sábado, 15 de septiembre de 2012

Una llamada


A las siete de la mañana ya no pudo mas, esa noche se hizo eterna, como un túnel sin final, una insufrible alternancia de sueños absurdos y pesadillas demasiado cercanas a la realidad.

En un impulso angustioso cogió el teléfono de la mesita, se incorporó a medias en la almohada y echó un vistazo hacia el ventanal: al otro lado solo se distinguía la enorme silueta de la catedral recortada contra un cielo negro y las dos nubes de la eternidad. Y se decidió.

- ¿Dígame?
- Necesito hablar con ella…
- Lo siento, no se va a poner tan temprano.
- Me da igual, por favor dígale que se ponga, no puedo esperar más…
- Oiga me suena su voz, ya sabe que no atiende antes de salir el sol.
- Se lo ruego, llevo toda la noche…
- No insista, solo se pone en casos de auténtica desesperación.
- ¡Lo sé, lo sé!, pero no puedo más, la noche…
- Ya amanece, o es que no lo ve?
- No, no, yo solo veo oscuridad…
- Imposible, ya son las siete y cinco, ya se intuye la claridad…
- ¡Ayer me dijeron lo mismo! ¡Y antes de ayer! ¡Siempre, siempre lo mismo! ¡No puedo más!
- Respire profundamente, pasee y asómese a la ventana…
- ¡No! ¡Quiero hablar con ella!
- No se pondrá, lo sabe, se levanta mas tarde.
- Oiga, ¡escúcheme!, me come la angustia, no sé qué hacer…ya solo la tengo a ella, ¿me entiende?
- Son y diez ya, mire por la ventana, hacia el Este.
- Todo está oscuro, solo veo tejados negros y la luna siniestra a un lado.
- Eso no son síntomas de desesperación, no insista, ella no se va a poner…
- ¡No me cuelgue! Ella me conoce, sí, sí, dígale que nos conocimos hace años en la universidad…
- Imposible, tiene una lista de espera de casos terminales, por favor espere a y diez a que despunte el sol…

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Recorrió lentamente los tres pasos hasta el balcón, el campanario de la catedral reflejaba ya una tenue luz amarillenta, las palomas que dormitaban en su reloj echaron a volar, la ciudad se extendía enorme hacia el horizonte. Por fin la luna parecía clara y se sintió feliz. Fugaz.

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-Oiga, sigue ahí?, espere un momento... parece que le recuerda….oiga?...¿sigue ahí?, doña Esperanza se acuerda de usted...

6 comentarios:

  1. Inquietante, buen diálogo, transmite todo¡¡¡la catedral, la conversación, la espera... y luego el balcón... me ha gustado mucho

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  2. En este relato has cambiado por completo tu estilo habitual.
    En la variedad está el gusto y más si está bien escrito.
    y el final sorprendente (ya sabes que a mí eso me encanta)

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  3. Muchas gracias Jose Luís y Kika por los comentarios, y no lo agradezco por los posibles halagos, os explico, (que no es tan fácil):
    En muchas ocasiones tengo en la mente este tipo de relatos dramáticos, anti-poesía, fuertes y crudos, pero creedme: no es nada fácil ponerse con el lápiz y reflejarlos en el papel, no me quiero echar flores, solo decir que en este tipo de relatos hay una fuerte carga emocional y requiere un esfuerzo mental y emocional para ponerte en la piel del protagonista que en este caso está en una situación límite, pero además requiere otro esfuerzo paralelo de redacción para que literariamente sea decente.

    Como bien dice JL este registro es diferente a lo que he hecho anteriormente, ha sido un experimento y quería especialmente saber vuestra opinión, por eso la agradezco tanto.

    Espero también que hayáis comprendido que ocurre en el relato y que destino aguardó al protagonista, no me gustaría detallarlo crudamente...

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  4. Experimento o no, me gusta; te ha quedado muy bien.

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  5. Este relato exige algo más JM. No sé si será tu intención lanzarte a las profundidades de lo ambiguo. Pero si ese es tu objetivo, vas por el camino correcto. Han podido pasar muchas cosas desde que soltó el teléfono. Sin embargo yo creo que si doña Esperanza se acuerda de él, él no se acuerda de la Esperanza. La luna pálida, la desesperación de la conversación, su urgencia, la imposibilidad de ver el amanecer... Las palomas vuelan...

    Puede ser una pista.

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