viernes, 16 de noviembre de 2012

O soño do Manuel

Me despido de mi mujer y mis hijos, que se quedan resguardados en el umbral de la puerta. Qué lástima me dan, todavía tienen cara de sueño, los pobres. Saludo a José y guardo la maleta en el coche, para luego sentarme calentito dentro. Siempre viene con la calefacción a tope. Este no termina de adaptarse a nuestro clima. De nuevo el mismo ritual de cada temporada: la despedida de mi familia, el frio camino hasta el puerto, en silencio, la eterna espera apoyado en la barandilla. Me gusta quedarme en cubierta observando el puerto, sus pesqueros, la bocana, el faro… Hasta que todo eso no es más que un gran punto amarillo en el horizonte y entonces, balanceado por el oleaje de pleamar, me dejo arrastrar hasta al camarote, donde me fumo un pitillo con mi compañero.

Pero esta vez ha sido distinto. José se cayó por las escaleras y está en la enfermería. Nada grave, pero no tengo por compañero de vicio más que el humo, que se queda arremolinado junto a mi cabeza, buscando como ave en celo, un lugar donde anidar. Ya es hora de ir desempacando mis cosas. Abro la vieja maleta de mi padre. Cuantos mares habrá visto ya este cajón. Es viejo y huele a humedad, pero lo guardo porque en el fondo soy un sentimental y su olor me recuerda a mi viejo. Cuelgo mi ropa y mis escasas pertenencias en el estante. Me parece que he traído pocas cuchillas de afeitar. Bueno, me volveré a dejar barba. Total, aquí no hay nadie a quién besar. He puesto mi tableta digital sobre el cajón de mi padre. Qué contraste: lo viejo y lo moderno. Si no fuera por este invento, me aburriría como una ostra, porque una vez en alta mar solo me queda la televisión del comedor o la música tecno de José. ¿Cuánto hace que partimos? ¿Tan poco? Hoy es sábado, así que los niños deben de estar todavía sobando en la cama grande, con mi mujer. Quién fuera niño otra vez. Bueno, a lo mío. Voy a ver quién anda por ahí fuera ahora que el tiempo lo permite, porque las nubes que había cuando salimos estaban muy rojas.

Me he cruzado con José que venía de la enfermería. Qué cabrón, dos días en cama con la pierna tiesa. Después de ayudarle a entrar en el camarote me he recorrido el barco saludando al personal. En el puente me he encontrado con el capitán que está de muy buen humor. Dice que esta temporada los caladeros están rebosando. La verdad, hasta que no vuelva a pisar puerto y vea la pasta, no me lo creo. Mira por donde hay uno nuevo: el radio. Bueno, técnicamente se llama operador de radio, pero aquí todo lo abreviamos. ¡Qué jodio el Tiago! Mira que tocarle la lotería. Desde luego con dos millones de euros, yo no volvería aquí. Lo tengo claro: montaría una pescadería en la lonja. Ahora, que este tiene menos pinta de hablar español que yo de dar misa. Se llama Yuri no-sé-que-más-kov. Le dejo tocando botones a lo loco. Yo eso no entiendo. A lo máximo que llego es a encender la tableta que me regaló mi mujer y que me enseñó a manejar mi mayor. Si no fuera por ellos, iba a estar yo aquí, aislado del mundo tanto tiempo. Todo sea porque tengan un buen futuro y no acaben como yo. Vuelvo a bajar y casi me resbalo por la escalera yo también. Mira que si acabo como José, en cama dos días. Menudo fumadero de maría íbamos a montar ¿Dónde estará el maricón de Mohamed? Le voy a comprar algo ahora que luego sube el precio. Je, je, ni que fuera un jeque vendiendo gasolina, el tío.

Mañana temprano comenzamos la faena. No llegaremos al caladero hasta dentro de un par de días, pero hay que ir preparando los arreos y demás. Ya me conozco la rutina. Por suerte, no hay prisa hasta que lleguemos, así que me enrollaré hablando con Gabriel. Su mujer ya debe de haber dado luz. Está buena la tía, aunque no está bien que lo diga, porque es mi prima, pero ya se sabe el refrán: “a la prima, se le arrima”. Espero que haya ido todo bien, porque la última vez que les vi juntos, la cosa no estaba muy católica. Que si lo iba a dejar otro, que si no la entendía como antes. En fin, cosas de mujeres. Lo malo es lo del Cristobal. Mira que meterse en el contrabando. Pobre, le van a caer unos cuantos años. Menos mal que tiene a la Catuxa, que no será guapa, pero vale una mina ¡Qué tia! Bueno, cambio horario, o como dicen los pijos de Madrid, el “Ye lá”, que me voy a dormir y soñar un rato. Esto de ir por delante del sol es un rollo.

5 comentarios:

  1. casi huelo y me salpica el mar¡¡¡ has estado allí o te has documentado? esta muy bien, y me gustan los personajes¡¡¡

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  2. Gracias Fanathur por tus comentarios en mi blog. Acabo de descubrir el tuyo e intentaré pasarme más a menudo.
    Un abrazo

    Alex

    http://kichays.blogspot.com.es/

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  3. Gracias, Kika. La verdad es que ni me documenté, ni he estado allí. Fue un arrebato visceral, basado en mis experiencias de películas al respecto, por lo que si he incurrido en errores, ruego me disculpen. Por cierto, me ha gustado mucho este nuevo punto de vista, tan diferente al que últimamente vengo realizando, así que seguiré con el relato... a ver hasta dónde llega.

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  4. Lo que más me ha gustado de este relato es la aparición estelar de La Catuxa, jajaja, ahora en serio: muy buen soliloquio de pescador. A ver cómo continúa la historia.
    Jose María

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