Valeria, la boda, el niño…
-       ¿Ves? Tú también tienes recuerdos felices. Pequeños granos de felicidad, de vida, que puedes ir acumulando. Bueno, te dejo, que ya encontré trabajo y mañana entro temprano.

Le observé mientras se alejaba. Parecía más alto, más joven…Yo no tengo una montaña, ni siquiera una torpe colina, pero mis granos de felicidad son suficientes para aprender que la vida es algo más que penas y sufrimientos y que se puede ser feliz con pequeños detalles.

Ahora si puedo decir que “veo muertos”. Cada mañana, miro a mis vecinos, aquellos pesimistas que se cierran en banda a la vida, con la excusa que no les ha dado lo que soñaban. Yo seguiré atesorando granos pequeños y algún día, quién sabe, pueda haber una montaña con mi nombre. Mientras tanto, hecho unas risas con Fermín.

martes, 4 de septiembre de 2012

Lo que fue adiós acaso.


Es cierto, todo se hubo insignificante,
me aparté del mundo pisado
como un vuelo libre a lo alto,
a lo imposible. Hacia tus brazos.

Cuánta añoranza y lágrima dispersa,
estrellas cristalinas sobre el rostro,
adiós te digo: adiós -y pienso "nunca"-;
más allá de las distancias y las ausencias,
tras ellas me tendrás a ti eternamente,
abrazado a la espera con un "te amo" por los labios.



Por: Jorge Villalobos Portalés.

hacía ya tiempo que no subía algún poema, se retoma la costumbre.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Tengo


Tu voz alumbra mi vida
como el lucero del alba.
que tú eres para mí
que me cuida y me levanta.
Bendigo el tiempo vivido,
tan cerca de tus palabras,
del susurro de tus versos
que me llegan hasta al alma,
como el sueño de tus besos
que por mi piel se derraman,
como aliento de la vida
que devuelve tu mirada,
cuando llena de luz bella
el nacer de la mañana.
Ya no tengo que soñar
tu cuerpo de rosa blanca
ni el trigal de tus cabellos
que entre mis brazos descansan.
Leo versos en tu piel,
poesía enamorada
completamente de ti
y con voz emocionada
recito palabras nuevas,
del olvido rescatadas,
hechas de los sentimientos
que a entenderse no se alcanza.
Me sacaste del abismo
negro y frío de la nada
donde intentaron hundirme.
Y hoy tengo tus palabras,
tu música luminosa,
lo cómplice de tus sábanas,
una mujer que cuidar,
un beso cada mañana,
un sueño que proteger
y tu luz hecha de magia.
Tengo la suerte infinita
de saber que si me faltas,
no habrá olvido suficiente
que secara el mar de lágrimas
que sería mi presente
si no duermes en mi cama.
Por eso, te cuidaré
por que no mueran las ganas
de tu dulce corazón
de arropar mi madrugada.