domingo, 14 de octubre de 2012

Más palabras


Nació rubio y bizco, y lo llamaron Toño, llovió sin cesar en el terruño por días, cayeron fostias de cuña. Y de qué manera creció la criatura que sus creadores solo trabajaban para panes y decuños, y venían a verlo cuñadas, hermanastros y morcillos, todo chatos, todos pretos y partideros, de los que se follitrean de tres en tres. Pero no iba en broma el susodicho, comía como un torcual, como un mulo zahareño, y así que dormía de lado y mascullaba pestiños y tragaba barcios como caños, de los que se malean y retuercen, hasta reventar.

El día que apareció el abuelo a contemplar al tal Toño, llamó a la abuela, ven acá coño, que desto no se parió nunca, ni bestia rala ni fustia rotunda se vieron jamás desta ralea en el aldeo. La vieja se ladeó para poder afisgar algo y perdiendo el equilibrio se descornó el tazo del golpe.

Llegó como tal el Otoño, sin presentarse, para qué, destrozando trachos y cosechas, desventolando culebras y levantando faldas, tracamando moños, maños y rueños. Más paró de trizar el niño, respiró hondo la fregua, y aprovecharon padres y fermanos para tricar carne sobrada y sentarse risueños, pero tuvo que venir la Troña, la que jode todo en el Otoño, barrancó cantos de murcianos y torció voluntades y madroños, abrió boquetes como pozos ciegos y lanzó al niño hasta un zuruño, al más alto, al que nadie jamás trasculó, ni osó siquiera perniarse, el más apestoso y recomido de húmedas setas, el zuruño mas rancio de toda la proturvia comarcal.

Pero hay Dios que lo vió, como hay viejas comulgas que bajó el Toño triunfal, bajó al aldeo de la mano de una mujeroncia de la Alta Friturgia, decumanal y grasienta. Volvió con sus zampas, eructos y pedoncos, y lo vieron bajar todos, los mancos, los zultios y los manporreros, cagados a los lados de camino, enjiñados en los balates, hasta las burras en parto gimieron, y se remustiaron los terneros desparramados, despavotadas huyeron las bestias, y los ahumados incluso lloraron de puro miérdago.

Asentose el brutal, con su parienta magra y retriesca, los dos fumentos acabalgadon tierras, apañaron marraneras y desfangaron estiércol. Ñomesticaron a los vecinos y comiéronse a las bestias. Ya mudaron los tiempos, y enmudecieron los comarcanos de puro encojonamiento.

Y ya todo fue orbayo, y más que hubo de orbayar, que cayó una tormenta despanto, el mostrarco fermentó a la parienta en mitad de una matraca de jarcias y rayos, y a los nueve meses la magra descomulgó una criatura primigenia, un trasmurcio más grande que un castaño, con cuernos y bizco como el Toño, pero negro tizón como un sureño. Y cayó el capimulo al mundo, junto al tranco, con el sonido sordo de un leño. 

3 comentarios:

  1. pero dime, de qué pueblo o época son las palabras¡¡¡

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  2. Ohhh, Dios, ¿es español?,
    todo mi estudio no me servió pa`na`
    es muy curioso :):)
    Mimi

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