lunes, 10 de septiembre de 2012

Érase una vez


Erase una vez
que daban casi las doce,
érase una vez
en una media noche
de un mes de junio atrapado
entre una ciudad canalla
y  la negrura del agua callada.

Cansado de contemplar
ese horizonte de bruma
de orilla y espuma,
anclado en un mar de dudas.
Siempre igual:
tres días de levante,
uno de calma,
la poesía por poniente
y vuelta a empezar.

Lo tenías todo planeado,
el espigón lejano,
la carta de despedida
una roca plana
la ola de las siete y cuarto, la marea alta…..
y un gran salto.

A un mundo de aguas profundas 
palabras líquidas y metáforas de corales,
a tu encuentro salieron ondulantes
bancos de diminutas letras de plata
un diálogo, dos tranquilos bogavantes
tres relatos y un pulpo gigante.
“Solamente un rato, José María
súbete a la superficie”
(te susurró una alegoría)
“a componer historias reales,
de esas con verdades que ahora se usan”.
Y ya, casi sin aire,
pasó la gran medusa
preñada de veneno poético
de sueños claros,
de transparencias veladas.
Y sin dudar, la abrazaste.

1 comentario:

  1. El comienzo clásico para inventar historias reales...

    Las historias son reales, dentro de las palabras hay un camino que se sigue, en el cielo, en la tierra, en el mar...

    Abrázate a todo, a la medusa, al bogavante, a las sirenas y a las quimeras. Y que fluyan las palabras.

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